Non stop
Ay. Estoy nostálgica últimamente. Sólo se me ocurre hablar de cosas que en su pasado eran de una manera y en el presente se conforman de otra. Sí, últimamente no puedo evitarlo.
El lunes, mientras le daba al coco de lo lindo para plasmar corporativismos empresariales en hojas de papel, no podía más que acordarme de los huevos de Pascua. Pensaba entonces, mejor dicho, de nuevo, qué es lo que estoy haciendo con mi vida. Los lunes de Pascua les pasábamos en casa buscando huevos de chocolate que estaban escondidos por los sitios más insospechados. Sólo ese lunes del año en mi casa se comía de postre nuestra colecta y además se compartía una mona habitada por figuritas de chocolate normalmente negro. Recuerdo la emoción de encontrar un decorado huevo entre los rosales del jardín. O mejor: encontrar días más tarde un huevo aplastado y fundido debajo del cojín del sofá de la sala. El huevo extraviado. ;)
Poco os puedo contar de esta pasada Semana Santa. No he parado ni un minuto, no he dejado de hacer cosas y todavía hubiera hecho muchas más, pero los días –aquí y en Pekín- sólo tienen veinticuatro horas. Es más, ni siquiera he cumplido con mi agenda prevista para los días santos: el jardín se ha quedado como estaba (llovía a mares), las plantas donde estaban (hacía frío para sacarlas a la calle) y mi abuela en el mismo sitio (ni una visita que le he hecho, mi pobre niña).
Eso sí, el jueves me comí toda la procesión de Jueves Santo de Burgos. Una, que es así de lista, esperando a que mamá y el resto de la familia llegaran desde Barcelona hasta el punto de encuentro, llámese Estación de Autobuses de Burgos, no se le ocurre otra cosa que irse a dar un paseo por la calle Laín Calvo (el centro) y alrededores. Oye, pues que me llamara mi madre diciendo que me estaban esperando y que empezaran a pasar señores con capirote fue todo uno. Así que allí me tenéis a mí, con mi ropa de calle (vaqueritos, camisa, gorrita y americana), desfilando con los penitentes porque necesitaba cruzar la calle en dirección a la Plaza Mayor. Fue un momentín. Justo el momentín en el que disparaban sus cámaras los reporteros gráficos burgaleses.
El viernes. Ay el viernes… Por supuesto lo primero fue llenar la despensa de la Quinta de los Sustos. A las ocho de la mañana la menda lerenda ya estaba con el carrito de la compra para arriba y para abajo. Tres veces, ¡tres!, me subí y me bajé las tres cuestas de mi barrio con viandas para la prole familiar. Entre subida y bajada me iba parando a hablar con vecinos, familiares, amigos y demás.
Más tarde a cocinar, claro. Hice una merluza al estilo madrileño para chuparse los dedos. Vamos, eso me dijeron porque la abajo firmante no probó ni una miga. Pero todo fue por una buena causa: tenía comida con mis amigos en el pinar de mi pueblo. Así que para allá que me fui. Y allí me quedé hasta las tantas, incluyendo su buena partida de Póker, como en los viejos tiempos. Hmmm… en los viejos tiempos, si mal no recuerdo, las partidas eran de Mus y la cerveza y el vino eran güisqui y ron (hay fotos, pero nos os prometo nada que luego no me las envían, como las de la boda que todavía estoy esperando como agüica de Mayo).
El sábado, tras el ritual de las compras matutinas (en mi pueblo, con mi madre allí, se ha de ir a comprar tooodos los días, si no, no se queda a gusto la mujer), y la estupefacción al ver que los veraneantes habían arrasado con el noventa por ciento de los lineales del supermercado, nos fuimos a chatear (ir de chatos o vinos, no ponerme frente a un ordenador, ea) por las tascas. Luego a dormir la medio melopea, despertar en el Salón de Belleza MariPili Nononó (mechas de plata, tintes farmatint y rulos para madre y tía) para más tarde acercarme al cine: Crash; mirad, muy buena la fotografía, muy bien la música, alguna interpretación (Don Cheadle y Matt Dilon, cómo me gustan estos hombres, por dios) maja, pero, uf, desde luego no han descubierto la sopa de ajo con la peli.
Cena con los colegas. No puede ir –estaba en el cine-, pero llegué a los chupitos. Y de ahí a las copas. Y más tarde a la discoteca, a desayunar, a ver cómo amanecía, a casa y al sobre. Tres horas de sueño y para Madrid de nuevo. Lo más curioso es que no pillé atasco. En el fondo debo de ser una afortunada…
Ay, sí, estoy nostálgica. Con lo fácil que hubiera sido resumir esto a la búsqueda entre macetas, plantas y sofás de unos cuantos huevos de chocolate…
Muchos besitos. Miss Calamity.
El lunes, mientras le daba al coco de lo lindo para plasmar corporativismos empresariales en hojas de papel, no podía más que acordarme de los huevos de Pascua. Pensaba entonces, mejor dicho, de nuevo, qué es lo que estoy haciendo con mi vida. Los lunes de Pascua les pasábamos en casa buscando huevos de chocolate que estaban escondidos por los sitios más insospechados. Sólo ese lunes del año en mi casa se comía de postre nuestra colecta y además se compartía una mona habitada por figuritas de chocolate normalmente negro. Recuerdo la emoción de encontrar un decorado huevo entre los rosales del jardín. O mejor: encontrar días más tarde un huevo aplastado y fundido debajo del cojín del sofá de la sala. El huevo extraviado. ;)
Poco os puedo contar de esta pasada Semana Santa. No he parado ni un minuto, no he dejado de hacer cosas y todavía hubiera hecho muchas más, pero los días –aquí y en Pekín- sólo tienen veinticuatro horas. Es más, ni siquiera he cumplido con mi agenda prevista para los días santos: el jardín se ha quedado como estaba (llovía a mares), las plantas donde estaban (hacía frío para sacarlas a la calle) y mi abuela en el mismo sitio (ni una visita que le he hecho, mi pobre niña).
Eso sí, el jueves me comí toda la procesión de Jueves Santo de Burgos. Una, que es así de lista, esperando a que mamá y el resto de la familia llegaran desde Barcelona hasta el punto de encuentro, llámese Estación de Autobuses de Burgos, no se le ocurre otra cosa que irse a dar un paseo por la calle Laín Calvo (el centro) y alrededores. Oye, pues que me llamara mi madre diciendo que me estaban esperando y que empezaran a pasar señores con capirote fue todo uno. Así que allí me tenéis a mí, con mi ropa de calle (vaqueritos, camisa, gorrita y americana), desfilando con los penitentes porque necesitaba cruzar la calle en dirección a la Plaza Mayor. Fue un momentín. Justo el momentín en el que disparaban sus cámaras los reporteros gráficos burgaleses.
El viernes. Ay el viernes… Por supuesto lo primero fue llenar la despensa de la Quinta de los Sustos. A las ocho de la mañana la menda lerenda ya estaba con el carrito de la compra para arriba y para abajo. Tres veces, ¡tres!, me subí y me bajé las tres cuestas de mi barrio con viandas para la prole familiar. Entre subida y bajada me iba parando a hablar con vecinos, familiares, amigos y demás.
Más tarde a cocinar, claro. Hice una merluza al estilo madrileño para chuparse los dedos. Vamos, eso me dijeron porque la abajo firmante no probó ni una miga. Pero todo fue por una buena causa: tenía comida con mis amigos en el pinar de mi pueblo. Así que para allá que me fui. Y allí me quedé hasta las tantas, incluyendo su buena partida de Póker, como en los viejos tiempos. Hmmm… en los viejos tiempos, si mal no recuerdo, las partidas eran de Mus y la cerveza y el vino eran güisqui y ron (hay fotos, pero nos os prometo nada que luego no me las envían, como las de la boda que todavía estoy esperando como agüica de Mayo).
El sábado, tras el ritual de las compras matutinas (en mi pueblo, con mi madre allí, se ha de ir a comprar tooodos los días, si no, no se queda a gusto la mujer), y la estupefacción al ver que los veraneantes habían arrasado con el noventa por ciento de los lineales del supermercado, nos fuimos a chatear (ir de chatos o vinos, no ponerme frente a un ordenador, ea) por las tascas. Luego a dormir la medio melopea, despertar en el Salón de Belleza MariPili Nononó (mechas de plata, tintes farmatint y rulos para madre y tía) para más tarde acercarme al cine: Crash; mirad, muy buena la fotografía, muy bien la música, alguna interpretación (Don Cheadle y Matt Dilon, cómo me gustan estos hombres, por dios) maja, pero, uf, desde luego no han descubierto la sopa de ajo con la peli.
Cena con los colegas. No puede ir –estaba en el cine-, pero llegué a los chupitos. Y de ahí a las copas. Y más tarde a la discoteca, a desayunar, a ver cómo amanecía, a casa y al sobre. Tres horas de sueño y para Madrid de nuevo. Lo más curioso es que no pillé atasco. En el fondo debo de ser una afortunada…
Ay, sí, estoy nostálgica. Con lo fácil que hubiera sido resumir esto a la búsqueda entre macetas, plantas y sofás de unos cuantos huevos de chocolate…
Muchos besitos. Miss Calamity.
Comentario:
Divina a la espera de órdenes me encuentro en casa de mi adorado tormento.
Lo que tienes que hacer, NiColás (sabes que cuando te llamo por tu nombre completo es que me pongo en plan madre consejera) es desconectar de verdad. Si no escribes, pues nada. Disfruta de tu estancia en Colombia, hombre por dios.
Amaya, coraçao, te tienes que cuidar más que luego te dan lipotimias y no es plan, hija mía.
Portorosa: pues desde que se cayó y se rompió las dos caderas hace ya unos tres años casi cuatro mi madre pasa los inviernos en Barcelona. De todas maneras nuestra vida siempre ha estado a caballo entre Barcelona y el pueblo de Palencia.
Besos para todos.
Lo que tienes que hacer, NiColás (sabes que cuando te llamo por tu nombre completo es que me pongo en plan madre consejera) es desconectar de verdad. Si no escribes, pues nada. Disfruta de tu estancia en Colombia, hombre por dios.
Amaya, coraçao, te tienes que cuidar más que luego te dan lipotimias y no es plan, hija mía.
Portorosa: pues desde que se cayó y se rompió las dos caderas hace ya unos tres años casi cuatro mi madre pasa los inviernos en Barcelona. De todas maneras nuestra vida siempre ha estado a caballo entre Barcelona y el pueblo de Palencia.
Besos para todos.
Comentario:
Yo creía que tu madre vivía en Palencia, en el pueblo, todo el año...
La nostalgia está bien, creo yo, pero sin excesos (consejos vendo, etc., etc.).
Además de nostálgica, deberías estar cansadísima, con ese ritmo. ¡Menos mal que eran vacaciones!
Un beso muy grande, Calamidad.
La nostalgia está bien, creo yo, pero sin excesos (consejos vendo, etc., etc.).
Además de nostálgica, deberías estar cansadísima, con ese ritmo. ¡Menos mal que eran vacaciones!
Un beso muy grande, Calamidad.
Comentario:
No hables de huevos de chocolate que sigo a régimen. A mí también me ha tocado hacer compras y comiditas, pero en el fondo me gusta, así que me lo he pasado bien.
Un besote
Un besote
Comentario:
que no pasa ná guapa...
creo que podré escribir desde bogotá, y si no... pos a aguantarse, jajaja
que sí... escribiré. prometido.
y pondré fotos.
creo que podré escribir desde bogotá, y si no... pos a aguantarse, jajaja
que sí... escribiré. prometido.
y pondré fotos.
Comentario:
bueno tiaaaaaa dejate de agobios de casas de familia de curro y relajateeeeeeeee y dejate verrrrrrrrrrrrrrrrr tia coñazooooooooo
Comentario:
bueno tiaaaaaa dejate de agobios de casas de familia de curro y relajateeeeeeeee y dejate verrrrrrrrrrrrrrrrr tia coñazooooooooo





