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Como vaca sin cencerro
¡Qué pena hija mía, tan joven y ya estás como vaca sin cencerro!
Acerca de
Me gusta hablar. Muchas veces hablo conmigo mismo con tal de escucharme y soy tan inteligente que a veces no entiendo lo que digo.
-Oscar Wilde


No sé cuál es la clave del éxito, pero la clave del fracaso es intentar agradar a todo el mundo.
-Bill Cosby


La búsqueda de la perfección suele obstaculizar la mejora.
-George F. Will



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Rinconcillos de la cuadra descencerrada
Sindicación
 
Pepa, quiero decir, Pepín
Recuerdo el día que Pepa, quiero decir, Pepín, me eligió. La sola idea de que Rita y Felipe nos hubieran abandonado días atrás me superaba. Esos días los pasé, interminables, caminando de la cama al sofá, escuchando a Interpol y a Joy Division y a a la Bauhaus continuamente. Regodeándome en mi infinito desamparo.

Paquete consiguió arrancarme de los brazos de la desolación para llevarme a la tienda de animales del barrio, Yo me había jurado no volver a tener más animales nunca. Pero allí estaba. Plantada frente a las jaulas pulcramente cuidadas de la calle Tucán (qué nombre tan adecuada para un vía en la que se vendían pajarillos) mirando de reojo a los asustadizos psitácidos recién caídos del nido.

Todos estaban apostados contra las rejas del fondo. Mirando de reojo. Creyendo, figúrome, que aquello era el paraíso y que cualquier lugar diferente a ese sería una especie de primer anillo infernal. Menos uno. Un rubiales un tanto engreidillo que ni se inmutaba lo más mínimo de nuestra presencia mientras aprovechaba para comer el pienso que dejaban por momentos sus múltiples compañeros de jaula. Con ese rictus, como diciéndonos “¿qué, que no me vais a llevar a vuestra casa? Pues no sabéis lo que os perdéis, majos” mientras molía el mijo con un pico que parecía descoyuntarse a cada instante.

Por supuesto vino a casa y fue como que hubiese estado siempre con nosotros. Cuando te acercabas a él ni se movía. Seguía comiendo como si tal cosa. Te observaba de frente y sólo dejaba de mirarte cuando rebuscaba en el semillero o entre las hojas de acelga y lechuga. Era el pionero. El primero en descubrir una nueva jaula. El primero en salir de la misma a darse sus vuelos matutinos. El primero en ir a catar un alimento (¡cómo no!)…

Ayer por la tarde cuando llegué a casa Pepín estaba en un palito de la jaula cerca del comedero, eso sí totalmente embolado y tristón. Ni me saludaba. Algo andaba mal. Llamé inmediatamente a paquete y nos fuimos con el chiquitajo a urgencias. Allí estuvimos cuatro horas entre loros, conejos y reptiles. Ojalá Pepín hubiese tenido alguna de las enfermedades que cualquiera de ellos aquejaba, pero no, Pepín tenía unas bacterias en el buche que le impedían tragar. Estaba ya muy enfermo pero había sabido disimularlo perfectamente hasta última hora.

Antibióticos, primperán, papilla de cereales, bombilla infrarroja y mucha paciencia. Cada hora y media 0,4 gramos de papilla que, al rato, vomitaba sin remedio. Noche en vela. Mañana de desesperación. Carreras hacia urgencias de nuevo para ponerle una vía que lograra alimentarlo hasta que pasara la infección. Nada. Todo inútil. En mitad del camino, con la jeringa de papilla en una mano mientras otra le sujetaba la cabecita, Pepín se me murió.

Ahora la casa está vacía. Nadie rebusca ya en el semillero tras los granos de avena. Sus compañeros reposan en los palos de la jaula soportando una cuarentena antibiótica y mucho calor. La gata no se queda ensimismada mirando a sus compañeros alados. Paquete mata el tiempo con el Magic en red. La música suena a obituario genuínamente orleanniano.

Le echamos de menos y no se nos ha ocurrido una manera mejor de rendirle homenaje que irnos a uno de los mejores restaurantes de la capital para decicarle una opípara comida.

Llenad vuestras copas de buen vino. Por él, porque así lo hubiera querido Pepín, ¡salud!
 
Comentario:
Lo siento, Cal. Díselo también a Paquete, por favor.

Un beso.
 
Comentario:
Estoy completamente lost en el más amplio sentido de la palabra, hija... Un rollo tooooooooodo, toooodo.

Besote.
 
Comentario:
jops! se siente muchooooo pero yo te echo de menos a ti.!!! que yo no conozco aun ni a la gata ni conoci a pepin y dentro de poco no te voy a conocer ni a ti!
 
Comentario:
Gracias chicos. Ya se nos va pasando un poco el berrinche. Los tres compañeros de jaula y vuelos que quedan necesitan de toda nuestra atención para que no vayan por el mismo camino que Pepín. Esta mañana cuando me levanté (todavía de noche) casi instintivamente fui a la jaula para ver cómo dormían los enanillos y le volví a echar de menos. Él era el primero en desperezarse (me saludaba estirándose las dos alas con sus patitas, es la forma de decir ¡hola! en un loro) para ir a comer mijo. Era un comilón de mucho cuidado. Era muy especial (se me dejaba tocar y se subía a mis dedos -sin anillos- y luchaba con mis manos jugueteando).

Es casi una locura el pensar que un pájaro pueda darte tanto. Sobre todo para aquel que nunca ha tenido ninguno, pero son tan simpáticos ¡todos! Son como nosotros los humanos, con sus manías, sus preferencias, su carácter... Son único e irrepetibles. Por mucho que se parezcan los unos a los otros cada uno de ellos es único e irrepetible. He tenido un montón de pájaros (mi padre era criador de canarios) y puedo contar con pelos y señales las diferentes personalidades de unos y otros.

No os aburro más. Además tengo que currar un poquillo, que no se note... Estoy recordando ahora mismo a mi querido Zucco mientras hago unas cosillas gráficas para la ciudad en la que él habitualmente vive.

Besos para los dos. C.
 
Comentario:
Me da que Pepín ha vivido feliz. Así que se merece un cálido recuerdo como el que propones ¡por Pepín!

Y por todos los pepines que nos recuerdan que mucho presumir de que somos racionales, pero que la amistad se suele encontrar en estado puro en esos compañeros que nos soportan mientras destrozamos el planeta...
 
Comentario:
Comprendo tu tristeza. Sólo quien ha convivido con animales puede entender la empatía que puede llegarse a tener con ellos. Y me encanta la manera de homenajearle. Salud. Seguro que Pepín estará ahora en el cielo pajaril, trajinándose a una gachí plumífera y multicolor, rodeado de semillas suculentas,para mayor envidia de los humanos.
No