Nobleza obliga
Últimamente me estoy escondiendo en textos de antaño, en vivencias pasadas, la mayoría de ellas agradables, para huir de lo inevitable, de aquello que no queremos ver o, mejor dicho, nos incomoda a la vista.
No soy persona de lágrima fácil y no hago más que llorar cuando me siento por las mañanas a escuchar o ver las noticias antes de iniciar una rutinaria jornada laboral (para más inri entre postales y preparaciones festivas navideñas llenas de pastorcillos sonrientes y barrocos paquetes de regalo).
Leo bitácoras y aquellos que me encandilan no pueden dejar de mostrar su indignación por este primer mundo nuestro y por aquel más lejano y borroso tercer mundo. Me parece lo normal. Qué menos, sobre todo viniendo de personas sensibles (como creo que ellos/as son), que digan y expresen sus sentimientos de furia e irritación a través del lenguaje de los unos y los ceros.
Las propuestas para remediar tal asunto van desde el donativo para aliviar la pesadez del alma hasta la proclamación de una nueva revolución al más puro estilo francés con corte de cabezas incluido (que dicho sea de paso y a mi manera de ver las cosas, dejando claro que estoy totalmente en desacuerdo con la pena capital, no estaría mal en según qué situaciones). No sé cuál es la solución. Lo único que mi corto intelecto me llama a decir es que no haciendo nada, nada podremos solucionar.
Nos conformamos con diseñar una valla de look a la última, con intrincados caminejos y múltiples varillas de acero que impedirán que incluso los más intrépidos salten hacia los lugares donde creen que atamos los perros con longanizas. Pero no nos paramos a observar por qué lo hacen, cuáles son sus motivos. La situación en Ceuta y Melilla es dantesca, pero, señores, ¿cómo será la situación en sus países de origen para que ellos, seres humanos como tú y como yo, vengan a la desesperada hacia Europa, arriesgando el pellejo, dejando atrás todo lo poco que la vida les ha facilitado?
A mi no me engañan. Algo pasa. Es más me atrevo a afirmar que algo muy gordo está pasando. África existe. Pero no sólo existe esa África que nos muestra bonitas estampas de Zanzíbar y arriesgados paseos en jeep por el Serengheti viendo animales salvajes que simulan estar en libertad. No. Ésa es la África menos habitual. La más frecuente es aquella que nos enseña fotografías de niños comidos por moscas y vacas en los huesos. Gente llorando y sufriendo porque, qué desgracia, ni siquiera tienen recursos para poderse morir “dignamente”, tumbados en un camastro. Gente a la que cualquier hálito de vida les duele, les provoca un sufrimiento tal que espera la muerte como la mejor de las recompensas por haber vivido. Qué triste por dios, qué horriblemente triste.
Lo realmente doliente es que también existe Sudamérica y también existe Asia. Y también existen barrios dentro de nuestras ciudades donde las condiciones de vida no son lo que el primer mundo denomina bienestar.
Y lo escribo aquí tan pancha, escuchando la más triste de las canciones que se haya escrito jamás. Con mi Macintosh última generación. Con una sopa caliente y mantas encima de la cama esperándome por la noche cuando llegue a casa. Y soñando con un perfume carísimo que me compraré tarde o temprano. Me doy asco a mi misma. Si porque yo viva tan de puta madre –y perdón por tanto taco al tún tún- ha de sufrir tan siquiera una persona, me da igual quien, yo paso. Que paren que yo me apeo.
Abiertamente me gustaría pedir la dimisión y público arrepentimiento de muchos políticos y dirigentes mundiales a los cuales se les llena la boca de buenas intenciones mientras sus bolsillos se agrandan cada vez más (qué pasa con China, por ejmplo. ¿Nadie protesta por los atentados contra los derechos humanos que están pertrechando a sus anchas sólo porque es un futuro gigante del capitalismo?). Para qué Naciones Unidas, para qué tanto organismo chupón de fondos que, como podemos ver, no soluciona nada.
Por qué, ellos que pueden, no hacen nada. Por qué.
Y después de toda esta llantina, siguió sentada en su silla con respaldo ergonómico dibujando angelotes gordos portadores de buenas nuevas para las empresas que le daban de comer, soñando con que el reloj marcase las 19.30. Arggg.
No soy persona de lágrima fácil y no hago más que llorar cuando me siento por las mañanas a escuchar o ver las noticias antes de iniciar una rutinaria jornada laboral (para más inri entre postales y preparaciones festivas navideñas llenas de pastorcillos sonrientes y barrocos paquetes de regalo).
Leo bitácoras y aquellos que me encandilan no pueden dejar de mostrar su indignación por este primer mundo nuestro y por aquel más lejano y borroso tercer mundo. Me parece lo normal. Qué menos, sobre todo viniendo de personas sensibles (como creo que ellos/as son), que digan y expresen sus sentimientos de furia e irritación a través del lenguaje de los unos y los ceros.
Las propuestas para remediar tal asunto van desde el donativo para aliviar la pesadez del alma hasta la proclamación de una nueva revolución al más puro estilo francés con corte de cabezas incluido (que dicho sea de paso y a mi manera de ver las cosas, dejando claro que estoy totalmente en desacuerdo con la pena capital, no estaría mal en según qué situaciones). No sé cuál es la solución. Lo único que mi corto intelecto me llama a decir es que no haciendo nada, nada podremos solucionar.
Nos conformamos con diseñar una valla de look a la última, con intrincados caminejos y múltiples varillas de acero que impedirán que incluso los más intrépidos salten hacia los lugares donde creen que atamos los perros con longanizas. Pero no nos paramos a observar por qué lo hacen, cuáles son sus motivos. La situación en Ceuta y Melilla es dantesca, pero, señores, ¿cómo será la situación en sus países de origen para que ellos, seres humanos como tú y como yo, vengan a la desesperada hacia Europa, arriesgando el pellejo, dejando atrás todo lo poco que la vida les ha facilitado?
A mi no me engañan. Algo pasa. Es más me atrevo a afirmar que algo muy gordo está pasando. África existe. Pero no sólo existe esa África que nos muestra bonitas estampas de Zanzíbar y arriesgados paseos en jeep por el Serengheti viendo animales salvajes que simulan estar en libertad. No. Ésa es la África menos habitual. La más frecuente es aquella que nos enseña fotografías de niños comidos por moscas y vacas en los huesos. Gente llorando y sufriendo porque, qué desgracia, ni siquiera tienen recursos para poderse morir “dignamente”, tumbados en un camastro. Gente a la que cualquier hálito de vida les duele, les provoca un sufrimiento tal que espera la muerte como la mejor de las recompensas por haber vivido. Qué triste por dios, qué horriblemente triste.
Lo realmente doliente es que también existe Sudamérica y también existe Asia. Y también existen barrios dentro de nuestras ciudades donde las condiciones de vida no son lo que el primer mundo denomina bienestar.
Y lo escribo aquí tan pancha, escuchando la más triste de las canciones que se haya escrito jamás. Con mi Macintosh última generación. Con una sopa caliente y mantas encima de la cama esperándome por la noche cuando llegue a casa. Y soñando con un perfume carísimo que me compraré tarde o temprano. Me doy asco a mi misma. Si porque yo viva tan de puta madre –y perdón por tanto taco al tún tún- ha de sufrir tan siquiera una persona, me da igual quien, yo paso. Que paren que yo me apeo.
Abiertamente me gustaría pedir la dimisión y público arrepentimiento de muchos políticos y dirigentes mundiales a los cuales se les llena la boca de buenas intenciones mientras sus bolsillos se agrandan cada vez más (qué pasa con China, por ejmplo. ¿Nadie protesta por los atentados contra los derechos humanos que están pertrechando a sus anchas sólo porque es un futuro gigante del capitalismo?). Para qué Naciones Unidas, para qué tanto organismo chupón de fondos que, como podemos ver, no soluciona nada.
Por qué, ellos que pueden, no hacen nada. Por qué.
Y después de toda esta llantina, siguió sentada en su silla con respaldo ergonómico dibujando angelotes gordos portadores de buenas nuevas para las empresas que le daban de comer, soñando con que el reloj marcase las 19.30. Arggg.
Comentario:
Llegado el punto en que ves que no sirve de nada patalear y quejarse, que te sientes tan impotente ante tantas cosas, prefiero callar y hacer las cosas que están a mi alcance.
Un beso de consuelo.
Un beso de consuelo.
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Mira que me devano los sesos, pero no hay palabras, no encuentro soluciones, no veo futuros esperanzadores cercanos... sólo negrura, tristeza, tragedia...
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Hola Cal. ya volvi de Cal-ifornia (lo se, xiste malo), ya contare, k hay muxo k contar.
Cierto con el tema de Africa, es algo k me sobrepasa y no sabria como afrontarlo, creo k se nos esconde tanta informacion...algun dia me gustaria viajar a Africa y poder ver k pasa realmente
Cierto con el tema de Africa, es algo k me sobrepasa y no sabria como afrontarlo, creo k se nos esconde tanta informacion...algun dia me gustaria viajar a Africa y poder ver k pasa realmente
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Contra la miseria no existen vallas..ejercitos de almas hambrientas, condenadas por el mero echo de haber nacido en el sitio equivocado, amenazan con invadir nuestra feliz vida burguesa...nunca les tuvimos en cuenta. Solo les enseñamos un escaparate y ahora nos damos cuenta !!, o ¿todavia no?.
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Y una valla para intimidar, oye, cuya misión no está del todo clara: para que no pasen?, o para que no sobreviva el que pase? Yo no sé es porque no han puesto leones, o por qué no electrifican la alambrada, y el que se acerce, plifff, frito. Yo es que hay cosas que no entiendo, la verdad. Y no me quiero indignar porque al final siempre digo lo mismo, que las únicas que hacen algo son las palomas, que se cagan a diario sobre las estatuas de los que levantaron esta, nuestra Humanidad.
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Queridísima Cal, anda, ven aquí (Ernesto abre los brazos y deja un beso en tu frente). Eso es todo.
Comentario:
Que te voy a decir tu que ya no sepas...
Un abrazo
Un abrazo
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Bueno, Cal,
yo creo que es muy sana la indignación, pero inútil. El hecho es que no creo que seamos mejores que nuestros dirigentes; a nuestra escala, todos cerramos con llave nuestras casas. Y no es maldad. Es instinto. Nos da miedo lo extraño. Tendríamos que dejar a un lado la simpleza e intentar pensar de verdad en qué es lo que puede ayudar al mundo a distribuir mejor la riqueza.
De verdad.
yo creo que es muy sana la indignación, pero inútil. El hecho es que no creo que seamos mejores que nuestros dirigentes; a nuestra escala, todos cerramos con llave nuestras casas. Y no es maldad. Es instinto. Nos da miedo lo extraño. Tendríamos que dejar a un lado la simpleza e intentar pensar de verdad en qué es lo que puede ayudar al mundo a distribuir mejor la riqueza.
De verdad.
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Ais si todos pusiesemos un poquito de nuestra parte todo podría ser diferente... pena que hay gente que ni siquiera se indigna.
Besitos wapetona y ánimo
Besitos wapetona y ánimo
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BUff, y me planteo mi existencia. de uqe coño me quejo??
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Un beso, Calamidad. Es para estar triste, ya lo creo. Y hay razones para ser más que pesimistas, desde luego.
Y no tengo ningún "pero" esperanzador que decirte, porque si te lo dijese no sería sincero.
Y no tengo ningún "pero" esperanzador que decirte, porque si te lo dijese no sería sincero.
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En mi trabajo hay verjas y hay concertinas. Los cortes con concertinas aparte de lo que sangran son dolorosos. Algunos trabajadores cuando la reparan se cortan y me lo dicen y son solo cortes. He visto en la tele como se arrojan sobre este invento de concertina, como se desgarrán y ellos siguen tirando, tratando de librase de ella. ¿Qué dejarán en su país?, ¿qué desesperación deben tener para tirar de esa manera?, la pelicula de Mel Gibsón queda como un juego de niños...
Amiga Misss, no me has trastornado porque te conozco y se que la sensibilidad la tienes a flor de piel, pero me alegro de tu mensaje que espero nos haga recapacitar, comprender y asimilar mejor nuestra existencia. Hay personas que desde que nacen no dejan de llorar y eso no se puede consentir.
Un beso cielo, hoy lloramos todos.
Amiga Misss, no me has trastornado porque te conozco y se que la sensibilidad la tienes a flor de piel, pero me alegro de tu mensaje que espero nos haga recapacitar, comprender y asimilar mejor nuestra existencia. Hay personas que desde que nacen no dejan de llorar y eso no se puede consentir.
Un beso cielo, hoy lloramos todos.
Comentario:
¿Y qué opinas del anuncio que han elaborado en UNICEF donde masacran la aldea pitufa a fin de buscar que se nos conmueva el alma frente a toda esta realidad que nos abruma?.
Imagino que es un sistema de autodefensa, bloquearnos ante las desgracias ajenas para evitar que nos afecten.
Como los profesionales de medicina, que a fuerza de ver lo mismo, se vuelven fríos y distantes.
Pero mientras gente como tú, se indigne y vierta lágrimas, quedará alguna esperanza.
Un sincero abrazo y enhorabuena por ser como eres.
Imagino que es un sistema de autodefensa, bloquearnos ante las desgracias ajenas para evitar que nos afecten.
Como los profesionales de medicina, que a fuerza de ver lo mismo, se vuelven fríos y distantes.
Pero mientras gente como tú, se indigne y vierta lágrimas, quedará alguna esperanza.
Un sincero abrazo y enhorabuena por ser como eres.





