Sobre las estrellas

Aún recuerdo la última vez que conscientemente me senté ex professo a contemplar el globo estelar. Si me lo propongo, es posible que todavía pudiera dibujar alguna de las constelaciones que decoraban la oscura noche sin Luna de aquel tórrido agosto.
Parte de mis primos –los más cercanos en edad- y yo nos habíamos dispuesto a pasar una noche en vela en La Capachera. Éste era el nombre de una pequeña finca a las afueras de mi pueblo, amputada por el paso de la circunvalación N-611 Valladolid-Santander, que pertenecía a los padres de Eus y Mu, mis primos.
Acomodamos varias mesas llenas de viandas que nos habían dado nuestras respectivas madres/tías creyendo que aquello iba a ser una fiesta inocente y ausente de alcoholes, de sana algarabía, en definitiva. Pero eso no era posible entre tanta hormona adolescente desatada. Sobraron pinchos y faltaron hielos.
De peque me sentía enormemente atraída por lo infinitamente grande, el Universo, y por lo infinitamente pequeño, los átomos y sus componentes. Para mí ambas esferas de la Física tenían mucho en común. La antimateria, los positrones, neutrinos y demás parafernalia nuclear era muy similar a los tremendos agujeros negros que circundan y absorben la luz de las estrellas. Localizar las Pléyades, Sirah o Betelguse era tan sencillo como hacer una configuración atómica, al nivel que se pueden hacer en COU, claro.
A las pocas horas de que la zambra comenzara, mientras el resto de invitados estaba eufórico y dispuesto en torno al radiocassette (sí, aún no se estilaba lo del cedé y menos aún los emepetreses, ¡nadie tenía un ordenata, caramba!), yo me tumbaba todo lo largo que mi pequeña figura de entonces daba en el fresco césped a contemplar la espina dorsal del firmamento (la Vía Láctea) con copa de Kalimotxo y pitillo en mano.
El viernes yendo de camino a León mi mirada se quedó absorta viendo cómo iban naciendo las constelaciones de Otoño hacia el Este. Fue entonces cuando fui plenamente consciente de que en Madrid por más que te esfuerces no se ve una sola estrella.
Besos. Miss Calamity.
Comentario:
Contaminación lumínica, le llaman.
Y sin embargo, tengo el vivo recuerdo de una noche allá en la capital, hace ya más de tres lustros, tiempos aún de la movida, en la que me quedé a pernoctar en casa de un amigo.
Vivía éste en una casa antigua con un hermoso patio interior a donde iban a dar casi todas las ventanas. Y cuando, estando de recogida, atravesamos el patio, me dió por levantar la vista y allí encima, sobre aquel recuadro que formaba el patio, se podía distinguir el resplandor de varias estrellas. "Mira", le dije a mi amigo, "se ven las estrellas". "Huy sí, pues ya es raro, porque nunca en mi vida las había visto desde mi casa".
Aún ignoro si hubo algún apagón masivo, o cualquier otra causa que explicase aquella extraña visión, estrellas en el cielo de Madrid.
Sorpresas te da la vida...
Y sin embargo, tengo el vivo recuerdo de una noche allá en la capital, hace ya más de tres lustros, tiempos aún de la movida, en la que me quedé a pernoctar en casa de un amigo.
Vivía éste en una casa antigua con un hermoso patio interior a donde iban a dar casi todas las ventanas. Y cuando, estando de recogida, atravesamos el patio, me dió por levantar la vista y allí encima, sobre aquel recuadro que formaba el patio, se podía distinguir el resplandor de varias estrellas. "Mira", le dije a mi amigo, "se ven las estrellas". "Huy sí, pues ya es raro, porque nunca en mi vida las había visto desde mi casa".
Aún ignoro si hubo algún apagón masivo, o cualquier otra causa que explicase aquella extraña visión, estrellas en el cielo de Madrid.
Sorpresas te da la vida...
Comentario:
¿Ah, sí? Pues cuenta, cuenta. Yo también te puedo decir -sólo decir pues hace mil años que no voy- que mis ancestros provienen de Avilés así que, fíjate, casi vecinas (aunque nacida en Palencia). Por allí tengo hoy a mi adorado de reunión en reunión. Estos businessmen...
Y veo que has escrito, así que para allá me voy (no sólo Amanda te regaña, yo también estaba impaciente. Mira, lo de la noche estrellada palentina es una buena excusa para ponerse a escribir).
Besucos. C.
Y veo que has escrito, así que para allá me voy (no sólo Amanda te regaña, yo también estaba impaciente. Mira, lo de la noche estrellada palentina es una buena excusa para ponerse a escribir).
Besucos. C.
Comentario:
Me temo, querida Calamity, que no es sólo Madrid. Gijón permite ver muy poquitas estrellas, y si lo pienso bien, creo que los recuerdos de cielos estrellados que tengo, se limitan a la infancia (en Asturias pero en un pueblo, las noches de helada y cielo despejado) y a los veranos fuera de Asturias...
Por cierto, de tu tierra (Palencia ¿no?) de uno de sus pueblos guardo un recuerdo de noches espectaculares de estrellas en el verano de los quince años...
Por cierto, de tu tierra (Palencia ¿no?) de uno de sus pueblos guardo un recuerdo de noches espectaculares de estrellas en el verano de los quince años...





