El Guardacostas. 5

Es una questión de impulsos, de pulsos, de pulsaciones. Quién sabe dónde, en qué rincón se guardan las decisiones repentinas como esa. Saboreaba el café que había preparado en el único fuego que todavía funcionaba después de haberse puesto una camiseta sin mangas. Buscó un bolígrafo pero solo encontró un lapiz. Comenzó a escribir:
Quería partirte la boca. Levantarme de la silla y no parar de pegarte puñetazos en la boca hasta verte sangrar, hasta ver el rojo de tu sangre manchando todos aquellos dibujos que nos explicabas. Quería destrozarte la cara y verte mirar horrorizado tus propias manos ensangrentadas después de habértelas llevado a la cara, mirándome perplejo por que no lo habrías visto venir.
Era mi hijo de lo que hablabas, era mi pequeño, eran tus manos hablando de hacerle esas cosas como si de una sandía en verano se tratara. Era mi hijo, mi hijo ¿entiendes?
Abriremos aprovechando la sutura sagital que tiene el craneo. Hoy en día, gracias a la tecnología existe todo el instrumental adecuado para realizar la mínima abertura posible en el hueso. Después tendremos que separar la masa encefálica para llegar a
En otro sitio y a otra hora te habría partido la boca. Era la cabeza de mi pequeño, en la palma de mi mano, casi temblando, cuando nació, o revolviéndole el pelo cuando preguntaba concentrado
- ¿Qué siginifica "augurio" papá?
- Augurio es algo que crees que va a pasar
- ¿Cómo cuando oigo las llaves y sé que vas a entrar en casa?
- Sí, como cuando oyes las llaves y sabes que voy a entrar en casa
Te habría partido la boca y un segundo después me habría echado a llorar a tus pies. Me habría desplomado a tus pies, seguramente manchados también por gotas de sangre que seguirían cayendo conmigo allá abajo. Me habría arrodillado a tus pies y te habría suplicado que lo hicieras bien, que por favor, por favor cuidaras de mi pequeño. Me habría echado a llorar a tus pies por que mientras hablabas supe que tenías mi vida en tus manos, en tus manos, que se iban a manchar con la sangre de mi hijo. Te habría suplicado, sollozando, que lo cuidaras, que tuvieras cuidado, que nos lo devolvieras vivo. Me habría echado a tus pies tragándome los mocos y las lágrimas e intentando balbucear alguna palabra que te hiciera plenamente consciente de que no estábamos pidiéndote un crédito. Me habría
- Las manos bien arriba, así, así, con movimiento sexy, así, así, es el ritmo nuevo que traigo para tíiiiiii. ¡Baldo tio, ¿qué pasa?, ¿no me has esperado?. Mira, mira pisha, ni Roberto Carlos . Moviendo la cintura, así, así... ¡Es que me salgo!.
Paró pero mantuvo las manos en jarras y medio riénsose dijo:
- Oye tronco, ¿porqué no te sacas el café aquí fuera que hace un día de puta madre?, ¡¿Ese es el muñecajo?!
Baldomero ya se había levantado interrumpido por la voz que venía de fuera. Estaba de pie en el marco de la puerta abierta con una mano tocando el travesaño de arriba y con la otra ligeramente apoyada en la cabeza del monigote aquel. Quería ocultar una media sonrisa y se fue para dentro a por las dos tazas. Mientras servía café en la de Jairo puso la carta debajo del MARCA.
- Me caguen la...
El guardacostas. 4

Se incorporó en la cama con la sensación de que llegaba tarde a algún sitio y un ánimo tolerable. Era martes, trabajaba y nadie le estaba esperando asi que enseguida desechó aquella sensación primera. Cuando se puso de pie tuvo que estirarse y retorcer la espalda girando la cintura y subiendo las manos hasta ponerlas por detrás de la nuca para aliviar el dolor que tenía entre los omoplatos. Un ritual. Sintió los pies dormidos y húmedos y se acordó de la noche anterior y de que se había tumbado en la cama sin quitarse nada. "Mecachis´n la mar" dijo mientras empezaba a desnudarse. Amontonó toda la ropa en el suelo, se puso unos pantalones cortos sin calzoncillos y se dispuso a encender el primer cigarro del día, de pie, frente a la ventana abierta.
Miró de reojo el espantapájaros en el rincón dónde lo había dejado caer la noche anterior y ahora sí, sonrió sardónicamente, "Con barretina y todo, serán mamones...".
Con la primera calada hacia dentro volvió levemente la misma punzada de dolor de siempre y el pensamiento con el que se castigaba todas las mañanas desde que, sin una razón demasiado sólida, había empezado a fumar dos cigarros al día. Solo dos. Uno por la mañana y otro con el café del medio día. "La vida es como un papel de fumar" pensó apurando el cigarro y antes de que ciertas imágenes en su cabeza lo mordieran en el costado se dispuso a recogerlo todo y poner un poco de orden. El aire fresco de la mañana le hizo sentir ganas de ponerse algo encima. "No si... todavia me constipo" y nada más decirlo estornudó. Un estornudo de esos que te coloca en tu sitio, como si el cuerpo necesitara ese seismo pequeñito para terminar de orientarse hacia alguna actividad concreta. "Vamos a ver" dijo en voz alta dos segundos después de apagar el cigarro en el marco de la ventana. A veces sentía la necesidad de decir algo en voz alta para escuchar su propia voz por que si no, podía pasar horas creyéndose hablar. Pensaba justo en eso mientras recogía la ropa del suelo a un lado de la estancia y el chubasquero aun mojado en el otro, "Ha habido dos veces en mi vida en las que la realidad quitó el sonido a todo lo demás. El día que nació mi hijo y el día que...", esta vez para dentro. Dejó toda la ropa en la puerta para llevarla a la caseta después de desayunar. "¡Levanta de ahí gandul!" lo agarró para ponerlo de pie apoyándolo en la esquina de la pared y le quitó la barretina pero quedó torcido y con la cara seria. "¿Y tú a qué te atreves?. Mecaguen..., la vida es como el papel de fumar", repitió. Esta vez para fuera.
El guardacostas. 3

De repente, las olas llegaban danzando hasta la ventana que un instante antes miraba despreocupado. Extrañamente no sintió miedo, era como si llegaran rompiendo en el cristal a cámara lenta, con un inocente verde turquesa. Baldomero sintió como si la casa hubiera perdido el ancla en la tierra y se hubiera deslizado hacia el agua. Gracias a eso él podía mirar las tripas del mar como desde un cristal de esos que hay en los acuarios de los museos de ciencia. Sorprendido, inmovil todavia, vió aparecer en el marco de la ventana el cuerpo de una ballena que parecía retorcerse golpeando su cuerpo contra el cristal. La ballena estaba siendo azuzada por un barca de madera. Distinguió, a través del agua, la silueta oscura de varios hombres que intentaban arponear al cetaceo desde la superficie, dos metros más arriba. Todos estaban de pie en la barca. Todas sus sombras miraban hacia abajo.
Se levantó cuando se dió cuenta de que la hoja izquierda de la ventana estaba un poco abierta pero justo cuando tenía el brazo estirado en el aire para cerrarla, vió la boca abierta de la ballena en el mismo instante en que una ola llegaba a la ventana depositando varios litros de agua a sus pies y unos cuantos pescados encima de la mesa. Bailaban freneticamente con la tripa color plata, tan grandes como la palma de su mano abierta. Dudó un instante pero en seguida los empujó de nuevo hacia el agua. Por suerte el quicio de la ventana estaba alineado con la mesa.
Entonces despertó. Abrió los ojos despacio y miró sin esfuerzo hacia la ventana que estaba en su campo visual. Todo estaba en calma, en su sitio. El sol ahí fuera.
Estaba soñando - se dijo
"- Soñar con peces trae buena suerte m´hijito. Son un símbolo de buen augurio
- ¿Qué significa augurio papá?"
¿Qué significa la vida si tu hijo te mira sin poder hablarte?, ¿qué significa la vida si tu hijo de cuatro años te ve llorar?. Demasiado rápido y demasiado pronto pero esta vez no dolió igual.
Se dió cuenta mucho más tarde.





