Estigia (FIn) (Como me gusta haceros esperar :D)
Se quedó allí quieto y por un instante pudo contemplar lo que había hecho, se quedó extasiado sentado en el suelo y, de golpe, un mareo le aturdió de nuevo, debía ser el efecto, aun, de la droga que ella le había suministrado en la comida. Y calló del golpe dormido en el suelo.
Se despertó al cabo de unas horas, no sabría decir cuantas, el echo es que todo seguía tal y como lo dejó, por desgracia. El cuerpo de Victoria seguía allí tirado, inerte, muerto, y todo el suelo lleno de sangre. Él estaba desnudo tirado en el suelo al lado de un cadáver, el miedo se apoderó de él, se dirigió de manera desesperada al baño en donde se duchó para intentar limpiar su cuerpo, luego anduvo por la casa y no le costó demasiado encontrar su ropa. Se la puso y siguió buscando, encontró algo de dinero, no sabia si era suyo o de ella pero lo cogió y salió por la puerta.
A fuera era de noche, debía ser bastante tarde, bien entrada la madrugada, por que se respiraba en el aire una inquietante tranquilidad. Caminó por las calles sin rumbo pero huyendo inconscientemente de la ciudad. Estaba a las afueras y caminaba hacia mas lejos todavía, sentía que se debía dirigir hacia algún sitio, fuese el que fuese, pero lejano. Anduvo toda la noche hasta el alba, y siguió caminando bien entrada la mañana, caminó durante horas y horas aun que supuso que había estado dando vueltas en algún momento.
Perdida la noción del tiempo, perdida la noción de todo, llegó a un paraje que le resultaba familiar, una pequeña carretera secundaria pero bien asfaltada, de arcenes verdes con plantas bien cuidadas y regadas, parecía una zona residencial y poco a poco se acordó de que, efectivamente, lo era, pero situada en una pequeña aldea a unos cuantos Km de la ciudad. Se acordó de todo esto por que un amigo suyo vivía allí, había ido hasta aquel sitio en coche y recordaba que le había parecido muy lejos, y ahora que estaba allí a pié le parecía que no estaba lo suficientemente alejado.
De todas formas recorrió el camino tal y como lo recordaba y llegó a la inequívoca verja verde que cerraba la finca de Darío.
Darío era un tipo peculiar, un buen amigo, una persona abierta e inteligente que sabría entender a Alex y que le ayudaría. Alexander llamó al portero y una voz preguntó quien era, afortunadamente llevaba su traje de trabajo puesto lo que le hacia tener un aspecto, mas o menos, decente. Preguntó por Darío y mandó decir que su amigo Alex quería verle. Al poco se abrió la puerta y entró.
La casa estaba separada de la entrada por una pequeña pista asfaltada que llevaba a los garajes y por una cancha de tenis. La casa era enorme y se extendía por la finca en una sola planta a ras de suelo. “Hay que pensar en cuando nos hagamos mayores” Solía decir Darío, aun que la verdad es que le había parecido una exageración poner un ascensor para un primer piso y no estaba para nada dispuesto a subir escaleras.
Alex caminó por la pista bordeando la pista de tenis y se acercó a la casa de donde salió un hombre de mediana edad elegantemente vestido que le invitó a que lo siguiera. Así lo hizo y fueron a parar a la parte de atrás, a la piscina, en donde Darío estaba sentado en una tumbona tomando el sol del ya casi medio día. Al verlos llegar se levantó y fue a darle un abrazo a su amigo, después lo agarro por los brazos y, sonriendo, le dijo “Que mala cara tienes chico”.
-Te tengo que contar una cosa
-Si hombre, puedes contarme lo que quieras. ¿Sigues trabajando en la secta esa?
-Ehhh.. ¿En lo de comercial? Sí, supongo que sí.
-Eso es un come-vidas, tío, sabes que cuando quieras puedes trabajar en mis laboratorios.
-En los de tu padre dirás.
-Bueno, ahora son míos. Pero bueno, ¿qué me querías decir?
-Vamos a dentro.
Dentro de la casa Alex le contó a su amigo lo que le había ocurrido, incluso le enseñó las marcas de las cuerdas que aun estaban en su cuerpo. Estaba extasiado así que se quedó allí a dormir, invitado a que se quedase una buena temporada para recuperarse, no debía volver al mundo así de golpe, tenía que recuperarse tanto física como emocionalmente.
Pasaron los días y una tarde Darío entro en la habitación donde Alex estaba leyendo un poco, se sentó a su lado y le dijo.
-La policía ha ido a casa de tu hermana, preguntan por ti.
-¿Cómo lo sabes?
-Me llamó ella preguntado si sabia algo de ti, le he dicho que no.
-Estarán preocupados, no sé cuanto tiempo llevo desaparecido
-Parece ser que alguien ha echado de menos a la puta, han entrado en su casa y la han encontrado muerta, desnuda en el suelo con la cabeza destrozada, restos de tu carne en sus uñas, bueno, ya sabes. Se te acusa de rapto, violación y asesinato
-...
-Se sospecha que alguien la ató a la silla y allí la torturó, hay restos tuyos de no sé qué en su vagina, así que se supone que la violaste tu mismo, luego con la pata de la silla y después la mataste.
-Pero no fue así. Tu sabes que no fue así!
-Sí, lo sé, no te preocupes, pero también sé como funcionan estas cosas, y, créeme, tienes que desaparecer como sea.
-Joder, joder... Tengo algo de dinero, bueno, tengo bastante ahorrado, no tuve demasiado tiempo a gastar nada.
-Yo te dejaré dinero si hace falta, no te preocupes, ya he pensado en ello antes de decírtelo, mañana sales.
-¿A donde?
-Lo sabrás cuando llegues.
A la mañana siguiente se montaron en un coche hacia el aeropuerto más cercano. Allí un hombre les esperaba, le entregó a Alex unos papeles con su nuevo nombre, apellidos, numero de carnet, etc, ahora era otra persona, aun que solo fuese para salir del país.
Se despidieron y Darío le dijo que seguirían en contacto, le metió un papel en el bolsillo y le dijo “léelo cuando llegues, habrá gente esperándote”. Se abrazaron y se despidieron. El avión salió con destino a un país hispanoamericano en donde le esperaba una pequeña casa de alquiler y un trabajo de jefe supervisor en uno de los laboratorios de investigación medica que Darío había heredado de su padre. Al final había acabado trabajando para él como tantas veces le había propuesto, pero esta vez fue de muy buena gana.
Al bajar del avión sacó aquel papelito de su bolsillo, lo desdobló y al leerlo le entró una gran risa que no pudo contener. Allí ponía: “Instrucciones: Conoce a una mulatita cachonda y vive con ella feliz en una casa de madera a pié de playa”
Y así lo hizo.
Fin
Se despertó al cabo de unas horas, no sabría decir cuantas, el echo es que todo seguía tal y como lo dejó, por desgracia. El cuerpo de Victoria seguía allí tirado, inerte, muerto, y todo el suelo lleno de sangre. Él estaba desnudo tirado en el suelo al lado de un cadáver, el miedo se apoderó de él, se dirigió de manera desesperada al baño en donde se duchó para intentar limpiar su cuerpo, luego anduvo por la casa y no le costó demasiado encontrar su ropa. Se la puso y siguió buscando, encontró algo de dinero, no sabia si era suyo o de ella pero lo cogió y salió por la puerta.
A fuera era de noche, debía ser bastante tarde, bien entrada la madrugada, por que se respiraba en el aire una inquietante tranquilidad. Caminó por las calles sin rumbo pero huyendo inconscientemente de la ciudad. Estaba a las afueras y caminaba hacia mas lejos todavía, sentía que se debía dirigir hacia algún sitio, fuese el que fuese, pero lejano. Anduvo toda la noche hasta el alba, y siguió caminando bien entrada la mañana, caminó durante horas y horas aun que supuso que había estado dando vueltas en algún momento.
Perdida la noción del tiempo, perdida la noción de todo, llegó a un paraje que le resultaba familiar, una pequeña carretera secundaria pero bien asfaltada, de arcenes verdes con plantas bien cuidadas y regadas, parecía una zona residencial y poco a poco se acordó de que, efectivamente, lo era, pero situada en una pequeña aldea a unos cuantos Km de la ciudad. Se acordó de todo esto por que un amigo suyo vivía allí, había ido hasta aquel sitio en coche y recordaba que le había parecido muy lejos, y ahora que estaba allí a pié le parecía que no estaba lo suficientemente alejado.
De todas formas recorrió el camino tal y como lo recordaba y llegó a la inequívoca verja verde que cerraba la finca de Darío.
Darío era un tipo peculiar, un buen amigo, una persona abierta e inteligente que sabría entender a Alex y que le ayudaría. Alexander llamó al portero y una voz preguntó quien era, afortunadamente llevaba su traje de trabajo puesto lo que le hacia tener un aspecto, mas o menos, decente. Preguntó por Darío y mandó decir que su amigo Alex quería verle. Al poco se abrió la puerta y entró.
La casa estaba separada de la entrada por una pequeña pista asfaltada que llevaba a los garajes y por una cancha de tenis. La casa era enorme y se extendía por la finca en una sola planta a ras de suelo. “Hay que pensar en cuando nos hagamos mayores” Solía decir Darío, aun que la verdad es que le había parecido una exageración poner un ascensor para un primer piso y no estaba para nada dispuesto a subir escaleras.
Alex caminó por la pista bordeando la pista de tenis y se acercó a la casa de donde salió un hombre de mediana edad elegantemente vestido que le invitó a que lo siguiera. Así lo hizo y fueron a parar a la parte de atrás, a la piscina, en donde Darío estaba sentado en una tumbona tomando el sol del ya casi medio día. Al verlos llegar se levantó y fue a darle un abrazo a su amigo, después lo agarro por los brazos y, sonriendo, le dijo “Que mala cara tienes chico”.
-Te tengo que contar una cosa
-Si hombre, puedes contarme lo que quieras. ¿Sigues trabajando en la secta esa?
-Ehhh.. ¿En lo de comercial? Sí, supongo que sí.
-Eso es un come-vidas, tío, sabes que cuando quieras puedes trabajar en mis laboratorios.
-En los de tu padre dirás.
-Bueno, ahora son míos. Pero bueno, ¿qué me querías decir?
-Vamos a dentro.
Dentro de la casa Alex le contó a su amigo lo que le había ocurrido, incluso le enseñó las marcas de las cuerdas que aun estaban en su cuerpo. Estaba extasiado así que se quedó allí a dormir, invitado a que se quedase una buena temporada para recuperarse, no debía volver al mundo así de golpe, tenía que recuperarse tanto física como emocionalmente.
Pasaron los días y una tarde Darío entro en la habitación donde Alex estaba leyendo un poco, se sentó a su lado y le dijo.
-La policía ha ido a casa de tu hermana, preguntan por ti.
-¿Cómo lo sabes?
-Me llamó ella preguntado si sabia algo de ti, le he dicho que no.
-Estarán preocupados, no sé cuanto tiempo llevo desaparecido
-Parece ser que alguien ha echado de menos a la puta, han entrado en su casa y la han encontrado muerta, desnuda en el suelo con la cabeza destrozada, restos de tu carne en sus uñas, bueno, ya sabes. Se te acusa de rapto, violación y asesinato
-...
-Se sospecha que alguien la ató a la silla y allí la torturó, hay restos tuyos de no sé qué en su vagina, así que se supone que la violaste tu mismo, luego con la pata de la silla y después la mataste.
-Pero no fue así. Tu sabes que no fue así!
-Sí, lo sé, no te preocupes, pero también sé como funcionan estas cosas, y, créeme, tienes que desaparecer como sea.
-Joder, joder... Tengo algo de dinero, bueno, tengo bastante ahorrado, no tuve demasiado tiempo a gastar nada.
-Yo te dejaré dinero si hace falta, no te preocupes, ya he pensado en ello antes de decírtelo, mañana sales.
-¿A donde?
-Lo sabrás cuando llegues.
A la mañana siguiente se montaron en un coche hacia el aeropuerto más cercano. Allí un hombre les esperaba, le entregó a Alex unos papeles con su nuevo nombre, apellidos, numero de carnet, etc, ahora era otra persona, aun que solo fuese para salir del país.
Se despidieron y Darío le dijo que seguirían en contacto, le metió un papel en el bolsillo y le dijo “léelo cuando llegues, habrá gente esperándote”. Se abrazaron y se despidieron. El avión salió con destino a un país hispanoamericano en donde le esperaba una pequeña casa de alquiler y un trabajo de jefe supervisor en uno de los laboratorios de investigación medica que Darío había heredado de su padre. Al final había acabado trabajando para él como tantas veces le había propuesto, pero esta vez fue de muy buena gana.
Al bajar del avión sacó aquel papelito de su bolsillo, lo desdobló y al leerlo le entró una gran risa que no pudo contener. Allí ponía: “Instrucciones: Conoce a una mulatita cachonda y vive con ella feliz en una casa de madera a pié de playa”
Y así lo hizo.
Fin
Estigia (Cinco)
Salió de la habitación y cerró la puerta tras de sí. Esta vez no había colocado la mordaza en la boca de Alexander pero este sabia que seria inútil gritar, ella tenia razón, la casa más cercana estaba demasiado lejos como para oír los gritos de alguien en una habitación que, por otro lado, no sabia en que parte de la casa estaba colocada.
Y se quedó allí sentado, las horas, los minutos, se hacían eternos, de vez en cuando intentaba dormir un poco aun que era difícil en aquella incomoda silla. Con el paso de las horas sus piernas y brazos se fueron entumeciendo hasta que le llegó a doler estar sentado, intentó sin éxito ponerse en pié, tenia las piernas atadas a la silla también, por lo menos no hacia demasiado frío teniendo en cuenta que estaba completamente desnudo.
En los días restantes Victoria se limitó a entrar un par de veces al día para llevarle comida que le daba ella misma como si de un niño pequeño se tratase, no se iba a arriesgar a desatarlo de la silla aun que con el tiempo que llevaba allí le hubiese sido imposible mover sus extremidades ya que el entumecimiento era cada vez mayor y más doloroso. Ella le había colocado un tubo que rodeaba su pene y desembocaba en una vacenilla para que hiciese sus necesidades, a su vez la silla tenia un hueco por debajo para que no tuviese ningún tipo de necesidad de levantarse bajo ningún pretexto. Era realmente incomodo, era como dormir en el baño sin tirar de la cadena aun que de vez en cuando ella entraba para vaciarla
La comida era a base de papillas de hortalizas trituradas, nada de carne, ni filetes, ni patatas, eran simplemente papillas de color verde que producían un extraño efecto en su cuerpo. Siempre al cabo de unos 20 minutos después de comer empezaba a sentir mareos y un extraño cansancio que le hacia caer en un profundo sueño que no podía controlar y puesto que la habitación carecía de ventanas por las que entrase la luz no podía apreciar que hora del día era, ni siquiera sabia cuantos días habían pasado, llegó un momento en el que todo su universo se reducía a aquella estancia azulada y llegó a pensar que fuera de allí no existía nada más.
Pasaron largo tiempo sin apenas hablarse. Ella entraba y le daba de comer, le vaciaba la vacenilla y se iba. Él No tenia nada que decirle, su cerebro estaba anulado en parte por el cansancio y la desidia y en parte por el efecto de las drogas que le metía en la comida. No sabia que iba a ser de su vida, no tenia noticias de lo que le pasaría, no sabia si moriría allí mismo y llegó un momento en el que no llegó a importarle demasiado acabar su vida en aquel reducido universo.
Un día ella entró por la puerta y se le quedó mirando desde el marco, tenia los ojos perdidos en el infinito, seguramente había tomado algún tipo de droga, se acercó a él con pasos cortos y sinuosos, mirándolo de arriba abajo. Llevaba un vestido negro de falda por encima de la rodilla y ajustado, tenía el pelo limpio y bien peinado y se había puesto un poco de maquillaje lo que le hizo pensar en que había salido lo cual reafirmo la idea de que venia colocada. Al llegar a su altura sus manos levantaron lentamente su falda hasta dejar entrever sus bragas que, usando sus dedos pulgares, se quitó y dejó tiradas en el suelo.
-¿Qué haces? – alcanzó a decir él
-Calla
Se sentó en sus rodillas lentamente y se rozó contra sus piernas, muy despacio. Alexandre pudo notar su humedad sobre sus piernas atadas mientras ella acercaba sus manos a su miembro que libero de la tubería que servia de contacto con la vacenilla, dejando su pene libre para que ella lo manipulase y acariciase contra sus muslos. Levantó su cara y entonces pudo comprobar como su aliento olía fuertemente a wisky.
Estaba experimentando una erección, aún en contra de su voluntad, odiaba a esa mujer, lo había secuestrado, había terminado con su vida normal, seguramente en su trabajo estarían preocupados por él, su mente se despejo y se acordó de todo aquello, la droga ya le dejaba pensar un poco mas claramente, debía ser por que había perdido sangre de su cerebro que ahora se concentraba en su entrepierna, estaba completamente erecto.
Ella estaba cada vez más húmeda, las piernas de él chorreaban de sudor, entonces Victoria se bajó la cremallera del vestido y se lo quitó por la cabeza bruscamente rasgándolo ligeramente y arrojandolo en el suelo de manera despreocupada. Estaba completamente desnuda sobre sus rodillas y él la odiaba aun que estaba cachondo después de todo pero era una situación que no quería experimentar.
Pero fue demasiado tarde, ella agarró su miembro y lo introdujo dentro de ella mientras gemía. Rodeó su cuello con sus brazos y apoyó sus piernas en las barras transversales de la silla para poder apoyarse e introducir y sacar su pene de dentro de ella. Se lo estaba follando. Él la odiaba, cada vez mas, lo estaba violando, otro abuso más, en aquel momento desearía poder soltarse y arrancarle la cabeza a aquella puta que estaba disfrutando como una cerda con aquella situación. Ahora sí pensaba claramente, todo su cuerpo estaba en tensión, estaba sudoroso y ella no paraba de saltar sobre sus rodillas, intentó hacer fuerza con las manos para soltarse pero estaba muy bien atado, todos sus movimientos solo conseguían darle más placer a ella, intentaba liberarse y a ella le gustaba verlo. Los movimientos se hacían cada vez más bruscos, la silla chirriaba y daba saltos, ella gemía cada vez mas fuerte y sus sonidos de placer le crispaban la sangre cada vez más a él, mientras tanto seguía intentando liberarse, sus músculos estaban al 150% y aun así no conseguía nada, con rabia intento dar un salto y la silla se levantó un poco, ella no lo notó por que el golpe le proporcionaba más placer aun pero él se dio cuenta de que al caer contra el suelo había hecho un ruido seco como de crujir de la madera. Dio otro salto y ella lanzó un gemido fuerte al mismo tiempo que volvía a sonar el crujido, mientras seguía haciendo fuerza sobrehumana con sus brazos para romper las ataduras, dio otro salto y ella gimió otra vez, otro salto más y otro gemido, cada vez más rápido, a cada segundo su rabia era mayor, dio otro salto, las ataduras de las manos parecieron ceder, ella estaba apunto de llegar al final de su orgasmo, otro salto, sus manos casi podían liberarse, dio otro salto, soltó un grito y la silla rompió, con fuerza y fiereza sus manos agarraron por ambos lados la cabeza de ella y la tiró al suelo, él se levantó de la silla lleno de rabia contenida y se abalanzo sobre ella, solo pensaba en darle su merecido a aquella psicópata, estaba cegado, empezó a golpearle la cabeza una y otra vez, una y otra vez hasta que salió sangre, Victoria intentó defenderse, le agarró por el cuello pero logró liberarse de ella, tenia la cara ensangrentada y ya no pataleaba, Alexander echó la mano hacia atrás y encontró una de las patas de la silla, la cogió y la emprendió a palos contra ella, le golpeó todo el cuerpo mientras ella, extasiada, no lograba defenderse, la golpeó una y otra vez bruscamente, el suelo estaba encharcado de sangre y él también, sus brazos, todo su cuerpo, en un ataque final de furia introdujo la pata de la silla en su vagina casi hasta el fondo desgarrándola y, totalmente extasiado, se quedó por un instante mirándola hasta que calló sentado en el suelo. Entonces se dio cuenta de que no se movía, ni siquiera respiraba, le había destrozado la cabeza pero no había sido consciente de ello. Se le quedó mirando y se dio cuenta de que en su arrebato de venganza la había matado.
(Continuará)
Y se quedó allí sentado, las horas, los minutos, se hacían eternos, de vez en cuando intentaba dormir un poco aun que era difícil en aquella incomoda silla. Con el paso de las horas sus piernas y brazos se fueron entumeciendo hasta que le llegó a doler estar sentado, intentó sin éxito ponerse en pié, tenia las piernas atadas a la silla también, por lo menos no hacia demasiado frío teniendo en cuenta que estaba completamente desnudo.
En los días restantes Victoria se limitó a entrar un par de veces al día para llevarle comida que le daba ella misma como si de un niño pequeño se tratase, no se iba a arriesgar a desatarlo de la silla aun que con el tiempo que llevaba allí le hubiese sido imposible mover sus extremidades ya que el entumecimiento era cada vez mayor y más doloroso. Ella le había colocado un tubo que rodeaba su pene y desembocaba en una vacenilla para que hiciese sus necesidades, a su vez la silla tenia un hueco por debajo para que no tuviese ningún tipo de necesidad de levantarse bajo ningún pretexto. Era realmente incomodo, era como dormir en el baño sin tirar de la cadena aun que de vez en cuando ella entraba para vaciarla
La comida era a base de papillas de hortalizas trituradas, nada de carne, ni filetes, ni patatas, eran simplemente papillas de color verde que producían un extraño efecto en su cuerpo. Siempre al cabo de unos 20 minutos después de comer empezaba a sentir mareos y un extraño cansancio que le hacia caer en un profundo sueño que no podía controlar y puesto que la habitación carecía de ventanas por las que entrase la luz no podía apreciar que hora del día era, ni siquiera sabia cuantos días habían pasado, llegó un momento en el que todo su universo se reducía a aquella estancia azulada y llegó a pensar que fuera de allí no existía nada más.
Pasaron largo tiempo sin apenas hablarse. Ella entraba y le daba de comer, le vaciaba la vacenilla y se iba. Él No tenia nada que decirle, su cerebro estaba anulado en parte por el cansancio y la desidia y en parte por el efecto de las drogas que le metía en la comida. No sabia que iba a ser de su vida, no tenia noticias de lo que le pasaría, no sabia si moriría allí mismo y llegó un momento en el que no llegó a importarle demasiado acabar su vida en aquel reducido universo.
Un día ella entró por la puerta y se le quedó mirando desde el marco, tenia los ojos perdidos en el infinito, seguramente había tomado algún tipo de droga, se acercó a él con pasos cortos y sinuosos, mirándolo de arriba abajo. Llevaba un vestido negro de falda por encima de la rodilla y ajustado, tenía el pelo limpio y bien peinado y se había puesto un poco de maquillaje lo que le hizo pensar en que había salido lo cual reafirmo la idea de que venia colocada. Al llegar a su altura sus manos levantaron lentamente su falda hasta dejar entrever sus bragas que, usando sus dedos pulgares, se quitó y dejó tiradas en el suelo.
-¿Qué haces? – alcanzó a decir él
-Calla
Se sentó en sus rodillas lentamente y se rozó contra sus piernas, muy despacio. Alexandre pudo notar su humedad sobre sus piernas atadas mientras ella acercaba sus manos a su miembro que libero de la tubería que servia de contacto con la vacenilla, dejando su pene libre para que ella lo manipulase y acariciase contra sus muslos. Levantó su cara y entonces pudo comprobar como su aliento olía fuertemente a wisky.
Estaba experimentando una erección, aún en contra de su voluntad, odiaba a esa mujer, lo había secuestrado, había terminado con su vida normal, seguramente en su trabajo estarían preocupados por él, su mente se despejo y se acordó de todo aquello, la droga ya le dejaba pensar un poco mas claramente, debía ser por que había perdido sangre de su cerebro que ahora se concentraba en su entrepierna, estaba completamente erecto.
Ella estaba cada vez más húmeda, las piernas de él chorreaban de sudor, entonces Victoria se bajó la cremallera del vestido y se lo quitó por la cabeza bruscamente rasgándolo ligeramente y arrojandolo en el suelo de manera despreocupada. Estaba completamente desnuda sobre sus rodillas y él la odiaba aun que estaba cachondo después de todo pero era una situación que no quería experimentar.
Pero fue demasiado tarde, ella agarró su miembro y lo introdujo dentro de ella mientras gemía. Rodeó su cuello con sus brazos y apoyó sus piernas en las barras transversales de la silla para poder apoyarse e introducir y sacar su pene de dentro de ella. Se lo estaba follando. Él la odiaba, cada vez mas, lo estaba violando, otro abuso más, en aquel momento desearía poder soltarse y arrancarle la cabeza a aquella puta que estaba disfrutando como una cerda con aquella situación. Ahora sí pensaba claramente, todo su cuerpo estaba en tensión, estaba sudoroso y ella no paraba de saltar sobre sus rodillas, intentó hacer fuerza con las manos para soltarse pero estaba muy bien atado, todos sus movimientos solo conseguían darle más placer a ella, intentaba liberarse y a ella le gustaba verlo. Los movimientos se hacían cada vez más bruscos, la silla chirriaba y daba saltos, ella gemía cada vez mas fuerte y sus sonidos de placer le crispaban la sangre cada vez más a él, mientras tanto seguía intentando liberarse, sus músculos estaban al 150% y aun así no conseguía nada, con rabia intento dar un salto y la silla se levantó un poco, ella no lo notó por que el golpe le proporcionaba más placer aun pero él se dio cuenta de que al caer contra el suelo había hecho un ruido seco como de crujir de la madera. Dio otro salto y ella lanzó un gemido fuerte al mismo tiempo que volvía a sonar el crujido, mientras seguía haciendo fuerza sobrehumana con sus brazos para romper las ataduras, dio otro salto y ella gimió otra vez, otro salto más y otro gemido, cada vez más rápido, a cada segundo su rabia era mayor, dio otro salto, las ataduras de las manos parecieron ceder, ella estaba apunto de llegar al final de su orgasmo, otro salto, sus manos casi podían liberarse, dio otro salto, soltó un grito y la silla rompió, con fuerza y fiereza sus manos agarraron por ambos lados la cabeza de ella y la tiró al suelo, él se levantó de la silla lleno de rabia contenida y se abalanzo sobre ella, solo pensaba en darle su merecido a aquella psicópata, estaba cegado, empezó a golpearle la cabeza una y otra vez, una y otra vez hasta que salió sangre, Victoria intentó defenderse, le agarró por el cuello pero logró liberarse de ella, tenia la cara ensangrentada y ya no pataleaba, Alexander echó la mano hacia atrás y encontró una de las patas de la silla, la cogió y la emprendió a palos contra ella, le golpeó todo el cuerpo mientras ella, extasiada, no lograba defenderse, la golpeó una y otra vez bruscamente, el suelo estaba encharcado de sangre y él también, sus brazos, todo su cuerpo, en un ataque final de furia introdujo la pata de la silla en su vagina casi hasta el fondo desgarrándola y, totalmente extasiado, se quedó por un instante mirándola hasta que calló sentado en el suelo. Entonces se dio cuenta de que no se movía, ni siquiera respiraba, le había destrozado la cabeza pero no había sido consciente de ello. Se le quedó mirando y se dio cuenta de que en su arrebato de venganza la había matado.
(Continuará)
Estigia (Cuatro)
Abrió los ojos en una habitación con las paredes pintadas de color azul. No había muebles ni nada, solo una ventana por la que no entraba luz y una puerta cerrada.
Estaba aturdido y no sentía su cuerpo, tardó unos minutos en darse cuenta de que estaba completamente desnudo y atado a una silla de madera, el único objeto que había en la habitación.
Intentó gritar, intentó pedir auxilio, no era consciente de cómo había llegado allí, pero tenia una mordaza en su boca impidiéndole emitir nada mas fuerte que un leve gemido. Entonces la puerta se abrió y entró Victoria.
-Anda! Ya te has despertado... Siento que te veas así, chico, ¿Quieres hablar? De acuerdo, te quitaré la mordaza, pero aun que grites nadie podrá oírte, así que haz el favor de no hacer mucho ruido.
Se acercó a él y le quito el trapo que tenia dentro de la boca. Después de unos minutos de coger aire libremente se quedó mirando hacia ella.
-¿Que quieres de mí? – Logró decir al cabo de un rato.
-No te esperaba a ti, pensé que vendría otra persona.
-¿Cómo?
-¿Conoces a Jaime?
-¿Mi jefe?
-Anda, ahora es jefe – dijo ella con sorna – sabia que ese cabrón llegaría lejos.
-¿De que le conoces?
Ella salió de la habitación dejando la puerta abierta. Entonces pudo ver un pasillo enmoquetado y el marco de una puerta. Ni el color ni la decoración del pasillo tenia nada que ver con el interior de aquella habitación con las paredes pintadas de un pálido color azul en donde se encontraba él. Al cabo de un rato ella volvió con un marco entre sus manos, lo tiró con fuerza al suelo rompiendo el cristal que protegía la foto en la que aparecía su jefe, Jaime, y Victoria abrazados apasionadamente.
Se quedó atónito por un momento, hasta que logró decir.
-¿Y que coño tengo que ver yo en esto?
-Ya veremos...
(Continúa)
Estaba aturdido y no sentía su cuerpo, tardó unos minutos en darse cuenta de que estaba completamente desnudo y atado a una silla de madera, el único objeto que había en la habitación.
Intentó gritar, intentó pedir auxilio, no era consciente de cómo había llegado allí, pero tenia una mordaza en su boca impidiéndole emitir nada mas fuerte que un leve gemido. Entonces la puerta se abrió y entró Victoria.
-Anda! Ya te has despertado... Siento que te veas así, chico, ¿Quieres hablar? De acuerdo, te quitaré la mordaza, pero aun que grites nadie podrá oírte, así que haz el favor de no hacer mucho ruido.
Se acercó a él y le quito el trapo que tenia dentro de la boca. Después de unos minutos de coger aire libremente se quedó mirando hacia ella.
-¿Que quieres de mí? – Logró decir al cabo de un rato.
-No te esperaba a ti, pensé que vendría otra persona.
-¿Cómo?
-¿Conoces a Jaime?
-¿Mi jefe?
-Anda, ahora es jefe – dijo ella con sorna – sabia que ese cabrón llegaría lejos.
-¿De que le conoces?
Ella salió de la habitación dejando la puerta abierta. Entonces pudo ver un pasillo enmoquetado y el marco de una puerta. Ni el color ni la decoración del pasillo tenia nada que ver con el interior de aquella habitación con las paredes pintadas de un pálido color azul en donde se encontraba él. Al cabo de un rato ella volvió con un marco entre sus manos, lo tiró con fuerza al suelo rompiendo el cristal que protegía la foto en la que aparecía su jefe, Jaime, y Victoria abrazados apasionadamente.
Se quedó atónito por un momento, hasta que logró decir.
-¿Y que coño tengo que ver yo en esto?
-Ya veremos...
(Continúa)
Crisis creativa de "Y el cielo se tiñó de sangre..."
Mañana la cuarta parte de Estigia, a ver si por la tarde vuelvo a ser el que era.
Estigia (Tres)
Ella llegó, de allí a unos pocos minutos, con dos tazas de café mediadas y un cartón de leche y el azucar.
-¿Un poco de leche? – ofreció amablemente
-Sí, gracias. – a tales momentos él sonreía ampliamente.
-Bueno y dime, ¿como te llamas? – lanzó la pregunta con cierto aire de coquetería.
-Alexandre, me llamo Alexandre. ¿y usted? si no es mucha molestia.
-Jajaja, No me trates de usted que no soy tan vieja chiquito. Me llamo Victoria.
-Un bonito nombre, Victoria
-Gracias Alex. ¿Te puedo llamar Alex?
-Sí claro.
Llegados a este punto las sonrisas de complicidad le hacían ver que aquella mujer que tenia delante no quería aprenderse las tarifas de su empresa, tal vez ni siquiera le interesase darse de alta. Se planteó hasta que punto podría ser ético acostarse con una posible cliente, pero bueno, si es ella la que empieza el juego tampoco es culpa suya, al fin y al cabo una canita al aire de vez en cuando a nadie le viene mal.
Comenzaron a hablar de cosas intrínsecas y sin interés, se notaba que se estaban tanteando antes de lanzarse al ataque, pero a mitad de la conversación Alexandre empezó a sentirse mal. Le empezó a doler el estomago y a marearse, todo le daba vueltas, tal vez le había sentado mal el café. Victoria le dijo que no se preocupase y le invitó a sentarse en el sofá. Al recostar la cabeza todo dio muchas más vueltas y el dolor de su estomago era cada vez peor. No pasó mucho rato hasta que perdió el conocimiento.
(Continua...)
-¿Un poco de leche? – ofreció amablemente
-Sí, gracias. – a tales momentos él sonreía ampliamente.
-Bueno y dime, ¿como te llamas? – lanzó la pregunta con cierto aire de coquetería.
-Alexandre, me llamo Alexandre. ¿y usted? si no es mucha molestia.
-Jajaja, No me trates de usted que no soy tan vieja chiquito. Me llamo Victoria.
-Un bonito nombre, Victoria
-Gracias Alex. ¿Te puedo llamar Alex?
-Sí claro.
Llegados a este punto las sonrisas de complicidad le hacían ver que aquella mujer que tenia delante no quería aprenderse las tarifas de su empresa, tal vez ni siquiera le interesase darse de alta. Se planteó hasta que punto podría ser ético acostarse con una posible cliente, pero bueno, si es ella la que empieza el juego tampoco es culpa suya, al fin y al cabo una canita al aire de vez en cuando a nadie le viene mal.
Comenzaron a hablar de cosas intrínsecas y sin interés, se notaba que se estaban tanteando antes de lanzarse al ataque, pero a mitad de la conversación Alexandre empezó a sentirse mal. Le empezó a doler el estomago y a marearse, todo le daba vueltas, tal vez le había sentado mal el café. Victoria le dijo que no se preocupase y le invitó a sentarse en el sofá. Al recostar la cabeza todo dio muchas más vueltas y el dolor de su estomago era cada vez peor. No pasó mucho rato hasta que perdió el conocimiento.
(Continua...)
Estigia (Dos)
Su guerra particular consistía en venderle a gente que no conocía de nada un producto que no necesitaban, toda una estrategia.
Pasó la mañana visitando gente, quedando con otra por la tarde para intentar convencerla y así llegó el mediodía.
13:30 Paréntesis para comer.
La mañana había sido bastante floja así que después de las visitas pertinentes después de comer decidió hacer alguna otra nueva a la caza de más comisión. Fue entonces cuando llegó a aquella casa.
Le había tocado una zona cerca de las afueras, anduvo por la calle buscando una extraña dirección descolgada en su lista, caminó largo rato hasta que los edificios dieron paso a pequeñas casas individuales, sin duda estaba alejándose de la ciudad pero no le importaba. En la que parecía ser la ultima casa encontró a un hombre de mediana edad cortando el césped y le preguntó por la extraña dirección que tenia apuntada. “Tiene que seguir por ese camino de allí y a 50 metros lo encontrará, es una casa que está sola alejada de las demás” Y así fue.
La casa era relativamente moderna, de color salmón en la fachada y con un oscuro tejado de pizarra, estaba en medio de una finca de considerables dimensiones cerrada con un muro de piedra y con abetos que impedían la visión de lo que se encontraba en su interior. Se acercó al interfono y una voz femenina le contesto. “Soy relaciones publicas de Rasmad Telecom.” Y la puerta se abrió, recorrió el camino que separaba la entrada de la finca y la casa y al llegar a ella encontró la puerta entreabierta, dio unos golpes en la madera escuchó como la misma voz femenina le invitaba a pasar. La entrada estaba organizada al mas puro estilo americano, enfrente a la puerta una escalera que subía al piso de arriba, al lado un pequeño pasillo que llevaba hasta el otro extremo de la edificación y a la derecha una gran puerta de lo que se supone que sería el salón y de donde provenía la voz. Cerró la puerta a sus espaldas y se dirigió hacia allí. En medio del salón una mujer, era morena con media melena lisa suelta sobre sus hombros, su pelo negro brillaba con la luz del sol, parecía tener unos 30 y pico años aun que no seria de extrañar que tuviese más y no se le notasen. Era razonablemente guapa, mediría un metro setenta o algo así y debía pesar unos 47 kilos así a ojo. Realmente se conservaba bien.
-Buenas tardes, que casa tan bonita.
-Buenas, siéntate, no tengas miedo. – hablaba despacio y con un suave tono de voz.
-No hace falta, no le robaré demasiado tiempo.
-Por favor, insisto.
Uno de los principios de su oficina era nunca faltar al respeto de los clientes y rechazar una invitación dos veces, en algunos casos, podía parecer de mala educación.
-Bueno dígame, ¿Conoce nuestra compañía? – dijo él mientras se sentaba en uno de los sofás.
-Si claro que la conozco, de echo he mandado poner la instalación para que viniese uno de vosotros a explicarme las tarifas.
-¡Anda! Que bien, veo que está interesada.
-¿Le apetece un café? Precisamente lo iba a tomar cuando usted llegó.
-Que va, no se moleste, no quiero causarle molestias.
-No me molesta, hay café de sobra, soy muy cafetera.
Al decir esta ultima frase se levantó del sofá dedicándole una amplia sonrisa a él y hasta hubiese jurado que le guiñó un ojo. Esto se ponía interesante, nunca antes había ligado con una clienta, pero... siempre hay una primera vez para todo ¿no?
(Continuará)
Pasó la mañana visitando gente, quedando con otra por la tarde para intentar convencerla y así llegó el mediodía.
13:30 Paréntesis para comer.
La mañana había sido bastante floja así que después de las visitas pertinentes después de comer decidió hacer alguna otra nueva a la caza de más comisión. Fue entonces cuando llegó a aquella casa.
Le había tocado una zona cerca de las afueras, anduvo por la calle buscando una extraña dirección descolgada en su lista, caminó largo rato hasta que los edificios dieron paso a pequeñas casas individuales, sin duda estaba alejándose de la ciudad pero no le importaba. En la que parecía ser la ultima casa encontró a un hombre de mediana edad cortando el césped y le preguntó por la extraña dirección que tenia apuntada. “Tiene que seguir por ese camino de allí y a 50 metros lo encontrará, es una casa que está sola alejada de las demás” Y así fue.
La casa era relativamente moderna, de color salmón en la fachada y con un oscuro tejado de pizarra, estaba en medio de una finca de considerables dimensiones cerrada con un muro de piedra y con abetos que impedían la visión de lo que se encontraba en su interior. Se acercó al interfono y una voz femenina le contesto. “Soy relaciones publicas de Rasmad Telecom.” Y la puerta se abrió, recorrió el camino que separaba la entrada de la finca y la casa y al llegar a ella encontró la puerta entreabierta, dio unos golpes en la madera escuchó como la misma voz femenina le invitaba a pasar. La entrada estaba organizada al mas puro estilo americano, enfrente a la puerta una escalera que subía al piso de arriba, al lado un pequeño pasillo que llevaba hasta el otro extremo de la edificación y a la derecha una gran puerta de lo que se supone que sería el salón y de donde provenía la voz. Cerró la puerta a sus espaldas y se dirigió hacia allí. En medio del salón una mujer, era morena con media melena lisa suelta sobre sus hombros, su pelo negro brillaba con la luz del sol, parecía tener unos 30 y pico años aun que no seria de extrañar que tuviese más y no se le notasen. Era razonablemente guapa, mediría un metro setenta o algo así y debía pesar unos 47 kilos así a ojo. Realmente se conservaba bien.
-Buenas tardes, que casa tan bonita.
-Buenas, siéntate, no tengas miedo. – hablaba despacio y con un suave tono de voz.
-No hace falta, no le robaré demasiado tiempo.
-Por favor, insisto.
Uno de los principios de su oficina era nunca faltar al respeto de los clientes y rechazar una invitación dos veces, en algunos casos, podía parecer de mala educación.
-Bueno dígame, ¿Conoce nuestra compañía? – dijo él mientras se sentaba en uno de los sofás.
-Si claro que la conozco, de echo he mandado poner la instalación para que viniese uno de vosotros a explicarme las tarifas.
-¡Anda! Que bien, veo que está interesada.
-¿Le apetece un café? Precisamente lo iba a tomar cuando usted llegó.
-Que va, no se moleste, no quiero causarle molestias.
-No me molesta, hay café de sobra, soy muy cafetera.
Al decir esta ultima frase se levantó del sofá dedicándole una amplia sonrisa a él y hasta hubiese jurado que le guiñó un ojo. Esto se ponía interesante, nunca antes había ligado con una clienta, pero... siempre hay una primera vez para todo ¿no?
(Continuará)
Estigia
Entró por la ventana el sol como todos los días, era hora de levantarse, era Lunes.
Se levantó de la cama en aquella habitación vieja con el suelo de madera y moqueta, era primavera y el sol se levantaba por encima del edificio de enfrente entrando por la ventana. Se lavo y todas estas cosas, desayuno caliente y a ponerse el traje, su personal funda de trabajo, un traje negro con camisa, la de hoy seria gris.
9:30 de la mañana, hora de salir, justo a tiempo, bajó las escaleras de madera que chirriaban en cada escalón con paso firme y decidido, que las vecinas cotillas supiesen que el del tercero salía a trabajar a tiempo como todas las mañanas, a ver si se hacían de él una imagen de chico responsable, así cuando montase alguna fiesta no le darían demasiado la bara.
Caminó por las calles matutinas de la ciudad, hacia un frescor agradable que precedía al calor del resto del día, un calor horrible para su trabajo. Anduvo por las calles esquivando a la gente, viendo pasar los coches, pasando al lado de los chicos que regalaban periódicos, caminó y cruzó la calle para enfilar la siguiente que es donde estaba su oficina, allí al fondo.
10:00 justo a tiempo, delante del portal, alguno sale del bar de abajo y lo acompaña, suben, hoy reunión como todos los días, entregando los papeles y ayudándose los unos a los otros. El jefe motivaba a sus empleados con gritos estúpidos de compañerismo, hablando de que eran una familia, que tenían un solo objetivo común y que este mes iban bien pero lo había que superar con creces, siempre superación, siempre pidiendo más.
El jefe era un tipo peculiar, se llamaba Jaime y era alto y delgado con un extraño acento, de ojos oscuros y pelo castaño, Jaime era un buen tipo pero en aquella empresa seguían un sistema de trabajo extranjero que debían obedecer con excelente sobriedad y firmeza. Poca liberación, poca tranquilidad.
11:00 a la calle, a vender, a matar, a conseguir los objetivos, a por todas. Se abrió la puerta del portal y 5 hombres de traje y corbata y 4 mujeres de falda y escote salieron a la calle, con sus carpetas debajo del brazo, se distribuyeron las zonas de la ciudad y por grupos. Él iba siempre solo, no quería nadie que lo acompañase, todos querían ser su pareja por que era el mejor, pero prefería trabajar solo, se alejó del grupo en una dirección solitaria y se dispuso a ganar dinero.
Miró el listado, apuntó las direcciones, llegó a su destino y entró en el edificio, cogió el ascensor y hacia el ultimo piso. Primera puerta de la mañana. Primer paso, tocar el timbre, pasó un rato hasta que una mujer de unos 40 y pocos años abrió, llevaba una bata de casa, se veía que era ama de casa.
-Buenos días – Dijo él con una flamante sonrrisa de oreja a oreja
-Buenos días – La mujer estaba confusa – ¿Qué desea?
-Mire, soy relaciones públicas de Rasmad Telecom., ¿Es usted la dueña de la casa?...
La guerra había comenzado.
(Continuará)
Se levantó de la cama en aquella habitación vieja con el suelo de madera y moqueta, era primavera y el sol se levantaba por encima del edificio de enfrente entrando por la ventana. Se lavo y todas estas cosas, desayuno caliente y a ponerse el traje, su personal funda de trabajo, un traje negro con camisa, la de hoy seria gris.
9:30 de la mañana, hora de salir, justo a tiempo, bajó las escaleras de madera que chirriaban en cada escalón con paso firme y decidido, que las vecinas cotillas supiesen que el del tercero salía a trabajar a tiempo como todas las mañanas, a ver si se hacían de él una imagen de chico responsable, así cuando montase alguna fiesta no le darían demasiado la bara.
Caminó por las calles matutinas de la ciudad, hacia un frescor agradable que precedía al calor del resto del día, un calor horrible para su trabajo. Anduvo por las calles esquivando a la gente, viendo pasar los coches, pasando al lado de los chicos que regalaban periódicos, caminó y cruzó la calle para enfilar la siguiente que es donde estaba su oficina, allí al fondo.
10:00 justo a tiempo, delante del portal, alguno sale del bar de abajo y lo acompaña, suben, hoy reunión como todos los días, entregando los papeles y ayudándose los unos a los otros. El jefe motivaba a sus empleados con gritos estúpidos de compañerismo, hablando de que eran una familia, que tenían un solo objetivo común y que este mes iban bien pero lo había que superar con creces, siempre superación, siempre pidiendo más.
El jefe era un tipo peculiar, se llamaba Jaime y era alto y delgado con un extraño acento, de ojos oscuros y pelo castaño, Jaime era un buen tipo pero en aquella empresa seguían un sistema de trabajo extranjero que debían obedecer con excelente sobriedad y firmeza. Poca liberación, poca tranquilidad.
11:00 a la calle, a vender, a matar, a conseguir los objetivos, a por todas. Se abrió la puerta del portal y 5 hombres de traje y corbata y 4 mujeres de falda y escote salieron a la calle, con sus carpetas debajo del brazo, se distribuyeron las zonas de la ciudad y por grupos. Él iba siempre solo, no quería nadie que lo acompañase, todos querían ser su pareja por que era el mejor, pero prefería trabajar solo, se alejó del grupo en una dirección solitaria y se dispuso a ganar dinero.
Miró el listado, apuntó las direcciones, llegó a su destino y entró en el edificio, cogió el ascensor y hacia el ultimo piso. Primera puerta de la mañana. Primer paso, tocar el timbre, pasó un rato hasta que una mujer de unos 40 y pocos años abrió, llevaba una bata de casa, se veía que era ama de casa.
-Buenos días – Dijo él con una flamante sonrrisa de oreja a oreja
-Buenos días – La mujer estaba confusa – ¿Qué desea?
-Mire, soy relaciones públicas de Rasmad Telecom., ¿Es usted la dueña de la casa?...
La guerra había comenzado.
(Continuará)
Sin ti
Como el centenar de gaviotas
que pasa cada atardecer
debajo del balcón de tu casa
y que te miran
te ven
asomada contemplando el ocaso
sintiendo el viento en tu pelo
dejando escurrirse las gotas de lluvia
por esos labios que engendran sonrisas
tan claras como una mañana de verano
tan blancas
como una tarde de invierno
tan frías y distantes que resultan cálidas y cercanas
Mientras las gaviotas pasan
teniendo por costumbre girar sus rápidas cabezas
para poder mirarte
igual que haría yo
Les tengo envidia
cuando me las encuentro por los caminos les pregunto
que saben esta vez de ti
que han visto
si acaso en la soledad de tu habitación
te acuerdas de mi
siquiera para algo
si han visto la melancolía en tus ojos
igual que están cansadas
de verla en los míos
haga viento o frío
caiga nieve o luzca sol
por que nunca voy a estar completo
sino partido
en esta cárcel de piel
en este infierno de rosas
que está vacío sin ti.
que pasa cada atardecer
debajo del balcón de tu casa
y que te miran
te ven
asomada contemplando el ocaso
sintiendo el viento en tu pelo
dejando escurrirse las gotas de lluvia
por esos labios que engendran sonrisas
tan claras como una mañana de verano
tan blancas
como una tarde de invierno
tan frías y distantes que resultan cálidas y cercanas
Mientras las gaviotas pasan
teniendo por costumbre girar sus rápidas cabezas
para poder mirarte
igual que haría yo
Les tengo envidia
cuando me las encuentro por los caminos les pregunto
que saben esta vez de ti
que han visto
si acaso en la soledad de tu habitación
te acuerdas de mi
siquiera para algo
si han visto la melancolía en tus ojos
igual que están cansadas
de verla en los míos
haga viento o frío
caiga nieve o luzca sol
por que nunca voy a estar completo
sino partido
en esta cárcel de piel
en este infierno de rosas
que está vacío sin ti.
Canción melancolica de un adolescente enamorado
Si por cientos de recuerdos que he quemado en tu ausencia
recuperase mi alma un poco de su consciencia,
si no me aturdiese el olvido que tus ojos han dejado
en el oscuro hueco de mi triste pasado.
-
Si por el largo tiempo que he pasado sin ti
me diera el futuro una noticia esperanzadora
vendería ahora mismo mi vida de oscuro fin
ilusionado por llegar el día, la tan buscada hora.
-
Si supiese de cierto tantas cosas perdidas
que se me escapan de las manos
y me corroen, como mezquinas
son las mañanas heladas del invierno.
-
Tal vez por un recuerdo que hago mío
en un triste instante de desespero
mientras mis ojos se resecan con el frío
retardo la huida que tanto anhelo.
-
Si por cientos de recuerdos que me han roto la paciencia
recuperase mi alma un poco de persistencia,
si no me aturdiese el olvido de tus ojos desahuciados
en el oscuro hueco de un amor desenterrado.
recuperase mi alma un poco de su consciencia,
si no me aturdiese el olvido que tus ojos han dejado
en el oscuro hueco de mi triste pasado.
-
Si por el largo tiempo que he pasado sin ti
me diera el futuro una noticia esperanzadora
vendería ahora mismo mi vida de oscuro fin
ilusionado por llegar el día, la tan buscada hora.
-
Si supiese de cierto tantas cosas perdidas
que se me escapan de las manos
y me corroen, como mezquinas
son las mañanas heladas del invierno.
-
Tal vez por un recuerdo que hago mío
en un triste instante de desespero
mientras mis ojos se resecan con el frío
retardo la huida que tanto anhelo.
-
Si por cientos de recuerdos que me han roto la paciencia
recuperase mi alma un poco de persistencia,
si no me aturdiese el olvido de tus ojos desahuciados
en el oscuro hueco de un amor desenterrado.
Final
(Continuación de “Descubrimiento”)
-Pero que me estás contando!!! Vete a tomar por culo!!
Aquel hombre estaba intentando convencerme de que el dueño de la cantina era un delincuente por tener cajas de agua en su almacén. Realmente esto era como un mal sueño, una pesadilla ridícula, nada podía ser verdad, en mundo en el que yo vivía las cosas no eran tan sumamente ridículas, pero parece en este pueblo funcionaban de diferente manera.
-Calla ingrato! – dijo enfadado el hombre – el dueño de la cantina tiene en su almacén cajas de agua embotellada de una fabrica clandestina, embotellan agua del grifo y la venden como natural.
-Eso lo has visto en la tele, ha salido hace un mes o así que eran los de coca cola – este asunto cada vez era mas surrealista.
-Que si hombre, pero para blanquear el negocio la embotellan igual y le cambian la etiqueta, la guardan durante un tiempo en almacenes por ahí para despistar, hasta que pase el escándalo y les dé tiempo a sobornar a todas las autoridades y que hagan la vista gorda.
-Esto es de barrio sesamo...
-Me quieres escuchar!!!
-Ya, y tu le amenazaste con contarlo
-Sí
-¿A cambio de que? ¿Dinero?
-A cambio de que dejase en paz a la camarera, está sin papeles y la acosa, la obliga a acostarse con él a la fuerza, bajo amenazas.
-Joder...que cabrón...
-Sabe que ella lo sabe también, sabe que si aparece mi cadáver ella hablará y es tan avaricioso que la matará como a mi.
-¿Y que quieres que hagan dos fantasmas? ¿Qué nos aparezcamos en sus sueños?
-Sube por las escaleras de la izquierda de la entrada a la cantina, ella estará allí ahora, vigílala, que no se acerque al segundo piso, que es donde está él, por lo menos en la próxima media hora, y voy a necesitar que la mujer del dueño también baje.
-Pero tío, si me pudiesen ver aun podría hacer algo, pero somos unos putos fantasmas, nadie nos puede ver, no podemos tocar nada, nadie nos oye, ¡¡¡Es que no te enteras!!!
La crispación se apoderaba de mí, estaba perdiendo el control, todo aquello me sobrepasaba, bastante tenia con pensar que pasaría toda la eternidad vagando por ahí sin poder hacer nada para encima tener que aguantar a un fantasma vengador paranoico. Estaba echo polvo.
-Escúchame! Te oirán si quieres que te oigan y podrás coger las cosas si las quieres coger, así que venga rápido! Sube!
No sé lo que me hizo hacerle caso, supongo que seria el echo de no tener nada que perder, así que llegue al primer piso y me encontré con la puerta abierta, entré y anduve por el pasillo mirando las habitaciones. Si la cantina de abajo era de piedra y madera el primer piso no tenia nada que ver, eran unas estancias pintadas de colores cálidos, incluso con algunos detalles en rosa, en las paredes cuadros sin enmarcar de artistas indefinidos y en todas partes muebles y adornos bastante actuales.
Oí pasos por el pasillo cuando acababa de entrar en el salón así que me agaché detrás de la televisión y me senté en el suelo, en cuclillas, no estaba totalmente seguro de que no me pudiesen ver, no acababa de creérmelo. La chica entró en el salón y yo cada vez estaba mas nervioso, pensé en lo que me había dicho el hombre rubio sobre que me escucharían si yo lo deseaba, así que quise probarlo emitiendo un sonido ronco y gutural esperando que la chica lo percibiese, y así fue, se asustó, dio un pequeño salto y se quedó mirando hacia donde estaba yo sentado con cara de miedo, estaba claro que no me podía ver.
No sé que pasó dentro de mi pero sentí una gran alegría, me sentía poderoso, era invisible y podía tener efecto sobre las cosas del mundo real, así que hundí mis recuerdos en todas aquellas películas de fantasmas que había visto en mi infancia y surgió de mi garganta un escalofriante “UUUHHH” al mas puro estilo de hollywood.
Hubo un grito estremecedor en la habitación, la chica tiró el plato que tenia en la mano rompiéndolo en mil pedazos y salió corriendo hacia las escaleras, gritando como una loca. Yo me levanté y la perseguí en silencio, no quería asustarla mucho más y con sus gritos en la escalera hizo que la mujer del asesino saliese asustada preguntando que pasaba y bajando hacia el primer piso, miré hacia arriba y vi a mi rubio amigo entrando en la vivienda, ahora solo tenia que conseguir que las mujeres no volviesen a subir, pero no me hizo falta, la camarera corrió escaleras abajo y la dueña detrás, se metieron en el bar y yo también bajé corriendo, no quería perderme nada, todo aquello me causaba mucha risa, me sentía malignamente bien. Detrás de la barra la dueña alcanzó a la chica y la abrazó calmándola, la gente miraba extrañada pero yo aun estaba exaltado, me acerqué a la barra y de un manotazo, hacia un hueco donde no había nadie, tiré un cenicero haciéndolo añicos, la gente se quedó atónita, se hizo el silencio en el bar. Después en una mesa vi los típicos servilleteros que en la parte de arriba tienen un pequeño cubo para poner los palillos y, movido por la emoción, los agarré y lancé por los aires produciendo mas gritos entre la gente.
Me reí mucho, me sentía burlón y superior a los demás, salí hacia la puerta, respiré el aire puro y volví a entrar, me acerqué a la barra a la altura de donde estaba la camarera, ya mas calmada pero con los ojos hinchados por las lagrimas y me quedé mirándola fijamente, entonces la jefa se giró y mirándome a los ojos dijo “Y tu que miras”
Me asusté, ya estaba acostumbrado a ser invisible y esas palabras enfadadas de aquella mujer me hicieron sobresaltar, di un salto y desperté.
Estaba tumbado en el sofá de la extraña granja, el sol ya no entraba por la puerta así que supongo que seria mediodía, no me lo podía creer, hubiese jurado que lo había vivido pero parece ser que lo había soñado. En parte me sentía mejor, pero, ¿Y los fantasmas de la noche también serian un sueño?. Me levante y me dirigí a la casa, se estaba preparando para comer.
-Hola a todos
-Buenos días... – la dueña de la casa estaba cabizbaja
-¿Que sucede?
-Ay! Una desgracia, la mas grande que ha sucedido nunca! El dueño de la cantina se ha suicidado, ha aparecido colgado de una viga en su casa y se dice que su empleado también ha aparecido muerto en un callejón, fui al supermercado y la señora de allí me dijo que habían visto al de la cantina salir corriendo de un callejón, se supone que mató él al pobre chico y que luego arrepentido se suicidó. Ay! Que mal cuerpo se me ha quedado!
No dije nada, fingí estar afligido por la noticia pero nunca conté nada de nada. Del agua nada se volvió a saber, un camión llegó por la noche y se fue al alba, nunca nadie habló del tema.
Esa misma noche volví a entrar en la extraña granja, todo seguía tal y como estaba la noche anterior, me senté en el sofá y esperé, la noche era calidad y estuve con la puerta abierta de par en par, mirando las estrellas, pensando si seria real todo aquello. Pasaron las horas y mis amigos no aparecieron por ninguna parte, poco a poco el cansancio se apoderó de mí y sin darme cuenta me quedé dormido.
No sé cuanto tiempo pasó hasta que oí un crujir de pasos, abrí los ojos y allí estaba uno de los fantasmas de la primera visita, el que parecía mayor de todos.
-Vi que nos estabas esperando, no pensábamos venir, pero no te iba a dejar aquí solo toda la noche.
-¿Que ha pasado? ¿He estado muerto por un rato?
-Los muertos no podemos volver a la vida – dijo esbozando una sonrrisa.
-Pero sé que no lo soñé, estuve allí, lo vi todo.
-Nosotros somos fuerza vital, somos almas, tú la tienes dentro de ti.
-¿Es posible que mi alma saliese por ahí mientras dormía? – a estas alturas ya nada podía sorprenderme
-Tengo un amigo que te quiere ver.
Se oyeron unos pasos lentos que provenían de la otra parte de la granja y de entre la sombra vi al hombre rubio, no se acercó mas de lo necesario para que la penumbra me dejase verlo. Me miró sonriente.
-Gracias – dijo.
-Oye! Espera! Quiero hablar contigo!
Pero ya era demasiado tarde, ambos desaparecieron de la misma forma en la que habían llegado, entre las sombras y yo me quedé allí sentado con un montón de dudas en la cabeza pero también con un montón de paz y en aquel momento no llegue a comprender el por qué, aun que tampoco me importó, solo me quedé allí solo mirando las estrellas sobre el valle a través de la puerta hasta que un ruido intenso del motor de un tractor encendiéndose me hizo despertar de nuevo, ya era de día, pero esta vez estaba seguro de que aquello no había sido un sueño.
Fin
-Pero que me estás contando!!! Vete a tomar por culo!!
Aquel hombre estaba intentando convencerme de que el dueño de la cantina era un delincuente por tener cajas de agua en su almacén. Realmente esto era como un mal sueño, una pesadilla ridícula, nada podía ser verdad, en mundo en el que yo vivía las cosas no eran tan sumamente ridículas, pero parece en este pueblo funcionaban de diferente manera.
-Calla ingrato! – dijo enfadado el hombre – el dueño de la cantina tiene en su almacén cajas de agua embotellada de una fabrica clandestina, embotellan agua del grifo y la venden como natural.
-Eso lo has visto en la tele, ha salido hace un mes o así que eran los de coca cola – este asunto cada vez era mas surrealista.
-Que si hombre, pero para blanquear el negocio la embotellan igual y le cambian la etiqueta, la guardan durante un tiempo en almacenes por ahí para despistar, hasta que pase el escándalo y les dé tiempo a sobornar a todas las autoridades y que hagan la vista gorda.
-Esto es de barrio sesamo...
-Me quieres escuchar!!!
-Ya, y tu le amenazaste con contarlo
-Sí
-¿A cambio de que? ¿Dinero?
-A cambio de que dejase en paz a la camarera, está sin papeles y la acosa, la obliga a acostarse con él a la fuerza, bajo amenazas.
-Joder...que cabrón...
-Sabe que ella lo sabe también, sabe que si aparece mi cadáver ella hablará y es tan avaricioso que la matará como a mi.
-¿Y que quieres que hagan dos fantasmas? ¿Qué nos aparezcamos en sus sueños?
-Sube por las escaleras de la izquierda de la entrada a la cantina, ella estará allí ahora, vigílala, que no se acerque al segundo piso, que es donde está él, por lo menos en la próxima media hora, y voy a necesitar que la mujer del dueño también baje.
-Pero tío, si me pudiesen ver aun podría hacer algo, pero somos unos putos fantasmas, nadie nos puede ver, no podemos tocar nada, nadie nos oye, ¡¡¡Es que no te enteras!!!
La crispación se apoderaba de mí, estaba perdiendo el control, todo aquello me sobrepasaba, bastante tenia con pensar que pasaría toda la eternidad vagando por ahí sin poder hacer nada para encima tener que aguantar a un fantasma vengador paranoico. Estaba echo polvo.
-Escúchame! Te oirán si quieres que te oigan y podrás coger las cosas si las quieres coger, así que venga rápido! Sube!
No sé lo que me hizo hacerle caso, supongo que seria el echo de no tener nada que perder, así que llegue al primer piso y me encontré con la puerta abierta, entré y anduve por el pasillo mirando las habitaciones. Si la cantina de abajo era de piedra y madera el primer piso no tenia nada que ver, eran unas estancias pintadas de colores cálidos, incluso con algunos detalles en rosa, en las paredes cuadros sin enmarcar de artistas indefinidos y en todas partes muebles y adornos bastante actuales.
Oí pasos por el pasillo cuando acababa de entrar en el salón así que me agaché detrás de la televisión y me senté en el suelo, en cuclillas, no estaba totalmente seguro de que no me pudiesen ver, no acababa de creérmelo. La chica entró en el salón y yo cada vez estaba mas nervioso, pensé en lo que me había dicho el hombre rubio sobre que me escucharían si yo lo deseaba, así que quise probarlo emitiendo un sonido ronco y gutural esperando que la chica lo percibiese, y así fue, se asustó, dio un pequeño salto y se quedó mirando hacia donde estaba yo sentado con cara de miedo, estaba claro que no me podía ver.
No sé que pasó dentro de mi pero sentí una gran alegría, me sentía poderoso, era invisible y podía tener efecto sobre las cosas del mundo real, así que hundí mis recuerdos en todas aquellas películas de fantasmas que había visto en mi infancia y surgió de mi garganta un escalofriante “UUUHHH” al mas puro estilo de hollywood.
Hubo un grito estremecedor en la habitación, la chica tiró el plato que tenia en la mano rompiéndolo en mil pedazos y salió corriendo hacia las escaleras, gritando como una loca. Yo me levanté y la perseguí en silencio, no quería asustarla mucho más y con sus gritos en la escalera hizo que la mujer del asesino saliese asustada preguntando que pasaba y bajando hacia el primer piso, miré hacia arriba y vi a mi rubio amigo entrando en la vivienda, ahora solo tenia que conseguir que las mujeres no volviesen a subir, pero no me hizo falta, la camarera corrió escaleras abajo y la dueña detrás, se metieron en el bar y yo también bajé corriendo, no quería perderme nada, todo aquello me causaba mucha risa, me sentía malignamente bien. Detrás de la barra la dueña alcanzó a la chica y la abrazó calmándola, la gente miraba extrañada pero yo aun estaba exaltado, me acerqué a la barra y de un manotazo, hacia un hueco donde no había nadie, tiré un cenicero haciéndolo añicos, la gente se quedó atónita, se hizo el silencio en el bar. Después en una mesa vi los típicos servilleteros que en la parte de arriba tienen un pequeño cubo para poner los palillos y, movido por la emoción, los agarré y lancé por los aires produciendo mas gritos entre la gente.
Me reí mucho, me sentía burlón y superior a los demás, salí hacia la puerta, respiré el aire puro y volví a entrar, me acerqué a la barra a la altura de donde estaba la camarera, ya mas calmada pero con los ojos hinchados por las lagrimas y me quedé mirándola fijamente, entonces la jefa se giró y mirándome a los ojos dijo “Y tu que miras”
Me asusté, ya estaba acostumbrado a ser invisible y esas palabras enfadadas de aquella mujer me hicieron sobresaltar, di un salto y desperté.
Estaba tumbado en el sofá de la extraña granja, el sol ya no entraba por la puerta así que supongo que seria mediodía, no me lo podía creer, hubiese jurado que lo había vivido pero parece ser que lo había soñado. En parte me sentía mejor, pero, ¿Y los fantasmas de la noche también serian un sueño?. Me levante y me dirigí a la casa, se estaba preparando para comer.
-Hola a todos
-Buenos días... – la dueña de la casa estaba cabizbaja
-¿Que sucede?
-Ay! Una desgracia, la mas grande que ha sucedido nunca! El dueño de la cantina se ha suicidado, ha aparecido colgado de una viga en su casa y se dice que su empleado también ha aparecido muerto en un callejón, fui al supermercado y la señora de allí me dijo que habían visto al de la cantina salir corriendo de un callejón, se supone que mató él al pobre chico y que luego arrepentido se suicidó. Ay! Que mal cuerpo se me ha quedado!
No dije nada, fingí estar afligido por la noticia pero nunca conté nada de nada. Del agua nada se volvió a saber, un camión llegó por la noche y se fue al alba, nunca nadie habló del tema.
Esa misma noche volví a entrar en la extraña granja, todo seguía tal y como estaba la noche anterior, me senté en el sofá y esperé, la noche era calidad y estuve con la puerta abierta de par en par, mirando las estrellas, pensando si seria real todo aquello. Pasaron las horas y mis amigos no aparecieron por ninguna parte, poco a poco el cansancio se apoderó de mí y sin darme cuenta me quedé dormido.
No sé cuanto tiempo pasó hasta que oí un crujir de pasos, abrí los ojos y allí estaba uno de los fantasmas de la primera visita, el que parecía mayor de todos.
-Vi que nos estabas esperando, no pensábamos venir, pero no te iba a dejar aquí solo toda la noche.
-¿Que ha pasado? ¿He estado muerto por un rato?
-Los muertos no podemos volver a la vida – dijo esbozando una sonrrisa.
-Pero sé que no lo soñé, estuve allí, lo vi todo.
-Nosotros somos fuerza vital, somos almas, tú la tienes dentro de ti.
-¿Es posible que mi alma saliese por ahí mientras dormía? – a estas alturas ya nada podía sorprenderme
-Tengo un amigo que te quiere ver.
Se oyeron unos pasos lentos que provenían de la otra parte de la granja y de entre la sombra vi al hombre rubio, no se acercó mas de lo necesario para que la penumbra me dejase verlo. Me miró sonriente.
-Gracias – dijo.
-Oye! Espera! Quiero hablar contigo!
Pero ya era demasiado tarde, ambos desaparecieron de la misma forma en la que habían llegado, entre las sombras y yo me quedé allí sentado con un montón de dudas en la cabeza pero también con un montón de paz y en aquel momento no llegue a comprender el por qué, aun que tampoco me importó, solo me quedé allí solo mirando las estrellas sobre el valle a través de la puerta hasta que un ruido intenso del motor de un tractor encendiéndose me hizo despertar de nuevo, ya era de día, pero esta vez estaba seguro de que aquello no había sido un sueño.
Fin
Descubrimiento
(Continuación de “El despertar” el capitulo de esta mañana)
Ese hombre robusto estaba allí tirado en el suelo, inerte y yo me sentía impotente ante aquello. Solo logré ver como poco a poco la sangre encharcaba todo el suelo, no reparé en ello en aquel momento pero luego me di cuenta de que no me manchaba, poco a poco sus ojos se quedaron vacíos, había muerto, pero ese no fue el peor trauma, lo peor fue comprobar como, mientras posaba lentamente ese cuerpo en el suelo, a mi
lado estaba el susodicho hombre, de pié, mirando la escena, aun no me había acostumbrado a mi nueva cualidad de ver a los muertos, le miré y le dije “Ya está” y él respondió “Lo sé”.
Alguien gritó desde la calle, enseguida entró gente corriendo al callejón y agarraron el cuerpo muerto del hombre tirado en el suelo. Él y yo mirábamos desde un lado del callejón y yo esperaba que alguien se acercase a mí a preguntarme que había pasado o incluso para detenerme, pero nadie lo hizo.
-Vamos – dijo el hombre.
-Pero...no me puedo ir así
-Parece ser que si, a ti tampoco te ven.
-¿Como? ¿Estoy muerto? – no sé por que el pavor se apoderó de mí.
-No lo sé, tu sabrás.
Y sin mas palabras echó a andar hacia la calle con paso firme y yo tuve que seguirlo, quedarme allí me asustaba, me asustaba creer que era verdad lo que me había dicho. Si estaba muerto ¿dónde estaba mi cuerpo? ¿Estaría en la granja? ¿Moriría esta pasada noche? ¿Cómo no lo vi a la mañana? Tenia tantísimas preguntas que hacerme que al final no me hice ninguna, solo comprobé por la calle como la gente no nos miraba ni se percataba de nuestra presencia. Definitivamente estaba tan muerto como mi amigo, pero, ¿Cómo sucedió?
Aquello era imposible, yo todavía era muy joven para morir y aun muriéndome supongo que me debería dar cuenta, a menos que muriese mientras dormía, y en ese caso ¿Por qué mis difuntos amigos no me lo comunicaron?.
Todo era extraño en estos momentos, toda mi vida carecía de sentido, no hacia mas que pensar en todas las cosas que no iba a poder hacer nunca mas, no podría tener hijos, o adoptarlos o lo que fuese. Mi vida se había terminado en mas estricto sentido de la palabra.
Pero la situación era tan grande y pesada sobre mi que no supe reaccionar, tenia tantos sentimientos, odio, alegría, tristeza, felicidad, que se agolparon todos en la puerta de mi percepción y ninguno pudo hace efecto, solo caminaba detrás de aquel hombre rubio que acababa de ver morir y que ahora caminaba delante de mi, realmente paradójico.
Llegamos, después de muchas vueltas, a la puerta de la cantina, yo seguía como en una nube, solo respondía al impulso de moverme sin pensar en nada más. En ese momento el hombre rubio me miró.
-Tenemos que salvar a la chica
-¿De que me hablas?
-El hombre que me mató, tú lo viste – parecía que se alteraba por momentos
-Sí, el dueño de la cantina. – logré responder.
-Tiene líos, problemas, anda metido en cosas sucias, en el almacén hay algo mas que bebidas – hablaba como si la gente de la calle nos pudiese escuchar, no le culpo, yo tampoco me di cuenta en el momento.
-¿Qué cosas? ¿Droga? ¿Tabaco?
-Agua
(Mañana Gran final)
Ese hombre robusto estaba allí tirado en el suelo, inerte y yo me sentía impotente ante aquello. Solo logré ver como poco a poco la sangre encharcaba todo el suelo, no reparé en ello en aquel momento pero luego me di cuenta de que no me manchaba, poco a poco sus ojos se quedaron vacíos, había muerto, pero ese no fue el peor trauma, lo peor fue comprobar como, mientras posaba lentamente ese cuerpo en el suelo, a mi
lado estaba el susodicho hombre, de pié, mirando la escena, aun no me había acostumbrado a mi nueva cualidad de ver a los muertos, le miré y le dije “Ya está” y él respondió “Lo sé”.
Alguien gritó desde la calle, enseguida entró gente corriendo al callejón y agarraron el cuerpo muerto del hombre tirado en el suelo. Él y yo mirábamos desde un lado del callejón y yo esperaba que alguien se acercase a mí a preguntarme que había pasado o incluso para detenerme, pero nadie lo hizo.
-Vamos – dijo el hombre.
-Pero...no me puedo ir así
-Parece ser que si, a ti tampoco te ven.
-¿Como? ¿Estoy muerto? – no sé por que el pavor se apoderó de mí.
-No lo sé, tu sabrás.
Y sin mas palabras echó a andar hacia la calle con paso firme y yo tuve que seguirlo, quedarme allí me asustaba, me asustaba creer que era verdad lo que me había dicho. Si estaba muerto ¿dónde estaba mi cuerpo? ¿Estaría en la granja? ¿Moriría esta pasada noche? ¿Cómo no lo vi a la mañana? Tenia tantísimas preguntas que hacerme que al final no me hice ninguna, solo comprobé por la calle como la gente no nos miraba ni se percataba de nuestra presencia. Definitivamente estaba tan muerto como mi amigo, pero, ¿Cómo sucedió?
Aquello era imposible, yo todavía era muy joven para morir y aun muriéndome supongo que me debería dar cuenta, a menos que muriese mientras dormía, y en ese caso ¿Por qué mis difuntos amigos no me lo comunicaron?.
Todo era extraño en estos momentos, toda mi vida carecía de sentido, no hacia mas que pensar en todas las cosas que no iba a poder hacer nunca mas, no podría tener hijos, o adoptarlos o lo que fuese. Mi vida se había terminado en mas estricto sentido de la palabra.
Pero la situación era tan grande y pesada sobre mi que no supe reaccionar, tenia tantos sentimientos, odio, alegría, tristeza, felicidad, que se agolparon todos en la puerta de mi percepción y ninguno pudo hace efecto, solo caminaba detrás de aquel hombre rubio que acababa de ver morir y que ahora caminaba delante de mi, realmente paradójico.
Llegamos, después de muchas vueltas, a la puerta de la cantina, yo seguía como en una nube, solo respondía al impulso de moverme sin pensar en nada más. En ese momento el hombre rubio me miró.
-Tenemos que salvar a la chica
-¿De que me hablas?
-El hombre que me mató, tú lo viste – parecía que se alteraba por momentos
-Sí, el dueño de la cantina. – logré responder.
-Tiene líos, problemas, anda metido en cosas sucias, en el almacén hay algo mas que bebidas – hablaba como si la gente de la calle nos pudiese escuchar, no le culpo, yo tampoco me di cuenta en el momento.
-¿Qué cosas? ¿Droga? ¿Tabaco?
-Agua
(Mañana Gran final)
El despertar
(Continuación de “La noche de los muertos”)
La luz del sol entraba por la puerta abierta de la granja, amanecí dormido en el sofá, estaba solo, mis peculiares amigos ya no estaban, ni siquiera habían dejado rastro, aun que no sé por que me sorprendí. Fui hacia la casa, ya todos habían salido, la señora que me acogía salía temprano los días de feria a vender los productos de su huerta y los demás inquilinos de la casa eran unos científicos chalaos que se iban al alba a investigar unas setas de la zona. Así que me duche, me cambié y bajé andando hasta el pueblo, apenas eran un par de kilómetros y por la fresca era agradable caminar.
Llegue al cabo de un rato, el pueblo estaba plagado de gente, era un día de feria y todo el mundo andaba de aquí para allí a sus cosas. Pasee por entre los puestos, me sentía como un caballero medieval entrando en castillo en medio de todo aquel montón de tenderetes abarrotando las calles de piedra antiguas del pequeño pueblo. Llegue a la cantina del lugar, un sitio grande de piedra y con bastante gente comiendo en las mesas y algunos en la barra, se entraba por una pequeña puerta, como el portal de una casa y a la izquierda una escalera que subía, supuestamente a una vivienda. Al lado estaba un pequeño pasillo de un metro y medio de largo mas o menos donde se encontraban los baños y al final del pasillo se abría a ambos lados la cantina en si misma. Como ya dije las paredes eran de piedra y la barra y demás cosas eran de madera, al fondo unos ventanales que daban a un riachuelo, a la izquierda la barra que llegaba hasta el fondo del local en forma semicircular inversa, de tal manera que los camareros estaban por fuera del circulo y los clientes, digamos, que nos encontrábamos dentro del circulo, para entendernos.
Me acerqué a la barra y en un hueco que había libre me apoye esperando a que la camarera, una chica alta y rellenita de larga melena negro azabache y rasgos faciales razonablemente bellos, me atendiese. Pero pasaba delante de mí y parecía no verme, me incline en la barra y le grité pero hizo caso omiso de mi llamada, me apoye de nuevo metiendo medio cuerpo dentro de la barra con el fin de llamar su atención al pasar de un lado a otro pero tampoco. Ya un poco aburrido de tan mal servicio desistí en mis intentos y vi al fondo de la barra a uno de los científicos que estaban en mi posada, había estado hablando con el algún día por la noche durante la cena y era un tipo agradable aun que un poco excéntrico. Me acerqué a el y le salude y al igual que la camarera hizo como si no me viese, me quedé estupefacto, ¿Era un apestado acaso? ¿Alguien me vería anoche hablando solo en la granja y me tomarían por loco? No entendía nada de lo que estaba sucediendo, al salir otra vez a la calle vi pasar entre la gente a uno de los visitantes de la pasada noche, me miró, esbozó una sonrisa y se perdió entre la gente, eche a correr detrás de él, gritándole, nadie se inmutaba al verme correr y gritar como un poseso. Me pareció verlo entrar en un callejón, corrí a entrar yo también pero ya no estaba.
En lugar de mi escurridizo amigo encontré a dos hombres, los reconocí, uno de ellos, bajito, moreno, un poco calvo y con bastante mal genio era el dueño de la cantina de piedra y madera y el otro, alto, fuerte, rubio y de rasgos germánicos, era uno de sus empleados. Estaban discutiendo pero no logré enterarme bien de lo que decían, miraban hacia atrás, pensé que me habían visto pero hicieron como si nada, todo el mundo me ignoraba. De repente en plena discusión el dueño de la cantina golpeó al empleado con algo contundente que llevaba en la mano, el chico rubio calló al suelo y el hombre bajito al ver la sangre en la cabeza de su compañero echó a correr pasando a mi lado sin tan siquiera mirarme. Corrí a ayudar al hombre que estaba en el suelo pero no conseguí que me hablase, lo agarré y le dije que si estaba bien pero solo alcanzaba a decir “socorro, que venga alguien”
(Continúa y continúa....)
La luz del sol entraba por la puerta abierta de la granja, amanecí dormido en el sofá, estaba solo, mis peculiares amigos ya no estaban, ni siquiera habían dejado rastro, aun que no sé por que me sorprendí. Fui hacia la casa, ya todos habían salido, la señora que me acogía salía temprano los días de feria a vender los productos de su huerta y los demás inquilinos de la casa eran unos científicos chalaos que se iban al alba a investigar unas setas de la zona. Así que me duche, me cambié y bajé andando hasta el pueblo, apenas eran un par de kilómetros y por la fresca era agradable caminar.
Llegue al cabo de un rato, el pueblo estaba plagado de gente, era un día de feria y todo el mundo andaba de aquí para allí a sus cosas. Pasee por entre los puestos, me sentía como un caballero medieval entrando en castillo en medio de todo aquel montón de tenderetes abarrotando las calles de piedra antiguas del pequeño pueblo. Llegue a la cantina del lugar, un sitio grande de piedra y con bastante gente comiendo en las mesas y algunos en la barra, se entraba por una pequeña puerta, como el portal de una casa y a la izquierda una escalera que subía, supuestamente a una vivienda. Al lado estaba un pequeño pasillo de un metro y medio de largo mas o menos donde se encontraban los baños y al final del pasillo se abría a ambos lados la cantina en si misma. Como ya dije las paredes eran de piedra y la barra y demás cosas eran de madera, al fondo unos ventanales que daban a un riachuelo, a la izquierda la barra que llegaba hasta el fondo del local en forma semicircular inversa, de tal manera que los camareros estaban por fuera del circulo y los clientes, digamos, que nos encontrábamos dentro del circulo, para entendernos.
Me acerqué a la barra y en un hueco que había libre me apoye esperando a que la camarera, una chica alta y rellenita de larga melena negro azabache y rasgos faciales razonablemente bellos, me atendiese. Pero pasaba delante de mí y parecía no verme, me incline en la barra y le grité pero hizo caso omiso de mi llamada, me apoye de nuevo metiendo medio cuerpo dentro de la barra con el fin de llamar su atención al pasar de un lado a otro pero tampoco. Ya un poco aburrido de tan mal servicio desistí en mis intentos y vi al fondo de la barra a uno de los científicos que estaban en mi posada, había estado hablando con el algún día por la noche durante la cena y era un tipo agradable aun que un poco excéntrico. Me acerqué a el y le salude y al igual que la camarera hizo como si no me viese, me quedé estupefacto, ¿Era un apestado acaso? ¿Alguien me vería anoche hablando solo en la granja y me tomarían por loco? No entendía nada de lo que estaba sucediendo, al salir otra vez a la calle vi pasar entre la gente a uno de los visitantes de la pasada noche, me miró, esbozó una sonrisa y se perdió entre la gente, eche a correr detrás de él, gritándole, nadie se inmutaba al verme correr y gritar como un poseso. Me pareció verlo entrar en un callejón, corrí a entrar yo también pero ya no estaba.
En lugar de mi escurridizo amigo encontré a dos hombres, los reconocí, uno de ellos, bajito, moreno, un poco calvo y con bastante mal genio era el dueño de la cantina de piedra y madera y el otro, alto, fuerte, rubio y de rasgos germánicos, era uno de sus empleados. Estaban discutiendo pero no logré enterarme bien de lo que decían, miraban hacia atrás, pensé que me habían visto pero hicieron como si nada, todo el mundo me ignoraba. De repente en plena discusión el dueño de la cantina golpeó al empleado con algo contundente que llevaba en la mano, el chico rubio calló al suelo y el hombre bajito al ver la sangre en la cabeza de su compañero echó a correr pasando a mi lado sin tan siquiera mirarme. Corrí a ayudar al hombre que estaba en el suelo pero no conseguí que me hablase, lo agarré y le dije que si estaba bien pero solo alcanzaba a decir “socorro, que venga alguien”
(Continúa y continúa....)





