Un libro.

Supuse que no. Mientras lo dudaba, la risa del otro lado de la pared se convirtió en suspiro y un momento después suspiró Yardena también. De nuevo oí susurros y murmullos, luego el silencio. Después de mucha oscuridad comenzaron los disparos a lo lejos, balas aisladas, espaciadas, como si ellas también estuvieran cansadas.
Quizás me quedé dormido.





