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Como vaca sin cencerro
¡Qué pena hija mía, tan joven y ya estás como vaca sin cencerro!
Acerca de
Me gusta hablar. Muchas veces hablo conmigo mismo con tal de escucharme y soy tan inteligente que a veces no entiendo lo que digo.
-Oscar Wilde


No sé cuál es la clave del éxito, pero la clave del fracaso es intentar agradar a todo el mundo.
-Bill Cosby


La búsqueda de la perfección suele obstaculizar la mejora.
-George F. Will



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Rinconcillos de la cuadra descencerrada
Sindicación
 
Sleepy Hollow
Veo ahora el comienzo de la película de Tim Burton que están poniendo en la televisión, posiblemente traspasada por multitud de anuncios publicitarios que segarán la magia de las imágenes. Veo a Johny Depp –guapísimo as usual- liberando a una preciosa ave exótica roja de su cautiverio neoyorquino, gris y apático posiblemente, para dirigirse a un pueblo maldito entre encinas y robledales vestidos de sus colores de Otoño y me traen al recuerdo a mi abuela.

Recuerdo una otoñal tarde de Sábado, hace unos cinco años. Frío y lluvia en la calle, como ahora. Calor y recogimiento en los hogares de mi pueblo. Sleepy Hollow movía los cabezales de un viejo Sanyo y llenaba el cuarto de estar de la Quinta de los Sustos de raros asesinatos cometidos por un jinete del más allá.

Ella –mi abuela- y yo estábamos sentadas mientras mi madre terminaba de fregar los platos y de recoger la cocina tras el almuerzo. Finalizando ya el film mi abuela me manifiesta: “qué película tan fantasiosa, ¿no?”. Os puedo asegurar que le estaba gustando. A mi abuela le gustaba mucho el cine, de cualquier género, y seguía el argumento de cualquiera de ellas con gran atención.

Mi abuela no es mi abuela. Realmente ningún lazo legal me une a ella, salvo que es mi madrina, si eso sirve de algo. En cambio me aproximan a ella todos los lazos morales, éticos y sentimentales del mundo. Me ha cambiado más pañales que cualquiera de mis dos abuelas-abuelas; me ha curado heriditas en las rodillas día sí, día no; me ha enseñado a comer, a caminar, me llevó al cole el primer día; me enseñó a coser, tejer e intentó inculcarme el noble oficio de la vainica (no lo consiguió); y por supuesto me insufló junto con mi padre el amor por la lectura.

Mi abuela no tiene familia directa. No tuvo hijos, su marido murió hace más de cuarenta años, sus padres, obviamente, también. No tiene hermanos ni hermanastros. Nada. Sólo a mi madre y a mí. A los quince días de morir mi padre se instaló en la Quinta con nosotras dos. Ya tenía noventa años y se sentía en ciertos aspectos desvalida. Mi madre se encargó de darle comida y abrigo. Yo me encargué de que sus facturas estuvieran al día. Las dos nos encargamos de quererla como a una más de la parentela.

Cuando mi madre se fracturó las dos caderas y no podía atenderla con normalidad nadie apareció para cuidarla. Mi abuela, una mujer con 95 primaveras a sus espaldas, no se podía quedar sola en la Quinta de los Sustos. Tampoco estaba hecho su menudo cuerpo para soportar los ritmos de la gran urbe. Así que la menos mala de todas las opciones que pudimos barajar en aquel momento fue llevarla a una residencia geriátrica.

Hace poco brotaron, cual hongo en el campo después de un día de lluvia, unos sobrinos de su marido, por ende suyos, que yo no había visto en mi vida. Estos recién surgidos han conseguido que, pese a los achaques físicos y mentales que los años han causado en la abuela, ella les haya firmado unos papeles –notario ex cátedra- en los cuales le concede el uso y disfrute de sus bienes muebles e inmuebles a su antojo. Tal cual.

Dicen que la van a cuidar, que se van a encargar de ella… Me encantaría creer que sí.
 
Comentario:
Hola, Cal.

Espero que no hayas vuelto mal de casa.
Me ha gustado mucho.

Un besazo.
 
Comentario:
Bueno, Gilda, yo espero que sí también.

Y tanto Ernesto. Por lo menos son setas alucinógenas porque, vamos, yo llevo un mes largo flipando en colorines. Del resto, no me voy a repetir (sé lo liado que estás, así que sobran las disculpas).

Muchas gracias, Xavie. Viniendo de ti, ahora que nos conocemos en persona, es todo un piropo. ;)

Besos para los tres. C.
 
Comentario:
Esperemos que sí, esperemos que sí...

Precioso texto, Cal.

Un beso,
Xavie
 
Comentario:
¡Qué precioso y bien contado, Cal! Y qué mala espina que dan esos "hongos". Ojalá me equivoque. Vengo mucho por aquí, que conste. Pero no comento, porque estoy pilladísimo con las oposiciones y sólo me concedo minutos para quitarme el mono de blogocosa. ¡Ay!, cómo echo de menos el intercambio de parrafadas enormes y cálidas. Ya volverá el agua a su cauce. Mil besos, preciosa.
 
Comentario:
leñe! pues esperemos qe si
No