Overtoom 510
Vaya, vaya, si que tenía bastante abandonado este virtual cuaderno de viaje. Es que últimamente tengo tanto tiempo libre, que no tengo tiempo para internet. Siempre he pensado que si te enganchas muchas horas a internet es que algo falla. Mi vida no es ni mucho menos perfecta, pero al menos no me puedo quejar.
Como hace tanto que no escribo por aquí, podría hablar de muchas cosas que nos han pasado últimamente: el viaje fantástico por Vondelpark después de comernos unas setas, la visita de Nacho Pop que tinhó durante unos días nuestra casa de azul, mi relación con la preciosa e impulsiva holandesa que se hace llamar Bull, las ya muchas noches de chelas y fiesta con la gente de Los Pilones, el par de días que hemos ido a pasar el día a la playa de Zandvoort, el accidente en bici con una senhorita que se saldó sin heridos, un nuevo premio de fotografía que me han dado en Badajoz... Muchas cosas que no tengo ni tiempo, ni ganas, de relatar. Pero, de lo que sí voy a hablar es del piso que desde hace 2 semanas se ha convertido en nuestro hogar. Nuestro cálido rinconcito en Amsterdam.
Hace cuatro días que no sale el sol y las aceras nunca acaban de secarse. Dónde se ha ido el sol de vacaciones?
El piso, como todo lo que Paisa y yo hemos conseguido hasta ahora, lo he encontrado yo (Paisa se ha mantenido al margen en toda tarea de organización de nuestro asentamiento en Amsterdam). Llegué hasta el piso a través de la increíblemente útil y mochilera web de expatriates.com (allí conseguí una oferta de trabajo y encontré curro como profesor de bicicleta, pero que finalmente se quedó en nada). A partir de un anuncio que dejé en esta web, Maarten, un holandés de veintimuchos anhos que trabaja como percusionista, se puso en contacto conmigo para alquilarnos su piso hasta finales de agoso. La casa era cara, 900€, pero de todas formas nos salía más económico que vivir de albergue en albergue y, siempre quedaba la posibilidad de encontrar algún otro companhero de piso. Ese companhero a los pocos días se convirtió en 2: la pareja hispano-colombiana formada por Cristina, que trabaja en Los Pilones, y Lucas. Así que, para continuar con nuestra buena racha, no sólo nos sale el piso por una miseria, sino que además convivimos con gente conocida y de confianza.
Maarten Vinkenoog no es casero cualquiera. Descubrimos que era percusionista tras encontrar un taco de tarjetas que publicitaban un concierto en un pub. En esas tarjetas aparece una foto de nuestro querido Maarten tocando los jembes, mientras sujeta con la boca una enorme flauta de maría. Maarten me recuerda mucho a Germán, el casero que tuve en Bilbo, que venía a nuestra casa a fumarse unos porritos con Stebantxu y yo. Maarten me ganó desde el primer día, cuando me tiró las llaves de la puerta desde el balcón y me recibió en su casa con una enorme sonrisa, sus simpáticas melenas y bigotes rubios y la típica camiseta hawaina.
Maarten tiene una planta de mariahuana en la terraza. Nos ha pedido que la reguemos diariamente. Yo me he tomado su petición a pecho y me encargo de regarla y mimarla todas las manhanas (creo, además, que soy el único que lo hace). Maarten también nos dejó una enorme bolsa de maria en el salón que, para que no se ponga mala, nos estamos fumando poco a poco, cuando la necesidad aprieta y el coffee-shop que está enfrente de casa parece estar tan lejos. Y, para finalizar, Paisa también encontró una cajita con varias setas mágicas en el congelador. Creo que, sin lugar a dudas, me puedo permitir llegar a una conclusión: a Maarten le gusta estar "pacheco".
Un par de chicas jóvenes con turbantes, un mujer de ojos rasgados y sus dos hijas, un negro con gorra y ropas holgadas, un árabe con traje de chaqueta y una oscura y rizada barba... Está claro: me encuentro en una biblioteca de Amsterdam.
Y, bueno, que decir del piso... Simplemente que nunca había estado de alquiler en nada parecido. Vivimos con todos los lujos necesarios para sentirse agusto en una tarde lluviosa de verano: un amplio y acogedor salón con somníferos sofás, una enorme tv, dvd, hi-fi, una cocina amueblada con todo lo necesario, un dormitorio grande y luminoso, dos balcones... Si a esto le unimos que vivimos en Overtoom, una amplia avenida situada a escasos metros del enorme Vondelpark y a menos de 10 minutos en bici del centro, creo que no me puedo quejar. La pena que sólo podamos disfrutar del piso hasta finales de agosto. Hasta entonces, le sacaremos todo el jugo posible (sobre todo nuestro amigo Paisa, una foto fija en el salón, como bien apuntilló el buen parsero Lucas).
Pero quizá lo mejor que nos encontramos en el piso fue mi venerado juego: el Risk. Sí, a Maarten también le gusta conquistar el mundo entre caldero y caldero de white widow. Nadie del piso sabía jugar al Risk hace un par de semanas, ahora están todos enganchados. Este juego te atrapa y estás perdido. Cuántas partidas nocturnas han caído ya! Y, no sé, quizá esta noche hay que volver a tirar los dados.
AUPA!
Como hace tanto que no escribo por aquí, podría hablar de muchas cosas que nos han pasado últimamente: el viaje fantástico por Vondelpark después de comernos unas setas, la visita de Nacho Pop que tinhó durante unos días nuestra casa de azul, mi relación con la preciosa e impulsiva holandesa que se hace llamar Bull, las ya muchas noches de chelas y fiesta con la gente de Los Pilones, el par de días que hemos ido a pasar el día a la playa de Zandvoort, el accidente en bici con una senhorita que se saldó sin heridos, un nuevo premio de fotografía que me han dado en Badajoz... Muchas cosas que no tengo ni tiempo, ni ganas, de relatar. Pero, de lo que sí voy a hablar es del piso que desde hace 2 semanas se ha convertido en nuestro hogar. Nuestro cálido rinconcito en Amsterdam.
Hace cuatro días que no sale el sol y las aceras nunca acaban de secarse. Dónde se ha ido el sol de vacaciones?
El piso, como todo lo que Paisa y yo hemos conseguido hasta ahora, lo he encontrado yo (Paisa se ha mantenido al margen en toda tarea de organización de nuestro asentamiento en Amsterdam). Llegué hasta el piso a través de la increíblemente útil y mochilera web de expatriates.com (allí conseguí una oferta de trabajo y encontré curro como profesor de bicicleta, pero que finalmente se quedó en nada). A partir de un anuncio que dejé en esta web, Maarten, un holandés de veintimuchos anhos que trabaja como percusionista, se puso en contacto conmigo para alquilarnos su piso hasta finales de agoso. La casa era cara, 900€, pero de todas formas nos salía más económico que vivir de albergue en albergue y, siempre quedaba la posibilidad de encontrar algún otro companhero de piso. Ese companhero a los pocos días se convirtió en 2: la pareja hispano-colombiana formada por Cristina, que trabaja en Los Pilones, y Lucas. Así que, para continuar con nuestra buena racha, no sólo nos sale el piso por una miseria, sino que además convivimos con gente conocida y de confianza.
Maarten Vinkenoog no es casero cualquiera. Descubrimos que era percusionista tras encontrar un taco de tarjetas que publicitaban un concierto en un pub. En esas tarjetas aparece una foto de nuestro querido Maarten tocando los jembes, mientras sujeta con la boca una enorme flauta de maría. Maarten me recuerda mucho a Germán, el casero que tuve en Bilbo, que venía a nuestra casa a fumarse unos porritos con Stebantxu y yo. Maarten me ganó desde el primer día, cuando me tiró las llaves de la puerta desde el balcón y me recibió en su casa con una enorme sonrisa, sus simpáticas melenas y bigotes rubios y la típica camiseta hawaina.
Maarten tiene una planta de mariahuana en la terraza. Nos ha pedido que la reguemos diariamente. Yo me he tomado su petición a pecho y me encargo de regarla y mimarla todas las manhanas (creo, además, que soy el único que lo hace). Maarten también nos dejó una enorme bolsa de maria en el salón que, para que no se ponga mala, nos estamos fumando poco a poco, cuando la necesidad aprieta y el coffee-shop que está enfrente de casa parece estar tan lejos. Y, para finalizar, Paisa también encontró una cajita con varias setas mágicas en el congelador. Creo que, sin lugar a dudas, me puedo permitir llegar a una conclusión: a Maarten le gusta estar "pacheco".
Un par de chicas jóvenes con turbantes, un mujer de ojos rasgados y sus dos hijas, un negro con gorra y ropas holgadas, un árabe con traje de chaqueta y una oscura y rizada barba... Está claro: me encuentro en una biblioteca de Amsterdam.
Y, bueno, que decir del piso... Simplemente que nunca había estado de alquiler en nada parecido. Vivimos con todos los lujos necesarios para sentirse agusto en una tarde lluviosa de verano: un amplio y acogedor salón con somníferos sofás, una enorme tv, dvd, hi-fi, una cocina amueblada con todo lo necesario, un dormitorio grande y luminoso, dos balcones... Si a esto le unimos que vivimos en Overtoom, una amplia avenida situada a escasos metros del enorme Vondelpark y a menos de 10 minutos en bici del centro, creo que no me puedo quejar. La pena que sólo podamos disfrutar del piso hasta finales de agosto. Hasta entonces, le sacaremos todo el jugo posible (sobre todo nuestro amigo Paisa, una foto fija en el salón, como bien apuntilló el buen parsero Lucas).
Pero quizá lo mejor que nos encontramos en el piso fue mi venerado juego: el Risk. Sí, a Maarten también le gusta conquistar el mundo entre caldero y caldero de white widow. Nadie del piso sabía jugar al Risk hace un par de semanas, ahora están todos enganchados. Este juego te atrapa y estás perdido. Cuántas partidas nocturnas han caído ya! Y, no sé, quizá esta noche hay que volver a tirar los dados.
AUPA!
Comentario:
Al final la paxuxa no se va a Viena. Intenta seguir contando historias en el blog está genial, aunque me entra una envidia. Por cierto mira las fotitos de Isa (rosworld):
http://isinhaspain.spaces.live.com/photos/?&_c02_owner=1
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