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Como vaca sin cencerro
¡Qué pena hija mía, tan joven y ya estás como vaca sin cencerro!
Acerca de
El crimen llamado blasfemia fue inventado por sacerdotes con el propósito de defender las doctrinas que no pueden cuidar de sí mismas.
-Robert Ingersoll, Los dioses.


Me gusta hablar. Muchas veces hablo conmigo mismo con tal de escucharme y soy tan inteligente que a veces no entiendo lo que digo.
-Oscar Wilde


Si quieres saber algo más de la sin cencerro, visita su difunto blog
Sindicación
 
La descripción de una curva
La última vez que hablé –y por tanto vi- a Nicolás fue a la salida de la Colegiata de San Miguel Arcángel de mi pueblo hace casi seis años. Se estaba celebrando la novena (o como se diga) por la muerte de mi padre y ya casi estaba a punto de finalizar el calvario de tener todos los días que ir al Rosario y a la Misa de siete en memoria del ausente. Sólo lo hice por él que era muy creyente.

Estaba fuera. Apostado en una de las columnas del pórtico gótico que abre las puertas del templo, con un cigarrillo negro en la mano y sin barba en la faz, con lo cual me costó reconocerle. Yo estaba hablando con mis tías sobre el día a día y la insoportable levedad que sufría mi madre en aquellos duros momentos (si leéis a Kundera, sabréis de lo que hablo) cuando oí mi nombre saliendo de la boca de aquel hombre hasta entonces no conocido: “Cal, ¿qué tal te encuentras?”. Cuando me volví y caí en la cuenta de quién era aquél señor pequeño, delgado y con ese aspecto anclado en los años 70 no pude más que sonreírme y decir “Nicolás, pero, ¿qué haces aquí?”. Ya ves, un profesor como él y yo tratándole de tú como si tal cosa. Su respuesta fue “acompañarte”. Luego estuvimos un largo rato hablando de nuestras cosas, de qué hacía yo, de si había acabado la carrera y qué estaba estudiando, de dónde estaba él y de porqué se había rasurado su característica barba.

Con esta breve descripción digo casi todo de aquel hombre que fue, es y será mi profesor más querido. A él he de agradecerle que hoy sea quien soy y que hoy tenga un amor indescriptible por el Jazz y por Jerusalén. Y por las matemáticas. Porque Nicolás era profesor de mates, asignatura casi siempre odiada por todos y cada uno de los alumnos del mundo. Por mi también, hasta que él entró en mi vida.

Nicolás tenía fama de profesor hueso de Bachiller. Aprobaba muy poca gente su asignatura de Matemáticas y era implacable en clase. No se oía ni el zumbido de una mosca cuando él estaba explicando los puntos de inflexión de las curvas y las derivadas que había que hacerse para hallarlos (si mal no recuerdo). Todos los días nos mandaba el estudio de una curva y esa era una tarea que llevaba varias horas en la tarde… Y lo peor es que al día siguiente te podía tocar por arte de birlibirloque salir al encerado a describir la curva en cuestión y como no la tuvieras…

Un día me tocó a mi. Era una curva normalita, no muy compleja, pero, como casi todas las curvas tenía un “peralte” complicado.
- A ver. Señorita Calamidad, salga usted y muestre a sus compañeros cómo es esta curva.
En clase siempre nos trataba de usted. Yo salí con más nervios que María Barranco en una conocida peli de Almodóvar y con absolutamente nada de seguridad en mi misma. Las mates, aunque me esforzaba por entender, no se me daban bien. Me puse en el encerado, tomé una tiza blanca y me puse a resolver ecuaciones. El tiempo discurría leeeeeeeeeeeeeeento. El silencio era sepulcral. Y mi pulso se apaciguaba muy poco a poco.

Cuando yo ya estaba totalmente metida en mi papel de alumna ejemplar, oigo unas risillas nerviosas que vienen de la platea. Miro hacia atrás, miro al lado y me encuentro a don Nicolás subido en una silla de madera a mi lado en la pizarra. Me debí de quedar petrificada o con cara de idiota cuando me salta con la más absoluta seriedad: “Un profesor no puede ser más bajo que ninguno de sus alumnos”. Y me guiñó un ojo. Yo en ese momento ya no tenía ni concentración, ni mano para escribir, ni apuntes en el cuaderno porque se acababa de caer al suelo.

Empecé a conocer a Nicolás como persona cuando fue el Jefe de Estudios. La abajo firmante estaba más tiempo fuera que dentro de clase. A veces queriendo y otras veces por imposición de algún profesor desalmando que nos soportaba mi batería de preguntas sobre Filosofía (si por algo estudié periodismo, digo yo). Normalmente me sentaba en las escaleras que bajaban a las clases donde de impartía EGB y me encendía un pitillo. Solía llevar algún libro en el cabás así que me ponía a leer. Pero me aburría como una ostra. Más aún. Nicolás estaba casi siempre en la habitación pequeñita del fondo del pasillo cumpliendo con sus obligaciones de profesor –corrigiendo exámenes básicamente- y de jefe de estudios –escribiendo cartas a los padres de los alumnos rebeldes.

Un día, después de verme puluar por los pasillos varias veces, me invitó a entrar. No sé si sonaba Miles Davis o alguien similar en un tocadiscos… Despejó un viejo sofá de piel color granate y me sentó allí sin decirme nada. Estuvimos un rato en silencio hasta que fue roto por una de sus preguntas “Señorita Calamidad, ¿por qué está usted siempre fuera de clase?”. La verdad es que no lo sabía ni yo misma. Y así comenzó nuestra primera conversación alumna – jefe de estudios que poco a poco se fue transformando en una plática amiga – amigo. Cuando comenzó la siguiente clase llevaba en la mochila varios vinilos de Jazz para escuchar tranquilamente en casa. Desde entonces empezó nuestro intercambio de discos que no terminó hasta que no finalizaron mis estudios de COU y me fui a la Universidad.

Como Jefe de Estudios Nicolás fue el encargado de cuidarnos durante nuestros exámenes de Selectividad. Al vivir en un pueblo teníamos que ir hasta Palencia –a 99 kilómetros- para realizar las pruebas de acceso a la universidad. Entre examen y examen Nicolás nos distraía con sus viajes y su basta cultura. No sé cómo le dije un día que me gustaría conocer Jerusalén (estaba yo atravesando una época muy pía en mi vida, hasta me confirmé y todo) y nunca olvidaré lo que me contestó, aunque no me gustara en aquel momento: “Cal, Jerusalén no te gustará nada. Ha crecido mucho y sin control y las zonas bonitas están restringidas a las mujeres”. Con esto me quiso decir que de la visita Muro de las Lamentaciones, que seguramente fuese lo único de lo que yo había oído hablar por aquellos entonces, nada de nada.

Pero nos contó las maravillas de Ispahán, de Petra y los nabateos, de Abu Simbel y la búsqueda de las fuentes del Nilo, de Belén, de Beirut, de Damasco, de Troya y Esmirna, de Samarcanda allá en Uzbekistán… De Marco Polo y la China, de Alejandro Magno y su Babilonia, de Salah al-Din y la Tercera Cruzada, de Jesús de Nazareth, San Pablo y San Pedro, de Gandhi, de Winston Churchill, de la Madre Teresa de Calcuta, de Einstein y Marie Curie… Fascinación es poco para describir esos mágicos instantes.

Hace algo más de un año me enteré de su repentina muerte tras sufrir un rebrote de malaria. Los médicos le dijeron que debería distanciar más su vuelta a las misiones, pero nada, era más terco que una mula. Había dejado el cómodo Primer Mundo para irse a la India a enseñar a los niños a leer y a calcular… Me dejó tristísima. Fue un duro golpe para mi. Ese día (y cualquier día que paso por mi antiguo colegio) recordé más que nunca la figura del fraile Nicolás: un hombre de los pies a la cabeza, un ser humano adorable, una persona única que se murió por su dedicación a los demás y que nunca aparecerá en ningún santoral ni en ninguna lista de premios con sobrada reputación, pero que siempre ocupará un primer puesto en mi corazón de alumna.

Besillos para todos y en especial para ti, Nicolás, donde quiera que estés. Calamity.
 
Comentario:
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Comentario:
Un lujazo de profe/amigo, Cal.
Y un homenaje precioso el que le has hecho compartiendo su historia con nosotros.
Un besazo un poco triste, Miss.
 
Comentario:
DIVINA GILDA: creo que se ha cancelado lo de las cañitas por la tarde... Yo estaré en mi casita haciendo los "deberes". Pásalo bien.

LA CAMINANTE: pues muchas gracias. Muy curioso el que has escrito tú hoy.

PORTOROSA: que te haya gustado y emocionado a ti es todo un privilegio. Sí, una suerte haber conocido a Nicolás.
 
Comentario:
Qué triste, C. Me ha emocionado, incluso.
Pero qué suerte conocer, de vez en cuando, a personas así, ¿verdad?

Un beso.
 
Comentario:
Me ha gustado mucho tu artículo, C. Me ha emocionado, incluso.
Qué gusto, encontrar de vez en cuando a gente así, ¿verdad?

Un beso.
 
Comentario:
Es muy bonito, Calamity.
 
Comentario:
hmmmm se me borro el comentario parece...y te deccia que yo tb tuve profesores de esos y q es increible lo que nos han aportado y el recuerdo que nos dejan sin que ellos muchas veces lo sepan..

PD/ y esta noche no se que hay...o teniais planeado pero yo tengo boda boda!
 
Comentario:
yo tambien guardo gratos recuerdos de ciertos curas y monjas de mis colegios... parece que las grandes personas se nos van dejando una estela rara de definir en nuestro corazon cuando nos damos cuenta de lo que nos han aportado sin nisiquiera ellos saberlo, solo siendo personas....

PD/ que hay esta noche? esta noche tengo boda my love!
 
Comentario:
ARARAT: qué más me hubiese gustado a mi que volver a verle.

NICO: mi abuelita también es tocaya vuestra. Y es la pera de graciosa.

JARTOS: Espero, como bien sabes, que no te vayas. Para mi existen un par de profes más que me han dejado huella, pero como este ninguno, en serio. Y tremendos idiotas algunos (como el que cuentas tú aquí abajo). Lo de Segovia, buah, un chasco.

AMAYA: tú rebusca que seguro que también tienes alguno que te marcó.

COOLAZUL: las cañitas esta tarde, ¿no? Voy a llamar a tu churri en breve para que nos veamos hoy por los madriles. Ganas tengo.

MONOCAMY: yo con las monjitas me llevaba fatal, excepto con una (Irene se llamaba). Al fraile de Filosofía lo tenía amargado. Ya había leído muchos libros de la materia que me había leído -aunque no entendiese gran parte de ellos- así que en clase me dedicaba a dar cien mil vueltas a las cosas con la consecuente exasperación del hombre. Siempre me echaba de clase y yo, erre que erre, me asomaba por las ventanas y seguía oyendo lo que decían. Y lo de enseñar las curvas, no funciona. A la larga, es decir, en junio, se vuelve la tortilla y es muy chungo (por propia y ajena experiencias).

PERDIDA EN MADRID: realmente creo que los profes influyen mucho en nuestra manera de ser, ¿no? Aunque no nos demos cuenta a priori... Me alegro por ti por eso de no querer defraudarles.

PARA TODOS: Besitos, como siempre, pero especialmente a Paco, mi profe de Museografía (que sé que lo lees, anda), que ayer fue su cumpleaños y no pude llamarle por teléfono ni nada de nada. Tarde muy complicada desde luego (ay las vacaciones, las vacaciones que me están llevando mucho tiempo el organizarlas, recoño). Pues eso FELICIDADES PACO.
 
Comentario:
Yo también tuve varios profesores que influyeron en mi forma de pensar, en mi formación y en mi vida... ¡Cómo los admiraba! Y sobre todo, el querer que se sintieran orgullosos de tí, no defraudarles. Entiendo la pena que debes sentir.
Besos
 
Comentario:
Uyyy, yo me llevaba muy mal con casi todos los profesores duros, y muy bien con los simpáticos, claro xDDD

El de filosofía aún tenía aguente, pero el de religión no me soportaba, lo acribillaba a preguntas, lo hacía sudar.

Y un día me dijo "si no dejas de hacer esas preguntas te mando a suficiencia"

Dicho y hecho. :PP Ay, qué gente...

Las matemáticas no me disgustaban aunque tampoco me apasionaban. En BUP el profesor era el típico hombre inglés: tratamiento de usted, barba cerrada, paraguas y siempre siempre erguido y serio, hasta se parecía a Clint Eastwood. Es decir, un absoluto aburrimiento.

Porque no soy chica si no... amos... ¿quieres un estudio gráfico de la curva? pues toma!! y me iba a sentar en la mesa y PLASSS cruce de piernas espectacular desenvolviendo el muslo. Toma vurva!!

Seguro que acabaría en el suelo, el merluzo, haciendo gLgLgL...!


En EGB era peor... eran profesores del OPUS: intragables. La de disgustos revolucionarios que le di a mi mami...

Besitossss
 
Comentario:
Yo no tuve esa suerrte, mis profesores fueron bastante normalitos y los de matemáticas...un horror, excepto una, a la pobre la llamábamos la besugo (tenía los ojos saltones) pero se porto de lujo conmigo. Yo no aprobaba los exámenes de derivadas ni por casualidad y en medio de un examen...me corrigió lo que llevaba hecho y me indicó como seguir, sino fuera por ella...

Respecto a tu profe...seguro que lo recordarás siempre.

Un besazo y a ver si nos tomamos esas cañas de una vez!!
 
Comentario:
Buff, ese final me ha dejado un poco Ploff!! Por lo menos tuviste un profe interesante que te dejó huella.
Besitos
 
Comentario:
Querida Misss, ya te dije que me iba pero que no me voy y no podia hacerlo y perderme esta maravilla de relato. ¿Por qué a ti si?, me explico. De la cantidad de profesores que hemos tenido a lo largo de nuestra vida estudiantil, ¿cómo es que muy poquitos dejan huella?, la mayoria pasan del alumnado y el alumnado pasa de los profesores. Me acuerdo un año que un profesor suspende a mi hijo B, nos dice que el que paga el pato es el alumno, el profesor se cabrea a lo mejor un día, pero ya se olvida el resto del verano. Mira por donde ese verano lo vemos en Peñiscola y pregunta por el crio y lo quiere ver, yo le contesté que todavia le duraba el enfado, porque fue el año de esa intervención que tuvo, el se calló y se quedo como así, ¿y que esperabas?. Me alegro que pudieras tener el lujo de saborear tanta sabiduria y poder disfrutar de ella .
Bajo a leerte lo de Segovia, un beso Misss.
 
Comentario:
Yo tb tuve un profesor en el cole que me cambió de forma radical. Era el de literatura. No sé en què momento surgió esa extraña conexión. Fue uno de mis referentes.Me ayudó muchísimo. Me enseñó a pensar, a ver la vida de otro modo.

La primera clase que tuvimos con él, qué nervios, por dios!!! Es un tipo muy parecido a gárgamel el de los pitufos. Lleva mil años dando clases y solamente da a clases a los alumnos de los últimos dos cursos.

Y allñi estábamos el primer día de clase. Y empieza a hablar. Con esa perfecta y educada voz. Saludó uno por uno a todos los nenes sentados delante de él. Parándose, recreándose cuando pasaba por alguno de mis compañeros que tenían hermanos mayores a los que había dado clase años antes.

Cuando llegó a mi, me dijo que había oído hablar mucho de mi. Que me vigilaría de cerca para ver qué era capaz de hacer.
Yo no tenía hermanos mayores ni nada. Solamente una fama que dista mucho de lo que soy.


Lo de tu profe.... jejeje, si es que con ese nombre, no se podía esperar menos de él.


Besos cal
 
Comentario:
Vaya, ¡qué triste! pensaba que dirías que lo has vuelto a ver y esas cosas...
Besos
No