<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1" ?><rss version="2.0" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"><channel><title><![CDATA[Cuaderno de viaje en Amsterdam]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/chinoenamsterdam/rss20.xml]]></link><description><![CDATA[Apuntes sobre la vida de un pacense en Amsterdam]]></description><language><![CDATA[ES]]></language><generator><![CDATA[http://www.ya.com]]></generator><item><title><![CDATA[Cuaderno de viaje en Italia]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/chinoenamsterdam/c_38.htm]]></link><description><![CDATA[<br/>Por fin me decidì a retomar un nuevo blog. Me ha costado meses decidirme, llegando a pensar en serio en dejar esto para siempre, pero al final no me he podido resistirme.<br/><br/>La direcciòn: blogs.ya.com/menevadeandose<br/><br/>Todo el mundo està invitado a compartir mis historias en el Belpaese.<br/><br/>Ci vediamo!]]></description><author><![CDATA[chinoholandes]]></author></item><item><title><![CDATA[De Amsterdam a Siena (y tiro porque me toca)]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/chinoenamsterdam/c_37.htm]]></link><description><![CDATA[<br/>Hacia muchisimo tiempo que no pasaba por aqui. La razon ha sido muy sencilla: la mayoria de todo este tiempo lo he pasado en Badajoz y no he creado este blog para hablar de mi querida ciudad natal. Podria haber hablado del reencuentro con mis progenitores, de las comidas y salidas nocturnas con los viejos (y no tan viejos) amigos, de Damiana y Josefina, del danho que hacen las malditas herencias a los miembros de una misma familia, de la I Croquetada Oficial celebrada en Badajoz (con una dispustada victoria por puntos cosechada por nuestra querida ex-QH), de accidentes de trafico y extranhos reencuentros en Nochevieja, de los intentos desesperados de mi madre por volver a retenerme en casa... Pero, como ya he dicho, el objeto de este blog no es hablar de Badajoz, sino de Holanda y, especialmente, de Amsterdam.<br/><br/>Y, por esa misma razon, este es mi ultimo post de este blog. Mi etapa en Holanda ha llegado a su fin. Hace ya casi una semana que dije adios a Amsterdam para afrontar un nuevo reto: sobrevivir en la Toscana italiana. Por ahora, estamos sobreviviendo gracias a la ayuda de uno de esos amigos de toda la vida (y los amigos de mi amigo), pero esto no ha hecho mas que comenzar. El primer campamento base lo he situado en la medieval y universitaria ciudad de Siena. No se cuanto tiempo me quedare por aqui (por ahora estoy muy a gusto), pero Bologna no se me va de la cabeza. El tiempo dictara sentencia.<br/><br/>Es curioso que yo y mi querido companhero de viaje, con el que he compartido tantas experiencias en los ultimos meses, digamos adios a nuestros blogs casi al mismo tiempo. Logicamente, mi trabajo aqui no se puede comparar con el suyo, con mas de 2 anhos escribiendo de forma constante, ni mis razones son tan transcendentales como la suya. Pero es, sin lugar a dudas, una casualidad a tener en cuenta. Espero que siga disfrutando de su recien estrenada (y algo aburrida a mi parecer) madurez, de la convivencia con mi ex-casero-cartero-guitarrista-cojo-deSurinam-gay?, de la amistad con Doctor J, la familia Pilones y sus companheros de Booking y de la inigualable ciudad de Amsterdam.<br/><br/>Lo que aun no se si este post es un punto y aparte o un punto y final. Habra cuaderno de viaje en Italia? Con el paso de los dias lo decidire, aunque supongo que no podre resistir el extranho placer de compartir mis pequenhas experiencias italianas (y, de paso, tener una via de escape cuando algun amigo se queje de que nunca escribo mails o me conecto al messenger para contar como me va la vida).<br/><br/>Pero, sin duda, si seguire haciendo fotos y seguire colgandolas en mi humilde fotoblog. Esto responde mas a una necesidad que a un placer.<br/><br/>Seguiremos en contacto.<br/><br/>CI VEDIAMO!!!!]]></description><author><![CDATA[chinoholandes]]></author></item><item><title><![CDATA[Vuelta a casa por Navidad]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/chinoenamsterdam/c_36.htm]]></link><description><![CDATA[<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/chinoenamsterdam/files/muntoren_BN.gif" alt="" border="0" width="375" height="500"/><br/><br/><br/>Llega la navidad y, con ella, mi vuelta a casa. Llevo más de medio año sin pisar la tierra patria, sin ver a mis amigos de toda la vida, sin besar a mi abuela... Tengo muchas ganas.<br/><br/>Pero es una alegría a medias porque llega mi hora de decir adiós a mi vida en Amsterdam. Bueno, en realidad es un hasta luego, porque en enero volveré durante 10 días para finalizar mi curso de fotografía. Pero cuando vuelva en el 2007 me tendré que acoplar a la casa de algún amigo. Ya no estaré viviendo "oficialmente" en Amsterdam, sino de paso antes de marcharme a Italia (¿Bolonia, Milán o Siena?).<br/><br/>Al menos ahora me puedo ahorrar las sentidas despedidas, conformándome con un feliz navidad y hasta pronto. Así es mucho más fácil.<br/><br/><br/><br/>AAAUUUUUUUHHHHH!!! (el aullido de un lobo)<br/><br/><br/>PD. En Holanda Papá Noel se llama San Nicolás y viene de España.]]></description><author><![CDATA[chinoholandes]]></author></item><item><title><![CDATA[Cae la noche]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/chinoenamsterdam/c_35.htm]]></link><description><![CDATA[<br/><img src="http://blogs.ya.com/chinoenamsterdam/files/DSC02463.gif" alt="" border="0" width="338" height="450"/><br/><br/><br/>Amsterdam duerme profundamente de noche. Sus calles están tan desiertas que parecen muertas. El escenario de una obra de teatro antes de estrenarse. La conversación más discreta pierde toda su intimidad y una mujer con tacones es un avión aterrizando en el aeropuerto.<br/><br/>De noche es cuando por primera vez escuchas a tu bici. Por fin, su casi inapreciable voz se hace nítida. Se siente segura en las dormidas calles de Amsterdam, y te cuenta de un tirón todos sus secretos (y dolores). De noche un ciclista se encuentra más cómodo en su bicicleta.<br/><br/>Los árboles, negros, agrietando el cielo, entristecen las calles. El reflejo de las farolas, amarillento y trémulo, es amansado por los canales. Empieza a llover. Las ligeras gotas de lluvia agujerean el cristal oscuro de los canales, que nunca llegará a romperse. El reflejo de las farolas, cobarde o avaricioso, se vuelve más intenso en las aceras adoquinadas de las calles. La lluvia pinta de amarillo Amsterdam.<br/><br/>Las gotas de lluvia se incrusta en la cara de los ciclistas. Sus lígeras gotas se acumulan en el pelo, preparándose para un ataque a gran escala. Algunas gotas buscan los ojos, como si fueran lágrimas frustradas, y nublan la vista del ciclista. Muchos holandeses se ponen una gorra cuando el cielo amenaza con lluvía. No les gusta llorar sin razón.<br/><br/><br/><br/>PD. Mi generación tenía el mejor disco de su grupo favorito en cinta, luego tuvo un directo con sus mejores canciones en un doble cd y ahora tiene su discografía completa en mp3.<br/>]]></description><author><![CDATA[chinoholandes]]></author></item><item><title><![CDATA[¿Se podría haber evitado la II Guerra Mundial?]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/chinoenamsterdam/c_34.htm]]></link><description><![CDATA[<br/>Según uno de los autores que participan en "El Jueves", sí. Esta es su teoría (resumida):<br/><br/>-Si la mariahuana fuera legal en Europa no se hubiera declarado la II Guerra Mundial.<br/>-¿Por qué?<br/>-Después de fumarse un canuto... ¿A quién le quedan ganas de invadir Polonia?<br/><br/><br/>AUPA!]]></description><author><![CDATA[chinoholandes]]></author></item><item><title><![CDATA[Misterios de Holanda]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/chinoenamsterdam/c_33.htm]]></link><description><![CDATA[<br/><img src="http://blogs.ya.com/chinoenamsterdam/files/DSC03339_copia.gif" alt="" border="0" width="338" height="450"/><br/><br/>Faltan 15 días para mi vuelta a España. A pesar de intentar no pensarlo demasiado, y de tener ganas de volver a Badajoz, tengo una sensación extraña revolviéndome por dentro. No sé, voy a echar de menos esta ciudad. Quizá por eso ayer me volví andando a casa desde el centro, por primera vez desde que vivo en Amsterdam (o quizá porque ahora me cuesta mucho montarme en la bici por un incurable problema que tengo en mi casi traslucidas posaderas).<br/><br/>Ayer me dio por revolver el montón de papeles de diferentes procedencias que tengo guardados en un cajón. Entre ellos me encontré con un artículo que escribió A. Jiménez Barca a principios de agosto en "El País". Se llama "Misterios de Holanda" en el que realiza una crónica social de la vida en Amsterdam. Me parece que dice muchas verdades. Aquí voy a transcribir algunas líneas, para compartir su visión de Amsterdam para todo el que tenga ganas, y tiempo, de leerlo:<br/><br/>Hay tres cosas que sorprenden de Holanda: que los frenos de la mayoría de las bicicletas se activan pedaleando para atrás, que el hachís que se expende en los coffeeshops viene de ninguna parte y que hay barrios en que los homosexuales no pueden ir de la mano. <br/>(...)La falta del sol en los inviernos demasiado largos y en las primaveras sin primavera del norte de Europa le convencieron de que se había equivocado.<br/>(...) Ronald prefiere evitar que su relación con su novio y su condición de homosexual no sean muy explícitas a los ojos de los vecinos. El hecho implica un enorme paso atrás en Holanda, el país de la tolerancia, de la libertad sexual y el “vive y deja vivir”. “Es que en nuestro barrio hay muchos musulmanes marroquíes y, si nos ven, pueden insultarnos o pegarnos, y Ronald no quiere problemas”, explica Cristian.<br/>(...) Algo fallaba en el encaje hasta entonces aparentemente estable del millón largo de musulmanes que habitan en una Holanda de 16 millones de personas.<br/>(...) Por su parte, a Cristian, como a todos los inmigrantes en la actualidad, se le obligó a apuntarse a un curso de lengua y civilización holandesa para conseguir la nacionalidad. En eso está. “Aprendemos el holandés con preguntas y ejercicios que tratan de las costumbres de aquí. Por ejemplo: ¿qué comen los holandeses? ¿A qué horas? ¿Dónde debemos aparcar la bicicleta? ¿Qué día es el cumpleaños de la reina Beatriz? También nos ponen vídeos para explicarnos cómo se vive en Holanda: un playa con mujeres en top-less.<br/>(...) Es necesario que respeten a las mujeres. Y a los homosexuales. En una palabra: que respeten esta sociedad. Si no, lo que tienen que hacer es marcharse”.<br/>(...) “¿Sabe que hay un gran porcentaje de esos inmigrantes que no saben leer?”, dice, antes de perderse, seguido de un paso por los dos guardaespaldas.<br/>(...) “Durante el pasado, los holandeses nos hemos agrupado por religión o tendencias: católicos, protestantes, comunistas... Cada parte de la sociedad constituía un pilar diferente. Y todos se toleraban unos a otros. Pero ojo: la base de la tolerancia estaba en la indiferencia. Y en que, a la hora de las inundaciones, todos tenían que unirse para aguantar el dique. Holanda es un país ganado al mar.<br/>(...) A partir de finales de los sesenta, esto se destruye. Ya no hay lucha contra el mar codo con codo, porque hay un sistema de diques más fiable.<br/>(...) La sociedad sigue siendo tolerante, con una tolerancia extrema que se basa, en el fondo, en una gran autodisciplina. Hay leyes ocultas.<br/>(...) Esta mezcla de disciplina y tolerancia, de anarquía controlada, propia de una civilización muy compleja, muy liberal, muy permisiva, pero con muchas normas y leyes no escritas.<br/>(...) Casi en la confluencia del canal Keizer con el Regulier, una familia descansa y toma el sol en la cubierta de su barco. Es una pinaza ancha de casi treinta metros, negra, roja y elegante. Él se llama Marcel, tiene 45 años y regenta un bar en una esquina cercana; ella, Anita, tiene 40 años y trabaja en una oficina; Nick, tiene 3. El barco es su casa.<br/>(...) Queríamos viajar, estar cada mes en una parte, pero al final, y señala al niño, aquí nos hemos quedado, aquí tenemos el agua, la luz, el buzón de correos y la guardería de Nick”, explica Anita.<br/>(...) -¿Conoce la Madurodam?<br/>-No.<br/>-Es una inmensa ciudad en miniatura que hay en La Haya y que gusta mucho a los niños: reproducciones a escala de casas, calles, (...) Eso éramos antes del asesinato de Theo van Gogh: como un país de Madurodam, de juguete, precioso, de mentira.<br/>(...) El sol casi se ha puesto. El reflejo de la luz de las farolas destella en el agua mansa y oscura de los canales, en los perfiles de los puentes. La ciudad –una ciudad de verdad- ha ganado con las horas belleza y silencio.<br/>(...) “¿Sabe?”, dice Marcel, “Nick, el niño, se asombra cuando vamos a visitar a amigos y ve que viven en casas”.<br/><br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/chinoenamsterdam/files/DSC05768_copia.gif" alt="" border="0" width="450" height="338"/><br/><br/><br/>PD. La foto pertenece a un atardecer que sucedió ayer. Es una pena porque, una vez más, la foto no hace méritos a la realidad. Nunca había visto un atardecer igual.<br/>PD2. Gracias a tener todo el tiempo libre del mundo, he podido dirigir a la expedición Ros-Glotas en su visita a Amsterdam. No pudimos ir a Utrecht, pero pudimos perdernos por Thailandia sin movernos de mi cuarto. Como siempre, muchas sensaciones, pero un poquito de paranoia. Cómo me gusta ahora fumar cigarrillos en mi cuarto. Al final no les voy a enviar ninguna postal, pero intentaré volver a Badajoz con el amigo Mario.<br/>PD3. Hoy cenado con los padres de mi querido paisano. Hemos acabado comiendo en un restaurante argentino que era una réplica exacta del mío. El turismo nos trata a todos como borregos. La carta era idéntica, excepto por la tipografía. Espero no haberle hecho gasto a mi antiguo jefe.<br/>PD4. La semana que viene empiezo mi incursión a un nuevo terreno laboral: el industrial. A pesar de haber opositado a cartero sin éxito, y eso que iba con enchufe, me tendré que dedicar al clásico arte de carga y descarga de camiones. Será duro, pero mi cuerpo necesita esforzarse un poco. ¿Cuándo fue la última vez que corrí?]]></description><author><![CDATA[chinoholandes]]></author></item><item><title><![CDATA[Cuarto de siglo]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/chinoenamsterdam/c_32.htm]]></link><description><![CDATA[<br/><img src="http://blogs.ya.com/chinoenamsterdam/files/hotel.gif" alt="" border="0" width="450" height="338"/><br/><br/><br/>Hace una semana cumplí 25 años. Como no quiero darle ninguna transcendencia a llevar un cuarto de siglo a mis espaldas, voy a hablar de otras personas.<br/><br/>El otro día me encontré en mi barrio con un gaditano que trabaja en el restaurante al que siempre iba a coger el hielo (por supuesto, también pertenece al dueño del mío). Resulta que vive en la calle paralela a la mía, y compartimos el mismo patio interior. Amsterdam a fin de cuentas es un pueblo. Este gaditano se vino desde Cádiz en bici hasta Amsterdam, pasándose antes por Alemania para ver en directo como Francia eliminaba a España del Mundial. Ayer ibamos andando a su casa, cuando se encontró en su propia calle la bici que le habían robado hace una semana. La reconoció por la correa verde chillón a la que llevó atado durante más de un mes su tienda de campaña. Era su bici, pero con un par de diferencias: tenía arreglada la luz y le habían cambiado la rueda trasera. Como estaba candada sólo a la rueda, la cogimos a pulso y la llevabamos hasta mi casa, donde el tío de mi casero, que está montando un cuarto de baño y una cocina en el cuarto del ático, rompió el candado en un abrir y cerrar de ojos con sus herramientas. El gaditano recuperó la bici que le habían robado casi en la puerta de su casa. Amsterdam a fin de cuentas es un pueblo.<br/><br/>El otro día Chantal, la chica holandesa que trabajaba conmigo por las mañanas en el restaurante, se puso parches de nicotina. Ese día decidió dejar de fumar. Pero a las pocas horas de ponerse los parches de nicotina se los tuvo que quitar porque le hacía sentir “dizzy”. Para compensar su debilidad física (o mental), decidió que iba a volver a practicar Thai-Boxing. Fue luchadora durante un año y medio, hasta que tuvo que dejarlo por falta de tiempo. Desde entonces ha engordado 5 kilos. Y mientras me comentaba sus planes se estaba comiendo un deliciosamente cargado de calorías pastel de chocolate. Y, de postre, un cigarrito por lo bien que lo había hecho. Al día de hoy, fuma más cigarros y no se ha pasado por el gimnasio.<br/><br/>El otro día vi como una chica timbraba la bici para no atropellar a unas palomas.<br/><br/>El otro día Marie, una francesa que va conmigo al curso de fotografía, discutió con su novio. El culpable de la discusión fue el móvil de ella, que se paso un día entero en la guantera del coche de su madre. El novio la estuvo llamando todo el día. Su novio no se cree lo de la guantera, porque ella siempre lleva el móvil encima, y busca desesperádamente saber qué estuvo haciendo esa tarde. El novio de Marie es extremadamente celoso. Marie se preguntaba si debía estar con una persona que no confiaba en ella. Pero al final sigue con él, aún sabiendo que esta situación va a volver a repetirse.<br/><br/>El otro día, lunes por la mañana, con la resaca del fin de semana, el cansancio y el agotamiento mental de toda una semana de trabajo por delante, Hazam, el manager de mi restaurante, le “roba” unas clientes al restaurante de al lado. Es la chispa mínima, pero efectiva, para que los dos managers, que minutos antes habían estado tomando un café juntos, se enzarcen en una pequeña pelea. Los empujones no pasan a los puños y los cabezazos no pasan de arriesgados amagos. Instantáneamente ambos desenfundan sus móviles para ser el primero en contarle su versión de los hechos al jefe. Lo dos mismos managers trabajan para el mismo jefe.<br/><br/>El otro día Horacio, como solía hacer cada 2 o 3 días a la semana, me comentó que estaba hasta las narices de trabajar en el restaurante. También me comentó que estuvo en una entrevista de trabajo en otro restaurante que le pagaban 13 euros por hora, casi el doble de lo que gana ahora. Todo parecía hecho, pero, tras entregarle los papeles necesarios para cerrar el contrato, el jefe del restaurante encontró un detalle que rompía el acuerdo: Horacio tiene 53 años. La fecha de nacimiento de su pasaporte no mentía, a diferencia de su energía y la vitalidad de su cara, que le quitan 10 años. Horacio tendrá que seguir buscando, pero para las próximas ocasiones, como él mismo comentó, irá con el pasaporte abierto y pegado en la frente. Ese mismo día Horacio acabó explotando tras una estúpida discusión con Chantal acerca de la mantequilla. Se marchó asegurando que ya no volvería más, a pesar de mis súplicas para que no lo hiciera (es la única persona cuerda de todo el restaurante). Horacio volvió 2 días después. Se la había atragantado el orgullo con las facturas y un hijo de 14 años.<br/><br/>Dije que no iba a hablar de mí, pero tengo que apuntar un pequeño dato: yo no tengo un hijo de 14 años y mis facturas son mínimas, así que no pienso volver al restaurante. El otro día me echaron, o me fui, no sé muy bien como definirlo, y ahora estoy en el paro. Pero no me preocupa: si algo sobra en Amsterdam es trabajo.<br/><br/>Aupa!<br/><br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/chinoenamsterdam/files/iamamsterdam.gif" alt="" border="0" width="450" height="301"/><br/><br/><br/>PD. Mañana recibo una inmejorable visita: cuatro intengrantes de la familia Ros-Glotas, a la que pertenecí hasta no hace mucho. Será divertido.<br/><br/>PD2. El amor es como las setas: te hace sentir la vida (pero si te da un mal viaje estás jodido).<br/>]]></description><author><![CDATA[chinoholandes]]></author></item><item><title><![CDATA[S]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/chinoenamsterdam/c_31.htm]]></link><description><![CDATA[<br/><img src="http://blogs.ya.com/chinoenamsterdam/files/DSC04270.gif" alt="" border="0" width="338" height="450"/><br/><br/>Ahora se supone que tendría que estar viendo “Agua” en el cine “Rialto”, donde hoy ha empezado un festival de cine argentino. Para variar, fui con la hora al cuello, y cuando llegué ya no quedaban entradas. Problema solucionado: ya he comprado una entrada para “El Custodio”, otra película que echan mañana. En la vuelta a casa no ha parado de llover, a pesar de que una brasileña se ha comido un coche y se ha partido el labio.<br/><br/>...<br/><br/>El otro día fracasé por primera vez en una cita. Esto suena muy arrogante, pero es que puedo contar con los dedos de la mano las citas -en el sentido estricto de la palabra- en las que he estado, y aún son menos en las que he acabado dejando claro el objetivo de la misma. Soy una persona solitaria, cobarde e insegura, y casi siempre he preferido dejar que las situaciones surgieran por sí solas. Pero en esta ocasión no fue así, ya sea por seguridad en mí mismo o por no poder soportar más la incertidumbre, y fracasé estrepitosamente.<br/><br/>Pero para entender un hecho siempre hay que sumergirse en sus antecedentes y las causas directas que lo provocaron. Sin contexto, los acontecimientos carecen de lógica y sentido. Todo empezó hace casi un mes, cuando S, una italiana de Torino, empezó a trabajar en el restaurante argentino. Desde el primer momento conectamos, incluso antes de presentarnos y saber cómo nos llamábamos cada uno. S habla español casi perfectamente, ha vivido durante 4 meses en Valencia, lo cual nos acercaba más y nos aislaba del resto de compañeros. El español nos servía para decirnos las cosas que no tenían por qué escuchar el resto.<br/><br/>Tras una semana trabajando 8 horas diarias juntos, a mí me cambiaron al turno de mañana (en el que todavía sigo y tan contento porque es como si trabajara en un restaurante completamente distinto. Eso sí, me tengo que levantar todos los días a las 7 de la mañana). De repente ya no nos veíamos, pero un cd de “Ojos de Brujo”, que se lo grabé por iniciativa mía, fue la excusa perfecta para quedar fuera del trabajo, por iniciativa suya. Aquella noche de risas y divertidas conversaciones que surgían sin ningún tipo de esfuerzo me dejó tonto. Y de repente el colchón de mi cuarto, sin somier y tirado sobre el suelo, dejó de ser suficientemente cómodo para poder dormir tranquilo.<br/><br/>Los días pasaban y no había forma de volver a quedar con ella. Siempre había alguna razón, o excusa, para que S rechazara mis insistentes propuestas,o excusas, para volver a estar juntos. A pesar de sus innumerables negativas, y de algún mensaje mío enturbiado por un par de copas de más –por lo cual ya perdí una vez una mujer que me importaba de verdad-, S seguía alimentado mis esperanzas con las cariñosas palabras que me escribía. Nos “sentiamos” casi a diario y sus mensajes no daban lugar a segundas interpretaciones -y todavía me pregunto cómo no se daba cuenta de las consecuencias que sus palabras podían provocar-.<br/><br/>Y por fin, con el fin de semana de resaca, quedamos para tomarnos unas cervezas. Yo elegí el lugar de encuentro: “Vaaghuizen”, un bar que me encanta y, que sin parecerse en nada, me recuerda mucho a “Country”, uno de mis sitios preferidos de Salamanca. Como era habitual entre nosotros, disfrutábamos uno del otro. Me tiré a la piscina sin miedo, seguro de poder sumergirme en el agua cristalina de una de sus miradas. Pero me rompí los piños con el bordillo, y eso que no me había resbalado antes de dar el salto.<br/><br/>Me estuve riendo nerviosamente durante un cuarto de hora. Pero, y tras permitirle a S ir a por otra ronda, todo volvió a la normalidad. El encuentro, a partir de este momento paso de llamarlo cita, se alargó casi 2 horas más como si nada hubiera pasado. Yo le expliqué  de forma práctica porque un portero de balonmano lleva “huevera”, y ella me dejó bien claro porque la uña de un dedo gordo de la mano derecha puede ser un arma de defensa personal. Y yo me fui a casa tranquilo, como si en vez de perder una batalla, hubiera ganado una guerra.<br/><br/>La incertidumbre era la que me quitaba el sueño. Hoy volví a ver a S en el cambio de turno y ya hemos quedado para ir a ver “Amores Perros” al cine “The Movies”, donde la vuelven a echar en pantalla grande por el estreno de su nueva película, “Babel” (que, por cierto, fui a ver el otro día. Me gustó, a pesar de no entender nada de dos tramas por ser en versión original y subtituladas en holandés. ¿Qué le dice el policía al padre de la chica japonesa que se pasa el día sin bragas debajo de la minifalda?).  Ya sé lo que hay entre nosotros, y puedo esperar a que un día me lleve una sorpresa mientras distrutamos uno del otro.<br/><br/>...<br/><br/>Acabo de salir del diminuto cuarto de mi casa reservado única y exclusivamente para el retrete. Es un detalle muy holandés y, para mi humilde opinión, una gran idea por evidentes razones que no vienen al caso explicar. Y, como casi siempre, compartí muy breve estancia en el cuarto-retrete con los sollozos de una mujer que vive en el piso de arriba. Si no son sus gemidos, lo más habitual es escuchar los gritos dictatoriales de un hombre. Rara vez comparto mis necesidades básicas con el silencio al que antes estaba acostumbrado. Nunca me he cruzado en las escaleras con la mujer de los sollozos, ni con el hombre de los gritos; pero sí sé a quien voy a negar el saludo.<br/><br/>También podría comentar que Chantal, mi mañanera y holandesa compañera de trabajo, ha utilizado hoy parches de nicotina, pero los ha tenido que dejar porque le hacían sentir “dizzy”; que no me da ninguna lástima que a Sadam Husein le hayan acusado a pena de muerte en su propio país, pero que no lo comparto (¿Para qué se mata a las personas que han matado personas? ¿Para demostrar que no se debe matar a las personas?); que Hasan, el mañanero y egipcio manager del restaurante argentino, habla solo a causa del constante estrés que sufre diariamente en su trabajo; que en el mundo del cine siempre funciona enlazar una escena del principio de la película, a la cual el espectador no le da ninguna importancia, con una del dramático final; que estos días está expuesta una muy humilde fotografía mía en una muy humilde exposición de fotografía de arte y ecologismo en el nada humilde museo “Nemo” de Amsterdam; que quién sabe lo que hubiera pasado el sábado con Sabina, una infantil, pero atractiva mexicana, si no hubiera tenido el bloqueo mental provocado por S...<br/><br/>Aupa!<br/><br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/chinoenamsterdam/files/DSC04280.gif" alt="" border="0" width="500" height="375"/>]]></description><author><![CDATA[chinoholandes]]></author></item><item><title><![CDATA[El restaurante argentino]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/chinoenamsterdam/c_30.htm]]></link><description><![CDATA[<br/>Me he pasado toda la mañana en el cuarto. Ha sido espectacular comprobar a través de mi ventana como puede cambiar tantas veces y tanta velocidad el clima en Amsterdam. ¿Cómo hacen las nubes para moverse a tanta velocidad?<br/><br/>...<br/><br/>Llevo casi 2 meses trabajando en el restaurante argentino y apenas he escrito sobre él. Será porque paso demasiados horas metido en él, y cuando salgo mi cabeza elimina toda la información referente a él. Será un método de auto-defensa de mi organismo. Pero para alguna que otra historia ya me da que contar.<br/><br/>Podría empezar porque el domingo, después de haber trabajado ininterrumpidamente de lunes a sábado, estuvieron toda la tarde llamándome desde el curro. Llegué a acumular 25 llamadas perdidas. Pero no iba a cometer el mismo error que el sábado: coger el teléfono. Mi jefe me pidió con su habitual delicadeza que mandara a la mierda mi día libre para ir al restaurante. Le respondí educadamente que estaba en Rotterdam, y que no podía ser. “O vienes o estás despedido”. Luego no se dignó a agradecer mi presencia. Ni siquiera me dio las buenas tardes. Antes de irme le dejé claro que no iba a trabajar el domingo. Ese hombre no se merece ya ni el más mínimo de mis favores. Barajé la posibilidad de estar despedido el lunes. No fue así. Quizá hubiera sido mejor así: mi salud moral ya empieza a necesitar un respiro.<br/><br/>Pero si todavía no me he decidido a buscar otro curro es porque me siento muy cómodo en el restaurante argentino. Ya conozco todo los secretos para que no se hunda el barco y ya se de que pie cojea cada uno de mis compañeros. Hay tanto personaje junto a mi alrededor que disfruto trabajando. Un claro ejemplo es Gabriel, uno de los manager. Es italiano de padres sicilianos. Gabriel está completamente engachado a los porros. Se fuma 4 o 5 al día (sin contar los de antes de irse a la cama). Dice que es la única manera que conoce para aguantar las 14 horas que trabaja diariamente. ¿Por qué necesitará tanto dinero? Por supuesto, siempre tiene cara de estar cansado. Pero no para ni un solo segundo, excepto cuando se fuma un cigarro en 5 caladas. Dicen que baja muchas veces al servicio. También está enganchado al Sprite. Está constantemente pidiendo vasos medio llenos, a pesar de que se lo ha prohibido el médico. A veces fuma puritos. Con Gabriel siempre hay tiempo para la broma y parece de todo menos manager. <br/><br/>Geza, un húngaro de Budapest, es con la persona que tengo más relación. Geza lleva 6 años en Holanda, tras enamorarse de una holandesa. La conoció en un crucero en el que llevaba trabajando 3 años. Empezó de kitchen porter y acabó siendo jefe de 300 camareros. Geza lleva 2 meses en Amsterdam, tras romper con la holandesa. Es tan buena persona que nada ha cambiado en él desde que ha ascendido a manager. Un día nos fuimos de copas en un intenso mano a mano. <br/><br/>En el restaurante argentino también trabajan: Abbas, un manager pakistaní, que es demasiado buena persona para este trabajo, que se despide de ti juntando las manos e inclinándose ligeramente y que tiene interiorizado todo lo bueno de la cultura árabe; “El Chef”, el jefe de la cocina, que me llama “son” y que un día me dibujó en una servilleta donde estaba situado su país, Kurdistán, y lo situó en el norte de Irak; Horacio, el único argentino que trabaja en el restaurante, que trabaja de pinche de cocina, que tiene a su cuidado un hijo de 12 años, que siempre se está quejando y amenazando con buscarse otro trabajo y que es muy argentino; Marteen, jamaicano de 40 años, con el que no me gustaría tener que pegarme y que siempre está diciendo “You shout also”; Sebas, holandés de padres africanos, que trabaja todos los días con una sonrisa de oreja a oreja y que toda chica que le gusta acaba siempre siendo despedida...<br/><br/>También podría contar de que el otro día pillé a una camarera robando de las propinas, que mi jefe es un ex-soldado israelí que se cree que todavía está en los Altos del Golán luchando contra los árabes y que los camareros somos su ejercito, que este mismo personaje nunca se cambia de ropa, que tiene casi todos los restaurantes y hoteles de la calle, que como no acumula suficiente dinero nos quita las propinas cuando la caja no cuadra, que los managers de sus propios restaurantes se roban los clientes entre ellos por temor a no hacer una buena caja y recibir su severa bronca, que una italiana que ha empezado a trabajar hace un par de semanas me tiene muy tonto y me está produciendo trastornos en el sueño (hacía tanto tiempo que no sufría esa desagradable sensación)... Pero, bueno, estás son otras historias que ya contaré otro día.<br/><br/>...<br/><br/>Ayer estuve por la tarde con Sara Rizos. Fue un encuentro de apenas unas horas, debido a unos terribles problemas de incomunicación en los días previos. Me quedé con la sensación de que había sido un encuentro a medios, como si mi dosis de poperismo no hubiera sido la suficiente. Pero me alegro de haberme sentido tan agusto hablando de problemas de estreñimiento, de repasar brevemente la vida de amigos comunes, de contarnos anécdotas, de recorrernos decenas de coffee-shops para atender a las exigentes demandas de sus amigos... Y es que el tiempo pasa, pero lo más valioso siempre se mantiene intacto.<br/><br/>Aupa!<br/>]]></description><author><![CDATA[chinoholandes]]></author></item><item><title><![CDATA[Alfonso y Carmen]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/chinoenamsterdam/c_29.htm]]></link><description><![CDATA[<br/>Alfonso era un depredador nocturno, un don Juan de barra de bar, un romántico mentiroso, un amante de usar y tirar. Alfonso era un conquistador: entendía perfectamente la mirada de una mujer y siempre sabía cuando sonreír. Mil y una mujeres habían compartido con él almohada y placer. Alfonso siempre hacía la cama antes de salir de casa, y dejaba su corazón guardado en algún cajón para que no se lo robaran. <br/><br/>Alfonso nunca se enamoró, pero una noche conoció a Carmen.<br/><br/>Carmen era una mujer que sentía con pasión. Carmen se había enamorado mil y una veces, y siempre de verdad. Todos sus besos eran con lengua. A Carmen le gustaba el baile flamenco, las telenovelas, el color rojo. Carmen tenía la piel cálida y los ojos negros. Carmen muchas veces lloró; la mayoría, sin razón.<br/><br/>Cuando Carmen lo miró en aquel bar, Alfonso no fue capaz de aceptar la invitación a ser atrevido.<br/><br/>Compartieron toda la noche la mirada. Era un intercambio eléctrico, un tren de alta velocidad que circulaba de un lado a otro de la barra con puntualidad. Alfonso no podía apartar los ojos de Carmen, que le habían atrapado con el anzuelo de sus pestañas. No fue hasta que encendieron las luces del bar, cuando Carmen se acercó a él y le besó. Fue un beso con lengua.<br/><br/>Aquel beso le robó el aliento, y Alfonso no habló en toda la noche. A Carmen no le importó, ella no necesitaba hablar. Dejaron que la vista, el olfato, el oído y el tacto lo dijeran todo entre ellos.<br/><br/>Esa noche se amaron seis o siete veces.<br/><br/>A la mañana siguiente Alfonso se levantó con el otro lado de la cama frío. Revolvió las sábanas, miró debajo de la cama, vació las entrañas del colchón, pero nada más que el vacío encontró.<br/><br/>Carmen había desaparecido y se había llevado consigo su corazón guardado en algún cajón.<br/><br/>Aquella noche, entre todas las cosas que Alfonso perdió, una fue el apetito. No le importaba, prefería morir de hambre antes que de amor. En su torso famélico, entre la telaraña de huesos que deprimían su piel, tenía un bulto en el pecho. Era el hueco vacío donde antes tenía el corazón, que se había hinchado de tanto dolor. <br/><br/>A las pocas semanas, Alfonso murió. El médico le diagnosticó un ataque cardiovascular, sorprendido al no encontrar su corazón. Pero nadie supo jamás que Alfonso había muerto por la más peligrosa de las enfermedades que existe: el mal de amor.<br/><br/>Carmen fue a su entierro y lloró.<br/>]]></description><author><![CDATA[chinoholandes]]></author></item></channel></rss>
