Metro de Madrid. Vuela.
Existen días en los que no es precisamente orgullo lo que sientes cuando piensas en la raza humana. Hoy es uno de esos días. Preferiría mil veces más pertenecer a cualquier especie de, no sé, équido que al homo sapiens sapiens.
No existe mejor manera de darte cuenta de lo mezquinos que somos que viajar en el Metro de Madrid en hora punta. Es toda una aventura. Estación de Oporto, 8.17 horas de la mañana. Llego al andén y el luminoso nos dice que quedan tres minutos para el siguiente tren, que es un tren largo y que nos situemos en todo el andén. Vale.
Llega el tren. Nos subimos. Ya no queda ningún asiento (tampoco me importa, bastante tiempo paso sentada todo el día) y me apoltrono en una de las plataformas. Abro mi libro, cojo mi lapicero y me dispongo a leer, cosa harto difícil para mi que me gusta observar a cualquier persona que se sube en el metropolitano. Hasta aquí todo correcto.
Pero, ay queridos blogueros, en Opañel se sube una persona con muletas. Un hombre joven, más bien madurito, de unos cuarenta y tantos. ¿Os podéis creer que nadie –NADIE- le cede el asiento? Increíble. En la estación siguiente se baja una tía pedorra que, francamente, no le debería de haber importado que un hombre enfermo se sentara en su butaca. Total, dos minutillos de pie no matan a nadie (aunque eso es lo que pensaría ella cuando vio entrar al de las muletas, digo yo. Gilipollas).
Llegamos a Plaza Elíptica y, hala, avalancha de gente. Yo entiendo perfectamente lo de llegar en punto al trabajo. Es lo que todos queremos (y pillar asiento pisando al que haga falta, también, por lo visto). Pero, que el conductor haya pitado ya un par de veces y que la gente siga empecinada en entrar en un vagón en el que ya no cabe ni una mosca… Así sucede lo que sucede: se quedó un chico atrapado. Parón de unos segundos hasta que se pudo desenganchar. Si es inteligente y saca sus propias conclusiones, la próxima vez se pensará dos veces antes de subir después del sonido del silbato. Hoy seguro le dolerán los brazos y parte de la caja torácica. Por cierto, nadie le ayudó.
Las siguientes estaciones hasta Pacífico ya son un caos de humanidad. Nadie deja que la gente que quiere salir salga. Los que luchan por entrar empujan. Un desastre. A estas alturas yo estoy batallando por coger mi bolso, que está en el suelo, y poder apearme en el andén. Pero nada, la gente no se baja ni a la de tres. ¡Con lo sencillo que es bajarse del vagón, dejar paso a los que se van y después volverse a subir!
Así que hoy he llegado a la oficina justificándome a mi misma la existencia de armas nucleares porque sinceramente si hubiese tenido la posibilidad de accionar el botón rojo, lo hubiera hecho. Menuda manera de terminar la veintena.
Feliz semana a todos y besitos. Calamity.
No existe mejor manera de darte cuenta de lo mezquinos que somos que viajar en el Metro de Madrid en hora punta. Es toda una aventura. Estación de Oporto, 8.17 horas de la mañana. Llego al andén y el luminoso nos dice que quedan tres minutos para el siguiente tren, que es un tren largo y que nos situemos en todo el andén. Vale.
Llega el tren. Nos subimos. Ya no queda ningún asiento (tampoco me importa, bastante tiempo paso sentada todo el día) y me apoltrono en una de las plataformas. Abro mi libro, cojo mi lapicero y me dispongo a leer, cosa harto difícil para mi que me gusta observar a cualquier persona que se sube en el metropolitano. Hasta aquí todo correcto.
Pero, ay queridos blogueros, en Opañel se sube una persona con muletas. Un hombre joven, más bien madurito, de unos cuarenta y tantos. ¿Os podéis creer que nadie –NADIE- le cede el asiento? Increíble. En la estación siguiente se baja una tía pedorra que, francamente, no le debería de haber importado que un hombre enfermo se sentara en su butaca. Total, dos minutillos de pie no matan a nadie (aunque eso es lo que pensaría ella cuando vio entrar al de las muletas, digo yo. Gilipollas).
Llegamos a Plaza Elíptica y, hala, avalancha de gente. Yo entiendo perfectamente lo de llegar en punto al trabajo. Es lo que todos queremos (y pillar asiento pisando al que haga falta, también, por lo visto). Pero, que el conductor haya pitado ya un par de veces y que la gente siga empecinada en entrar en un vagón en el que ya no cabe ni una mosca… Así sucede lo que sucede: se quedó un chico atrapado. Parón de unos segundos hasta que se pudo desenganchar. Si es inteligente y saca sus propias conclusiones, la próxima vez se pensará dos veces antes de subir después del sonido del silbato. Hoy seguro le dolerán los brazos y parte de la caja torácica. Por cierto, nadie le ayudó.
Las siguientes estaciones hasta Pacífico ya son un caos de humanidad. Nadie deja que la gente que quiere salir salga. Los que luchan por entrar empujan. Un desastre. A estas alturas yo estoy batallando por coger mi bolso, que está en el suelo, y poder apearme en el andén. Pero nada, la gente no se baja ni a la de tres. ¡Con lo sencillo que es bajarse del vagón, dejar paso a los que se van y después volverse a subir!
Así que hoy he llegado a la oficina justificándome a mi misma la existencia de armas nucleares porque sinceramente si hubiese tenido la posibilidad de accionar el botón rojo, lo hubiera hecho. Menuda manera de terminar la veintena.
Feliz semana a todos y besitos. Calamity.
Comentario:
feliz cumple cal!!!!!!
creíste que se me iba a olvidar???
jaaaaaaaaaaa
nananananaaa
bueno, lo siento, has dejado la veintena, ahora solamente vas a tener agobios....
jajajaja
muchos besos,
y dale besillos a pakete
creíste que se me iba a olvidar???
jaaaaaaaaaaa
nananananaaa
bueno, lo siento, has dejado la veintena, ahora solamente vas a tener agobios....
jajajaja
muchos besos,
y dale besillos a pakete
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Cada día somos menos de todo. Vamos menguando en humanidad y medrando en la nada más absoluta. Menos mal que hay personas que todavía mantienen los ojos abiertos.
Comentario:
Ay, que ni me despedí de ti. ¿Nos vemos una tarde y tomamos una cañas?
Besazos para ti y para Pakete.
Besazos para ti y para Pakete.
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La verdad es que en momentos como ese a uno le gustaria que el asesinato fuera legal.
Un beso guapa
Un beso guapa
Comentario:
ico y tu hablando de metros.... y eso de menuda manera de dejar la veintena????
quiero unas cañas contigo YA!
quiero unas cañas contigo YA!
Comentario:
yo por eso intento ir siempre en autobus. El metro me da asquito.
Me encanta tu nuevo corte de pelo.
besos
Me encanta tu nuevo corte de pelo.
besos
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Buuuufff, si que es un agobio y lo del poco respeto que hay hacia el prójimo es lo de siempre, a mí me desquicia :o(
Besitos guapa!
Besitos guapa!
Comentario:
Hola Misss, toda una odisea el viaje en metro. Pero, ¿y lo divertida que vas?, ¿y lo apretada?. No hace falta corsé, ni nada de eso, aparte porque no te hace falta.
Nos vemos. Besos guapa.
Nos vemos. Besos guapa.
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El metro es igual en todos sitios, parece una guerra, cada uno a su bola y pasando olimpicamente de eso a lo que llaman educación.
Un besazo.
Me encantó conocerte.
Un besazo.
Me encantó conocerte.
Comentario:
es que como es la gente de verdad, lo mejor es cuando parecen la niña del exorcista intentado mirar para otro lado para no ceder un asiento
Un besazo guaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaapa!!
Un besazo guaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaapa!!
Comentario:
hey cal, pero en qué ciudad vives? eso a mi no me pasa en mi metro. a mi me acosan, jajaja.
qué tal sigue pakete con su rodilla? al final te escapaste?
ya me contarás
besos
qué tal sigue pakete con su rodilla? al final te escapaste?
ya me contarás
besos
Comentario:
Ahora ya no te pierdo, te tengo "linkeada" aunque no te diré eso de que hoy no te escapas que ya estas pillada.
Muchos besos guapa, me encantó conocerte.
TAMARA
Muchos besos guapa, me encantó conocerte.
TAMARA





