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Cientovolando
Sindicación
 
Photoclima/Immigración (Greenpeace doc.)
No hace tanto tiempo, estos hombres y mujeres salían cada tarde a pescar a lomos de hermosos cayucos construidos de un único tronco gigantesco. Sin necesidad de alejarse más de media hora de casa, rumbo al sol poniente, encontraban en el mar pulpos, pescados y langostas. Y volvían contentos. Tal vez el mundo fuera ancho y ajeno, como había escrito Ciro Alegría, pero estaban satisfechos con el pequeño rincón que les había caido en suerte. Ocurrió que nosotros, hombres y mujeres de otras tierras, nos dimos cuenta de que, por ancho que pareciera, el mundo era más bien pequeño, y por tanto podiamos mandar nuestros enormes barcos a faenar en los caladeros de los demás. Y, al mismo tiempo, decidimos unilateralmente que tampoco era tan ajeno, pues apenas necesitábamos pedir permiso a nadie para monopolizar sus recursos y mucho menos para usar el planeta como basurero, llenándolo de CO2, fertilizantes y pesticidas. Hoy, cuando en la mar ya no hay mariscos, ni meros, ni borriquetes, y en la tierra son peores las cosechas porque llueve poco, o porque llueve demasiado, nos sorprende que también aquellos hombres y mujeres hayan averiguado que el mundo es chico y no tiene por qué ser ajeno. Y nos asusta que quieran venir a nuestro rincón, donde les han dicho que se cobra un sueldo incluso por no trabajar. Las crisis ambientales siempre han dado la cara como conflictos sociales. El cambio global está detrás del hambre, de la desesperación, de la agonía. El cambio climático ensucia hoy también la belleza de los cayucos.

MIGUEL DELIBES DE CASTRO. Valladolid. Doctor en Ciencias Biológicas. Escritor, profesor del Centro Superior de Investigaciones Cientifícas (CSIC).
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