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Como vaca sin cencerro
¡Qué pena hija mía, tan joven y ya estás como vaca sin cencerro!
Acerca de
Me gusta hablar. Muchas veces hablo conmigo mismo con tal de escucharme y soy tan inteligente que a veces no entiendo lo que digo.
-Oscar Wilde


No sé cuál es la clave del éxito, pero la clave del fracaso es intentar agradar a todo el mundo.
-Bill Cosby


La búsqueda de la perfección suele obstaculizar la mejora.
-George F. Will



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Rinconcillos de la cuadra descencerrada
Sindicación
 
Firmas
Hace un tiempo, no recuerdo, escribí en algún sitio lo impactada que me había dejado la película El jardinero fiel sacada del libro homónimo de Le Carré. Literalmente me había dejado clavada en la butaca del cine llorando a moco y baba. Balbuceando, en la medida que los hipos me lo permitían, todo tipo de improperios contra las farmacéuticas. Bueno, en general, contra el sistema de “yo te exploto a ti para obtener mejoras para mí (y después que te den po’l culo)”.

En el sitio donde trabajo tenemos algún que otro cliente del sector. Ya sé que no se debe meter a toda la gente en el mismo saco, que los estereotipos son eso, estereotipos. Lo sé. Pero aquí en el curro también saben que no me haría ninguna gracia descabezonarme en conseguir ideas que hicieran vender más (y por ende enriquecerse) a este tipo de firmas. Por ahora voy teniendo suerte...

Vale, y ¿todo esto a cuento de qué viene? Muy sencillo. Acabo de recibir un correo electrónico de Moco –una amiga del pueblo- que os copio y pego a continuación y que me ha parecido, cómo decirlo, significativo:

APOYADA POR LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID NUEVA INVESTIGACIÓN ALTERNATIVA A LA QUIMIOTERAPIA
Hemos iniciado una campaña para apoyar la investigación de un equipo español dirigido por Antonio Brú (Doctor en Física) de una nueva terapia contra el cáncer (tumores sólidos). No se trata de una quimioterapia. Es un medicamento que potencia el sistema inmunitario del paciente, por lo que a priori no causaría los terribles efectos secundarios de la quimio y la radioterapia.

Han presentado estudios in vitro, in vivo y en 2 casos de pacientes desahuciados, con resultados satisfactorios prácticamente en el 100% de ellos. Los casos de remisión de tumores fueron presentados por la prensa como si de dos milagros se tratara. Tras la experimentación animal recibieron muchas peticiones entre la comunidad científica para que probaran con familiares o amigos.

Se embarcaron a mediados de enero de 2004: “una mujer de 34 años, cuñada de un conocido dermatólogo, que padecía un melanoma en estadio cuatro: desahuciada. Él pidió el uso compasivo y le hicimos el seguimiento, que a su vez supervisaban otras clínicas.

En marzo acabó el tratamiento y un año después le dieron como remitida la enfermedad: los tumores han desaparecido y las lesiones se han resuelto.

Ese mismo año, un amigo les llevó un caso de hepatocarcinoma con una esperanza de vida de tres meses. Al acabar el tratamiento, los marcadores tumorales y la calidad de vida del paciente eran realmente buenos.”


Si quieren ver la entrevista completa con el señor Brú, pinchen aquí.

Sin embargo los oncólogos en general, y por supuesto las multinacionales farmacéuticas, no lo están apoyando. Los primeros parece ser que por no tratarse de un oncólogo de profesión. Y los segundos por las astronómicas sumas de dinero que dejarían de ganar si fueran desapareciendo los tratamientos de quimioterapia. En ningún caso se han presentado críticas realmente científicas a la terapia.

Ahora mismo la Agencia Española del Medicamento sólo autoriza el tratamiento a algunos pacientes (no a todos) terminales.

El manifiesto que veréis sólo pide a las Autoridades que se potencie la investigación para que se evidencie de una vez si el tratamiento es eficaz o no, y que entre tanto dejen probarlo a todos los pacientes terminales que lo soliciten.

Se necesitan 500.000 firmas para que pueda prosperar la solicitud siendo presentada al Congreso. Aunque suponemos que si no se llega a tantas también las autoridades sanitarias lo tendrán en consideración. Si decidís apoyar esta causa, pasad el e-mail a otras personas que puedan estar interesadas para que también otros puedan verlo y firmarlo. El link es este.

Y todos los que tengáis un problema cercano de este tipo y queráis información sobre esta línea de investigación en la web:
www.terapia-cancer.org


Yo voy a firmar, ¿y tú?
 
Los estragos de las leyes educativas
Hace un par de semanas fuimos mi paquet y yo a ver María Antonieta. La princesa adolescente. Harta ya de trabajar hasta las tantas día tras día (cosa que no ha cambiado lo más mínimo desde entonces) decidí ponerme al mundo por montera y perder dos horas de mi vida –sin incluir desplazamiento, aparcamiento y demás pesquisas- para dejarme sorprender por una corte versallesca a ritmo de The Strokes, The Cure (que ahora estoy escuchando, por cierto) y New Order entre otros.

La ilusión por volver al cine después de tanto tiempo sin pisar una sala me generaba una especie de cosquillitas en el estómago. Cosquillas que se esfumaron ipso facto cuando al sacar las entradas para ver el film la media de edad rondaba los 80 años de edad. Coñe, que tienen derecho, sí, ¡no se lo niego!, pero no me imagino yo a mis tías paternas yendo al cine, fíjate. Malditos espasmos oculares; si pudiera leer con normalidad más allá de la pantalla del ordenador, habría ido a verla en VOS y seguro que no había tanto abuelete con problemas de sordera en la sala.



Obviando los detalles contextuales por el momento os diré que la peli, bueno, ni fú ni fá. Me gustó. Pues sí, me gustó. Pero salí del cine con esa extraña sensación que produce un coitus interruptus. Me quedé con ganas. La Coppola se pierde entre tanta belleza. Le debió de dar el síndrome de Stendhal en pleno rodaje, empezó a hiperventilar y, zas, se trincó la peli de un plumazo en pro de una puesta en escena (y una fotografía) de las más atractivas que he visto en mi vida.

Esto era como ver “Sensación de Vivir” (o Beverly Hills 90210) en versión versallesca (y bien interpretada, venga, no todo va a ser malo). Vamos que faltaba un comentario entre Madame de Polignac y María Antonieta en plan: “Jo, tíiiiia, ¿de verdad que te has acostado con Fersen? Jooo, no me lo puedo creer, tíiiia; dicen que es una pasada en la cama”. Y seguramente fueran así en su momento estas dos señoras de la alta nobleza francesa del siglo XVIII, pero no sé, se me hacía raro tanto pijerío.

Entre tanta algarabía de champange, faisanes y pastelillos rococó de la pantera rosa hay momentos en los que se intenta hacer poesía cinematográfica con la reina y su hijita paseando por los campos cercanos al Petit Trianon llenos de gallinas plumirrojas, corderitos norit y trigo rubio. Para culminar con la bucólica escena de María Antonieta en plan picnic con sus dos amigas del alma (Polignac y Lamballe) leyendo a ¡¡¡Rousseau!!! Virgen, virgen, virgen.


Me gusta el final. Sí. Ese final enigmático, esa contestación que ella da al pusilánime de su marido cuando ambos huyen de Versalles -“Me despido”- con el Gran Canal y la fuente de la diosa Latona como telón de fondo. Oh, oh, oh.

Ese final ininteligible sobre todo para una de las chicas jóvenes (perteneciente a eso que llamaron los de Renault JASP: jóvenes aunque sobradamente preparados) que se sentaba justo detrás de nosotros y que lanzó una pregunta al aire: “pero... a está tía se la cargaron, ¿no?” (yo no pude contener la carcajada).

Altamente recomendable para estetas que no les interesa otra cosa más que la sucesión de estampas preciosistas. Lo demás, pura anécdota.

Besos para todos. C.

PD. Me voy a Roma tras cinco años de añoranza de sus calles. Espero ver ésta vez la Capilla Sixtina. Ciao!!!
 
Más vale tarde que nunca
Contradiciendo este famoso dicho, para algunas cosas más vale nunca que tarde, sobre todo a la hora de desvelar secretos (inconfesables supongo) a esta reducida y selecta audiencia que se pasea por este pasto fresco de hierba de vez en cuando. Sobre todo si me lo pide mi amigo –porque él es un amigo de verdad- Rythmduel.

Así que allá vamos con los cinco secretitos:
1. No sé exactamente donde nací y por ende tampoco sé el día concreto de mi llegada al mundo. :0

2. Me iba a llamar María Amparo –en honor a mis abuelas paterna y materna- pero se adelantó mi prima hermana y me lo robó (gracias al cielo). El siguiente de los nombres escogidos era Olga, uf, pero una monjita del orfanato ya había decidido que mi cruz nominativa vital iba a ser María de las Calamidades y así me quedé. Apelativo que nadie de mi familia usa, por cierto.

3. Mi padre y yo compramos toda una colección de discos clásicos (80 ni más ni menos de los cuáles ya teníamos más de la mitad ejecutados por diferentes orquestas sinfónicas) por tener sólo una pieza que no encontrábamos publicada en ningún sello discográfico: Prelude a l'Apres-midi d'un faune de Claude Debussy. La colección llegó justo el día de mi cumpleaños; el primer cumpleaños que mi padre ya no pasó en casa.

4. He practicado vuelo a vela y me fascina la equitación (practicarla, quicir).

5. Durante un tiempo estuve conduciendo el coche de mi padre –un Seat Fura 900 CL de color gris perla- sin carné de conducir. Y todavía tenía la desfachatez de saludar a los guardias civiles de mi pueblo.


Ahí queda la cosa. Debería pasar el testigo a cinco blogueros más. Pero no creo que lleguen a leer esto, así que, nada, quien quiera que lo haga. “Free creativity” que dirían en mi curro.
 
Mix
1.
ETA hace un pequeño comunicado en el Diario Gara en el que dicen que siguen con su alto el fuego. Pues yo no sé si es que no hablan el mismo idioma que yo o no les entiendo bien. O sea, que ahora poner nosécuántos kilos de explosivos, reventar un aparcamiento y cargarse a dos personas (uy, “pobres”, que dicen en el mismo comunicado que no querían haberse cargado a nadie... cachis) es un alto el fuego. Hmmm.

Nuestros políticos –asco me dan todos ellos- reanudan sus campañas electorales tras días de incertidumbre y luto. Pasan del tema. Le conviene esto de la violencia por lo visto porque, de no ser así, no sé porqué demonios no están trabajando en contra de la misma en vez de tirarse uuuuna y oooootra vez los trastos a la cabeza.

2.
Las rebajas comenzaron –oficialmente- ayer y ya no queda prácticamente nada de mi talla. ¡Leche! Y yo que pensaba que con lo gorda que me había puesto iban a sobrar prendas para mí por un tubo. Pues no. Resulta que aquellas personas que gastamos tallas con un 4 como primera cifra somos mayoría. Yo me pregunto ¿de dónde sacará la gente el dinero después de tanto despilfarro navideño?

3.
Los Beatles tienen sellos postales. Después de tantos años disueltos al Servicio Postal Británico se le ocurre ahora sacar unos sellos de los cuatro de Liverpool. A ver si llego a los sesenta y tantos para conseguir ver las estampillas de Nirvana, aunque, en fin, estos eran yanquis y uno de ellos se voló la cabeza...

4.
Hablando de música. El Duque Blanco –David Bowie, para quien no esté al día en la materia- cumplió 60 años. Y tan pichi el tío. Alguien que perfectamente se podría poner a jugar con mi madre y sus amigas al Julepe (y no desentonaría por la edad, desde luego) es artífice de uno de los discos, por mentar uno, que más me gustan y que nunca me canso de oir: Ziggy Stardust.

5.
Ayer oía que la creatividad en el cine está bajo mínimos. Todo porque estrenan Rocky Balboa, última entrega por ahora de la saga “Rocky”. No sé yo qué decir al respecto. Puede que sea un cagarro (que lo será) o que cuente una historia verdaderamente interesante. Lo único que sé es que no creo que todo esté ya inventado. Y si no, tiempo al tiempo. Ya hablarán los críticos de aquella corriente cinematográfica que recorrió los estudios a principios del nuevo milenio.

6.
Se recicla la estética Grunge. Compro la revista “In Style” de este mes y resulta que lo más in del momento es volver al Grunge. ¿Cómorlllllll? Hombre, a mí me encanta que se lleve el Grunge de nuevo (menos quebraderos de cabeza con el atuendo matutino), pero ¿realmente saben en qué consiste el grunge; saben lo que, traducido al español, significa?

7.
Va a hacer un año que estoy trabajando en el mismo sitio. Curiosamente sigo feliz en el lugar en el que trabajo. Muy feliz: está bien pagado, es un trabajo que me gusta (sobre todo cuando me toca ilustrar para niños, como hoy), la gente es muy agradable. Pero mi mente inquieta no para. Me planteo nuevas formas de vida. Sigo buscando esa utopía que empezaba a olvidar. El viernes toca charla con mi almohada. A ver qué me cuenta al respecto.

8.
Mi PosPos se empeña en recordarme la parte más ojerosa de mi vida en estos últimos meses. Le pongo un aleatorio de canciones para que saque lo mejor se sí misma y ella sólo me ofrece la tristeza infinita al son de acordes, armonías y letras turbulentas.

¡Ay!
 
Crisis fotográfica (por decir algo)
La primera vez que cayó en mis manos una cámara de fotos tenía ocho años. Ahora en las primeras comuniones se regalan pleiesteisions y nintendos. Cuando yo era pequeña y tuve que pasar por el aro del cristianismo el regalo más importante que te podían hacer era una Nancy vestida de Primera Comunión (más bien parecía una novia) y un bolígrafo “caro” de Inoxcrom o Paper Mate. Mi padrino –al que posiblemente no veo desde aquella fecha- en cambio se gastó los cuartos conmigo y me regaló una cámara Polaroid.

En ese día gasté los tres carretes de diez fotografías cada uno que se anexionaban al regalo. Instantáneas tontas: mi prima vestida de comunión también, mis padres con los langostinos del convite, los árboles de la ya inexistente Plaza de España de mi pueblo. Rosas y gatos. Piedras redondeadas por el run-run del agua. La procesión de la Virgen del Llano, patrona donde las haya...

Al poco tiempo la Polaroid se vino a menos y fue cambiada por una camarita pequeña de paso 110 (sí, esos negativos chiquitines que iban montados en carretes con dos rodillos). Y así seguí, sacando fotos a flores y pájaros de ciudad. Desde entonces con la intriga de lo que quedara dibujado por la luz en los haluros de plata del film. Hice mi primer, digámoslo así, reportaje fotográfico en las vacaciones de San Vicente de la Barquera: las olas rompiendo encima de mis primas y de mí, mi tío fumando puros apoyado en las barandillas del Paseo Marítimo, mi tía peinándose la melena al estilo Farrah Fawcett...

Rondando los doce tacos pegué el salto a las cámaras réflex, con sus objetivos, su flash independiente y todo ese tinglado. La culpa de eso la tuvo Montse, el rollo pasajero de un amigo de la familia que acababa de enviudar y no soportaba la soledad, una fotógrafa profesional que me dejó su Nikon para sacar la típica foto del castillo que corona uno de esos oteros secotes del Campoo del Yuste.

A los diecisiete me fui a Barcelona a estudiar fotografía.

A los treinta y tantos en el claustro superior de la Catedral de Oporto decidí que hasta aquí habíamos llegado. Hoy cualquiera hace una foto. Llega, mira (si es que mira), saca su móvil, su cámara digital ultra slim con tropecientos mil megapíxeles que nunca van a ser usados en condiciones, su lo que sea y dispara. Ni encuadre, ni luz, ni –lo que es más triste- interés por inmortalizar el momento. Simplemente hacer saber que él ha estado allí. Es posible que ni se acuerde, pero tiene el documento gráfico que así lo atestigua.

La Era de la Imagen (porqué no seguiría yo con aquella abandona tesis doctoral sobre semiótica de la imagen, porqué, porqué). Cualquiera puede ahorrarse miles de palabras (incomunicación generada por la propia comunicación) enseñando esas instantáneas tomadas ad hoc delante de cualquier edificio turístico, de cualquier cuadro famoso, de cualquier personaje asaltado por la calle, de cualquier siniestro terrorista... Y además algunas –pocas- son buenas, añado.

Qué triste tanto esfuerzo para llegar a nada...

Observo que no soy la única que piensa cómo yo sobre este particular.
 
Pintan bastos
Pues vaya manera de comenzar el año... Y yo me quejaba del 2006, todo el tiempo deseando engullir -porque el deseo se transforma en velocidad cuando menos te lo esperas- las doce uvas que anunciaban la entrada en otro periodo de tiempo, algo así como el traspaso de una puerta mágica, de un antes y un mañana... Pues no.

Sin todavía coger las maletas de la cinta número 6, que luego fue la 9 (¿querrán decir algo estos números?), con el teléfono móvil recién encendido, me salta una llamada de mi mejor amigo L.
- Qué tal, Cal. ¿Ya habéis llegado de Oporto? ¿No os habrá pillado todo el mogollón de la T4?
- ¡L, qué ilusión, feliz año nuevo y todo eso, ya sabes! ¿Qué tal todo? Uy, te noto raro, oye.
- Me figuro que no te habrás enterado de nada, ¿no?
- Hombre, me he medio enterado de lo de ETA. Qué cabronazos, hijosdeputa. Pero, en fin, no nos ha tocado nada. Nuestro coche estaba en la T2 y como no hemos ido directos al aeropuerto de Oporto, pues bueno, dar rodeos tienes sus ventajas.
- No. Te digo que si no te has enterado de lo de la madre de Ar y Móni y de lo del padre de Cas.
- ¿Cómo?


No os lo vais a creer, pero una falta dos días de su país, y aquí pasa de todo. Podrían ser buenas noticias, pero, qué va, para no variar. A la madre de Ar y Móni le ha dado una embolia pulmonar. Al padre de Cas un cólico (o algo así) en la vesícula. Y (redoble de tambores) se ha roto la cadera la abuela de Cas, vamos, la madre del padre de Cas. Todo el mismo día, el día de los Santos Inocentes. ¡Vaya bromita!

El camino que separa la T2 de Barajas de nuestro zulito madrileño me lo tiré al móvil. Con las fiestas y el fin de semana por medio los médicos no han hecho grandes avances con sus pacientes, pero la estabilidad se ha apoderado del estado de los padres (y abuela) de mis mejores amigos.

Hoy les dirán algo más. Luego les llamaré a ver qué tal va la cosa.



Que, pensándolo bien, ¿esto aconteció en el año pasado, no?...

...

Aunque fuera a finales del mismo...

...

Así que a lo mejor este 2007 no es tan malo como nos quieren hacer creer...

...

Hmmm.