Independencia
Me gusta conducir. Sí, pese a que no tengo carné de conducir, las veces que puedo, conduzco algo, poquito. Ahora mismo, si tuviera coche y permiso, estaría dándome una vuelta por ahí, con mi cámara Ulises y la música a volumen brutal en vez de estar escribiendo en la ofi, sin rumbo. Un respiro, supongo.
Desde pequeña siempre he querido tener una furgoneta, mejor, una roulotte en la que vivir e ir aparcando en aquellos sitios en los que el viento me inspirara la pausa. Sin dirección fija. Sin lugar en el mundo. El mundo sería, todo él, el lugar (la casa es la cárcel del hombre corriente, que diría un tuareg).
Ayer veníamos desde Ponferrada en dirección Madrid y, si hubiese tenido yo las riendas de mi propio devenir, hubiera parado al menos tres o cuatro veces. En Mota del Marqués, en una pequeña iglesia abandonada que no tiene techumbre situada en medio de la nada, en Rueda, en el parque de maquinaria industrial de Benavente... Hubiera incluso desviado mi camino para ir a Villafáfila y a Villalar de los Comuneros -que siempre he tenido curiosidad-, tal vez a Olmedo. O haberme tomado un café frente al Real Monasterio de Santa Clara en Tordesillas.
Seguramente todavía estaría llegando a Madrid... Tal vez no llegara nunca o podría ser que hiciera una breve parada para despedirme de mi actual, larga y monótona estancia en la capital del reino, libre, al fin.
Desde pequeña siempre he querido tener una furgoneta, mejor, una roulotte en la que vivir e ir aparcando en aquellos sitios en los que el viento me inspirara la pausa. Sin dirección fija. Sin lugar en el mundo. El mundo sería, todo él, el lugar (la casa es la cárcel del hombre corriente, que diría un tuareg).
Ayer veníamos desde Ponferrada en dirección Madrid y, si hubiese tenido yo las riendas de mi propio devenir, hubiera parado al menos tres o cuatro veces. En Mota del Marqués, en una pequeña iglesia abandonada que no tiene techumbre situada en medio de la nada, en Rueda, en el parque de maquinaria industrial de Benavente... Hubiera incluso desviado mi camino para ir a Villafáfila y a Villalar de los Comuneros -que siempre he tenido curiosidad-, tal vez a Olmedo. O haberme tomado un café frente al Real Monasterio de Santa Clara en Tordesillas.
Seguramente todavía estaría llegando a Madrid... Tal vez no llegara nunca o podría ser que hiciera una breve parada para despedirme de mi actual, larga y monótona estancia en la capital del reino, libre, al fin.
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;D
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Yo te presto mi alfombra mágica. No necesita carné y es muy apañada. Y no te cobro, sólo mantenla bien cepilladita. Un beso.
Comentario:
Sí, debe de ser benigno Jo, porque si no, no sé qué habría sido de mí a estas alturas. Y lo de hacerlo hoy mismo -hoy justo que además es lunes- ay, mejor no pensarlo...
No es más feliz el que más tiene, si no el que menos desea. No sé quién dijo esta frase, Cool, pero qué razón tiene. Las obligaciones son, la mayoría de ellas, autoimpuestas: una casa bonita, un coche potente, un móvil moderno, una conexión adsl, una ropa de marca... Todo eso lo único que nos hace es doblegarnos cada vez más. Nos ata. Tenemos que trabajar para poder pagar nuestras "comodidades". Pienso. Otra cosa es que no sea nada fácil ser un outsider dentro de la sociedad en la que vives... Eso es difícil, pero espero no imposible.
Pau, me he estado acordando de ti un montón estos días por cuestiones de trabajo (diseñando una cosita sobre los hippies). ¡Un velero no está nada mal! El mar es tan inmenso, tan bonito, tan inabarcable... Espero que Cheli esté mucho mejor. ¡Hace una barbaridad que no me paso por tu blogocasa!
Besos para los tres. Cal.
No es más feliz el que más tiene, si no el que menos desea. No sé quién dijo esta frase, Cool, pero qué razón tiene. Las obligaciones son, la mayoría de ellas, autoimpuestas: una casa bonita, un coche potente, un móvil moderno, una conexión adsl, una ropa de marca... Todo eso lo único que nos hace es doblegarnos cada vez más. Nos ata. Tenemos que trabajar para poder pagar nuestras "comodidades". Pienso. Otra cosa es que no sea nada fácil ser un outsider dentro de la sociedad en la que vives... Eso es difícil, pero espero no imposible.
Pau, me he estado acordando de ti un montón estos días por cuestiones de trabajo (diseñando una cosita sobre los hippies). ¡Un velero no está nada mal! El mar es tan inmenso, tan bonito, tan inabarcable... Espero que Cheli esté mucho mejor. ¡Hace una barbaridad que no me paso por tu blogocasa!
Besos para los tres. Cal.
Comentario:
Nunca es tarde para aprender.
Cuando ya lo tienes prefieres que te lleven, pero eso no te va a consolar.
Yo también quería una autocaravana, pero Cheli me dijo que me la metiera alla...
Ahora me gustaría vivir en un velero.
Un abrazo.
Cuando ya lo tienes prefieres que te lleven, pero eso no te va a consolar.
Yo también quería una autocaravana, pero Cheli me dijo que me la metiera alla...
Ahora me gustaría vivir en un velero.
Un abrazo.
Comentario:
no suena nada mal tu plan, es una pena que aunque queramos no podamos hacer las cosas según nos salen, demasiadas "obligaciones" contraidas, demasiadas necesidades que no se pueden eludir.
Quien sabe, quizá en un futuro te veamos a bordo de una autocaravana estupenda recorriendo los rincones más desconocidos de esta tierra nuestra sin más preocupación que buscar la imagen ideal.
Un beso
Quien sabe, quizá en un futuro te veamos a bordo de una autocaravana estupenda recorriendo los rincones más desconocidos de esta tierra nuestra sin más preocupación que buscar la imagen ideal.
Un beso
Comentario:
Creo que la mejor frase del mundo es "tranquilo, es benigno", como diría Woody Allen. Pero tampoco se queda atrás la frase: "venga, hagámoslo hoy mismo". Con esas dos frases ya tiro yo viviendo treinta años por lo menos.





