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Cuaderno de viaje en Amsterdam
Apuntes sobre la vida de un pacense en Amsterdam
Acerca de
Experiencias, anécdotas y alguna que otra reflexión de un pacense que se ha lanzado a la aventura de buscarse la vida en Amsterdam. En definitiva, un cuaderno de viajes donde almacenar recuerdos.
Sindicación
 
Catalina
Cuando recuerdo lo mal que lo pase el primer día en Los Pilones, me doy cuenta de lo agustito que estoy ahora. Aquel día fue un infierno por las extremas temperaturas que hacía (el calor no podía ser más asfixiante y pegajoso) y por volver a sentir la dura realidad del trabajor treinta días después de dejar la "QH". Desde entonces he vuelto a trabajar varios días, pero mis sensaciones han sido muy diferentes. El trabajo sigue siendo duro, a nadie le gusta lavar platos en un espacio vital de 3m², pero ya me he adaptado.

Quizá mucha culpa de que el curro sea más soportable la tienen Rastas, un gaditano q también ha estado viviendo en Edimburgo, y Sebas, un holandés de origen peruano al que le gusta trabajar duro. Nuestra relación es inmejorable, conectando desde el principio. Mismamente ayer, tras una intensa jornada laboral que se saldó con 15 euros de propina, nos fuimos a liar cigarritos y tomar una cerveza al pub de jazz en directo Cafe Alto. Allí compartimos mesa con 3 catalanes minusválidos que estaban en Amsterdam para ver un partido de basket en silla de ruedas. Hasta aquí, todo normal. Entonces apareció CATALINA. Resulta que una vieja borracha que Paisa y yo nos encontramos el primer día en Amsterdam por el Barrio Rojo. Vaya mujer más zumbada! Catalina, ni corta ni perezosa, declaró abiertamente que quería liarse conmigo mientras me hacía un perturbador masaje en la espalda. Luego nos pegamos por un silla (después de que ella me la robara vilmente) y nos volvimos a pegar por un porro. Después, cansada de mí, empezó a sobarle la pierna a Rastas, simulando seguir el compás de una canción de jazz. Al final nos dejó su mail escrito en un posa-vasos de Heineken. Surrealista.

Paisa y yo, oficialmente declarados hermanos políticos por parte de hermana, coincidimos en lo mismo: Los Pilones ha sido un regalo caído del cielo. Gracias a ellos tenemos curro desde el segundo día de estar en Amsterdam, empezamos a formar una peculiar cuadrilla para salir de fiesta y tenemos a companheros dispuestos a ayudarnos en cualquier cuestión (como, por ejemplo, para sacar el dichoso Sofi-number).

No mames, wey!
No