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y el exhibicionismo
Sexo, películas y narcisismo en general.
Acerca de
Charlotte es un nombre ficticio, al igual que casi todos los que aparecen en el blog. La idea inicial era crear un personaje por cuya boca pudiera decir todas las cosas que no puedo decir por la mía, pero poco a poco se ha ido convirtiendo en mí misma, de forma inevitable.
Sindicación
 
ON/OFF
Solo un mensajito para decir que estare fuera estos dias ya que me hallo desconectada del mundo *lease estudiando y sin internet, por no tener no tengo ni tildes...

Feliz Navidad a todos y que seais muy malos, para que Santa se pase por el sexshop mas cercano y os traiga regalos interesantes.
 
Cosas que agradecería
Que no hubiera guerras en el mundo.

Que la mujer tuviera igualdad de derechos para con el hombre.

Que terminara el hambre.

Que la gente leyera un poco más y viera un poco menos la tele.

Que respetásemos un poco más el planeta

Que Bush perdiera las próximas elecciones

Que se legalizaran los matrimonios homosexuales

Que fuéramos más respetuosos unos con otros

Que la estética no se limitara a lo que vemos en las pasarelas

Que se erradicara la violencia doméstica

Todo esto lo agradecería mucho.

Pero ninguno de los puntos señalados arriba me produciría tanta satisfacción como que el alerón de un avión desconocido, al más puro estilo Donnie Darko, cayera sobre el equipo de sonido de mi vecino, preferiblemente un domingo a las nueve de la mañana, acabando con Mago de Oz para el resto de mis días.

 
Yesterday (all my troubles weren't far away)
Ayer fue un día desastroso, de ésos en los que nada sale bien (y parece que el cielo se te caerá encima, como al patito del cuento infantil).

Parece que hoy la cosa puede tener solución. Si supiera que el trabajo me iba a traer tantos disgustos me hubiera dedicado a aquello para lo que estaba predestinada: dar clases de inglés y de latín (bueno, eso ya no, dentro de nada en este país cientificista y utilitarista ni siquiera se estudiará latín, seguro) en academias de mala muerte. Qué ilusión.

Pensándolo bien, casi prefiero los disgustos.
 
Callada todos estos años
"So you found a girl who thinks really deep thoughts
what's so amazing about really deep thoughts?"

Tori Amos, Silent all these years

(Así que encontraste a una chica que tiene pensamientos muy profundos,
¿qué tienen de soprendentes los pensamientos muy profundos?)
 
Ideal de la muerte
Qué hacer durante las Navidades:

1. Enclaustrarme. Estudiar. (Óptima opción).

2. Leer manuscritos (Interesante pero dudo que me dé tiempo).

3. Confraternizar con la familia (siempre que no se hable de política durante la cena de Nochevieja).

4. No salir en Nochevieja. Sí, a pesar de lo que pueda opinar el resto del mundo al respecto, a mí no me gusta salir en Nochevieja. No me malinterpretéis, me encantan los prolegómenos, comprar el vestido, arreglarme el pelo, maquillaje plan Pasarela Cibeles, sacarme fotos, pero desde que ya no tengo el mismo tipo de grupo MegaChicasSolteras ya no tiene la misma gracia. Recuerdo que solíamos quedar en casa de la Gata a arreglarnos, peinarnos, pintarnos y tomar cava del bueno de ése que le regalaban a su madre, para luego meternos en cualquier cotillón de mala muerte a pelearnos y a esperar toda la noche para poder entrar en A) el guardarropa o B) el servicio o C) en cualquier rincón a llorar porque ése que nos gusta se está dejando hasta los mocos en una garganta ajena. Y luego qué decir de la emocionante búsqueda de sitios abiertos para tomar churros asquerosos y pringosos y acabar en el Burguer King que es lo único que encontramos, a comernos una hamburguesa igual de pringosa y asquerosa (gracias, Sr. Atkins).

Por supuesto la gente evoluciona, y ahora nos vemos muy poco. La Gata se compró un piso con su novio y ya no hay macroencuentros en casa de su madre (una mujer maravillosa, inteligente y guapísima, complemento ideal de cualquier buena pre-fiesta que se precie), y las demás fueron haciendo mutis por el foro del pequeño pueblo con aspiraciones de ciudad donde nos criamos juntas, por no hablar de que me he vuelto cada vez más snob musicalmente y ya no iría ni muy drogada al tipo de fiestas a donde van ellas (Di NO a Bisbal).

Así que este año me he propuesto no salir y quedarme en cada con mis padres, a los que, de todos modos, hace siglos que no veo. Y qué coño, es que me caen mejor mis padres que muchos de mis conocidos.
 
WC
Hola, niños, vuelve la tata Charlotte para otro insulso párrafo de cotidianeidad y etc. Compaginar dos blogs no es nada fácil, y encima estoy con un poemario a medias con Eduardo (aparte de lo de Elfos, que probablemente no vuelva a tocar en muuucho tiempo, pero qué le vamos a hacer). Vamos, que si no tenéis suficiente con las chorradas que digo por aquí, donde me medio-comporto, siempre os podéis pasar por sushiparatres para ver cómo digo "follar" y cosas por el estilo (vaya, acabo de buscarlo y creo que no hay allí ningún momento en el que diga follar). Bueno, violentar en todo caso, que ya es mucho.

Y yo, bueno, estoy nerviosa porque Umma está a punto de llegar a mi casa. ¿Funcionará? ¿Será un desastre? De aquí al infierno, en un hard road to hell. Algún día volveré la vista atrás y sonreiré, espero que de alegría. Siempre que entonces no esté currando de profesora de inglés, podré sonreir.

Me he pasado media tarde desenredándome el pelo, no sé por qué últimamente se me enreda tanto, parece que lo tenga rasta. Posiblemente sea porque no hay manera de que en mi casa salga agua caliente, dura aproximadamente 15 segundos y medio, y el agua tan fría me lo enfada, y se recoge y pliega sobre sí mismo. Creo que hoy el tinte me ha quedado un poco más oscuro que de costumbre pero no pasa nada, el mundo lo entenderá.

¡Basta ya de sandeces!, gritaréis, con toda la razón que pueda tener una persona algo sana. Y yo grito, ¡cierto!, y termino este mensaje, tal vez la mejor cerveza, digo, tal vez el más absurdo de los mensajes jamás escrito en el blog de una mujer joven buscándose a sí misma (o algo por el estilo, yo a mí misma me encuentro todos los días, cuando voy al baño).
 
Habla el Capitán Kirk
Parece que últimamente a todo el mundo le da por hacer blogs, bitácoras o weblogs, o tal vez es que desde que comencé yo encuentro más y más y más... Los enlaces que he incluido en este blog son muy entretenidos, son los que me han ido llamando la atención, desde aquel con el que perdí la virginidad (La aupair bollo) hasta los más recientes (Canicas de colores)

La primera en caer ha sido la Francesita y sé que Eduardo también está maquinando algo, aunque dude que consiga decidirse de una vez por el tipo de blog que quiere. Para mí ha acabado siendo un collage de tonterías varias con cine, música y de vez en cuando alguna anotación ligeramente coherente. Lo curioso es que, de haberlo escrito en un libro, nadie se lo compraría (ni lo leería), pero en una bitácora on-line poco a poco van subiendo las visitas (aunque la mayoría son de amistades que se meten sólo para ver si los he nombrado).

Pero bueno. Yo también leo blogs para ver si me han nombrado o si algún conocido hace referencia a mi persona, que los narcisistas llenamos el mundo (y así nos va). Podréis ver que no he podido resistir la tentación de poner la fotillo aquí al lado, aunque de todas maneras apenas se percibe nada. Eduardo le dio a la cámara ayer y sacó algunas que encuentro bastante interesantes. Tal vez mi ego me pueda y acabe poniendo alguna. ¿Os lo imagináis? El fotolog de Charlotte, drama-queen, emprendedora y especialista en complicarse la vida. A lo mejor acabo poniendo desnudos para que suban las visitas, y enlaces al google con palabras como "sexo lésbico", "menage a trois" y "necrofilia". Con estas cosas nunca se sabe dónde parar...

Y hablando de sexo. Anoche encontré una pequeña tienda de comestibles especializados cerca de mi casa. Queso de cabra muy añejo, una botella de Rioja, medio kilo de jamón serrano, queso de cerdo (vaya delicia). Todo por 19 euros. Me puse hasta arriba, qué bueno. La comida es, a mi entender, lo más parecido al sexo que hay. Y mejor que no empiece a decir nada del sushi, no acabaría nunca.
 
Elfos
Había olvidado comentarlo, y lo cierto es que me da miedo. Ayer tomé la pantalla del ordenador (hace años que no lo hago con papel y tinta/lápiz) y me senté a escribir. Cuál no sería mi sorpresa al darme cuenta de que estaba retomando Elfos, aquella novela que escribí con 15 años (cuando era joven, ilusa y disciplinada, además de tener mucho tiempo libre). He perdido la cuenta de la cantidad de veces que la he vuelto a empezar, desde miles de enfoques diferentes y con temáticas distintas. Lo único que no cambia es mi amor por la protagonista (una vitalista sin moral bastante despreciable y con las tetas pequeñas, vamos, todo lo que me gustaría ser en esta vida y que hasta ahora sólo he alcanzado respecto a las tetas- pero ahí el mérito no es mío) y el título de la "obra".

Me da miedo porque escribí dos páginas y sé que no volveré a tocarlo hasta dentro de otro año. Ojalá me equivoque. (Nunca entenderé cómo puede gustarle escribir a la gente, lo veo un coñazo supino. La verdad es que sólo lo hago porque algunos imbéciles de mucho cuidado me convencieron cuando era niña de que era "mi talento", y tanta educación opusina terminó por convencerme -¿quién no conoce la famosa parábola del señor que le deja las monedas a sus sirvientes?- de que debía aprovecharlo). Sin embargo lo que empezó siendo una promesa literaria ha derivado en una mediocridad más en este mundo de escritores baratos y falsos poetas. Y sin embargo sigo escribiendo, a veces. La culpa es del Opus, como siempre.

Bueno, niños, me voy a tomarme una cerveza, que llevo todo el día sin salir de casa, delante del personal computer. Love you all, my darlings.

 
S&M para incautos
Anoche vi Secretary. La película está bien, tiene buenos momentos y me encanta el final (ya era hora de que hubiera un final así en una película de relaciones "bizarras"). Tal vez lo que me molesta es que para retratar a una chica masoquista tengan que ponerla como una mujer insegura, problemática y al parecer algo retrasada. De hecho, puedo entender los problemas de conciencia de un magnífico James Spader, que interpreta a su jefe, temeroso de llevar a cabo sus fantasías más íntimas con la rara de su secretaria (no recuerdo ahora el nombre de la actriz, sólo recuerdo que es la hermana del actor protagonista de Donnie Darko, y que de hecho hace de su hermana en esa película), pero hubiera preferido que el personaje de ella fuera más normal, para dar a entender al público la cotidianeidad de este tipo de relaciones (pero no se puede exigir intención social a todas las pelis, ¿no?). En todo caso debería existir algún vídeo educativo para este tipo de "filia"(!), ya que al señor Spader no se le da muy bien pegar cachetes en los culitos ajenos.
 
El mar de la intranquilidad
¡Cómo se me ha podido olvidar!

El sábado. Aburrimiento. Eduardo me arrastra a un concierto. Mamá Baker.

(Orgasmo).

¿Por qué no están sonando en los 40 Criminales? (Gran pregunta). Como mucho había 40 personas, no lo entiendo. Alucinante. Realmente buenos. Tienen una nueva fan.
 
Copito de Nieve entrevista a Michael Stipes.
Ya es facto. Hay poco que pueda salir mal, el destino me aguarda. Ya está todo comprado, tren, concierto y hotel. REM nos espera, a Eduardo, a ATUX (qué pseudónimos más extraños se colocan las mujeres guapas) y a mí. Dicen que tres es multitud, pero no es la primera vez que nos vamos de viaje juntos (sobre todo a convenciones de ciencia ficción, somos así de especialitos). Habitación triple, tren de noche (sin cama, que es muy caro) con restaurante, concierto soñado (lástima de teloneros, podrían haber sido Brainstorm o The Thrills (so much for the city...), pero no, el petardo de Joseph Artur (que ni él mismo sabe cómo se llama). Ya está todo pactado y me recuerda a hace unos años, con otras personas, también tres, una estructura similar, yendo hacia Zaragoza a ver a los Smashing Pumpkins. Una experiencia interesante, pero rota por lo inadecuado del triángulo. Esta vez un bello isósceles, esperando a divertirse.

Puede que hasta vayamos al zoo.

¿Os he hablado de mi fascinación por los zoos?
 
25
Feliz cumpleaños. De no ser por ti ni siquiera estaría aquí. De no ser por ti no sería nada, ni nadie. De no ser por ti mi letanía seguiría siendo cruel y persistente. De no ser por ti mis faldas no serían de cuero. De no ser por ti hace ya tiempo que el mundo se hubiera derrumbado a mis pies. (Porque sin ti no sabría lo que es abrir los ojos con la sonrisa puesta, esperando a reencontrarme bajo tu piel y tu esencia).

Y sí, es una cursilería, pero qué coño, es tu cumpleaños (y ya sabes lo que me gustan los cumpleaños). Y que cumplas mucho más. Y que sepas que hoy también cumple años Meg White (la nena de los White Stripes), aunque ella es del 74.



En otro orden de cosas, hablé con Anathema y solucioné un par de cuestiones que surcaban los mares azarosos de mi mente paranoica. Todo vuelve a armonizarse (aunque el número no existe, sino que lo descubrimos). Él también cumplió años hace poco: que la bendición del tiempo te acompañe y te inspire a escribir hermosos y desoladores poemas...
 
Que acabe cuanto antes
Hoy ha sido un día horrible (arrastra lo que de horrible tuvo la noche anterior, en un clásico acceso de sub-ánimo). He trabajado en lo de siempre y además aún me ha quedado tiempo para aburrirme. Cuando ataca el fastidio universal conviene comprarse un buen paraguas.
 
Sushi.
Y por supuesto, lo de hoy merece una mención... La Francesita nos invitó a comer sushi (sí que sabe conquistar mi corazón de la forma más obvia) a Eduardo y a mí. Ese solomillo, esa dorada marinada, ese sashimi de salmón.

Ay.

Ay.

Tenía que haber estado Anathema...
 
La fiesta
Creo que ya le voy pillando el truquillo a esto de los blogs, a escribir siempre cualquier estupidez y encima de forma constante. Es como una tubería atascada, cuando consigues quitar la mierda el agua fluye fácilmente.

Anoche fue la gran revelación social de la temporada. Afortunadamente faltaron invitados y pudimos caber todos en mi micro-piso, a base de litronas de cerveza (esta vez pudimos rascarnos más el bolsillo y comprar San Miguel en vez de Alhambra). Por cierto, todos aquellos que os fuisteis sin pagar vuestra parte... ¡sé dónde vivís!

Por supuesto acabamos con uno de los socorridos juegos de mesa de elaboración casera, siempre hechos con la transparente intención de que la fiesta acabe en orgía (cosa que no ocurre habitualmente y que tampoco ocurrió esta vez. Qué sosa es la gente, o tal vez faltó Gitanilla). Luego la ronda por el bar de siempre (o el de casi siempre), un par de conversaciones extrañas y un envío a Eduardo a dormir al sofá (pero como el sofá estaba ocupado, no hubo manera...).
En fin, gracias a los asistentes, a la Francesita, a la chica azul , a ATUX, al Sr. FF, a la Supersónica (a la Gran Cogollo se la tengo guardada por no aparecer), a JB (aunque luego se perdiera en conciertos de segunda) y al mismo Eduardo por atreverse a celebrar su cumpleaños fuera de fecha (eso sí, los regalos estuvieron bien).

La Francesita me ha regalado un conjunto de camiseta y tanga que atesoro como oro en paño... La camiseta reza: "I like my boyfriend but I love my bunny" (y más razón que una santa).
 
De repente tengo vida social
Pues sí. El otro día estuve pensando en que el trabajo iba a acabar con mi poca socialidad local. Y es que últimamente sólo trato con personas del entorno del curro, que son maravillosas (casi todas, sobre todo la gran Musa, que es más guapa que Elena de Troya -y mira que no conozco a la Elena ésa, pero seguro que no es tan bella como la ngciana..., y por supuesto con el gran Eximeno*, que recomienda sitios terribles para luego reírse de ti, pero todo se le perdona porque es un gran escritor), pero viven, en su mayoría, fuera de mi ciudad. A eso y a lo poco que subo a la facultad y trato con mis compañeros de clase se limitaba mi vida social (bueno, y a Eduardo, por supuesto, ese espectáculo-andante-todoenuno fantástico que sirve por mil).

Y sin embargo, tras imponerle al pobre Eduardo una fiesta de cumpleaños (él en ningún momento me lo ha pedido, y sospecho que no le hace mucha ilusión, la loca de los cumpleaños y de las fiestas soy yo, que hasta me gustan las Navidades- qué poco alternativo ¿no?) me he dado cuenta de que la cosa no es tan sencilla. Teniendo en cuenta lo limitado de espacio que está mi piso, no sé dónde voy a meter a todos los invitados (y se pueden olvidar de sentarse). Vienen la Gran Cogollo y la Supersónica, la Francesita (que llega esta tarde a las 19, ella siempre se apunta a las fiestas con antelación, lista que es) y el Sr.FF, que NUNCA falla. También aparecerán Carmen y Gardenia (espero). Y por supuesto, JB, que va a donde haya cerveza.

Aparte, están invitados ATUX, otra que siempre cumple (además, está por irse a Madrid, como se vaya no sé lo que vamos a hacer), mi amigo el de los blogs (que no sé siquiera si habrá visto la invitación), la niña azul (qué cosas, esto de conocer a gente por internet, por cierto, gracias de nuevo por el enlace) y el jefe de AJEC (lo llamo así porque sé que le gusta...). Sólo falta alguien, que además es imprescindible, mi queridísimo Anathema, que no ha podido moverse de ese horrible pueblo de Barcelona en el que me lo tienen secuestrado. Desde aquí un pésame por el desaparecido, que ni con muesli ha podido fabricar una máquina teletransportadora en condiciones.

En fin, si alguien me lee, que rece por mí (preferiblemente a algún dios no cristiano) y por la limitada capacidad de mi nuevo salón, que una es optimista pero no gilipollas. Como dicen los Lagartija Nick, "gente extraña, déjalos entrar".


*Por cierto, maravillosas las Ediciones Efímeras de Eximeno, Clavero y Txisko...
 
Cunnilingus
La mujer tiene una protuberancia entre los labios vaginales bastante fácil de encontrar. Lamer con la punta de la lengua la zona justo por debajo de este bulto (llamado clítoris) de forma prolongada produce placer, aparte del sabor realmente especial del flujo que se libera al estimular esta zona...

¡Aprended, por Zeus!


Sube a mi nave, nena. (Tu amiga gorda no cabe). No es que rechaces leerlo, es que no se te ha ocurrido (Mamá Ladilla).

is there any clue of the whereabouts
of everything I've lost
just because you were wonderful
doesn't mean you were right

Gleaming auction, Snow Patrol
 
Ellie
La mejor, la incomparable Ellie, de "Ellington Way"

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(Bueno, a ver cuéntame, ¿hay alguien especial en tu vida?
Umm, no en este momento

Bueno, ¿cómo va la galería de arte?
Pues bastante mal, la verdad...

¿Y tu gato?
¡Bien, bien!)

Podéis ver más en www.comics.com

 
Jueves (o de cómo escribes relatos de Ci-Fi porque de lo tuyo no te comes una mierda)
14 de septiembre de 2005


El día en que H. J. Rumbold se despertó y se dio cuenta de que algo había cambiado, su novia decidió dejarlo. No le dio explicaciones ni lloró, se limitó a dejar una nota al lado del teléfono diciendo que volvería para terminar de llevarse sus cosas. Pero no fue eso lo que más le preocupó a Rumbold. Le preocupó tener un despertador digital.


A Rumbold no le gustaban los relojes digitales, ni le habían gustado nunca. Su madre le había regalado un precioso ejemplar, de manillas tersas y puntiagudas, que marcaba con precisión milimétrica cada segundo, y que tenía desde que con tanto agradecimiento lo había recibido aquella Navidad fatídica en que su padre salió de su casa, dejando como testigo una triste nota que aseguraba que volvería para terminar de llevarse sus cosas. Nunca volvió, y la única pertenencia que no fue directamente a la basura fue un reloj digital, un despertador de cien de las antiguas pesetas que por alguna extraña razón escapó a la desesperada purga de la abandonada madre de familia.


El despertador lo miraba ahora desde la mesilla de noche, arrogante, negro, junto al post-it amarillo de su novia. Leyó la nota y se levantó perezosamente, arrastrando tras de sí la sábana. Pensó que tendría que aprender a usar la lavadora, ya que era la única tarea doméstica que sólo llevaba a cabo su novia; o tal vez dejar que la sábana se manchara y arrugara cada vez más, hasta convertirse en uno de esos trapos que uno usa para hacer paños de cocina o para fregar el báter. Volvió a pensar en el despertador.


En la salita marcó el número de su madre. Tardó un rato en responder, estaba planchando (o recortando trapos de cocina de viejas y manchadas sábanas). Le preguntó por el despertador. Ella le dijo que no trabajara tanto, y le preguntó si le iban bien las cosas con su novia. Que había tenido ese despertador desde hacía años, que se lo llevó a su nueva casa como recuerdo del padre desaparecido. A veces los sueños nos parecen reales, incluso cuando despertamos. Tal vez Rumbold había soñado que en vez de ese despertador se había llevado el de su madre, esa belleza rococó que no funcionaba muy bien, que siempre sonaba exactamente a las ocho de la mañana (curiosamente la hora en que Rumbold siempre tenía que despertarse). Que si prefería cambiarle el despertador no había problema, pero que él siempre había preferido los relojes digitales. Era cierto, tenía que ser la resaca de un sueño.


A mediodía, en el trabajo, llamó Claudia, la mejor amiga de su novia, para preguntarle cómo estaba. Era curioso, apenas sentía su marcha, tal vez porque todavía no lo había asimilado o tal vez porque en el fondo él deseaba tanto como ella que se fuera. La convivencia era tranquila, pero silenciosa, demasiado silenciosa. Claudia le confesó que su novia llevaba unos meses acostándose con otro hombre. Rumbold le confesó que no le sorprendía, sobre todo teniendo en cuenta que él llevaba dos años siéndole infiel con Claudia. Ésta propuso pasar por su casa a poner la lavadora. Él, confuso, aceptó.


Claudia nunca tenía problemas de conciencia. Era lo que más le gustaba de ella. Era de esas chicas con las que uno podía echar el polvo de su vida y no tener que abrazarlas luego, ni tumbarse a su lado en la cama (ella siempre tenía miles de cosas importantes que hacer). Mentía con facilidad y un talento asombroso, pero nunca mentía en el sexo: siempre llegaba al orgasmo y siempre mordía: le gustaba mucho morder a los hombres que le estaban vetados. Claudia era de esas chicas con la que los hombres copulan y con las que nunca se comprometen. Claudia era de esas chicas que siempre copulan y nunca se comprometen.



14 de septiembre de 2005


El día en que H. J. Rumbold se despertó y se dio cuenta de que algo había cambiado, su novia decidió dejarlo. No le dio explicaciones ni lloró, se limitó a dejar una nota al lado del teléfono diciendo que volvería para terminar de llevarse sus cosas. Pero no fue eso lo que más le preocupó a Rumbold. Lo que le preocupaba era que los vecinos de enfrente hubieran tapiado la casa.


Tras sonar su precioso despertador rococó a su eterno ocho en punto, Rumbold se dio la vuelta y vio que los vecinos habían tapiado la casa. También vio que su novia le había dejado una nota diciendo que se marchaba, y que hacía un día soleado. Le intrigaba que la gran ventana de enfrente, antes tan luminosa y que dejaba entrever un salón amplio y suntuoso, siempre repleto de niños y juegos, ahora estuviera cubierta por unos maderos grandes y amenazantes, atornillados al marco. Ahora que se fijaba, toda la casa tenía mal aspecto, de hecho casi podría decirse que allí no hubiera vivido nadie en los últimos años.


Rumbold llamó a la vecina de la puerta de al lado. Ella le abrió encantada, y le invitó a tomar una taza de café. A Rumbold no le gustaba el café. Ella se sorprendió, siempre tomaba café cuando pasaba por su casa. Él le preguntó qué había sido de los vecinos de enfrente. Ella volvió a sorprenderse, allí no había vivido nadie en los últimos trece años, y la casa estaba en tal estado que nadie quería gastar lo suficiente como para que volviera a su antiguo esplendor. Los ojos de la vecina se aguaron, era una lástima, ella podía recordar cuando estaba llena de niños y juegos.


Al mediodía en el trabajo le llamó Claudia para saber cómo estaba tras la marcha de su novia. Era curioso, no había vuelto a pensar en ello desde que había visto la nota. La recordó, en toda su maravilla y belleza, la chica que era demasiado buena para él. La chica a la que nunca pudo complacer. La chica por la que siempre suspiró. Por teléfono, de repente, empezó a llorar. Pidió la tarde libre. Claudia fue a su casa a consolarlo y a hacerle de cenar. La cena siempre la había hecho su novia. Se preguntó cómo podría sobrevivir sin saber cocinar. Claudia le dijo que mañana también podría hacerle la cena, y al día siguiente también. Le confesó que su novia llevaba engañándolo desde hacía años con otra mujer. Rumbold no podía creerlo, las lágrimas caían como torrentes en sus mejillas. Él y Claudia se besaron. Luego hicieron el amor, de una forma sutil y maravillosa, de una manera en que él sentía que por fin pertenecía a algún sitio. Quiso despertarse con ella a la mañana siguiente, y todas las mañanas. Ella prometió estar allí en todos los amaneceres.


***


-¿Por qué pasan esas cosas? Quiero decir, ¿por qué cambia el despertador, y lo de la casa de los vecinos? ¿Qué tiene que ver?

-Es inevitable. - el pequeño ersk se rascó de manera pensativa una de sus cuatro orejas- Tiene que entender que para que se produzcan esas posibilidades de futuro tiene que haber alteraciones en el pasado, que producen a su vez cambios en el futuro. Así, para conseguir que su novia le fuera infiel con otro hombre, era necesaria toda una cadena de eventos, entre los que se incluyen el que su reloj fuera otro diferente al original.

-¿Quieres decir que es una simple cuestión causa-efecto?

-Bueno... es un poco más complicado que eso pero, sí, podría decirse que sí. Nosotros estudiamos toda la cadena y sólo tenemos que producir un ligerísimo cambio en el pasado para que cambie el mañana. Claro que de vez en cuando esto produce otros pequeños cambios que el sujeto puede reconocer, pero nunca nada traumático ni inexplicable. Por supuesto todo lo que ocurre aquí, en esta habitación, no trasciende.

-Y si podéis producir esos cambios, ¿por qué no cambiáis directamente en el presente?

-¡No, no! Eso es imposible. Verá, un cambio en el presente crearía muchos cambios en el futuro, y nosotros sólo podemos manipular el pasado, y siempre de una forma muy ligera y controlada. ¡Imagínese qué desastre si sin querer alteráramos algo hoy que mañana significara una decimotercera guerra universal! Todas las pequeñas modificaciones que realizamos en el pasado están profundamente estudiadas para que no afecten al futuro de manera negativa. Para que lo entienda... estos cambios que nosotros hemos efectuado en el pasado sólo variarán su existencia, la de nadie más, están dirigidos para no afectar de ninguna manera a la cadena de acontecimientos universales o...

-Vale, vale, eso es todo lo que necesito saber. Supongo que ahora tengo que elegir entre esas dos opciones que me has mostrado, ¿no?

-Hay otras opciones pero se elevaría la cuota y...

-Me basta con esas dos. Prefiero la primera, no quiero acabar casado con la loca de Claudia.

-Está bien, señor. Son 600 euros, ¿quiere pagar en efectivo o con tarjeta?

-En efectivo, en efectivo, que como me pillen la tarjeta estoy perdido...

-Como usted quiera. Por supuesto le recuerdo que estos encargos son absolutamente confidenciales. ¿No habrá comentado su decisión con nadie, verdad?

-¡Por supuesto que no! -el cliente tragó saliva de manera culpable- ¿por qué iba a hacer algo así?


Al salir el hombre de su pequeña tienda, el ersk bostezó. Los humanos eran extraños, este individuo acababa de gastarse 600 euros en conseguir que su novia lo abandonara, en vez de demostrar el valor necesario como para cortar la relación él mismo. Teniendo en cuenta las maravillas de las alteraciones temporales, uno podría esperar encargos realmente emocionantes, pero nunca había recibido nada que no fueran peticiones estúpidas y rutinarias, desde conseguir acostarse con la pareja que uno deseaba a conseguir un puesto de trabajo mejor o provocar una mala caída a un socio aborrecido. Los humanos no tenían sentido de la trascendencia, no querían ir más allá de su día a día, casi como si tuvieran miedo a pedir algo que les afectara realmente.

El ersk continuó con su rutinaria tarea: delante de él se desplegaban líneas innumerables de ordenación temporal que él iba punzando y reorganizando a lo largo de su pantalla. Abstraído en su trabajo, no se dio cuenta del tiempo que, inexorable, pasaba. Al cabo de unas horas su ordenador emitió un suave ruido; acababa de recibir correo electrónico. Un e-mail le informaba de un reciente encargo. Abrió la página de su base de datos y leyó las especificaciones. Otro correo le avisaba de un ingreso bancario. 3000 euros. Sonrió. A veces los humanos sí podían ser, por lo menos, divertidos.




***



14 de septiembre de 2005


El día en que H. J. Rumbold se despertó y se dio cuenta de que algo había cambiado, su novia no estaba a su lado en la cama. No le dio explicaciones ni lloró, se limitó a dejar una nota al lado del teléfono. Pero Rumbold no vio la nota, por lo menos no al empezar el día. Esto fue porque su padre lo llamó al teléfono de la salita para felicitarlo por su cumpleaños. Él y su madre estaban jugando al parchís tranquilamente en casa y se habían acordado de él al ver el calendario. Rumbold miró el calendario, no era su cumpleaños, pero prefirió no decir nada y seguirles la corriente. Últimamente estaban un tanto seniles, menos mal que se tenían el uno al otro.


Le extrañó que no estuviera su novia, probablemente hubiera salido a comprar algo para el desayuno, siempre se ocupaba ella de las compras. El día que le faltara no sabría dónde comprar ni cómo. Volvió a echarse en la cama y se masturbó pensando en Claudia, la atractiva mejor amiga de su novia, a la que llevaba tiempo intentando conquistar. No sería la primera amiga de su novia a la que conseguiría llevarse a la cama, pero ésta se le resistía con especial tenacidad, lo cual hacía la persecución mucho más excitante. Claudia tenía un par de tetas realmente únicas, y Rumbold eyaculó con gusto, imaginando su semen vertido en una parábola perfecta sobre el pecho de una Claudia sonriente.


Desde el trabajo la llamó por teléfono, pero no respondía. Decidió intentarlo más tarde, mientras su novia tomaba su habitual ducha nocturna, e invitarla a una copa el viernes, cuando casualmente su novia estaría de visita en casa de los suegros.


Al regresar, su novia seguía sin aparecer, pero parecía haber pasado por allí. El cajón del lado izquierdo de la cama, aquel que ella cerraba con llave y donde guardaba sus objetos más personales, estaba abierto. Rumbold se acercó con curiosidad, nunca había visto lo que contenía, aunque siempre había presupuesto que tendría allí las compresas, tampones, fotografías y otras cosas que una novia no tiene por qué enseñar a su novio. Para su decepción, sólo había una cinta de vídeo. Intrigado, encendió el televisor e introdujo la cinta en el aparato. Horrorizado, descubrió en primer plano las nalgas inconfundibles de su novia, bamboleando sobre un cuerpo borroso que poco a poco pudo reconocer... ¡era Claudia! Su novia se entretenía en mantener relaciones sexuales con su mejor amiga y a grabarlo en vídeo. Estupefacto, observó cómo ambas se entrecruzaban y gemían de placer, de una manera que Rumbold nunca había visto gemir a su novia. Escandalizado, prorrompió en gritos y agarró el teléfono de la salita, donde marcó el número del móvil de ella. Indignado, esperó lo justo a que ella respondiera para gritarle furioso que la dejaba, que se olvidara de él y de su relación. Pero cariño -respondió ella- eso es difícil, ¿no recuerdas que ayer firmamos los contratos con Ring Society? Sí, sí, los papeles del matrimonio. ¿Aquéllos en los que tenías que cederme un 75% de las acciones si rompías conmigo en un plazo inferior a dos años?


¿Qué contratos? Rumbold no recordaba haber firmado ningún contrato con esa empresa. Pero su novia no tenía por qué inventarse algo así, era tan absurdo que podría ser verdad. Era como si todo se hubiese confabulado en su contra... Tal vez él había soñado que no los había firmado y al despertar lo había creído... Era cierto que el día anterior había bebido, y no era algo imposible, ni traumático. De la carátula de la cinta de vídeo extrajo un pequeño papel. Un recibo de su propia cuenta bancaria por 3000 euros.


Al final del día, rendido, volvió a tumbarse en la cama a esperar el regreso de ella. No sabía qué hacer, estaba completamente anonadado. Desesperado, miró a su alrededor y reparó en la nota que le había dejado por la mañana: Debiste mirar la tercera opción. Ellen.



Nota: Eduardo llama "Shrek" al "ersk". No deja de tener su gracia (o eso piensa él).


 
(De las cosas que ocurren cuando nos damos cuenta de que lo que soñamos ya no es igual al abrir los ojos)

Entonces, ¿podré volver a volar?*


Es posible que cuando seamos mayores
y tengamos vuelta atrás, hoja atrás
nos demos cuenta de que nada va a cambiar, de que nada es editable, ni comestible, ni laudatorio
ni mágico

Que en el fondo sólo nos diferencia mi deseo de confesión y de escondite, que en el fondo sólo nos diferencian las canciones que tarareamos al despertar y mientras
cocinamos

(y las salsas con las que aderezamos nuestros pollos de la mañana)

Es posible que cuando seamos mayores y te lama como tantas veces he besado
como tantas veces he recreado nuestra íntima decisión
de alabarnos juntos
de maniatarnos juntos

podamos abrir la puerta del universo paralelo para dejar entrar la luz
de un sonido gregario
de una nota discordante
en mi melodía de falsas pasiones.


*El primer paso de la fustigación debe llevarse a cabo de manera pausada, rítmica, sin prisas. Ésta puede ser, por supuesto, física o anímica, siempre que el fustigado deje claro ante el fustigador cuáles son sus límites, hasta dónde está dispuesto a llegar. El fustigador puede utilizar muchos instrumentos: un cepillo de madera, una regla, un látigo, una espuela, un vocablo malsonante, una mano fuerte y sin miedos. Muchos admiten el uso de fetiches durante la fustigación: zapatos, medias, ligueros, sujetadores. Algunas féminas (y algunos hombres) gustan de vestir de cuero, PVC, látex o seda durante el ejercicio. Porque todos disfrutamos con las mismas creaciones, porque todos amamos nuestro despertador con la fiereza de un mamut enjaulado.
 
4:09
¿Por qué siempre acabo escribiendo en el blog a las tantas de la mañana? Llevo tres días sin parar con el trabajo y no hay manera de conciliar el sueño a una hora decente... demasiadas cosas pululando por la cabeza.

He estado dando vueltas por los blogs de siempre, la aupair en USme ha dejado alucinada porque por fin ha salido del armario delante de su "madre de adopción" o jefa en su trabajo cuidando de monstruitos en Estados Unidos. Ha sido realmente espeluznante. Desde aquí, ánimos para ella.

En otro orden de cosas, me espera un fin de semana agotador. Hay reunión de trabajo en mi casa (que está hecha un desastre), viene la Francesita a las siete el viernes (que esto me sirva de recordatorio, que con lo despistada que estoy últimamente seguro que me la dejo esperando en la estación) y tengo que hacer un mega-viaje a Correos cargada de libros y revistas (para variar).

Eduardo, tras nuestra reciente experiencia en la Hispacon, dice que va a escribir un artículo sobre la discriminación de género en el mundo del fandom. Sería interesante, estuve charlando el otro día por messenger con Fuente sobre qué fácil es sentirse completamente ignorada en estas convenciones. En fin, siempre me quedará mi orgullo y Pily B.