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Cuaderno de viaje en Amsterdam
Apuntes sobre la vida de un pacense en Amsterdam
Acerca de
Experiencias, anécdotas y alguna que otra reflexión de un pacense que se ha lanzado a la aventura de buscarse la vida en Amsterdam. En definitiva, un cuaderno de viajes donde almacenar recuerdos.
Sindicación
 
Gay Parade Canal
Sin duda, una de las más locas y divertidas experiencias de mi vida. Vaya locura de día! Una intensa jornada de imágenes sorpredentes, personajes inigualables y muchas, muchas risas. Amsterdam por fin demostró porque es conocida como la Capital Mundial de las Libertades (In Amsterdam nothing really matter).

Pero, como no me apetece escribir todo lo que pasó, que fue mucho, voy a copiar lo que escribio Paisa, mi companhero de viaje, en su particular blog (ver enlaces). Esta es la visión de Paisa del día más loco del verano:


Queer Eye For The Straight Guy


El mejor día desde que estoy en Amsterdam fue el sábado pasado. El día del Gay Parade, por cierto.

Fui con J y el Chino a Prinzengracht (cómo domino ya el holandés...) a tomar unas cervezas y ver los últimos rescoldos del desfile de botes por los canales. Desde tipos con mandiles y el culo al aire hasta indios que se follaban a las farolas, una concentración de freakies en toda regla. Y para freakies, nosotros.

Nos fuimos a una especie de sound system con un tipo pinchando y cientos de personas alrededor y decidimos quitarnos los complejos (y las camisetas) y empezar a hacer el mongolo. Compramos unos collares con los colores del arco iris a una vejestorio australiana (que ya se quedó con nosotros toda la tarde, bailando y tocándonos el culo) y hale, a mover un poco el esqueleto. Fingiendo ser gays, todo está permitido. El Chino le chupó el pezón a una con la que un rato antes yo me había estado comiendo un plátano a dos lenguas. Apareció por allí un alemán gordo y sudoroso con un silbato que no paraba de abrazarme, un chaval que se quería ligar al vejestorio, grupitos de chicas... En fin, que estuvimos todo el tiempo con gente de diverso pelaje fingiendo ser una pareja de novios (y además un poco locazas).

Cuando ya no quedaba nadie en el sound system llevé al Chino de paquete en su bici, suponiendo que tarde o temprano nos pegaríamos una piña pero hete aquí que llegamos sanos y salvos a nuestro destino. No sé muy bien cómo conocimos a una chica y un chico españoles que se hospedaban en el Hans Brinker, nuestro primer albergue, así que nos acoplamos a ellos y nos tomamos una cervecita en el que durante diez días fue nuestro hogar. De ahí recogimos a la Peña Pilones y nos fuímos a un bar de gays donde apenas quedaban gays y se podía tirar algún que otro trasto. Ya no recuerdo gran cosa de lo que pasó a esas horas, aunque el Chino me dice que a la española le robaron el bolso y yo seguía en mi mundo, hablando como Boris.

Tras diez horas de fiesta, y puesto que el Chino pinchó la rueda de mi gacela con ruedas días atrás, me fuí a casa solo como un vulgar peatón. Me dediqué todo el camino a intentar robar una bici pero quedó demostrado que no soy muy experto en esas lides. Si no me da un brutal ataque de pereza esta tarde le compraré una nueva a los yonkis, que tienen más clase y pericia.

En fin, que el Gay Parade resultó una gran fiesta con mucha diversión, mucho guarreo y sobre todo mucho buen humor, que hace falta. Salvo escasas excepciones todo el mundo estaba de muy buen rollo, sin tomarse en serio a sí mismos. Así que, por la simpatía demostrada, este blog se declara abiertamentente gay friendly.

Pero de ahí ya no pasa.
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