El despertar
(Continuación de “La noche de los muertos”)
La luz del sol entraba por la puerta abierta de la granja, amanecí dormido en el sofá, estaba solo, mis peculiares amigos ya no estaban, ni siquiera habían dejado rastro, aun que no sé por que me sorprendí. Fui hacia la casa, ya todos habían salido, la señora que me acogía salía temprano los días de feria a vender los productos de su huerta y los demás inquilinos de la casa eran unos científicos chalaos que se iban al alba a investigar unas setas de la zona. Así que me duche, me cambié y bajé andando hasta el pueblo, apenas eran un par de kilómetros y por la fresca era agradable caminar.
Llegue al cabo de un rato, el pueblo estaba plagado de gente, era un día de feria y todo el mundo andaba de aquí para allí a sus cosas. Pasee por entre los puestos, me sentía como un caballero medieval entrando en castillo en medio de todo aquel montón de tenderetes abarrotando las calles de piedra antiguas del pequeño pueblo. Llegue a la cantina del lugar, un sitio grande de piedra y con bastante gente comiendo en las mesas y algunos en la barra, se entraba por una pequeña puerta, como el portal de una casa y a la izquierda una escalera que subía, supuestamente a una vivienda. Al lado estaba un pequeño pasillo de un metro y medio de largo mas o menos donde se encontraban los baños y al final del pasillo se abría a ambos lados la cantina en si misma. Como ya dije las paredes eran de piedra y la barra y demás cosas eran de madera, al fondo unos ventanales que daban a un riachuelo, a la izquierda la barra que llegaba hasta el fondo del local en forma semicircular inversa, de tal manera que los camareros estaban por fuera del circulo y los clientes, digamos, que nos encontrábamos dentro del circulo, para entendernos.
Me acerqué a la barra y en un hueco que había libre me apoye esperando a que la camarera, una chica alta y rellenita de larga melena negro azabache y rasgos faciales razonablemente bellos, me atendiese. Pero pasaba delante de mí y parecía no verme, me incline en la barra y le grité pero hizo caso omiso de mi llamada, me apoye de nuevo metiendo medio cuerpo dentro de la barra con el fin de llamar su atención al pasar de un lado a otro pero tampoco. Ya un poco aburrido de tan mal servicio desistí en mis intentos y vi al fondo de la barra a uno de los científicos que estaban en mi posada, había estado hablando con el algún día por la noche durante la cena y era un tipo agradable aun que un poco excéntrico. Me acerqué a el y le salude y al igual que la camarera hizo como si no me viese, me quedé estupefacto, ¿Era un apestado acaso? ¿Alguien me vería anoche hablando solo en la granja y me tomarían por loco? No entendía nada de lo que estaba sucediendo, al salir otra vez a la calle vi pasar entre la gente a uno de los visitantes de la pasada noche, me miró, esbozó una sonrisa y se perdió entre la gente, eche a correr detrás de él, gritándole, nadie se inmutaba al verme correr y gritar como un poseso. Me pareció verlo entrar en un callejón, corrí a entrar yo también pero ya no estaba.
En lugar de mi escurridizo amigo encontré a dos hombres, los reconocí, uno de ellos, bajito, moreno, un poco calvo y con bastante mal genio era el dueño de la cantina de piedra y madera y el otro, alto, fuerte, rubio y de rasgos germánicos, era uno de sus empleados. Estaban discutiendo pero no logré enterarme bien de lo que decían, miraban hacia atrás, pensé que me habían visto pero hicieron como si nada, todo el mundo me ignoraba. De repente en plena discusión el dueño de la cantina golpeó al empleado con algo contundente que llevaba en la mano, el chico rubio calló al suelo y el hombre bajito al ver la sangre en la cabeza de su compañero echó a correr pasando a mi lado sin tan siquiera mirarme. Corrí a ayudar al hombre que estaba en el suelo pero no conseguí que me hablase, lo agarré y le dije que si estaba bien pero solo alcanzaba a decir “socorro, que venga alguien”
(Continúa y continúa....)
La luz del sol entraba por la puerta abierta de la granja, amanecí dormido en el sofá, estaba solo, mis peculiares amigos ya no estaban, ni siquiera habían dejado rastro, aun que no sé por que me sorprendí. Fui hacia la casa, ya todos habían salido, la señora que me acogía salía temprano los días de feria a vender los productos de su huerta y los demás inquilinos de la casa eran unos científicos chalaos que se iban al alba a investigar unas setas de la zona. Así que me duche, me cambié y bajé andando hasta el pueblo, apenas eran un par de kilómetros y por la fresca era agradable caminar.
Llegue al cabo de un rato, el pueblo estaba plagado de gente, era un día de feria y todo el mundo andaba de aquí para allí a sus cosas. Pasee por entre los puestos, me sentía como un caballero medieval entrando en castillo en medio de todo aquel montón de tenderetes abarrotando las calles de piedra antiguas del pequeño pueblo. Llegue a la cantina del lugar, un sitio grande de piedra y con bastante gente comiendo en las mesas y algunos en la barra, se entraba por una pequeña puerta, como el portal de una casa y a la izquierda una escalera que subía, supuestamente a una vivienda. Al lado estaba un pequeño pasillo de un metro y medio de largo mas o menos donde se encontraban los baños y al final del pasillo se abría a ambos lados la cantina en si misma. Como ya dije las paredes eran de piedra y la barra y demás cosas eran de madera, al fondo unos ventanales que daban a un riachuelo, a la izquierda la barra que llegaba hasta el fondo del local en forma semicircular inversa, de tal manera que los camareros estaban por fuera del circulo y los clientes, digamos, que nos encontrábamos dentro del circulo, para entendernos.
Me acerqué a la barra y en un hueco que había libre me apoye esperando a que la camarera, una chica alta y rellenita de larga melena negro azabache y rasgos faciales razonablemente bellos, me atendiese. Pero pasaba delante de mí y parecía no verme, me incline en la barra y le grité pero hizo caso omiso de mi llamada, me apoye de nuevo metiendo medio cuerpo dentro de la barra con el fin de llamar su atención al pasar de un lado a otro pero tampoco. Ya un poco aburrido de tan mal servicio desistí en mis intentos y vi al fondo de la barra a uno de los científicos que estaban en mi posada, había estado hablando con el algún día por la noche durante la cena y era un tipo agradable aun que un poco excéntrico. Me acerqué a el y le salude y al igual que la camarera hizo como si no me viese, me quedé estupefacto, ¿Era un apestado acaso? ¿Alguien me vería anoche hablando solo en la granja y me tomarían por loco? No entendía nada de lo que estaba sucediendo, al salir otra vez a la calle vi pasar entre la gente a uno de los visitantes de la pasada noche, me miró, esbozó una sonrisa y se perdió entre la gente, eche a correr detrás de él, gritándole, nadie se inmutaba al verme correr y gritar como un poseso. Me pareció verlo entrar en un callejón, corrí a entrar yo también pero ya no estaba.
En lugar de mi escurridizo amigo encontré a dos hombres, los reconocí, uno de ellos, bajito, moreno, un poco calvo y con bastante mal genio era el dueño de la cantina de piedra y madera y el otro, alto, fuerte, rubio y de rasgos germánicos, era uno de sus empleados. Estaban discutiendo pero no logré enterarme bien de lo que decían, miraban hacia atrás, pensé que me habían visto pero hicieron como si nada, todo el mundo me ignoraba. De repente en plena discusión el dueño de la cantina golpeó al empleado con algo contundente que llevaba en la mano, el chico rubio calló al suelo y el hombre bajito al ver la sangre en la cabeza de su compañero echó a correr pasando a mi lado sin tan siquiera mirarme. Corrí a ayudar al hombre que estaba en el suelo pero no conseguí que me hablase, lo agarré y le dije que si estaba bien pero solo alcanzaba a decir “socorro, que venga alguien”
(Continúa y continúa....)
Comentario:
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Noooooooooooooooooooooooooooo!!!!!!! Aunque protestara quería que fuese cuasi infinito!!! O por lo menos que dure otra semana.
Venga, todos juntos: queee duuure, quee duuure, queee duuure...
Venga, todos juntos: queee duuure, quee duuure, queee duuure...
Comentario:
Pero.. ¿Como pudiste dormirte?. Tú sobretodo no le des la espalda al dueño de la cantina, que no parece muy amable.....
Hasta luego.
Hasta luego.
Comentario:
No sus preocuparos! a la tarde pondré la continuación y mañana el final apoteosico paranoia de la hostia! :D
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ains... Que mal me lo estás haciendo pasar! Entonces, sigue, sigue, no nos dejes con la intriga. Es un fantasma también ahora el prota?
Besos!
Besos!
Comentario:
Pues sí que tienes ganas de meternos agobios en el cuerpo.... joé, que llegue mañana para seguir leiendo!
:)
:)





