In your room
Llevo casi una semana sin actualizar, maligna yo. Y es que por fin hoy he terminado de ponerme más o menos al día con el trabajo, excesivo debido a mi gran error de disfrutar del fin de semana en vez de currar como hago todos los sábados y domingos. Pues mira, ya he cumplido con uno de mis objetivos enunciados en el último post: recuperar algo de mi vida social. Los otros, bah: ejercicio, poco; comida: igual de mal que siempre. Lo de andar salida parece que se va atenuando pero nunca se sabe cuándo regresarán mis demonios particulares a tentarme de nuevo.
Hoy he hecho algo que hacía siglos que no hacía, me he sentado en una cafetería a escribir. Era una cafetería de ésas de pueblo, con cuatro mesillas minúsculas, pero tenían un té con limón medio decente y ninguno de los viejos que ha entrado me ha atosigado con un "¿qué haces?" o ¿"es que estás de exámenes, chiquilla?". Más que nada, significa que poco a poco voy superando mi fobia irracional a estar sola en un lugar público. Sí, parece una gilipollez pero hasta hace relativamente poco era incapaz de estar en un bar/pub/restaurante sola, debido a una fijación, adquirida tras muchos años en un colegio opusino, de que, si estás sola, la gente va a pensar que eres rara, que no tienes amigos o que estás haciendo algo indebido. Y acabo toda nerviosa, sin saber qué hacer y temiendo que ese borracho de la esquina se me acerque para darme la lata. Y es entonces cuando el borracho se me acerca para darme la lata. Y yo salgo por patas. Y así ad infinitum. Siempre envidié a los que se toman su café o cerveza con parsimonia, hojeando el periódico o no haciendo nada en absoluto. Pero hoy me he tomado un té, hala.
También odio pedir en la carnicería del supermercado, pero ésa es otra historia. Lo importante es que el fin de semana ha sido churripifláutico (gracias Violante, gracias Eduardo, gracias Ártax, gracias Montaigne Granadino), he descubierto que el Dry Martini da unas borracheras bastante divertidas y que Helena de Troya ha abierto un blog. Casi nada.
Hoy he hecho algo que hacía siglos que no hacía, me he sentado en una cafetería a escribir. Era una cafetería de ésas de pueblo, con cuatro mesillas minúsculas, pero tenían un té con limón medio decente y ninguno de los viejos que ha entrado me ha atosigado con un "¿qué haces?" o ¿"es que estás de exámenes, chiquilla?". Más que nada, significa que poco a poco voy superando mi fobia irracional a estar sola en un lugar público. Sí, parece una gilipollez pero hasta hace relativamente poco era incapaz de estar en un bar/pub/restaurante sola, debido a una fijación, adquirida tras muchos años en un colegio opusino, de que, si estás sola, la gente va a pensar que eres rara, que no tienes amigos o que estás haciendo algo indebido. Y acabo toda nerviosa, sin saber qué hacer y temiendo que ese borracho de la esquina se me acerque para darme la lata. Y es entonces cuando el borracho se me acerca para darme la lata. Y yo salgo por patas. Y así ad infinitum. Siempre envidié a los que se toman su café o cerveza con parsimonia, hojeando el periódico o no haciendo nada en absoluto. Pero hoy me he tomado un té, hala.
También odio pedir en la carnicería del supermercado, pero ésa es otra historia. Lo importante es que el fin de semana ha sido churripifláutico (gracias Violante, gracias Eduardo, gracias Ártax, gracias Montaigne Granadino), he descubierto que el Dry Martini da unas borracheras bastante divertidas y que Helena de Troya ha abierto un blog. Casi nada.
Comentario:
Yo casi que me acostumbré ya a ir sola a los sitios, especialmente al cine, y tampoco me molesta mucho. Aunque, para qué engañarnos, acompañada siempre es mejor.
Pero chica, si pones "Casi nada" no tiene gracia. Tienes que poner "Casi ná".
Pero chica, si pones "Casi nada" no tiene gracia. Tienes que poner "Casi ná".
Comentario:
Sitio y hora, darling... (contamos con Eduardo, que me ha prometido un monumento y quiero que me lo enseñe en persona)
Comentario:
Pues ya sabéis, a repetir la experiencia se ha dicho...
Comentario:
Gracias a tí,
la próxima vez me comprometo a demostrar que mi careto de sueño irreprimible: a) no se debía a la compañía (sino al estrés); y b) no es congénito.
Besicos.
la próxima vez me comprometo a demostrar que mi careto de sueño irreprimible: a) no se debía a la compañía (sino al estrés); y b) no es congénito.
Besicos.
Comentario:
Eso, eso, ve superando fobias... Yo me alegro por ello.
De nada por el finde, más que eso debo de darte las gracias yo (léase mi blog). Las borracheras que te ponen a cantar o a hablar sin parar me encantan ^_^
Besicos guapa
De nada por el finde, más que eso debo de darte las gracias yo (léase mi blog). Las borracheras que te ponen a cantar o a hablar sin parar me encantan ^_^
Besicos guapa