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Como vaca sin cencerro
¡Qué pena hija mía, tan joven y ya estás como vaca sin cencerro!
Acerca de
Me gusta hablar. Muchas veces hablo conmigo mismo con tal de escucharme y soy tan inteligente que a veces no entiendo lo que digo.
-Oscar Wilde


No sé cuál es la clave del éxito, pero la clave del fracaso es intentar agradar a todo el mundo.
-Bill Cosby


La búsqueda de la perfección suele obstaculizar la mejora.
-George F. Will



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Rinconcillos de la cuadra descencerrada
Sindicación
 
Ritos iniciáticos
Hoy he venido en el Metro, como usualmente hago, desde la ofi hasta mi casa y he sido asaltada por un grupo de adolescentes de lo que últimamente se viene llamando "poligoneros" (de hecho se han subido en la parada de un polígono de las afueras de Madrid). Sí, estilo La Juani de Bigas Luna.

Aunque al principio me han incomodado con sus sardónicas risas y esperpénticas conversaciones de besugo -yo iba leyendo-, reconozco que al final me he sentido atraída por ese grupete de jovenzuelos del extrarradio.

Uno iba metiéndose los calcetines grises marengo marca "Umbro" por encima de unos pantalones cargo beige ya que es la última moda, Ô_ô. Su amiga/tíacómomemolas, que pitaría en cualquier acceso aeroportuario, gracias a su infinitud de piercings le criticaba el mal gusto (en eso ella tenía buen gusto, no cabe duda). La chica rubia (siempre hay una rubia rubísima en cualquier pandilla) iba absorta buscando algo en su iPod blanco. Una tercera no hacía otra cosa que salir por una puerta y entrar por la siguiente en todas y cada una de las paradas del tren para demostrar yo qué sé el qué mientras proclamaba a los cuatro vientos con orgullo su embarazo aún imperceptible con los nombres del futuro retoño.

Les acompañaban, cómo no, la tradicional parejita púber consolidada. Amores de esos que empiezan a los catorce y terminan, con mala suerte, a los taytantos con un divorcio y muchos gritos por el medio (y con muy mala suerte hasta que la muerte les separe o el aburrimiento les mate). Él, una monada de criatura venida de las pitiusas, iba tarareando musiquillas junto al más tímido de toda la tropa con el teléfono/reproductor mp3 a volumen nuclear.

La cosa se fue animando y después de unas cuantas rimas Hip Hop -no lo hacían mal, la verdad- se arrancaron por soleares y se pusieron a palmear en medio del vagón amenizados por la voz timbal de la muchachita de los piercings mientras la novia del mallorquín ratificaba lo absolutamente enamorada que estaba de él después de conocer sus gustos musicales (sic.).

Me hubiera gustado seguirles por los túneles del Metro hasta llegar al lugar dónde se dirigían. Espiarles con disimulo, sin que ellos se dieran cuenta, como quien mira desde su ventana a los vecinos desde la más absoluta de las oscuridades.
 
Comentario:
No, si en cierta medida ya me habían decepcionado, Pau. Lo que pasa es que, no sé, como que se me hace raro ver sus maneras de divertirse... Es como hace un par de días, cuando he cogido el tren para venir a la tierra de mis padres para pasar la Navidad. En Valladolid se montaron -como suele ser habitual- un montón de universitarios y me llamó poderosamente la atención que en un grupo de cuatro chicos dos de ellos llevaban un portátil y se lo enchufaron (cual ejecutivo estresado) para ver fotos, vídeos y jugar al solitario y al ajedrez...

¡Mundo!
 
Comentario:
Vaya... de haberlos seguido te hubieras decepcionado.
A ciertas horas, de esos chavales no se canta ni gallo ni gallina. No los verás a las 7.30 para ir al trabajo, eso seguro. Y de ser así, no los reconocerías.
Un abrazo.
No