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Cuaderno de viaje en Amsterdam
Apuntes sobre la vida de un pacense en Amsterdam
Acerca de
Experiencias, anécdotas y alguna que otra reflexión de un pacense que se ha lanzado a la aventura de buscarse la vida en Amsterdam. En definitiva, un cuaderno de viajes donde almacenar recuerdos.
Sindicación
 
Vuelta a casa por Navidad





Llega la navidad y, con ella, mi vuelta a casa. Llevo más de medio año sin pisar la tierra patria, sin ver a mis amigos de toda la vida, sin besar a mi abuela... Tengo muchas ganas.

Pero es una alegría a medias porque llega mi hora de decir adiós a mi vida en Amsterdam. Bueno, en realidad es un hasta luego, porque en enero volveré durante 10 días para finalizar mi curso de fotografía. Pero cuando vuelva en el 2007 me tendré que acoplar a la casa de algún amigo. Ya no estaré viviendo "oficialmente" en Amsterdam, sino de paso antes de marcharme a Italia (¿Bolonia, Milán o Siena?).

Al menos ahora me puedo ahorrar las sentidas despedidas, conformándome con un feliz navidad y hasta pronto. Así es mucho más fácil.



AAAUUUUUUUHHHHH!!! (el aullido de un lobo)


PD. En Holanda Papá Noel se llama San Nicolás y viene de España.
 
Cae la noche




Amsterdam duerme profundamente de noche. Sus calles están tan desiertas que parecen muertas. El escenario de una obra de teatro antes de estrenarse. La conversación más discreta pierde toda su intimidad y una mujer con tacones es un avión aterrizando en el aeropuerto.

De noche es cuando por primera vez escuchas a tu bici. Por fin, su casi inapreciable voz se hace nítida. Se siente segura en las dormidas calles de Amsterdam, y te cuenta de un tirón todos sus secretos (y dolores). De noche un ciclista se encuentra más cómodo en su bicicleta.

Los árboles, negros, agrietando el cielo, entristecen las calles. El reflejo de las farolas, amarillento y trémulo, es amansado por los canales. Empieza a llover. Las ligeras gotas de lluvia agujerean el cristal oscuro de los canales, que nunca llegará a romperse. El reflejo de las farolas, cobarde o avaricioso, se vuelve más intenso en las aceras adoquinadas de las calles. La lluvia pinta de amarillo Amsterdam.

Las gotas de lluvia se incrusta en la cara de los ciclistas. Sus lígeras gotas se acumulan en el pelo, preparándose para un ataque a gran escala. Algunas gotas buscan los ojos, como si fueran lágrimas frustradas, y nublan la vista del ciclista. Muchos holandeses se ponen una gorra cuando el cielo amenaza con lluvía. No les gusta llorar sin razón.



PD. Mi generación tenía el mejor disco de su grupo favorito en cinta, luego tuvo un directo con sus mejores canciones en un doble cd y ahora tiene su discografía completa en mp3.
 
¿Se podría haber evitado la II Guerra Mundial?

Según uno de los autores que participan en "El Jueves", sí. Esta es su teoría (resumida):

-Si la mariahuana fuera legal en Europa no se hubiera declarado la II Guerra Mundial.
-¿Por qué?
-Después de fumarse un canuto... ¿A quién le quedan ganas de invadir Polonia?


AUPA!
 
Misterios de Holanda



Faltan 15 días para mi vuelta a España. A pesar de intentar no pensarlo demasiado, y de tener ganas de volver a Badajoz, tengo una sensación extraña revolviéndome por dentro. No sé, voy a echar de menos esta ciudad. Quizá por eso ayer me volví andando a casa desde el centro, por primera vez desde que vivo en Amsterdam (o quizá porque ahora me cuesta mucho montarme en la bici por un incurable problema que tengo en mi casi traslucidas posaderas).

Ayer me dio por revolver el montón de papeles de diferentes procedencias que tengo guardados en un cajón. Entre ellos me encontré con un artículo que escribió A. Jiménez Barca a principios de agosto en "El País". Se llama "Misterios de Holanda" en el que realiza una crónica social de la vida en Amsterdam. Me parece que dice muchas verdades. Aquí voy a transcribir algunas líneas, para compartir su visión de Amsterdam para todo el que tenga ganas, y tiempo, de leerlo:

Hay tres cosas que sorprenden de Holanda: que los frenos de la mayoría de las bicicletas se activan pedaleando para atrás, que el hachís que se expende en los coffeeshops viene de ninguna parte y que hay barrios en que los homosexuales no pueden ir de la mano.
(...)La falta del sol en los inviernos demasiado largos y en las primaveras sin primavera del norte de Europa le convencieron de que se había equivocado.
(...) Ronald prefiere evitar que su relación con su novio y su condición de homosexual no sean muy explícitas a los ojos de los vecinos. El hecho implica un enorme paso atrás en Holanda, el país de la tolerancia, de la libertad sexual y el “vive y deja vivir”. “Es que en nuestro barrio hay muchos musulmanes marroquíes y, si nos ven, pueden insultarnos o pegarnos, y Ronald no quiere problemas”, explica Cristian.
(...) Algo fallaba en el encaje hasta entonces aparentemente estable del millón largo de musulmanes que habitan en una Holanda de 16 millones de personas.
(...) Por su parte, a Cristian, como a todos los inmigrantes en la actualidad, se le obligó a apuntarse a un curso de lengua y civilización holandesa para conseguir la nacionalidad. En eso está. “Aprendemos el holandés con preguntas y ejercicios que tratan de las costumbres de aquí. Por ejemplo: ¿qué comen los holandeses? ¿A qué horas? ¿Dónde debemos aparcar la bicicleta? ¿Qué día es el cumpleaños de la reina Beatriz? También nos ponen vídeos para explicarnos cómo se vive en Holanda: un playa con mujeres en top-less.
(...) Es necesario que respeten a las mujeres. Y a los homosexuales. En una palabra: que respeten esta sociedad. Si no, lo que tienen que hacer es marcharse”.
(...) “¿Sabe que hay un gran porcentaje de esos inmigrantes que no saben leer?”, dice, antes de perderse, seguido de un paso por los dos guardaespaldas.
(...) “Durante el pasado, los holandeses nos hemos agrupado por religión o tendencias: católicos, protestantes, comunistas... Cada parte de la sociedad constituía un pilar diferente. Y todos se toleraban unos a otros. Pero ojo: la base de la tolerancia estaba en la indiferencia. Y en que, a la hora de las inundaciones, todos tenían que unirse para aguantar el dique. Holanda es un país ganado al mar.
(...) A partir de finales de los sesenta, esto se destruye. Ya no hay lucha contra el mar codo con codo, porque hay un sistema de diques más fiable.
(...) La sociedad sigue siendo tolerante, con una tolerancia extrema que se basa, en el fondo, en una gran autodisciplina. Hay leyes ocultas.
(...) Esta mezcla de disciplina y tolerancia, de anarquía controlada, propia de una civilización muy compleja, muy liberal, muy permisiva, pero con muchas normas y leyes no escritas.
(...) Casi en la confluencia del canal Keizer con el Regulier, una familia descansa y toma el sol en la cubierta de su barco. Es una pinaza ancha de casi treinta metros, negra, roja y elegante. Él se llama Marcel, tiene 45 años y regenta un bar en una esquina cercana; ella, Anita, tiene 40 años y trabaja en una oficina; Nick, tiene 3. El barco es su casa.
(...) Queríamos viajar, estar cada mes en una parte, pero al final, y señala al niño, aquí nos hemos quedado, aquí tenemos el agua, la luz, el buzón de correos y la guardería de Nick”, explica Anita.
(...) -¿Conoce la Madurodam?
-No.
-Es una inmensa ciudad en miniatura que hay en La Haya y que gusta mucho a los niños: reproducciones a escala de casas, calles, (...) Eso éramos antes del asesinato de Theo van Gogh: como un país de Madurodam, de juguete, precioso, de mentira.
(...) El sol casi se ha puesto. El reflejo de la luz de las farolas destella en el agua mansa y oscura de los canales, en los perfiles de los puentes. La ciudad –una ciudad de verdad- ha ganado con las horas belleza y silencio.
(...) “¿Sabe?”, dice Marcel, “Nick, el niño, se asombra cuando vamos a visitar a amigos y ve que viven en casas”.





PD. La foto pertenece a un atardecer que sucedió ayer. Es una pena porque, una vez más, la foto no hace méritos a la realidad. Nunca había visto un atardecer igual.
PD2. Gracias a tener todo el tiempo libre del mundo, he podido dirigir a la expedición Ros-Glotas en su visita a Amsterdam. No pudimos ir a Utrecht, pero pudimos perdernos por Thailandia sin movernos de mi cuarto. Como siempre, muchas sensaciones, pero un poquito de paranoia. Cómo me gusta ahora fumar cigarrillos en mi cuarto. Al final no les voy a enviar ninguna postal, pero intentaré volver a Badajoz con el amigo Mario.
PD3. Hoy cenado con los padres de mi querido paisano. Hemos acabado comiendo en un restaurante argentino que era una réplica exacta del mío. El turismo nos trata a todos como borregos. La carta era idéntica, excepto por la tipografía. Espero no haberle hecho gasto a mi antiguo jefe.
PD4. La semana que viene empiezo mi incursión a un nuevo terreno laboral: el industrial. A pesar de haber opositado a cartero sin éxito, y eso que iba con enchufe, me tendré que dedicar al clásico arte de carga y descarga de camiones. Será duro, pero mi cuerpo necesita esforzarse un poco. ¿Cuándo fue la última vez que corrí?
 
Cuarto de siglo




Hace una semana cumplí 25 años. Como no quiero darle ninguna transcendencia a llevar un cuarto de siglo a mis espaldas, voy a hablar de otras personas.

El otro día me encontré en mi barrio con un gaditano que trabaja en el restaurante al que siempre iba a coger el hielo (por supuesto, también pertenece al dueño del mío). Resulta que vive en la calle paralela a la mía, y compartimos el mismo patio interior. Amsterdam a fin de cuentas es un pueblo. Este gaditano se vino desde Cádiz en bici hasta Amsterdam, pasándose antes por Alemania para ver en directo como Francia eliminaba a España del Mundial. Ayer ibamos andando a su casa, cuando se encontró en su propia calle la bici que le habían robado hace una semana. La reconoció por la correa verde chillón a la que llevó atado durante más de un mes su tienda de campaña. Era su bici, pero con un par de diferencias: tenía arreglada la luz y le habían cambiado la rueda trasera. Como estaba candada sólo a la rueda, la cogimos a pulso y la llevabamos hasta mi casa, donde el tío de mi casero, que está montando un cuarto de baño y una cocina en el cuarto del ático, rompió el candado en un abrir y cerrar de ojos con sus herramientas. El gaditano recuperó la bici que le habían robado casi en la puerta de su casa. Amsterdam a fin de cuentas es un pueblo.

El otro día Chantal, la chica holandesa que trabajaba conmigo por las mañanas en el restaurante, se puso parches de nicotina. Ese día decidió dejar de fumar. Pero a las pocas horas de ponerse los parches de nicotina se los tuvo que quitar porque le hacía sentir “dizzy”. Para compensar su debilidad física (o mental), decidió que iba a volver a practicar Thai-Boxing. Fue luchadora durante un año y medio, hasta que tuvo que dejarlo por falta de tiempo. Desde entonces ha engordado 5 kilos. Y mientras me comentaba sus planes se estaba comiendo un deliciosamente cargado de calorías pastel de chocolate. Y, de postre, un cigarrito por lo bien que lo había hecho. Al día de hoy, fuma más cigarros y no se ha pasado por el gimnasio.

El otro día vi como una chica timbraba la bici para no atropellar a unas palomas.

El otro día Marie, una francesa que va conmigo al curso de fotografía, discutió con su novio. El culpable de la discusión fue el móvil de ella, que se paso un día entero en la guantera del coche de su madre. El novio la estuvo llamando todo el día. Su novio no se cree lo de la guantera, porque ella siempre lleva el móvil encima, y busca desesperádamente saber qué estuvo haciendo esa tarde. El novio de Marie es extremadamente celoso. Marie se preguntaba si debía estar con una persona que no confiaba en ella. Pero al final sigue con él, aún sabiendo que esta situación va a volver a repetirse.

El otro día, lunes por la mañana, con la resaca del fin de semana, el cansancio y el agotamiento mental de toda una semana de trabajo por delante, Hazam, el manager de mi restaurante, le “roba” unas clientes al restaurante de al lado. Es la chispa mínima, pero efectiva, para que los dos managers, que minutos antes habían estado tomando un café juntos, se enzarcen en una pequeña pelea. Los empujones no pasan a los puños y los cabezazos no pasan de arriesgados amagos. Instantáneamente ambos desenfundan sus móviles para ser el primero en contarle su versión de los hechos al jefe. Lo dos mismos managers trabajan para el mismo jefe.

El otro día Horacio, como solía hacer cada 2 o 3 días a la semana, me comentó que estaba hasta las narices de trabajar en el restaurante. También me comentó que estuvo en una entrevista de trabajo en otro restaurante que le pagaban 13 euros por hora, casi el doble de lo que gana ahora. Todo parecía hecho, pero, tras entregarle los papeles necesarios para cerrar el contrato, el jefe del restaurante encontró un detalle que rompía el acuerdo: Horacio tiene 53 años. La fecha de nacimiento de su pasaporte no mentía, a diferencia de su energía y la vitalidad de su cara, que le quitan 10 años. Horacio tendrá que seguir buscando, pero para las próximas ocasiones, como él mismo comentó, irá con el pasaporte abierto y pegado en la frente. Ese mismo día Horacio acabó explotando tras una estúpida discusión con Chantal acerca de la mantequilla. Se marchó asegurando que ya no volvería más, a pesar de mis súplicas para que no lo hiciera (es la única persona cuerda de todo el restaurante). Horacio volvió 2 días después. Se la había atragantado el orgullo con las facturas y un hijo de 14 años.

Dije que no iba a hablar de mí, pero tengo que apuntar un pequeño dato: yo no tengo un hijo de 14 años y mis facturas son mínimas, así que no pienso volver al restaurante. El otro día me echaron, o me fui, no sé muy bien como definirlo, y ahora estoy en el paro. Pero no me preocupa: si algo sobra en Amsterdam es trabajo.

Aupa!





PD. Mañana recibo una inmejorable visita: cuatro intengrantes de la familia Ros-Glotas, a la que pertenecí hasta no hace mucho. Será divertido.

PD2. El amor es como las setas: te hace sentir la vida (pero si te da un mal viaje estás jodido).