Decepciones
Bueno, tras la recaída parece que finalmente he conseguido recuperarme (ya sé que no debí salir el sábado pasado, pero es que eso de estar más de una semana sin beber alcohol me pudo), y hasta me fui a dar un paseo con Eduardo por el pueblo más cercano, que curiosamente estaba lleno de niños disfrazados. Tal vez tenga algo que ver con el Carnaval, quién sabe. Desde luego esto no es Río de Janeiro (ni Palma de Mallorca).
Y sé que tengo que decir algo respecto a Endymion y El ascenso de Endymion, pero la lengua la tengo dolorida de tanto mordérmela. Con lo que disfruté ambos libros de Hyperion, tenía auténtico pavor a tragarme los dos de Endymion por si salía decepcionada. Y, qué le vamos a hacer, así ha sido. No sólo parecen encajados de mala manera con los fabulosos libros anteriores, el libro apesta a cierto moralismo zen que me parece poco probable como filosofía futurista. De acuerdo, los cristianos son los malos malísimos, y cargarse completamente el personaje entrañable de Lenar Hoyt tiene delito, pero eso, incluso para una atea como yo, es bastante perdonable. Lo que no tiene perdón, ni de Dios ni de cualquier divinidad literaria, es la creación de dos personajes tan despreciables como son Aenea y Raul (pronunciado igual que "Paul") Endymion. Ella como Mesías simplemente no funciona, ni como niña, ni como mujer, y personalmente acabé el libro deseando pertenecer a la Santa Inquisición para matarla yo misma (¿y qué es eso de la conversión in situ durante su tortura? Vamos, Sr. Simmons, ya sé que el cheque del adelanto ya lo tenía, pero esfuércese un poco más, hombre). Y qué decir de Endymion, el mayor calzonazos de la historia, un héroe porque sí, porque él lo vale (aunque realmente no lo valga, porque para ser héroe hay que hacer cosas sin ayuda, y además utilizar las neuronas de vez en cuando). Ambos libros me aburrieron soberanamente, ya que, a diferencia de los anteriores, que constaban de una trama fascinante y construida de forma muy correcta, los libros de Endymion son una sucesión de aventuras absurdas que repiten patrones sin sentido. El Ascenso de Endymion, en concreto, une a este tejido mal hilvanado ese aire pseudobíblico que tanto me molesta y termina convirtiendo una historia perfectamente aprovechable en una parábola de segunda. ¿Por qué? ¿Por qué seguir con un hilo que quedaba rematado a las mil maravillas en los libros de Hyperion? Sí, quedaban cabos sueltos, pero de ésos que gustan, de los que a los lectores nos encanta hilvanar por nuestra cuenta. Esto es como lo de los midiclorianos (o como se llamen), que con tanto desarrollo y explicación nos joden la marrana.
Pero lo peor, con diferencia, es lo que Simmons ha hecho con el Alcaudón, mi personaje favorito. De ser una entidad casi mística e impenetrable se convierte en un títere de la niña-monstruo, Aenea. Por favor, decidme por qué todo el mundo la quiere, por qué todos (excepto Pax, claro), quieren adorarla. A lo mejor es que no me gustan los niños. A lo mejor es que no me gustan las mujeres nacidas para salvar el mundo. A lo mejor es que a Simmons se le acabaron las ideas pero no el dinero.
Y perdón por supuesto a los fans de estas novelas (que digo yo que haberlos, haylos). Éste no es un análisis serio ni justificado, sino un berrinche de lectora decepcionada. Si fuera un análisis serio sería mucho más largo y tendría mucha más mala leche.
Y sé que tengo que decir algo respecto a Endymion y El ascenso de Endymion, pero la lengua la tengo dolorida de tanto mordérmela. Con lo que disfruté ambos libros de Hyperion, tenía auténtico pavor a tragarme los dos de Endymion por si salía decepcionada. Y, qué le vamos a hacer, así ha sido. No sólo parecen encajados de mala manera con los fabulosos libros anteriores, el libro apesta a cierto moralismo zen que me parece poco probable como filosofía futurista. De acuerdo, los cristianos son los malos malísimos, y cargarse completamente el personaje entrañable de Lenar Hoyt tiene delito, pero eso, incluso para una atea como yo, es bastante perdonable. Lo que no tiene perdón, ni de Dios ni de cualquier divinidad literaria, es la creación de dos personajes tan despreciables como son Aenea y Raul (pronunciado igual que "Paul") Endymion. Ella como Mesías simplemente no funciona, ni como niña, ni como mujer, y personalmente acabé el libro deseando pertenecer a la Santa Inquisición para matarla yo misma (¿y qué es eso de la conversión in situ durante su tortura? Vamos, Sr. Simmons, ya sé que el cheque del adelanto ya lo tenía, pero esfuércese un poco más, hombre). Y qué decir de Endymion, el mayor calzonazos de la historia, un héroe porque sí, porque él lo vale (aunque realmente no lo valga, porque para ser héroe hay que hacer cosas sin ayuda, y además utilizar las neuronas de vez en cuando). Ambos libros me aburrieron soberanamente, ya que, a diferencia de los anteriores, que constaban de una trama fascinante y construida de forma muy correcta, los libros de Endymion son una sucesión de aventuras absurdas que repiten patrones sin sentido. El Ascenso de Endymion, en concreto, une a este tejido mal hilvanado ese aire pseudobíblico que tanto me molesta y termina convirtiendo una historia perfectamente aprovechable en una parábola de segunda. ¿Por qué? ¿Por qué seguir con un hilo que quedaba rematado a las mil maravillas en los libros de Hyperion? Sí, quedaban cabos sueltos, pero de ésos que gustan, de los que a los lectores nos encanta hilvanar por nuestra cuenta. Esto es como lo de los midiclorianos (o como se llamen), que con tanto desarrollo y explicación nos joden la marrana.
Pero lo peor, con diferencia, es lo que Simmons ha hecho con el Alcaudón, mi personaje favorito. De ser una entidad casi mística e impenetrable se convierte en un títere de la niña-monstruo, Aenea. Por favor, decidme por qué todo el mundo la quiere, por qué todos (excepto Pax, claro), quieren adorarla. A lo mejor es que no me gustan los niños. A lo mejor es que no me gustan las mujeres nacidas para salvar el mundo. A lo mejor es que a Simmons se le acabaron las ideas pero no el dinero.
Y perdón por supuesto a los fans de estas novelas (que digo yo que haberlos, haylos). Éste no es un análisis serio ni justificado, sino un berrinche de lectora decepcionada. Si fuera un análisis serio sería mucho más largo y tendría mucha más mala leche.
Comentario:
Ajum! Ajum!
A mi me gusto Neuromante.... y sus secuelas (no me peguen por favor)
Eso si, como fan (gilipollas pero fan) de la Rueda del Tiempo, se lo que son secuelas sin sentido
A mi me gusto Neuromante.... y sus secuelas (no me peguen por favor)
Eso si, como fan (gilipollas pero fan) de la Rueda del Tiempo, se lo que son secuelas sin sentido
Comentario:
La lista de autores que tuvieron un primer gran éxito y, tal vez sin saber por qué, se lanzaron a escribir continuaciones, es bastante larga :P
Cuando uno se encuentra con un libro suyo que se convierte de forma inesperada en best-seller debería preocuparse, en primer lugar. Es una razón para esforzarse el doble la siguiente vez y no la mitad... pero, es tan fácil dormirse en los laureles :(
Cuando uno se encuentra con un libro suyo que se convierte de forma inesperada en best-seller debería preocuparse, en primer lugar. Es una razón para esforzarse el doble la siguiente vez y no la mitad... pero, es tan fácil dormirse en los laureles :(
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Eh, un respeto, que Neuromante fue lo que me demostró que no hacía falta saber nada de informática, nada de medicina, nada de física, nada de psicología, nada de matemáticas, nada de astronáutica y, si me apuras, nada de sintaxis para escribir ciencia ficción :D
Comentario:
¿Secuelas de Neuromante? ¿No tuviste suficiente con el primer libro? :P
Yo también me había propuesto no leer sagas después de La Gran Saga (las Fundaciones), pero al final han caído unas cuantas.
Y no me arrepiento, aunque sigo teniendo una saga muy abandonada, que quiero leer a toda costa (la de los Heeches), dos que me llaman la atención pero me dan miedo (Dune y Ender), y unas cuantas más que, bueno, si caen, caen.
Eso sí, Endymion es un mal sucedáneo de Hyperion. De no haber existido Hyperion, a lo mejor hasta me hubiera gustado, pero tiene un aire a space opera facilona, con aventuras improbables, personajes planos y tontorrones, y malos malísimos de espada y cruz que no me termina de convencer.
Yo también me había propuesto no leer sagas después de La Gran Saga (las Fundaciones), pero al final han caído unas cuantas.
Y no me arrepiento, aunque sigo teniendo una saga muy abandonada, que quiero leer a toda costa (la de los Heeches), dos que me llaman la atención pero me dan miedo (Dune y Ender), y unas cuantas más que, bueno, si caen, caen.
Eso sí, Endymion es un mal sucedáneo de Hyperion. De no haber existido Hyperion, a lo mejor hasta me hubiera gustado, pero tiene un aire a space opera facilona, con aventuras improbables, personajes planos y tontorrones, y malos malísimos de espada y cruz que no me termina de convencer.
Comentario:
Yo tengo el primero aún en la pila (soy errático, qué le vamos a hacer...) De todos modos, sea como sea, no puede ser por que El Bisturí de Darwin :s
Y tampoco leo sagas, gracias: ya escarmenté con las secuelas de Neuromante.
Y tampoco leo sagas, gracias: ya escarmenté con las secuelas de Neuromante.
Comentario:
Oh, Aenea, Aenea... ¡mil muertes no serían suficientes para Aenea!
Ejem.
Es cierto que con Hyperion y el Descenso de Hyperion había dejado el listón muy alto, pero como en muchas de las sagas de cifi que conozco el misticismo fue su perdición. Y el Alcaudón... lo que le hizo al Alcaudón ciertamente es imperdonable ¡argh!
Esos dos libros dolieron, en efecto.
Ejem.
Es cierto que con Hyperion y el Descenso de Hyperion había dejado el listón muy alto, pero como en muchas de las sagas de cifi que conozco el misticismo fue su perdición. Y el Alcaudón... lo que le hizo al Alcaudón ciertamente es imperdonable ¡argh!
Esos dos libros dolieron, en efecto.





