Ella
Quiero terminar como una gata.
Beber leche en cuencos de barro.
Comer pescado fresco y helechos.
Quiero ser una gata para sentarme
entre los libros que esperan a ser leídos.
Dejar mis pelos por toda la casa.
Arañarte las piernas.
Quiero terminar como una gata,
para que me hables cuando estás solo,
convencido de que nunca te voy a comprender.
Romperte papeles importantes.
Esconder tus objetos de valor.
Quiero ser una gata para de noche subir a los tejados
Y oirte desesperado llamarme:
Miau, miau, miau..
Zoé Valdés

Ella es Tula. Mi gata. Nuestra gata (de mi adorado y mía).
Llegó a casa en el día de la bestia, antes incluso de que el nuevo zulo madrileño estuviera habitado definitivamente. Estuvo trasteando entre cajas, libros, cedés y ropa y ayudando -a su manera- a realizar la mudanza.
En estos meses ha ido acoplándose a la vida con sus nuevos hermanos, muy raros ellos. El uno con cuatro patas, pelo y orejas grandes, pero que en vez de decir miau dice guau y tiene unas babas grandísimas (el muy cochino, pensará, mientras se acicala con sus patitas). Los otros cuatro sólo tienen dos patas y ¡vuelan! (como me gustaría cogerlos, pensará, mientras escruta el terreno desde el puf rojo de casa).
Y a sus nuevos padres. No existe mejor sitio para sestear que la hinchada barriga de la nueva madre, ni mejor juguete que la mano de su nuevo padre.
Y de su abuela. Porque ahora ella está de vacaciones. Y duerme toda las noches en la cama con la abuela (que nunca había dejado entrar a un animal cuadrúpedo a su catre, ¡válgame el cielo, un animal!).
La echo de menos. Nadie viene ahora a la puerta a maullarme mimosamente cuando aparezco con los mil bártulos del trabajo cansada como la que más por la puerta negándome el descanso del guerrero en pro de miles de piruetas y juegos gatunos. Ya queda menos. Exactamente cinco días.
Feliz comienzo de semana. Cal.
PD. El poema de Zoé Valdés -no os lo vais a creer- sólo lo he encontrado en portugués, así que tiene una traducción ad hoc de las mías. Honestamente mi portugués no es muy bueno, así que si conocéis el original, os agradecería que me lo enviáseis: missscalamity(arroba)yahoo.es
Beber leche en cuencos de barro.
Comer pescado fresco y helechos.
Quiero ser una gata para sentarme
entre los libros que esperan a ser leídos.
Dejar mis pelos por toda la casa.
Arañarte las piernas.
Quiero terminar como una gata,
para que me hables cuando estás solo,
convencido de que nunca te voy a comprender.
Romperte papeles importantes.
Esconder tus objetos de valor.
Quiero ser una gata para de noche subir a los tejados
Y oirte desesperado llamarme:
Miau, miau, miau..
Zoé Valdés

Ella es Tula. Mi gata. Nuestra gata (de mi adorado y mía).
Llegó a casa en el día de la bestia, antes incluso de que el nuevo zulo madrileño estuviera habitado definitivamente. Estuvo trasteando entre cajas, libros, cedés y ropa y ayudando -a su manera- a realizar la mudanza.
En estos meses ha ido acoplándose a la vida con sus nuevos hermanos, muy raros ellos. El uno con cuatro patas, pelo y orejas grandes, pero que en vez de decir miau dice guau y tiene unas babas grandísimas (el muy cochino, pensará, mientras se acicala con sus patitas). Los otros cuatro sólo tienen dos patas y ¡vuelan! (como me gustaría cogerlos, pensará, mientras escruta el terreno desde el puf rojo de casa).
Y a sus nuevos padres. No existe mejor sitio para sestear que la hinchada barriga de la nueva madre, ni mejor juguete que la mano de su nuevo padre.
Y de su abuela. Porque ahora ella está de vacaciones. Y duerme toda las noches en la cama con la abuela (que nunca había dejado entrar a un animal cuadrúpedo a su catre, ¡válgame el cielo, un animal!).
La echo de menos. Nadie viene ahora a la puerta a maullarme mimosamente cuando aparezco con los mil bártulos del trabajo cansada como la que más por la puerta negándome el descanso del guerrero en pro de miles de piruetas y juegos gatunos. Ya queda menos. Exactamente cinco días.
Feliz comienzo de semana. Cal.
PD. El poema de Zoé Valdés -no os lo vais a creer- sólo lo he encontrado en portugués, así que tiene una traducción ad hoc de las mías. Honestamente mi portugués no es muy bueno, así que si conocéis el original, os agradecería que me lo enviáseis: missscalamity(arroba)yahoo.es
Comentario:
Hola!
ame esta pagina,
creo que es muy bella
gracias a lo que haz escrito.
ame a tula...
es muy bella,
yo aqui en casa tambien
tengo una gatita...
su nombre es cuchita...
poco original, pero me gusta
hace caso como perrito y a veces intenta ladrar como su
hermano canino jack...
espero no haberte aburrido
atte.
Daniela
Comentario:
¿Mal el portugues?, sera lo primero que haces mal...por lo menos por el interes que pones...que es mucho y bueno.
¿Todo bien?, por aquí casi que si, pero todo se andará. Me ha gustado eso del catre, hacía tiempo que no lo leia, jajaja, subete al catre, cordera, jejeje.
Besos Misss
¿Todo bien?, por aquí casi que si, pero todo se andará. Me ha gustado eso del catre, hacía tiempo que no lo leia, jajaja, subete al catre, cordera, jejeje.
Besos Misss
Comentario:
Pues te recomiendo más la Zoe Valdés poeta que la Zoe Valdés novelista (faceta mucho más conocida y ganadora de dos grandes premios literarios: el Planeta y el Ciudad de Torrevieja).
Comentario:
Qué bonito. No lo conocía (ya sabes que soy profana en Poesía). Neruda tiene toda la razón. A media que iba leyendo el poema iba viendo reflejada a la enana Tula en todas y cada una de sus palabras. Tú fíjate: es la más pequeñaja de todos los que habitamos en la casa de mi madre y se ha hecho la dueña de todo ser viviente. Incluso mi perro -un tipo nada desdeñable de treinta y pico kilos- se ha deshecho ante ella. Es, como decimos en mi tierra, una perico. Anda por el hall de la casa con una elegancia innata para lo minúscula que es, con esos ojos dorados desafiando al más plantado y diciéndonos a todos "eh, que aquí estoy yo", algo así como un "me perteneces, que lo sepas". Es un encanto.
El poema de Valdés lo escuché un día en el coche yendo hacía a Atocha. Me quedé con los primeros versos y fue lo que busqué en Internet hasta dar con su versión en portugués. Me pareció muy bonito. No he leído nada de esta señora, pero, oye, nunca es tarde.
Muchos besos para ti, poeta. Cal.
El poema de Valdés lo escuché un día en el coche yendo hacía a Atocha. Me quedé con los primeros versos y fue lo que busqué en Internet hasta dar con su versión en portugués. Me pareció muy bonito. No he leído nada de esta señora, pero, oye, nunca es tarde.
Muchos besos para ti, poeta. Cal.
Comentario:
No he encontrado el precioso poema que tan bien pareces haber traducido, pero sí otro del gran Pablo Neruda:
Oda al gato
Los animales fueron
imperfectos,
largos de cola, tristes
de cabeza.
Poco a poco se fueron
componiendo,
haciéndose paisaje,
adquiriendo lunares,
gracia, vuelo.
El gato,
sólo el gato
apareció completo
y orgulloso:
nació completamente
terminado,
camina solo y sabe lo que
quiere.
El hombre quiere ser
pescado y pájaro,
la serpiente quisiera tener
alas,
el perro es un león
desorientado,
el ingeniero quiere ser
poeta,
la mosca estudia para
golondrina,
el poeta trata de imitar la
mosca,
pero el gato
quiere ser sólo gato
y todo gato es gato
desde bigote a cola,
desde presentimiento a
rata viva,
desde la noche hasta sus
ojos de oro.
No hay unidad
como él,
no tienen
la luna ni la flor
tal contextura:
es una sola cosa
como el sol o el topacio,
y la elástica línea en su
contorno
firme y sutil es como
la línea de la proa de una
nave.
Sus ojos amarillos
dejaron una sola
ranura
para echar las monedas
de la noche.
Oh pequeño
emperador sin orbe,
conquistador sin patria,
mínimo tigre de salón,
nupcial
sultán del cielo
de las tejas eróticas,
el viento del amor
en la intemperie
reclamas
cuando pasas
y posas
cuatro pies delicados
en el suelo,
oliendo,
desconfiando
de todo lo terrestre,
porque todo
es inmundo
para el inmaculado pie del
gato.
Oh fiera independiente
de la casa, arrogante
vestigio de la noche,
perezoso, gimnástico
y ajeno,
profundísimo gato,
policía secreta
de las habitaciones,
insignia
de un
desaparecido terciopelo,
seguramente no hay
enigma
en tu manera,
tal vez no eres misterio,
todo el mundo te sabe y
perteneces
al habitante menos
misterioso,
tal vez todos lo creen,
todos se creen dueños,
propietarios, tíos
de gatos, compañeros,
colegas,
discípulos o amigos
de su gato.
Yo no.
Yo no suscribo.
Yo no conozco al gato.
Todo lo sé, la vida y su
archipiélago,
el mar y la ciudad
incalculable,
la botánica,
el gineceo con sus
extravíos,
el por y el menos de la
matemática,
los embudos volcánicos
del mundo,
la cáscara irreal del
cocodrilo,
la bondad ignorada del
bombero,
el atavismo azul del
sacerdote,
pero no puedo descifrar un
gato.
Mi razón resbaló en su
indiferencia,
sus ojos tienen números
de oro.
Un besazo
Oda al gato
Los animales fueron
imperfectos,
largos de cola, tristes
de cabeza.
Poco a poco se fueron
componiendo,
haciéndose paisaje,
adquiriendo lunares,
gracia, vuelo.
El gato,
sólo el gato
apareció completo
y orgulloso:
nació completamente
terminado,
camina solo y sabe lo que
quiere.
El hombre quiere ser
pescado y pájaro,
la serpiente quisiera tener
alas,
el perro es un león
desorientado,
el ingeniero quiere ser
poeta,
la mosca estudia para
golondrina,
el poeta trata de imitar la
mosca,
pero el gato
quiere ser sólo gato
y todo gato es gato
desde bigote a cola,
desde presentimiento a
rata viva,
desde la noche hasta sus
ojos de oro.
No hay unidad
como él,
no tienen
la luna ni la flor
tal contextura:
es una sola cosa
como el sol o el topacio,
y la elástica línea en su
contorno
firme y sutil es como
la línea de la proa de una
nave.
Sus ojos amarillos
dejaron una sola
ranura
para echar las monedas
de la noche.
Oh pequeño
emperador sin orbe,
conquistador sin patria,
mínimo tigre de salón,
nupcial
sultán del cielo
de las tejas eróticas,
el viento del amor
en la intemperie
reclamas
cuando pasas
y posas
cuatro pies delicados
en el suelo,
oliendo,
desconfiando
de todo lo terrestre,
porque todo
es inmundo
para el inmaculado pie del
gato.
Oh fiera independiente
de la casa, arrogante
vestigio de la noche,
perezoso, gimnástico
y ajeno,
profundísimo gato,
policía secreta
de las habitaciones,
insignia
de un
desaparecido terciopelo,
seguramente no hay
enigma
en tu manera,
tal vez no eres misterio,
todo el mundo te sabe y
perteneces
al habitante menos
misterioso,
tal vez todos lo creen,
todos se creen dueños,
propietarios, tíos
de gatos, compañeros,
colegas,
discípulos o amigos
de su gato.
Yo no.
Yo no suscribo.
Yo no conozco al gato.
Todo lo sé, la vida y su
archipiélago,
el mar y la ciudad
incalculable,
la botánica,
el gineceo con sus
extravíos,
el por y el menos de la
matemática,
los embudos volcánicos
del mundo,
la cáscara irreal del
cocodrilo,
la bondad ignorada del
bombero,
el atavismo azul del
sacerdote,
pero no puedo descifrar un
gato.
Mi razón resbaló en su
indiferencia,
sus ojos tienen números
de oro.
Un besazo





