Momento cursi
Es curioso cómo según nuestros intereses y manías percibimos cosas de repente que antes no estaban allí. Últimamente me pasa con los senderos, ya que un día descubrí uno al lado del río del pueblo y me fui dando cuenta, para mi sorpresa, de que llevaba tanto al pueblo de al lado como a la ciudad. Parece que cada día descubro un rincón nuevo del camino, y al pasar por la autopista veo cómo se esconde bajo ésta para resurgir quién sabe dónde. Es un paseo genial, bordeado de álamos. Y desde entonces lo veo por todas partes, cuando voy en autobús a otra provincia y veo caminillos de cabras en las montañas, cuando voy por la ciudad y veo pequeños pasillos con jardineras en las casas, cuando ando por el pueblo y veo tránsitos escondidos tras las calles principales. Desde hace unos días, me gustan tanto los caminos como las casas con disposiciones poco habituales.
Está bien pensar en estas tonterías cuando el estómago te da vueltas y tienes miles de cosas que hacer cuando lo único que te apetece es meterte en la cama. Good morning!
Está bien pensar en estas tonterías cuando el estómago te da vueltas y tienes miles de cosas que hacer cuando lo único que te apetece es meterte en la cama. Good morning!
Comentario:
Pero ¡bueno! ¿todavía no te habías percatado de ese camino? lo remodelaron hace unos dos años o así, algunos puentes ya tienen los tablones rotos. Ten cuidado si algún día te atropello con la bicicleta por ahí, que iré entretenido tarareando algo y no me entero, además con la miopía...
Comentario:
Pues yo os comprendo a las dos. Tanto los senderos como ¿las gárgolas? ... quería decir los edificios... Madrid... las ciudades... tienen su encanto. Estoy con ambas.
Comentario:
Los senderos tienen su encanto, pero desgraciadamente yo estoy más obsesionada con los edificios. Qué triste. Voy por el centro de Madrid y me paro de repente para desconcierto de mi acompañante y ¡zas!, empiezo a sacarle fotos a una fachada con gárgolas talladas.
Lo tuyo al menos tiene cierto romanticismo implícito. Las gárgolas o los tejados con hiedra o las ventanas que parecen de juguete no tanto...
Y no dejes quel estrés tatrape, dale una patada en la entrepierna y sigue durmiendo. Muaks!
Lo tuyo al menos tiene cierto romanticismo implícito. Las gárgolas o los tejados con hiedra o las ventanas que parecen de juguete no tanto...
Y no dejes quel estrés tatrape, dale una patada en la entrepierna y sigue durmiendo. Muaks!