¡Síiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!

Fotografía propiedad de Euro 2008
Esta vez sí que sí.
(mañana colgaré fotos de la celebración nocturna en Madrid; hoy estoy muerta).
La banda sonora de nuestras vidas
Festival Indyspensable, Madrid, 06-07/06/08
Festival Indyspensable, Madrid, 06-07/06/08
En los tiempos que corren en los cuales nadie hace nada gratis (estoy de mudanza así que os lo puedo asegurar), nadie da duros a peseta (salvo para engañarte) y los grandes festivales pop-rock de este país están a degüello los unos con los otros (a ver si se dan cuenta que el único perjudicado en todo esto es el consumidor final y que, espero –por cabrones avariciosos-, eso les perjudicará a la media y larga) se consolida el festival gratuito de música independiente (¿?) Indyspensable, que ya va por su quinta edición.
El cartel ha sido de lo más apetecible: Russian Red, Aaron Thomas, Jet Lag, The Right Ons, etcétera. Casi todo producto nacional y del bueno. Pero yo, con una lumbalgia de tres pares de narices, de estas que les da a la gente mayor y les hacer ir tiesos como un palo, no me podía permitir el lujo de ir a todos los conciertos, así que me decidí por The Sountrack Of Our Lives, un grupo sueco liderado por una especie de gurú hippie -Ebbot Lundberg- dos guitarristas, bajista, teclista y batería, todos ellos de sobrada pericia, que tenía un montón de ganas de ver actuando.

Llegamos al final de concierto de The Right Ons (¡mierda, con lo que me gustan, arg!) y, oye, todo genial. El sitio estaba muy bien, los precios eran populares (¿cuánto hace que no veis un litro de cerveza por 10 eurillos?) y, para ser un recinto abierto, sonaba bastante bien, de hecho mucho mejor que muchas “salas de conciertos”. Muchos papis con sus niños con cara de “a ver qué están montando aquí”, abueletes despistados sentados en las gradas, mucha gafapasta y algún que otro amante de lo gratuito.
Los componentes del grupo empezaron a calentar motores con guitarras afiladas y Hammond inquieto para presentar entre purpúreas luces y montones de humo al líder, envuelto en una chilaba al más puro estilo Demis Roussos, pero rubio y sin tanta barba, que hizo rugir a la marabunta de gente. Si de algo pecan TSOOL es de no ser comedidos en nada. Están a punto de sacar su sexto álbum tras haber publicado una especie de recopilatorio de canciones inéditas y/o caras B en A Present For The Past, momento en el que yo les conocí.
El concierto se desarrolló con canciones que abarcaron parte de su amplio repertorio regalándonos literalmente una perla -digo literal porque se encargaron de tirar al público durante toda la actuación varios ejemplares de un 7” con la maqueta de la canción: la interpretación del single de salida de su nuevo trabajo, “Utopia”.
Los momentos de máxima expectación y exaltación se alcanzaron con la interpretación de canciones como “Galaxy Gramophone” y “Avenger Hill Street Blues”, verdaderas odas a la psicodelia sesentera. Y, por supuesto, con el paseíto que se hizo el señor Lundberg entre las primeras filas de gente.
Nada de relajo en la actuación ni siquiera cuando hablaba en relativo silencio su líder, con esa aúrea de nuevo mesías (mira, “New Mesiah” no la interpretaron). Ni siquiera cuando se rompieron las cuerdas de la guitarra de Ian Person –con espeso mostacho, como mandan los canones del indy más actual- y salieron a cambiársela en mitad del escenario. Ni siquiera al final cuando Lundberg mismo se colocó la acústica y tocó unos arpegios mientras los técnicos desmontaban el escenario para dar paso a Krakovia…
Todo un show.
El cartel ha sido de lo más apetecible: Russian Red, Aaron Thomas, Jet Lag, The Right Ons, etcétera. Casi todo producto nacional y del bueno. Pero yo, con una lumbalgia de tres pares de narices, de estas que les da a la gente mayor y les hacer ir tiesos como un palo, no me podía permitir el lujo de ir a todos los conciertos, así que me decidí por The Sountrack Of Our Lives, un grupo sueco liderado por una especie de gurú hippie -Ebbot Lundberg- dos guitarristas, bajista, teclista y batería, todos ellos de sobrada pericia, que tenía un montón de ganas de ver actuando.

Llegamos al final de concierto de The Right Ons (¡mierda, con lo que me gustan, arg!) y, oye, todo genial. El sitio estaba muy bien, los precios eran populares (¿cuánto hace que no veis un litro de cerveza por 10 eurillos?) y, para ser un recinto abierto, sonaba bastante bien, de hecho mucho mejor que muchas “salas de conciertos”. Muchos papis con sus niños con cara de “a ver qué están montando aquí”, abueletes despistados sentados en las gradas, mucha gafapasta y algún que otro amante de lo gratuito.
Los componentes del grupo empezaron a calentar motores con guitarras afiladas y Hammond inquieto para presentar entre purpúreas luces y montones de humo al líder, envuelto en una chilaba al más puro estilo Demis Roussos, pero rubio y sin tanta barba, que hizo rugir a la marabunta de gente. Si de algo pecan TSOOL es de no ser comedidos en nada. Están a punto de sacar su sexto álbum tras haber publicado una especie de recopilatorio de canciones inéditas y/o caras B en A Present For The Past, momento en el que yo les conocí.
El concierto se desarrolló con canciones que abarcaron parte de su amplio repertorio regalándonos literalmente una perla -digo literal porque se encargaron de tirar al público durante toda la actuación varios ejemplares de un 7” con la maqueta de la canción: la interpretación del single de salida de su nuevo trabajo, “Utopia”.
Los momentos de máxima expectación y exaltación se alcanzaron con la interpretación de canciones como “Galaxy Gramophone” y “Avenger Hill Street Blues”, verdaderas odas a la psicodelia sesentera. Y, por supuesto, con el paseíto que se hizo el señor Lundberg entre las primeras filas de gente.
Nada de relajo en la actuación ni siquiera cuando hablaba en relativo silencio su líder, con esa aúrea de nuevo mesías (mira, “New Mesiah” no la interpretaron). Ni siquiera cuando se rompieron las cuerdas de la guitarra de Ian Person –con espeso mostacho, como mandan los canones del indy más actual- y salieron a cambiársela en mitad del escenario. Ni siquiera al final cuando Lundberg mismo se colocó la acústica y tocó unos arpegios mientras los técnicos desmontaban el escenario para dar paso a Krakovia…
Todo un show.





