1a Etapa (fallida). A'dam-Abcoude
Clima: Cielo nublado con pequenhas precipitaciones.
Distancia: 10km
El dia anterior habia sido calido y soleado, algo extraordinario por estas tierras holandesas, y segun las previsiones de nuestro querido Juanito Pilones el buen tiempo iba a permanecer con nosotros unos cuantos dias. Esa noche decidi que por la manhana me iria a Utrecht y, si todo iba bien, estar varios dias viajando por esa region holandesa.
Asi hice. Cogi el chubasquero, un chorizo, un queso, la bolsa de aseo y un par de mudas, y me tire a la carretera. El dia amenazaba lluvia, pero yo no pensaba echarme para atras. Al igual que tampoco me vine abajo a pesar de estar cerca de una hora y media dando vueltas por Amsterdam para encontrar la salida hacia Utrecht. Planifique mal mi ruta sobre el mapa, pero peor fue la puesta en practica.
Pero todo cambio cuando vi la primera senhal roja, especificas para bicis, que marcaba el camino hacia Utrecht. Por fin iniciaba realmente mi viaje, dejando atras el espectacular estadio Amsterdam Arena, y recorriendo la verde Holanda de llanuras infinitas.
No habia tenido casi tiempo para emocionarme cuando, con apenas 10km recorridos, sufri el enesimo pinchazo desde que estoy en Holanda. Precisamente, un posible pinchazo era lo que mas miedo me daba del viaje. Por suerte, mi rueda se desinflo a la entrada de un pequenho pueblo llamado Abcoude. Era sabado por la tarde, pero tenia la esperanza de encontrar algun taller abierto donde parchear la rueda y seguir adelante.
Pero pronto me di cuenta que me iba a resultar imposible arreglar la bici porque Abcoude celebraba el dia grande de sus fiestas. Todo el pueblo estaba en la calle y todos los comercios estaban cerrados. Una graciosa casualidad mas propia de una pelicula de Berlanga que de la vida real. Y como yo no tenia nada mejor que hacer, decidi quedarme alli a pasar el dia.
El centro del pueblo estaba abarrotado de cabezas rubias y mejillas rosadas que se dedicaban a beber, comer y sonreir. Entre las numerosas casetas se intercalaban pequenhos escenarios donde bandas verbeneras (a la holandesa) tocaban temas con sabor anhejo que hacia sonreir, e incluso bailar, a los mayores del lugar. Mientras los no tan mayores se aglomeraban en las barras esperando a que la noche les devuelva el protagonismo. Y, como no podia ser de otra forma, los pequenhos reian y gritaban en la noria, los coche-chocantes y todo tipo de "cacharritos" de feria. En definitiva, una atmosfera genuinamente holandesa y festiva.
Despues de comer un poco de chorizo y queso junto a un canal, donde comparti mi pan de molde con una numerosa familia de "patitos feos", y sentirme ya saturado de ver tantas sonrisas y ninguna dirigida a mi, me fui andando (o, mejor dicho, con la bici pinchada) a la estacion de trenes. Como no tenia monedas sueltas, ni tarjeta de credito, no podia comprar mi billete. Me la jugue, y mira que solo eran 3euros, y no paso ningun revisor.
Llegue a casa por la noche y con la rueda pinchada. No habia llegado a Utrecht, pero no sentia que hubiera fracasado. El dia habia merecido la pena. Y, por supuesto, no pasaria mucho tiempo hasta el proximo intento.
Distancia: 10km
El dia anterior habia sido calido y soleado, algo extraordinario por estas tierras holandesas, y segun las previsiones de nuestro querido Juanito Pilones el buen tiempo iba a permanecer con nosotros unos cuantos dias. Esa noche decidi que por la manhana me iria a Utrecht y, si todo iba bien, estar varios dias viajando por esa region holandesa.
Asi hice. Cogi el chubasquero, un chorizo, un queso, la bolsa de aseo y un par de mudas, y me tire a la carretera. El dia amenazaba lluvia, pero yo no pensaba echarme para atras. Al igual que tampoco me vine abajo a pesar de estar cerca de una hora y media dando vueltas por Amsterdam para encontrar la salida hacia Utrecht. Planifique mal mi ruta sobre el mapa, pero peor fue la puesta en practica.
Pero todo cambio cuando vi la primera senhal roja, especificas para bicis, que marcaba el camino hacia Utrecht. Por fin iniciaba realmente mi viaje, dejando atras el espectacular estadio Amsterdam Arena, y recorriendo la verde Holanda de llanuras infinitas.
No habia tenido casi tiempo para emocionarme cuando, con apenas 10km recorridos, sufri el enesimo pinchazo desde que estoy en Holanda. Precisamente, un posible pinchazo era lo que mas miedo me daba del viaje. Por suerte, mi rueda se desinflo a la entrada de un pequenho pueblo llamado Abcoude. Era sabado por la tarde, pero tenia la esperanza de encontrar algun taller abierto donde parchear la rueda y seguir adelante.
Pero pronto me di cuenta que me iba a resultar imposible arreglar la bici porque Abcoude celebraba el dia grande de sus fiestas. Todo el pueblo estaba en la calle y todos los comercios estaban cerrados. Una graciosa casualidad mas propia de una pelicula de Berlanga que de la vida real. Y como yo no tenia nada mejor que hacer, decidi quedarme alli a pasar el dia.
El centro del pueblo estaba abarrotado de cabezas rubias y mejillas rosadas que se dedicaban a beber, comer y sonreir. Entre las numerosas casetas se intercalaban pequenhos escenarios donde bandas verbeneras (a la holandesa) tocaban temas con sabor anhejo que hacia sonreir, e incluso bailar, a los mayores del lugar. Mientras los no tan mayores se aglomeraban en las barras esperando a que la noche les devuelva el protagonismo. Y, como no podia ser de otra forma, los pequenhos reian y gritaban en la noria, los coche-chocantes y todo tipo de "cacharritos" de feria. En definitiva, una atmosfera genuinamente holandesa y festiva.
Despues de comer un poco de chorizo y queso junto a un canal, donde comparti mi pan de molde con una numerosa familia de "patitos feos", y sentirme ya saturado de ver tantas sonrisas y ninguna dirigida a mi, me fui andando (o, mejor dicho, con la bici pinchada) a la estacion de trenes. Como no tenia monedas sueltas, ni tarjeta de credito, no podia comprar mi billete. Me la jugue, y mira que solo eran 3euros, y no paso ningun revisor.
Llegue a casa por la noche y con la rueda pinchada. No habia llegado a Utrecht, pero no sentia que hubiera fracasado. El dia habia merecido la pena. Y, por supuesto, no pasaria mucho tiempo hasta el proximo intento.





