Interpol, Madrid 08/11/07
Today my heart swings
Today my heart swings
Pocas veces se ha despertado en mí tanta expectación ante un concierto, más aún si ya había visto con anterioridad al grupo. El show que nos dieron en el 2005 (del que ya dí habida cuenta aquí y que también me sacó de un parón blogueril) es para mí uno de los mejores que he visto en mi vida.
Llevaba días impaciente por escuchar sus antiguas canciones y por degustar su nuevo álbum Our love to admire en directo. Ilusionada por ver de nuevo a Carlos D, con perilla y look western, moviéndose frenético por el escenario, a Sam Fogarino agitar las ondas a golpe de baqueta, a Daniel Kessler haciendo vibrar su Epiphone Casino y a Paul Banks cantando esas crípticas letras suyas con una voz que parece salir del más profundo de los desasosiegos y que a mí –rompiendo una lanza en favor suyo por lo de la eterna comparación con Ian Curtis- me parece cada vez más trabajada y personal.
Lleno absoluto pero, a pesar de ello, pretendía colarme en alguna de las primeras filas intentando superar mi temor a las multitudes con tal de llevarme al menos una set list de la banda. Prueba no superada a medias (me pudo el agobio, pero al final me lleve unos trocitos de papel).

Me acodé en la barra, pedí una cerveza y estuve deleitándome con Blonde Redhead, los teloneros, que me han sorprendido muy gratamente con su último disco 23 y me sorprendieron para bien en vivo. Un directo impecable, atormentado, atmosférico, espeso y ebrio de música (tal vez demasiado grandes para ser teloneros...); si no fuera por la vocecilla de la cantante –que no puedo, no puedo y no puedo con ella-, me habrían gustado muchísimo.
Los neoyorkinos, a diferencia de su anterior actuación en La Riviera, salieron con bastante retraso. Luces blancas apagadas, humo artificial inundando la sala, contraluces plúmbeos que marcaban las siluetas de los cuatro siempre acompañados de Blasco -su teclista- y las primeras notas guitarreras de “Pioneer to the falls” nos daban la bienvenida a las 2.500 almas allí congregadas. Rugido de la masa y, siento decirlo, pésimo sonido. El oboe, si es que llevaban pregrabado, no se oía por ningún lado. La voz de Banks bajísima. Los bajos lo mismo estaban por las nubes como se hacían inapreciables al oído… Un desastre de ecualización que duró todo el concierto y que culminó con un ensordecedor acople de guitarras y bajo que hizo perder la concentración a la banda durante la ejecución de “Stella was a diver…”. Pero esto sucedió en los bises y todavía no hemos llegado allí. En fin, dos eran las opciones: cagarse en la madre de los técnicos de sonido (madre, familia y aledaños) o intentar disfrutar en la medida de las posibilidades de las canciones que han hecho de Interpol una banda indie de culto. Estaba claro: tocaba divertirse.
El repertorio se inclinó casi más por los éxitos de los largos anteriores salpicando la actuación con canciones de su ultimo disco. Las aclamadísimas “C’mere”, “Say hello to the angels” y “Slow hands” se entremezclaron con éxitos actuales como “Mammoth”, “No I in threesome” –que presentó el tímido Banks en un perfecto castellano diciendo Gracias. La siguiente canción es de nuestro nuevo disco- o cortes menos conocidos como “The Scale”, “Rest my chemistry” o la intimista y apoteósica “Lighthouse” que, desde mi punto de vista, estuvo un poco de más dentro del repertorio, pese a la buenísima e intensa interpretación de la banda de New York.
“Evil” nos dejó sin palabras, que no sin gritos, a los allí presentes (si no se hundió esa tarde el suelo de La Riviera, no lo derriba ni un un terremoto intensidad 7 en la escala Richter), “Heinrich Maneuver” aflojó las cuerdas vocales de más de uno y “Not even jail” nos anunciaba el final de un concierto breve, intenso, cuidado a efectos escenográficos (pese a la austeridad que caracteriza a Interpol en estos menesteres) y falto de pruebas de sonido.
Pero, vamos, la gente no se iba de la sala ni aunque echaran aceite hirviendo. La ovación fue prolongada y los Interpol no se hicieron de rogar. Volvieron al escenario liderados por Fogarino que nos saludó a todos con ese gesto suyo tan sereno y seductor antes de sentarse a los platos precedido por el resto de sus compañeros, más comedidos en sus modales a excepción de Kessler que estuvo desatado durante toda la actuación. Carlos incluso ni saludó o lo hizo levemente (más tarde he sabido que el bajista del grupo se encontraba enfermo y, tal vez por eso, no fue la bomba en el escenario que acostumbra a ser).
Así comenzaron los bises y así fue como yo me abandoné por completo a la comunión con la Música con mayúsculas: las primeras notas de “Hands away” invadieron la sala. ¡Mi canción favorita! Había renunciado ya a toda esperanza que la tocaran, pues no suele acompañarlos en sus tracklist habituales, pero cuando sonó fue como si la tocaran expresa y exclusivamente para mí; suena tonto, lo sé; más estando entre la marabunta, al lado de los señores de sonido que no debían de tenerme simpatía a tenor de las miradas de odio que les regalaba de vez en cuando. Vamos, que si me hubiese muerto en ese instante en mi epitafio habría de poner murió de felicidad.
Pero afortunadamente no me morí y pude disfrutar de “Stella was a diver and she was always down”... espera... más bien una mezcla de gozo y dolor al, como dije más arriba, acoplarse todos los instrumentos haciendo que la banda perdiera la concentración en la melodía y echase a perder el soniquete. Una pena. Los silbidos del público se confundían con los aplausos y los vítores.
Los neoyorquinos se despidieron de nosotros con una de sus canciones más punkeras, "PDA", en la que pudimos demostrarles el cariño que se les tiene en este país mientras ejecutaban el breve silencio que hay entre las dos, digamos, partes de la partitura, ya que tuvieron que parar unos cuantos segundos –minuto y pico- en los que no dejamos de aclamarles.
Apenas quedaba un santiamén para que Interpol se despidiesen de nosotros hasta la próxima vez que dejen caer sus notas por estas tierras. Esperemos que sea pronto.
Cal.
PD. Si quereis ver fotografías (a la menda se le olvidó cargar la batería el día de antes), podéis deleitaros pinchando aquí (las hay de este concierto, del concierto pasado y de cosas que nada tienen que ver con ninguno de los dos conciertos)
Llevaba días impaciente por escuchar sus antiguas canciones y por degustar su nuevo álbum Our love to admire en directo. Ilusionada por ver de nuevo a Carlos D, con perilla y look western, moviéndose frenético por el escenario, a Sam Fogarino agitar las ondas a golpe de baqueta, a Daniel Kessler haciendo vibrar su Epiphone Casino y a Paul Banks cantando esas crípticas letras suyas con una voz que parece salir del más profundo de los desasosiegos y que a mí –rompiendo una lanza en favor suyo por lo de la eterna comparación con Ian Curtis- me parece cada vez más trabajada y personal.
Lleno absoluto pero, a pesar de ello, pretendía colarme en alguna de las primeras filas intentando superar mi temor a las multitudes con tal de llevarme al menos una set list de la banda. Prueba no superada a medias (me pudo el agobio, pero al final me lleve unos trocitos de papel).

Me acodé en la barra, pedí una cerveza y estuve deleitándome con Blonde Redhead, los teloneros, que me han sorprendido muy gratamente con su último disco 23 y me sorprendieron para bien en vivo. Un directo impecable, atormentado, atmosférico, espeso y ebrio de música (tal vez demasiado grandes para ser teloneros...); si no fuera por la vocecilla de la cantante –que no puedo, no puedo y no puedo con ella-, me habrían gustado muchísimo.
Los neoyorkinos, a diferencia de su anterior actuación en La Riviera, salieron con bastante retraso. Luces blancas apagadas, humo artificial inundando la sala, contraluces plúmbeos que marcaban las siluetas de los cuatro siempre acompañados de Blasco -su teclista- y las primeras notas guitarreras de “Pioneer to the falls” nos daban la bienvenida a las 2.500 almas allí congregadas. Rugido de la masa y, siento decirlo, pésimo sonido. El oboe, si es que llevaban pregrabado, no se oía por ningún lado. La voz de Banks bajísima. Los bajos lo mismo estaban por las nubes como se hacían inapreciables al oído… Un desastre de ecualización que duró todo el concierto y que culminó con un ensordecedor acople de guitarras y bajo que hizo perder la concentración a la banda durante la ejecución de “Stella was a diver…”. Pero esto sucedió en los bises y todavía no hemos llegado allí. En fin, dos eran las opciones: cagarse en la madre de los técnicos de sonido (madre, familia y aledaños) o intentar disfrutar en la medida de las posibilidades de las canciones que han hecho de Interpol una banda indie de culto. Estaba claro: tocaba divertirse.
El repertorio se inclinó casi más por los éxitos de los largos anteriores salpicando la actuación con canciones de su ultimo disco. Las aclamadísimas “C’mere”, “Say hello to the angels” y “Slow hands” se entremezclaron con éxitos actuales como “Mammoth”, “No I in threesome” –que presentó el tímido Banks en un perfecto castellano diciendo Gracias. La siguiente canción es de nuestro nuevo disco- o cortes menos conocidos como “The Scale”, “Rest my chemistry” o la intimista y apoteósica “Lighthouse” que, desde mi punto de vista, estuvo un poco de más dentro del repertorio, pese a la buenísima e intensa interpretación de la banda de New York.
“Evil” nos dejó sin palabras, que no sin gritos, a los allí presentes (si no se hundió esa tarde el suelo de La Riviera, no lo derriba ni un un terremoto intensidad 7 en la escala Richter), “Heinrich Maneuver” aflojó las cuerdas vocales de más de uno y “Not even jail” nos anunciaba el final de un concierto breve, intenso, cuidado a efectos escenográficos (pese a la austeridad que caracteriza a Interpol en estos menesteres) y falto de pruebas de sonido.
Pero, vamos, la gente no se iba de la sala ni aunque echaran aceite hirviendo. La ovación fue prolongada y los Interpol no se hicieron de rogar. Volvieron al escenario liderados por Fogarino que nos saludó a todos con ese gesto suyo tan sereno y seductor antes de sentarse a los platos precedido por el resto de sus compañeros, más comedidos en sus modales a excepción de Kessler que estuvo desatado durante toda la actuación. Carlos incluso ni saludó o lo hizo levemente (más tarde he sabido que el bajista del grupo se encontraba enfermo y, tal vez por eso, no fue la bomba en el escenario que acostumbra a ser).
Así comenzaron los bises y así fue como yo me abandoné por completo a la comunión con la Música con mayúsculas: las primeras notas de “Hands away” invadieron la sala. ¡Mi canción favorita! Había renunciado ya a toda esperanza que la tocaran, pues no suele acompañarlos en sus tracklist habituales, pero cuando sonó fue como si la tocaran expresa y exclusivamente para mí; suena tonto, lo sé; más estando entre la marabunta, al lado de los señores de sonido que no debían de tenerme simpatía a tenor de las miradas de odio que les regalaba de vez en cuando. Vamos, que si me hubiese muerto en ese instante en mi epitafio habría de poner murió de felicidad.
Pero afortunadamente no me morí y pude disfrutar de “Stella was a diver and she was always down”... espera... más bien una mezcla de gozo y dolor al, como dije más arriba, acoplarse todos los instrumentos haciendo que la banda perdiera la concentración en la melodía y echase a perder el soniquete. Una pena. Los silbidos del público se confundían con los aplausos y los vítores.
Los neoyorquinos se despidieron de nosotros con una de sus canciones más punkeras, "PDA", en la que pudimos demostrarles el cariño que se les tiene en este país mientras ejecutaban el breve silencio que hay entre las dos, digamos, partes de la partitura, ya que tuvieron que parar unos cuantos segundos –minuto y pico- en los que no dejamos de aclamarles.
Apenas quedaba un santiamén para que Interpol se despidiesen de nosotros hasta la próxima vez que dejen caer sus notas por estas tierras. Esperemos que sea pronto.
Cal.
PD. Si quereis ver fotografías (a la menda se le olvidó cargar la batería el día de antes), podéis deleitaros pinchando aquí (las hay de este concierto, del concierto pasado y de cosas que nada tienen que ver con ninguno de los dos conciertos)
Comentario:
Se te ve muy ocupada pero venga, no te hagas la remolona y cuéntanos algo (y a ver si recibo esas prometidas confidencias en petit comité)
Cuídese, Miss Cal, y trate de no atropellar a nadie, que la autoescuela no es el Grand Thieft Auto.
Cuídese, Miss Cal, y trate de no atropellar a nadie, que la autoescuela no es el Grand Thieft Auto.
Comentario:
Je, je, gracias Servidora. Yo también os echo de menos (mi bloglines está a punto de estallar), pero de veras que no tengo tiempo. Sólo te diré que el trabajo ya me quita unas once horas de mi jornada. Además me he apuntado a unas clases que me quitan mucho tiempo (cuatro horas a la semana sin contar con los deberes) y me estoy sacando el carné de conducir que, pese a que sé conducir, ya es hora que lo tenga.
Pero bueno, intentaré venir (de hecho venía a escribir algo pero tengo una falta de costumbre que se me está olvidando).
Besote. Cal.
Hola Maru y ¡bienvenida! No te puedo decir que vaya a visitar tu bitácora ipso facto, pero en cuanto tenga un ratín para allá que me voy. Ah, has sido la primera en averiguar que la frase que titula mi bitácora es del personaje de Jacinta en la película La flor de mi secreto de Almodóvar. Me gusta que te guste (La Jacinta es grande gracias a la grandísima interpretación de Chus Lampreave que es maravillosa). :D
Otro besote para ti. Cal.
Pero bueno, intentaré venir (de hecho venía a escribir algo pero tengo una falta de costumbre que se me está olvidando).
Besote. Cal.
Hola Maru y ¡bienvenida! No te puedo decir que vaya a visitar tu bitácora ipso facto, pero en cuanto tenga un ratín para allá que me voy. Ah, has sido la primera en averiguar que la frase que titula mi bitácora es del personaje de Jacinta en la película La flor de mi secreto de Almodóvar. Me gusta que te guste (La Jacinta es grande gracias a la grandísima interpretación de Chus Lampreave que es maravillosa). :D
Otro besote para ti. Cal.
Comentario:
Sólo con ver el títuto de tu blog, ya supe que me iba a gustar.
La Jacinta es de esos personajes que no te olvidás nunca. Mucho menos de ESA peli. Que grande Pedrito.
Te seguiré leyendo.
Salu2 desde Argentina.
La Jacinta es de esos personajes que no te olvidás nunca. Mucho menos de ESA peli. Que grande Pedrito.
Te seguiré leyendo.
Salu2 desde Argentina.
Comentario:
Por muy ocupada que estés, manda señales de vida de vez en cuando, ¿okis? .. que te echaba de menos :-)
Comentario:
Ô_ô
¡Joooooooooooooder con Wilco! Se me escaparon a cuenta de la indecisión de ir o no ir. Me quedé sin entradas. Cagüen...
Estoy muy atareada últimamente (trabajo, estudios -sí, estudios de nuevo- y casa). Ya te contaré, en petit comité, Txarly.
Beso. C.
¡Joooooooooooooder con Wilco! Se me escaparon a cuenta de la indecisión de ir o no ir. Me quedé sin entradas. Cagüen...
Estoy muy atareada últimamente (trabajo, estudios -sí, estudios de nuevo- y casa). Ya te contaré, en petit comité, Txarly.
Beso. C.
Comentario:
No es por ponerte los dientes largos, pero yo el domingo vi a Wilco en el Palacio Euskalduna de Bilbao, y todavía no me he recuperado de la impresión ;-)
Cómo va todo? Hace eones que no sé de ti! Besos y tal...
Cómo va todo? Hace eones que no sé de ti! Besos y tal...





