Amanece
Y se hizo el día de nuevo, una vez mas, 24 horas después de aquel amanecer que tubo lugar el día anterior, la historia se repite.
Amanece y el cielo está rojo como es normal por estas latitudes, el calor empieza a hacer presencia en todo el paraje, dentro de poco será insoportable.
Los labios resecos que miran el horizonte deseando que hoy no sea otro día como ayer, que hoy se puedan llevar un poco de agua a la boca. Los ojos también secos empiezan a humedecerse con el calor del aire, es conveniente protegerse ya que dentro de poco se puede levantar la brisa y las arenas del vecino desierto pueden cortar la mirada. Ayer hubo tormenta de arena, otra vez.
Reina la paz aparente, en la ciudad no hay coches, por lo menos no a estas horas, pero están ahí, agazapados, esperando el momento de salir corriendo, esperando una señal aleatoria, cualquier instante es bueno, después de un mes sin agua que llevarse a la boca ni electricidad para encender un ventilador los ánimos están bastante crispados, no se sabe donde está el limite entre la cordura y los impulsos de supervivencia pero estos instantes del amanecer parece calmar la locura general producida por la desesperación.
Se oye un ruido a lo lejos, un coche arranca y echa a correr, se oyen disparos allí, luego mas cerca, arrancan mas coches, una explosión, vuelve el caos, otro día mas, vuelve la normalidad, esta noche habrá bombardeo, solo cabe esperar que la suerte evite que caiga encima nuestro, a fin de cuentas no pretendemos abandonar nuestro hogar a menos que nos lo arrebaten a la par que la vida en una guerra en la que somos los únicos que no hemos decidido participar.
Amanece y el cielo está rojo como es normal por estas latitudes, el calor empieza a hacer presencia en todo el paraje, dentro de poco será insoportable.
Los labios resecos que miran el horizonte deseando que hoy no sea otro día como ayer, que hoy se puedan llevar un poco de agua a la boca. Los ojos también secos empiezan a humedecerse con el calor del aire, es conveniente protegerse ya que dentro de poco se puede levantar la brisa y las arenas del vecino desierto pueden cortar la mirada. Ayer hubo tormenta de arena, otra vez.
Reina la paz aparente, en la ciudad no hay coches, por lo menos no a estas horas, pero están ahí, agazapados, esperando el momento de salir corriendo, esperando una señal aleatoria, cualquier instante es bueno, después de un mes sin agua que llevarse a la boca ni electricidad para encender un ventilador los ánimos están bastante crispados, no se sabe donde está el limite entre la cordura y los impulsos de supervivencia pero estos instantes del amanecer parece calmar la locura general producida por la desesperación.
Se oye un ruido a lo lejos, un coche arranca y echa a correr, se oyen disparos allí, luego mas cerca, arrancan mas coches, una explosión, vuelve el caos, otro día mas, vuelve la normalidad, esta noche habrá bombardeo, solo cabe esperar que la suerte evite que caiga encima nuestro, a fin de cuentas no pretendemos abandonar nuestro hogar a menos que nos lo arrebaten a la par que la vida en una guerra en la que somos los únicos que no hemos decidido participar.
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Sólo sé que no me gustaría estar allí...
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que bien... me ancanta este nuevo blog... :D:D:D
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Que bien has descrito lo que nunca se deberia describir.
Un beso





