El aliento no existe
No, no existe, gracias a un montón de papeles tanto reales como electrónicos que se amontonan en mi mesa de trabajo. Pero no importa, siempre me quedarán las grandes delicias: los descansos entre clase y clase en una cafetería-ático con las mejores interlocutoras que puede una soñolienta y exasperada estudiante pedir a las diez de la mañana; los encuentros agridulces de las tardes con las abstemias, los ratos de autobús con personas a medio conocer... Mis días están construidos por mujeres diferentes: las de la tarde están tristes y catárticas, las de la mañana consiguen devolverme la sonrisa que perdí en algún momento de besos matutinos. Las de la noche me invitan a copas que no bebo. Las de la red me recuerdan al sol tras un largo sueño de invierno. Y sí, también hay algún hombre-casi-mujer que concede sonrisas en momentos de tribulación. Y estoy sola, y estoy acompañada, y estoy triste, y estoy feliz, y estoy completamente vacía y muerta por dentro (un útero con forma de cerebro gigante me ha devorado). Y a la vez tan repulsivamente (mi cuerpo me canta y me estrangula) viva, cada vez que veo tus ojos sobre la almohada y mi seriedad frente a esta compulsiva vergüenza.
Comentario:
Pasopalabra.
Comentario:
Sí, eres de esas mujeres, por eso lo de agridulce :P Y no digas tonterías, es mejor estar triste que pasar (a no ser que estés pasando de las cosas adecuadas).
Comentario:
Ya no estaré triste ni nada que se le parezca (¿soy de esas muejres? juas, acláramelo)
porque paso de todo ya.
porque paso de todo ya.





