logotipo

img_google
y el exhibicionismo
Sexo, películas y narcisismo en general.
Acerca de
Charlotte es un nombre ficticio, al igual que casi todos los que aparecen en el blog. La idea inicial era crear un personaje por cuya boca pudiera decir todas las cosas que no puedo decir por la mía, pero poco a poco se ha ido convirtiendo en mí misma, de forma inevitable.
Sindicación
 
Tenía que ponerlo...
49. La unidad Chuck Norris del Civilización 4 fue eliminada porque una sola de ellas podía derrotar a todas las otras naciones unidas del mundo en un solo turno.

El resto lo podéis encontrar en el blog de Zapardiel. O si queréis la versión original, en Uncyclopedia.
 
Mi pequeña aportación friki del día
Ya es casi oficial. A pesar de que me lo han recomendado miles de veces, a pesar de que la crítica lo adora, no consigo engancharme al Black and White. Y mira que la premisa me gusta: tú eres un dios que tiene que hacerse un montón de creyentes a base de ser un angelito o un auténtico hijo de puta. Los gráficos, aunque ya algo obsoletos, son divertidos, el argumento curioso pero... ¡no soporto los controles! Son completamente anti-intuitivos. Me pasó igual con el Fable, y mira que estaba gracioso ese juego. Ahora que ha salido el Black and White 2, me dicen que es fantastico-fabuloso. Pero mire ud., caballero/señorita/persona, será que yo, mismamente, si no puedo hacerlo todo moviéndome con mi ratoncito y dándole a sus botoncitos, no me mola. Y no me haga ud. mover cámaras ni girar pantallas, que eso se lo dejo a los de Tele 5 cuando filman a Fernando Alonso.
 
El pseudo-feminismo y los nombres de los blogs
Sé que somos minoría (a pesar de ser mayoría). Que somos víctimas de desprecio, de acoso laboral y de una temible arrogancia de medios que nos obligan a dejar de comer y a teñirnos de rubio pero... ¿es realmente necesaria la auto-afirmación internáutica? En una reciente incursión intensiva bloguera me he encontrado con diversas joyas: "bella y hermosa", "guapa sin par", "señora de la oscuridad"... ¿Realmente nos creemos hermosas? ¿Realmente nos creemos diablesas, vampiras reina, señoras cautivadoras de ultratumba? Se me antoja que tal vez, entre tanto sueño erótico de dominación hollywoodense (sí, de reafirmación de auto-ayuda barata por parte de los mismos que no hacen más que decirnos que estamos viejas y gordas), se nos ha olvidado aquello por lo que luchábamos originalmente. Que ya no nos importa ganar menos dinero que ellos, acceder a puestos de poder a través del salto de cama, sacrificar nuestra libre sexualidad y dejar de lado el compromiso de hermandad y protección, a cambio de salir monísimas en los anuncios de perfumes y poner cachondos a nuestros novios/pretendientes/admiradores potenciales a base de narcisismo y petulancia fantasiosa.

¿Y para qué? Para que se nos dé de maravilla la postura del misionero, para que al ser penetradas (si nos dejamos, en nuestra búsqueda interminable del padre de nuestros hijos), gritemos de supuesto placer y nos dejemos llamar putas, zorras y guarras. Qué más da, si en el fondo, es eso para lo que ha quedado el feminismo.
 
Decepciones
Bueno, tras la recaída parece que finalmente he conseguido recuperarme (ya sé que no debí salir el sábado pasado, pero es que eso de estar más de una semana sin beber alcohol me pudo), y hasta me fui a dar un paseo con Eduardo por el pueblo más cercano, que curiosamente estaba lleno de niños disfrazados. Tal vez tenga algo que ver con el Carnaval, quién sabe. Desde luego esto no es Río de Janeiro (ni Palma de Mallorca).

Y sé que tengo que decir algo respecto a Endymion y El ascenso de Endymion, pero la lengua la tengo dolorida de tanto mordérmela. Con lo que disfruté ambos libros de Hyperion, tenía auténtico pavor a tragarme los dos de Endymion por si salía decepcionada. Y, qué le vamos a hacer, así ha sido. No sólo parecen encajados de mala manera con los fabulosos libros anteriores, el libro apesta a cierto moralismo zen que me parece poco probable como filosofía futurista. De acuerdo, los cristianos son los malos malísimos, y cargarse completamente el personaje entrañable de Lenar Hoyt tiene delito, pero eso, incluso para una atea como yo, es bastante perdonable. Lo que no tiene perdón, ni de Dios ni de cualquier divinidad literaria, es la creación de dos personajes tan despreciables como son Aenea y Raul (pronunciado igual que "Paul") Endymion. Ella como Mesías simplemente no funciona, ni como niña, ni como mujer, y personalmente acabé el libro deseando pertenecer a la Santa Inquisición para matarla yo misma (¿y qué es eso de la conversión in situ durante su tortura? Vamos, Sr. Simmons, ya sé que el cheque del adelanto ya lo tenía, pero esfuércese un poco más, hombre). Y qué decir de Endymion, el mayor calzonazos de la historia, un héroe porque sí, porque él lo vale (aunque realmente no lo valga, porque para ser héroe hay que hacer cosas sin ayuda, y además utilizar las neuronas de vez en cuando). Ambos libros me aburrieron soberanamente, ya que, a diferencia de los anteriores, que constaban de una trama fascinante y construida de forma muy correcta, los libros de Endymion son una sucesión de aventuras absurdas que repiten patrones sin sentido. El Ascenso de Endymion, en concreto, une a este tejido mal hilvanado ese aire pseudobíblico que tanto me molesta y termina convirtiendo una historia perfectamente aprovechable en una parábola de segunda. ¿Por qué? ¿Por qué seguir con un hilo que quedaba rematado a las mil maravillas en los libros de Hyperion? Sí, quedaban cabos sueltos, pero de ésos que gustan, de los que a los lectores nos encanta hilvanar por nuestra cuenta. Esto es como lo de los midiclorianos (o como se llamen), que con tanto desarrollo y explicación nos joden la marrana.

Pero lo peor, con diferencia, es lo que Simmons ha hecho con el Alcaudón, mi personaje favorito. De ser una entidad casi mística e impenetrable se convierte en un títere de la niña-monstruo, Aenea. Por favor, decidme por qué todo el mundo la quiere, por qué todos (excepto Pax, claro), quieren adorarla. A lo mejor es que no me gustan los niños. A lo mejor es que no me gustan las mujeres nacidas para salvar el mundo. A lo mejor es que a Simmons se le acabaron las ideas pero no el dinero.

Y perdón por supuesto a los fans de estas novelas (que digo yo que haberlos, haylos). Éste no es un análisis serio ni justificado, sino un berrinche de lectora decepcionada. Si fuera un análisis serio sería mucho más largo y tendría mucha más mala leche.
 
14-F
Como no pudimos celebrar el día de San Valentín debido a mi amigadilitis (Eduardo y yo somos muy cumplidores para estas cosas), decidimos ir a cenar esta noche, que además era día 17, día de buen augurio para nosotros en general. Así que tuvimos una cita romántica en un japonés bien situado, disfrutamos del sashimi y del salmón al teriyaki y nos fuimos de copas a un club de jazz que hay muy cerca de nuestra casa. Tocaba un saxofonista que pretendía hacerse con el público (nadie sabe si lo consiguió), y Eduardo consiguió emborracharse antes que yo, cosa que últimamente se le da de maravilla. Me gustaría decir que la noche estuvo llena de emociones y sobresaltos pero no fue así, fuimos sólo nosotros haciendo las cosas a nuestra manera, con tranquilidad. Dejemos las barbaridades para otro día. (En concreto, hablaré de Endymion, El ascenso de Endymion y La bella durmiente, pero, como ya he dicho, dejemos las barbaridades para otro día).
 
Por fin
He visto la luz. Tras cuatro o cinco días (no lo sé, he perdido la noción del tiempo), he podido levantarme de la cama, lavarme en condiciones y pensar en salir a la calle. ¡Se acabó la amigdalitis!
 
Alabado sea el Santo de los deseos nunca confesados.
Srta. Camarera,

a pesar de que ud. ya se prodiga poco por ese bar que yo frecuento (por lo visto se ha ido a Madrid a compartir piso mientras trabaja para Inditex o similar), ha dejado la estela de su presencia esta noche y se ha dignado a hablar conmigo, hasta me ha proporcionado su correo electrónico. A pesar del fulgor de sus ojos y de la sexualidad que rezuma por cada poro de su existencia sublimada, soy consciente de que me abandona cada rato por nuestro camarero de turno, ser que, a su vez, pasa de ud. como de la mierda. Me pregunto por qué el mundo está tan mal repartido,

queda a su disposición (para sexo nunca culminado y deseos siempre reprimidos),

Su Charlotte.
 
Bucle de Moebius.
Otra pequeña anotación para decir que últimamente me hallo más ocupada que de costumbre y cuando tengo un rato libre realmente no me apetece poner nada en el blog. Estoy pasando por otro de esos habituales momentos de auto-observación, en los que soy plenamente consciente de la absoluta banalidad y vanidad del acto de mantener esta bitácora. Pero la ola de engaño volverá, y me creeré lo suficientemente importante como para deleitaros con mis tonterías. Avisados quedáis.
 
Pequeñas anotaciones sin sentido, parte 3258.

Metanoia

Otro de mis comics fetiche, Metanoia.
 
Can't make my way back home.
Tengo un parón musical. Por mucho que intente engancharme a alguna música actual, los 90 siempre acaban volviendo a tirar de mí. Por eso me encantó descubrir esta pequeña joya en la banda sonora de The L Word, que por cierto creo que la están echando en Canal+ titulada "L" o algo así. Es la cancioncilla de fondo a una de las mejores escenas de sexo que he visto en bastante tiempo (entre, por supuesto, Katherine Moennig y Rosanna Arquette), concretamente en la temporada 3. Se llama "I drive alone" y es de Esthero. Si os gusta Portishead, Tori Amos y similares, dadle una oportunidad. Podéis escucharla en RadioBlogClub. Y aunque no os guste, tendréis que admitir que es una canción ideal para hacer determinadas cosas.