El efecto falda de tubo
Nada mejor para levantar el ánimo de una misma que meterse en una falda de tubo negra, con la cintura alta, una camisa, medias, zapatos de charol negro con cuña y salir a dar una vuelta por el paseo del Prado de Madrid bajo los rayos de Sol de una Primavera adelantada.

Vía Laietana, 1962, "El Piropo", de Xavier Miserachs
O nada mejor para ponerse de los nervios con tanta grosería machirula…
Pásenme buen fin de semana. Cal.

Vía Laietana, 1962, "El Piropo", de Xavier Miserachs
O nada mejor para ponerse de los nervios con tanta grosería machirula…
Pásenme buen fin de semana. Cal.
Propuestas a ochenta euros
Está claro que no se puede todo en la vida. A mí me gustaría tener un amplio repertorio de puertas para abrir y no tenerme que decantar por ninguna de ellas (Gracias, F., por la imagen metafórica). Poder elegir todas, vaya. Abrir, asomarme, explorar lo que allí hay y, si me gusta, quedármelo. Pero esto es un sueño. Algo tan onírico como irreal. La vida no es así.
Ayer tocaron The Cure en Madrid. De diez años a esta parte ocasión en que han venido a España, ocasión en que he disfrutado de su directo, pero ayer no pude. Se me pasó ir a por la entrada. Siempre nos quedará la reventa…O no: de 36 euros a 80 (las más baratas). En fin, que no pude abrir esa puerta después de intentarlo fehacientemente. Compuesta y sin novio, como se suele decir, me quedé.
Lo que os decía, que todo no se puede y que no habré visto a los Cure, pero ya tengo mis entradas y mi disco de Nicolás Cueva y sus Malas Semillas. (Con lo cotizadas que están puede que me pague el viaje a Barcelona con una de ellas… Es una coña, claro.)

Ayer tocaron The Cure en Madrid. De diez años a esta parte ocasión en que han venido a España, ocasión en que he disfrutado de su directo, pero ayer no pude. Se me pasó ir a por la entrada. Siempre nos quedará la reventa…O no: de 36 euros a 80 (las más baratas). En fin, que no pude abrir esa puerta después de intentarlo fehacientemente. Compuesta y sin novio, como se suele decir, me quedé.
Lo que os decía, que todo no se puede y que no habré visto a los Cure, pero ya tengo mis entradas y mi disco de Nicolás Cueva y sus Malas Semillas. (Con lo cotizadas que están puede que me pague el viaje a Barcelona con una de ellas… Es una coña, claro.)

Music is Revolution
Tokyo Sex Destruction, Live in Madrid, 01/03/08
Tokyo Sex Destruction, Live in Madrid, 01/03/08
De las magnánimas salas de conciertos a los locales más íntimos y auténticos. De las bandas internacionalmente reconocidas al producto nacional nada mainstream y de altísima calidad. Del ruido armonioso y eleborado al ruido de raíz funky y garagera. Vamos, de ver hace dos días a los Mars Volta a disfrutar ayer de madrugada (a la una y media de la madrugada salieron a tocar los de Vilanova) de los Tokyo Sex Destruction.

Mi relación con los “hermanos” Sinclair viene ya de lejos. Esta ha sido la segunda vez que los veo en directo. La primera fue en el Festimad’04 -justo antes de ver a dios, quiero decir, a los Pixies- y me dejaron tan buen sabor de boca que me apunté el nombre para posibles visitas futuras (ja, ja, ríete tú de los Hives y sus sastres blancos conociendo a los TSD).
Lo que me tenía a mí preocupada anoche era cómo conseguirían moverse a sus anchas los TSD en un escenario tan chiquitín como el del Gruta 77… La solución fue más que sencilla: ocupando parte del espacio destinado al público porque anoche tanto R.J. –voz y teclados- como R.R. –guitarra principal- saltaron a la platea en multitud de ocasiones y deleitaron con sus espasmos sonoros y corpóreos a los allí presentes.
En un espectáculo completamente adrenalítico el cuarteto catalán revisó las canciones de sus cuatro elepés y dos epés y dedicó la mayor parte de su repertorio a su último y más heterogéneo largo, Singles (no os dejéis engañar por el nombre, no se trata de una recopilación de temas antiguos), que también ha tenido la suerte de ser publicado en Francia, en Alemania y en EEUU (de igual modo que sus anteriores trabajos) y que pasarán a promocionar en nada por tierras yanquis. En fin, que en España parece que apreciamos poco lo que tenemos.
Que, ¿no les conocéis? Seguro que sí. Echad un vistazo a la versión que se marcan de la archiconocida “Route 66” del mítico Chuck Berry y me decís. ;D

Mi relación con los “hermanos” Sinclair viene ya de lejos. Esta ha sido la segunda vez que los veo en directo. La primera fue en el Festimad’04 -justo antes de ver a dios, quiero decir, a los Pixies- y me dejaron tan buen sabor de boca que me apunté el nombre para posibles visitas futuras (ja, ja, ríete tú de los Hives y sus sastres blancos conociendo a los TSD).
Lo que me tenía a mí preocupada anoche era cómo conseguirían moverse a sus anchas los TSD en un escenario tan chiquitín como el del Gruta 77… La solución fue más que sencilla: ocupando parte del espacio destinado al público porque anoche tanto R.J. –voz y teclados- como R.R. –guitarra principal- saltaron a la platea en multitud de ocasiones y deleitaron con sus espasmos sonoros y corpóreos a los allí presentes.
En un espectáculo completamente adrenalítico el cuarteto catalán revisó las canciones de sus cuatro elepés y dos epés y dedicó la mayor parte de su repertorio a su último y más heterogéneo largo, Singles (no os dejéis engañar por el nombre, no se trata de una recopilación de temas antiguos), que también ha tenido la suerte de ser publicado en Francia, en Alemania y en EEUU (de igual modo que sus anteriores trabajos) y que pasarán a promocionar en nada por tierras yanquis. En fin, que en España parece que apreciamos poco lo que tenemos.
Que, ¿no les conocéis? Seguro que sí. Echad un vistazo a la versión que se marcan de la archiconocida “Route 66” del mítico Chuck Berry y me decís. ;D
Ni con aceite hirviendo
The Mars Volta – Live in Madrid, 29/02/08
The Mars Volta – Live in Madrid, 29/02/08
Nos dejan tocar una canción, no más. Así se expresaba un exultante Cedric Bixler-Zavala, front man de la banda texana The Mars Volta, tras dos horas y media largas de enardecido concierto. La última canción que ejecutaron con una precisión quirúrgica nos mantuvo saltando a las 2.500 almas allí congregadas durante casi veinte minutos más después de disfrutar del único y breve relajo que nos brindaron escuchando la versión desenchufada con las guitarras de Omar Rodríguez y Paul Hinojos de su éxito “Miranda That Ghost Just Isn't Holy Anymore” y de otra, en español íntegramente, que, ¿me podría decir alguien de cuál se trata? (eso me pasa por ir con los deberes sin hacer a un concierto, :-/ ).

La fórmula musical de los Mars Volta es harto compleja: hay que mezclar en una batidora Rock Progresivo, King Crimson, Psicodelia, Emocore, Led Zeppelin, ritmos fronterizos mexicanos, Ennio Morricone, fantasmas del más allá, Jimmi Hendrix, Metal, Morphine, Nu Jazz, dislexia bilingüe, Tool, Dub, Salsa, Yes, negro (mucho negro), blanco… Agitar el batiburrillo a la máxima velocidad que la máquina permita y ¡voilà! Estruendo de difícil digestión, sin duda.
El combo americano –ni más ni menos que ocho músicos de sobrada pericia- inundó el espacio circundante poco después de las ocho y media de la tarde ejecutando los primeros acordes de “Roulette Dares” que alargaron increíblemente con la primera de las sucesivas jams, capitaneada por Rodríguez y su Squier Super-Sonic para zurdos, que nos iban a deparar el resto de la velada.
Un recorrido por toda la discografía de The Mars Volta nos llevó sin pausa a la presentación de los temas más promocionados de su último largo, The Bedlam in Goliath, esto es, “Wax Simulacra” y “Goliath”, directamente traídos del otro mundo gracias a las experiencias paranomarles de la extraña pareja jugando con una tabla de ouija.
“Cygnus… Vismund Cygnus”, el corte que abre su controvertido largo Frances the Mute, logró hacer estallar al público reunido de la misma manera que coreamos las partes en español de “Miranda that Ghost just isn’t Holy Anymore” y saltamos como posesos con “Aberinkula” –mientras Cedric, tras desaparecer unos instantes del escenario, apareció disfrazado con una caja de cartón en la cabeza- y la larguíiiiiiiiisima e interminable versión que se montaron de “Day of Baphomets”.
Si no les llegan a parar los pies (supongo que los de la propia organización del evento), estoy convencida de que tanto Cedric como Omar como el resto de músicos que los acompañan todavía estarían pegando guitarrazos y haciendo temblar las paredes de La Riviera y a nosotros con ellas. Un concierto altamente recomendable para los amantes del ruido en estado puro.
PD. Ah, y a falta de libro de gira (por si no lo sabíais, los colecciono), nos encontramos un precioso avioncito de papel, pisoteado y sucio, que contenía la short list del recital (como si sólo se hubieran ceñido a lo que allí había pautado, ja) y que suscitó más de un suculento soborno de alguno de los asistentes al cual no sucumbí.

La fórmula musical de los Mars Volta es harto compleja: hay que mezclar en una batidora Rock Progresivo, King Crimson, Psicodelia, Emocore, Led Zeppelin, ritmos fronterizos mexicanos, Ennio Morricone, fantasmas del más allá, Jimmi Hendrix, Metal, Morphine, Nu Jazz, dislexia bilingüe, Tool, Dub, Salsa, Yes, negro (mucho negro), blanco… Agitar el batiburrillo a la máxima velocidad que la máquina permita y ¡voilà! Estruendo de difícil digestión, sin duda.
El combo americano –ni más ni menos que ocho músicos de sobrada pericia- inundó el espacio circundante poco después de las ocho y media de la tarde ejecutando los primeros acordes de “Roulette Dares” que alargaron increíblemente con la primera de las sucesivas jams, capitaneada por Rodríguez y su Squier Super-Sonic para zurdos, que nos iban a deparar el resto de la velada.
Un recorrido por toda la discografía de The Mars Volta nos llevó sin pausa a la presentación de los temas más promocionados de su último largo, The Bedlam in Goliath, esto es, “Wax Simulacra” y “Goliath”, directamente traídos del otro mundo gracias a las experiencias paranomarles de la extraña pareja jugando con una tabla de ouija.
“Cygnus… Vismund Cygnus”, el corte que abre su controvertido largo Frances the Mute, logró hacer estallar al público reunido de la misma manera que coreamos las partes en español de “Miranda that Ghost just isn’t Holy Anymore” y saltamos como posesos con “Aberinkula” –mientras Cedric, tras desaparecer unos instantes del escenario, apareció disfrazado con una caja de cartón en la cabeza- y la larguíiiiiiiiisima e interminable versión que se montaron de “Day of Baphomets”.
Si no les llegan a parar los pies (supongo que los de la propia organización del evento), estoy convencida de que tanto Cedric como Omar como el resto de músicos que los acompañan todavía estarían pegando guitarrazos y haciendo temblar las paredes de La Riviera y a nosotros con ellas. Un concierto altamente recomendable para los amantes del ruido en estado puro.
PD. Ah, y a falta de libro de gira (por si no lo sabíais, los colecciono), nos encontramos un precioso avioncito de papel, pisoteado y sucio, que contenía la short list del recital (como si sólo se hubieran ceñido a lo que allí había pautado, ja) y que suscitó más de un suculento soborno de alguno de los asistentes al cual no sucumbí.





