Santa semana
Me come el tiempo. Si antes estaba atareada encontrándome a treinta minutos del trabajo-casa, no os podréis imaginar las volteretas espacio temporales que me monto para ganar tan siquiera unos minutos al día. Eso sí, con una hora de ida y otra hora de vuelta, mínimo, estoy leyendo algo más, cosa que me propuse desde el principio de este año y no había conseguido.
En fin que aquí sigo. Menos histérica –sí, histérica no nerviosa; mis primeros días aquí fueron de histeria absoluta por mi parte- y preocupándome más por la parcela que ahora me atañe. Pasar de la imagen de dos universidades y alguna que otra constructora a la imagen de productos de consumo diario (por muy delicatessen que estos sean) ha sido un gran cambio. Ahora cuando entro en un súper mercado me voy fijando en los etiquetados de los yogures, los salchichones, el tomate frito, los botecillos de especias, los packs de salchichas y las vitolas de los jamones serranos. Recuerdo más que nunca aquello que siempre leía en la revista Visual sobre el poco afortunado y poco glamouroso sector del producto de consumo masivo (¡qué razón tenían!)
Estudio mucho así que casi no tengo tiempo de prepararme unos buenos (ejem, correctos) posts. Para más inri perdí un par de ellos que tenía preparados sobre un precioso sueño y una pesadilla horrible que tuve en estos días. No es bueno ser amigo de las prisas, sobre todo a la hora de extraer con seguridad un dispositivo USB del Mac.
Pienso, no obstante, apuntarme a unos cursos –rápidos eso sí- de Photoshop híper mega súper avanzado. Una ha de reconocer sus límites y capacidades. Mi falta de destreza con ciertas herramientas (tres años sin usarlo más que para lo básico) hace que mi potencial se dedique al dominio de la técnica en detrimento de la creatividad. Mal rollo en esto de la creatividad publicitaria.
Ay y mañana se me acabaron las vacaciones. Sí, sí, lo he escrito adrede de esta forma: mañana se terminaron mis vacaciones. Vamos que parto hacia la Quinta de los Sustos. ¡Hace cinco meses que no veo a mi santa madre! Y eso es mucha tela. Mucha, mucha: compras de lo básico (me volveré a fijar en sus etiquetados, arg, vuelta al día a día en el oeste madrileño), limpieza primaveral en la casa (mirar, limpiar, pensar en tirar y volver a empacar los mismos trastos de todos los años), visita a los familiares, al cementerio (al fin y al cabo aquí también está parte de la familia, esa parte que te mira desde el más allá con su cara de mármol), paseos a todo trapo con el enano pelirrojo (y algún que otro disgusto porque mi perro pasa de mí), relatos de dimes y diretes de unos y de otros, sobremesas de infarto que se juntan con la merienda, puesta a punto del jardín (tiraremos todos los cadáveres de plantas que murieron por el abandono)… Uff, me mareo y todavía no he hablado de mis amigos, sus múltiples planes de cenas, cafés, excursiones… Con las vacaciones que me había tirado yo estos últimos tres días en mi zulo madrileño, solita, leyendo, escuchando música, cocinando y haciendo lo que me viniera en gana. Dicen que lo bueno, si breve, dos veces bueno. Ja, ja, me río yo.
Perdonad mi verborrea. Sólo quería deciros que disfrutarais del periodo vacacional y, ¡fíjate! vamos por las 578 palabras contando ésta última. Lo dicho, queridos navegantes, pásenme una feliz Semana Santa y no se fustiguen mucho (ni con látigos y penitencias, ni con alcoholes y desvaríos).
Besos para todos. Cal.
(612 palabras. Ni más ni menos.)
En fin que aquí sigo. Menos histérica –sí, histérica no nerviosa; mis primeros días aquí fueron de histeria absoluta por mi parte- y preocupándome más por la parcela que ahora me atañe. Pasar de la imagen de dos universidades y alguna que otra constructora a la imagen de productos de consumo diario (por muy delicatessen que estos sean) ha sido un gran cambio. Ahora cuando entro en un súper mercado me voy fijando en los etiquetados de los yogures, los salchichones, el tomate frito, los botecillos de especias, los packs de salchichas y las vitolas de los jamones serranos. Recuerdo más que nunca aquello que siempre leía en la revista Visual sobre el poco afortunado y poco glamouroso sector del producto de consumo masivo (¡qué razón tenían!)
Estudio mucho así que casi no tengo tiempo de prepararme unos buenos (ejem, correctos) posts. Para más inri perdí un par de ellos que tenía preparados sobre un precioso sueño y una pesadilla horrible que tuve en estos días. No es bueno ser amigo de las prisas, sobre todo a la hora de extraer con seguridad un dispositivo USB del Mac.
Pienso, no obstante, apuntarme a unos cursos –rápidos eso sí- de Photoshop híper mega súper avanzado. Una ha de reconocer sus límites y capacidades. Mi falta de destreza con ciertas herramientas (tres años sin usarlo más que para lo básico) hace que mi potencial se dedique al dominio de la técnica en detrimento de la creatividad. Mal rollo en esto de la creatividad publicitaria.
Ay y mañana se me acabaron las vacaciones. Sí, sí, lo he escrito adrede de esta forma: mañana se terminaron mis vacaciones. Vamos que parto hacia la Quinta de los Sustos. ¡Hace cinco meses que no veo a mi santa madre! Y eso es mucha tela. Mucha, mucha: compras de lo básico (me volveré a fijar en sus etiquetados, arg, vuelta al día a día en el oeste madrileño), limpieza primaveral en la casa (mirar, limpiar, pensar en tirar y volver a empacar los mismos trastos de todos los años), visita a los familiares, al cementerio (al fin y al cabo aquí también está parte de la familia, esa parte que te mira desde el más allá con su cara de mármol), paseos a todo trapo con el enano pelirrojo (y algún que otro disgusto porque mi perro pasa de mí), relatos de dimes y diretes de unos y de otros, sobremesas de infarto que se juntan con la merienda, puesta a punto del jardín (tiraremos todos los cadáveres de plantas que murieron por el abandono)… Uff, me mareo y todavía no he hablado de mis amigos, sus múltiples planes de cenas, cafés, excursiones… Con las vacaciones que me había tirado yo estos últimos tres días en mi zulo madrileño, solita, leyendo, escuchando música, cocinando y haciendo lo que me viniera en gana. Dicen que lo bueno, si breve, dos veces bueno. Ja, ja, me río yo.
Perdonad mi verborrea. Sólo quería deciros que disfrutarais del periodo vacacional y, ¡fíjate! vamos por las 578 palabras contando ésta última. Lo dicho, queridos navegantes, pásenme una feliz Semana Santa y no se fustiguen mucho (ni con látigos y penitencias, ni con alcoholes y desvaríos).
Besos para todos. Cal.
(612 palabras. Ni más ni menos.)
Comentario:
Si es que llego a tiempo, pásalo muy bien. Ya ves, lo cuentas tú y todo parece de lo más interesante, allí en Palencia y en tu Quinta.
Un beso.
(¡Esa foto...!)
Un beso.
(¡Esa foto...!)
Comentario:
Atareada, estresada, menos histérica, organizandose el tiempo, haciendo planes de cursos nuevos, estudiante compulsiva, lectora, descuidadora de su blog... ¿A quién conozco yo así?
Comentario:
¿Cómo te lo has pasado? Cuenta, que las mías han sido muy tranquis. Un beso
Comentario:
Viernes santo y en casa, haciendo penitencia. Bueno, mis vacaciones comienzan mañana...
Pásalo bien estos días!
Pásalo bien estos días!
Comentario:
Vuelvo a tener internete Maria de los Cales!
Y ya me he puesto al dia contigo.
Besiiitos.
Y ya me he puesto al dia contigo.
Besiiitos.
Comentario:
pasatelo tu tambien en grande, o lo poco q te queda.
feu bondat.
feu bondat.
Comentario:
pasatelo tu tambien, o lo poco q te queda.
feu bondat.
feu bondat.





