Este calor que todo lo envuelve.

El calor envuelve mi cuerpo haciendo que mis movimientos sean más lentos y perezosos. La pereza se ha adueñado de todo y hasta mi duende se ha vuelto a quedar dormido.
Nada que contar, nada que hacer, poco que decir.
Hasta mi blog se está agotando. Debo ir pensando en abrir otra estrella, pero eso será cuando las palabras vuelvan, que lo harán sin duda.
Ya no concibo mi vida, mi aburrida jaula de oro sin esta ventana abierta hacia las estrellas, mi otra vida de caricias y terciopelo tan alejada de mi realidad.
Es el momento de dar las gracias a todas aquellas personas que sutilmente se han "colado" por mi ventana.
Gracias a todos y todas que me conocen, me llaman, me perciben, me entienden, se fijaron en mi, me escriben, me quieren...gracias por vuestras caricias.
Sois brisa, el aire fresco renovado y sincero que tanto necesito en verano y también el calor que falta en invierno.
Hace poco más de un año que alguien "tocó" mis sentidos. Poco más de un año que desperté a un mundo de poesía y de pequeñas cosas que decoran mi vida. Ya nada volverá a ser como antes. No podría volver a quedarme dormido.
Tocar, besar, mirar, compartir, oler ese aroma que poseen las personas especiales, querer, acariciar, desear, amistad...forma parte de mi otra vida.
No son solo palabras.
Gracias a quienes me sienten y a quienes también percibo, porque me hacen sentir vivo y diferente.
Todo eso me ha pasado en un año. Mis ventanas seguirán abiertas al cariño y a todas aquellas o aquellos que sepan entenderme.
Gracias especiales a esa hada que con su varita mágica supo "tocarme" en el sitio justo y en el momento adecuado.
Nunca lo olvidaré.