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Como vaca sin cencerro
¡Qué pena hija mía, tan joven y ya estás como vaca sin cencerro!
Acerca de
Me gusta hablar. Muchas veces hablo conmigo mismo con tal de escucharme y soy tan inteligente que a veces no entiendo lo que digo.
-Oscar Wilde


No sé cuál es la clave del éxito, pero la clave del fracaso es intentar agradar a todo el mundo.
-Bill Cosby


La búsqueda de la perfección suele obstaculizar la mejora.
-George F. Will



Enlaces
Rinconcillos de la cuadra descencerrada
Sindicación
 
Me lo pido
Pues no sé si esto se convertirá en una tradición...

Tampoco sé si llego tarde para que Papa Noël, el Cagané, el Olentzero o los mismísimos Reyes Magos de Oriente se den por aludidos...

Pero este año vuelvo a hacer mi lista de regalitos navideños. Bueno, lista no. A diferencia del año pasado, éste voy a ser prudente (para ver si me hacen caso alguno de los arriba citados) y voy a pedir un único regalo, eso sí, muy especial.

Señoras, señores, Mr. Paul Julian Banks:



Sí, sí, sí. Me gusta, me fascina. Me encanta lo que escribe -por muy ininteligible que sea-, lo que lee, sus guitarras (Gibson Les Paul y Fender Jaguar), cómo canta, su pinta entre nerd-boho-wigger y, sí, me chiflan sus lunares.
 
Ritos iniciáticos
Hoy he venido en el Metro, como usualmente hago, desde la ofi hasta mi casa y he sido asaltada por un grupo de adolescentes de lo que últimamente se viene llamando "poligoneros" (de hecho se han subido en la parada de un polígono de las afueras de Madrid). Sí, estilo La Juani de Bigas Luna.

Aunque al principio me han incomodado con sus sardónicas risas y esperpénticas conversaciones de besugo -yo iba leyendo-, reconozco que al final me he sentido atraída por ese grupete de jovenzuelos del extrarradio.

Uno iba metiéndose los calcetines grises marengo marca "Umbro" por encima de unos pantalones cargo beige ya que es la última moda, Ô_ô. Su amiga/tíacómomemolas, que pitaría en cualquier acceso aeroportuario, gracias a su infinitud de piercings le criticaba el mal gusto (en eso ella tenía buen gusto, no cabe duda). La chica rubia (siempre hay una rubia rubísima en cualquier pandilla) iba absorta buscando algo en su iPod blanco. Una tercera no hacía otra cosa que salir por una puerta y entrar por la siguiente en todas y cada una de las paradas del tren para demostrar yo qué sé el qué mientras proclamaba a los cuatro vientos con orgullo su embarazo aún imperceptible con los nombres del futuro retoño.

Les acompañaban, cómo no, la tradicional parejita púber consolidada. Amores de esos que empiezan a los catorce y terminan, con mala suerte, a los taytantos con un divorcio y muchos gritos por el medio (y con muy mala suerte hasta que la muerte les separe o el aburrimiento les mate). Él, una monada de criatura venida de las pitiusas, iba tarareando musiquillas junto al más tímido de toda la tropa con el teléfono/reproductor mp3 a volumen nuclear.

La cosa se fue animando y después de unas cuantas rimas Hip Hop -no lo hacían mal, la verdad- se arrancaron por soleares y se pusieron a palmear en medio del vagón amenizados por la voz timbal de la muchachita de los piercings mientras la novia del mallorquín ratificaba lo absolutamente enamorada que estaba de él después de conocer sus gustos musicales (sic.).

Me hubiera gustado seguirles por los túneles del Metro hasta llegar al lugar dónde se dirigían. Espiarles con disimulo, sin que ellos se dieran cuenta, como quien mira desde su ventana a los vecinos desde la más absoluta de las oscuridades.
 
Falta de costumbre
Hace unos meses, cuando más o menos solía escribir dos o tres veces a la semana en esta bitácora, ponerme a soltar públicamente aquello que veía, aquello que me llamaba la atención o simplemente aquello que me apetecía contar era relativamente sencillo. Lo hacía y punto. Es más muchas veces cuando no podía hacerlo –bien porque estaba trabajando, bien porque no tenía lápiz y papel a mano- trataba de retener las ideas en mi cabeza para más tarde volcarlas en algún lado.

Pero ahora es otro cantar. Cuando pienso en escribir algo, se me antoja estúpida la idea y no lo hago. O bien cuando la idea es interesante pero no tengo posibilidad de materializarla, no lo hago y listo. Anoche mismo se me vino a la cabeza algo interesante con lo que barruntar estas páginas construidas con unos y ceros, mas simplemente dejé pasar la oportunidad (no hace mucho tiempo me habría levantado de la cama para al menos dejar una nota en el primer papel que cayese en mis manos para después seguir con la retahila).

(Creo que debería dejar de leer a Henry Miller.)