Réquiem por un sueño
Solo se puede entender como el consecuente remolino suicida, casi inevitable, al que nos dirige un camino sin otra posible opción que su abandono: la adicción a las drogas. El tratamiento videocplipero, subjetivo y surrealista del entramado de las distintas experiencias de los personajes, nos muestra un mismo destino aberrante e irremediable: la autodestrucción.
Un Aranofsky que se regodea en la condenada perdición de los protagonistas y disfruta con la agridulce frustación de los sueños que atesoramos íntimamente más allá de las miserias de la vida. Una inmersión en el diminuto universo personal abocado a un infierno mudo, desamparado e ignorado ante los ojos de la sociedad.
Una película que juega con la delicada mirada de Jennifer Connelly y la asumida y abrasadora soledad de Ellen Burstyn para ponderar y engrandecer el horror de la incompresión individualista y la insolidaridad de la contemporaniedad.
Las buenas intenciones, los deseos, los sueños... se quedan en la imaginación, en el insuficiente y ahogado intento por cumplirlos. "Tenemos un ganador", esa parece ser la máxima final que atrapa a una mujer abandonada del cariño de un hijo, concentrado en construir su futuro aparte.
Una historia acompañada por una excelente banda sonora que actúa como leit motiv del inminente y apocalíptico discurso de los acontecimientos y se adapta a las almas afligidas como agua de lluvia.
El éxito como equivalente de la felicidad. El deslumbrante brillo del falso camino hacia lo deseado.

El sino personal es el sueño... pero cuidado con lo que deseas.
Un Aranofsky que se regodea en la condenada perdición de los protagonistas y disfruta con la agridulce frustación de los sueños que atesoramos íntimamente más allá de las miserias de la vida. Una inmersión en el diminuto universo personal abocado a un infierno mudo, desamparado e ignorado ante los ojos de la sociedad.
Una película que juega con la delicada mirada de Jennifer Connelly y la asumida y abrasadora soledad de Ellen Burstyn para ponderar y engrandecer el horror de la incompresión individualista y la insolidaridad de la contemporaniedad.
Las buenas intenciones, los deseos, los sueños... se quedan en la imaginación, en el insuficiente y ahogado intento por cumplirlos. "Tenemos un ganador", esa parece ser la máxima final que atrapa a una mujer abandonada del cariño de un hijo, concentrado en construir su futuro aparte.
Una historia acompañada por una excelente banda sonora que actúa como leit motiv del inminente y apocalíptico discurso de los acontecimientos y se adapta a las almas afligidas como agua de lluvia.
El éxito como equivalente de la felicidad. El deslumbrante brillo del falso camino hacia lo deseado.

El sino personal es el sueño... pero cuidado con lo que deseas.
La Dalia Negra
La última película de Brian de Palma es como siempre un film trabajado y controvertido.
Se nota que el guión con ese final, no es propio de una historia escrita por mi querido director. Su firma se revela en la resurrección de la elegancia del cine noir. Cada fotograma contiene esa esencia de clásico perdida en la evolución del cine americano (hacia lo horterilla :P)
Es como un cuadro vivo de mujeres fatales y policías corruptos de la posguerra. Me encanta la estética. Es perfecta. Y ha sido la mejor manera que ha podido el italiano de rodar esta sórdida leyenda y disimular sus fallos de guión. Aunque me ha disgustado la recurrente utilización de una música que confiere al film cierto tinte de dramatismo telenovelero.
Por último, destaco la brillante actuación de Hilary Swank, metida de lleno en su papel de femme fatale, sensual y peligrosa, tan contraria a los personajes antifemeninos a los que nos tenía acostumbrad@s. Se podría decir en dos palabras: lo borda. Es una actriz como la copa de un pino. ¡Cómo me enamora su personaje! Una actuación eclipsada por la publicidad mediática concedida a una insulsa y anodina Scarlett Johansson (no sé si por el personaje o por esa cara entrada en trance que no hace más que estrechar morritos... ¿qué le verán, verdad Raquel? :P). Josh Harnett está aceptable dentro de su limitada capacidad de interpretación jiji y Aaron Eckhart se defiende bastante bien.

Conclusión: la película está bien y destaca por la dirección de Brian de Palma. Merece la pena, aunque tiene fallos de guión y un tratamiento sensacionalista en ocasiones excesivo.
No os preocupéis e id a verla sin prejuicios... Total, ¿quién hace caso a los críticos?
Se nota que el guión con ese final, no es propio de una historia escrita por mi querido director. Su firma se revela en la resurrección de la elegancia del cine noir. Cada fotograma contiene esa esencia de clásico perdida en la evolución del cine americano (hacia lo horterilla :P)
Es como un cuadro vivo de mujeres fatales y policías corruptos de la posguerra. Me encanta la estética. Es perfecta. Y ha sido la mejor manera que ha podido el italiano de rodar esta sórdida leyenda y disimular sus fallos de guión. Aunque me ha disgustado la recurrente utilización de una música que confiere al film cierto tinte de dramatismo telenovelero.
Por último, destaco la brillante actuación de Hilary Swank, metida de lleno en su papel de femme fatale, sensual y peligrosa, tan contraria a los personajes antifemeninos a los que nos tenía acostumbrad@s. Se podría decir en dos palabras: lo borda. Es una actriz como la copa de un pino. ¡Cómo me enamora su personaje! Una actuación eclipsada por la publicidad mediática concedida a una insulsa y anodina Scarlett Johansson (no sé si por el personaje o por esa cara entrada en trance que no hace más que estrechar morritos... ¿qué le verán, verdad Raquel? :P). Josh Harnett está aceptable dentro de su limitada capacidad de interpretación jiji y Aaron Eckhart se defiende bastante bien.

Conclusión: la película está bien y destaca por la dirección de Brian de Palma. Merece la pena, aunque tiene fallos de guión y un tratamiento sensacionalista en ocasiones excesivo.
No os preocupéis e id a verla sin prejuicios... Total, ¿quién hace caso a los críticos?
Piratas del verano
Decidida a retomar la subjetiva, laboriosa y estimulante labor de criticar el Séptimo Arte, la verdad es que, desde que no me paso por aquí, tengo varias joyitas y no tan joyitas guardas en el cajón de mi memoria.
Empezemos por lo más fresco, respecto a lo que a las novedades de la cartelera se refiere, procedamos a echar una mirada critica (y nunca mejor dicho) a la segunda película de piratas que nos regala la industria Disney, Piratas del Caribe. El cofre del hombre muerto, de nuevo de la mano del estadounidense Gore Verbinski.
En primer lugar, resaltar el ritmo aún más trepidante que consigue esta segunda parte, superando a la primera de esta futura trilogía, con la aplicación de una milimetrada precisión tanto en el encadenamiento de las escenas cómo en el cuidado de los escenarios, caracterización de los personajes y escenas de acción perfectamente coreografiadas, que a la vez coordinan humor, acción y tempo de una forma magnifica. La caricatura de los personajes recuerda a algunas de las viejas glorias disneyianas, las cuales no desencajarían en un musical. Sin duda, nos encontramos ante una película tan bien construída a nivel real que podría pasar por ser una de dibujos animados.
A parte de esto, reconozcámos que no se puede encontrar una historia de amor con peso ni un melodrama con profundidad más allá de la explotación de los tópicos héroes (cómo el que da vida Orlando Bloom, siempre con su gesto solemne y hermético), o en este caso, el intento de Keira Nightley por dar vida a un personaje más verosímil que no sea interpretarse a ella misma. Por descontado, sin el talento de Johnny Depp, esta gran película terciada, nunca hubiera sido la misma y quizás no hubiera alcanzado el éxito suficiente como para producir las dos secuelas.
En resumen, esta es una película que no te concede tiempo para tomarte un respiro ante las mútliples ocasiones límite y al borde la muerte en la que se encuentran los personajes. Acción acción, acción, como una buena película de aventuras se merece. Un final un poco abrupto, pero weno, consideremos globalmente como una segunda parte comestible y visible, aunque con cierto riesgo de empacho. La sumersión en un mundo fantástico les encantará al público infantil, (seguro que si fuera una peque la consideraría una de mis películas favoritas :P). No le pidamos peras al olmo.

Cómo no enaromarse de tus ojazos, Johnny...
Esa mezcla de extravagancia y sofisticación con desconfianaz resulta muy atractiva jiji
Empezemos por lo más fresco, respecto a lo que a las novedades de la cartelera se refiere, procedamos a echar una mirada critica (y nunca mejor dicho) a la segunda película de piratas que nos regala la industria Disney, Piratas del Caribe. El cofre del hombre muerto, de nuevo de la mano del estadounidense Gore Verbinski.
En primer lugar, resaltar el ritmo aún más trepidante que consigue esta segunda parte, superando a la primera de esta futura trilogía, con la aplicación de una milimetrada precisión tanto en el encadenamiento de las escenas cómo en el cuidado de los escenarios, caracterización de los personajes y escenas de acción perfectamente coreografiadas, que a la vez coordinan humor, acción y tempo de una forma magnifica. La caricatura de los personajes recuerda a algunas de las viejas glorias disneyianas, las cuales no desencajarían en un musical. Sin duda, nos encontramos ante una película tan bien construída a nivel real que podría pasar por ser una de dibujos animados.
A parte de esto, reconozcámos que no se puede encontrar una historia de amor con peso ni un melodrama con profundidad más allá de la explotación de los tópicos héroes (cómo el que da vida Orlando Bloom, siempre con su gesto solemne y hermético), o en este caso, el intento de Keira Nightley por dar vida a un personaje más verosímil que no sea interpretarse a ella misma. Por descontado, sin el talento de Johnny Depp, esta gran película terciada, nunca hubiera sido la misma y quizás no hubiera alcanzado el éxito suficiente como para producir las dos secuelas.
En resumen, esta es una película que no te concede tiempo para tomarte un respiro ante las mútliples ocasiones límite y al borde la muerte en la que se encuentran los personajes. Acción acción, acción, como una buena película de aventuras se merece. Un final un poco abrupto, pero weno, consideremos globalmente como una segunda parte comestible y visible, aunque con cierto riesgo de empacho. La sumersión en un mundo fantástico les encantará al público infantil, (seguro que si fuera una peque la consideraría una de mis películas favoritas :P). No le pidamos peras al olmo.

Cómo no enaromarse de tus ojazos, Johnny...
Esa mezcla de extravagancia y sofisticación con desconfianaz resulta muy atractiva jiji
Robemos las orquídeas
Original donde las haya. Las crisis personales de creatividad, fundadas en las caídas de la autoconfianza es un fantasma muy común entre los lares de las mentes imaginativas. Eso es precisamente lo que quiere comunicar Charlie Kauffman, el guionista de Cómo ser John Malcovich en su segunda colaboración con Spinke Jonze.
¿Acaso no nos hemos visto bloqueados alguna vez a la hora de enfrentarnos a un proyecto intimidante? En estas épocas veraniegas, el nihilismo puede centrífugarnos por la más mínima causa. El peor enemigo eres tú mismo. Un amigo mío ha perdido las ilusiones, y esta película me recuerda a esa sensación. La falta de pasión que siente el guionista protagonista, bordada con la magnífica actuación de Nicolas Cage, se asemeja al vacío de la vida de Susan Orlean, la periodista y autora del libro El ladrón de orquídeas basado en las epopeyas de John Laroche por apoderarse de las estrambóticas flores del título.
La dualidad de la personalidad también es personificada por el hermano gemelo de Charlie Kaufman, interpretado por el propio Cage. Como si fuera blanco y negro, la noche y el día, la inseguridad y la autoestima, el positivismo y el pesimismo, se juega con la presencia de esa doble baza que permanece en nuestras mentes a la hora de tomar decisiones.
Las complicadas y concienzudas tramas de esta película convergen de manera consecuente en un desenlace sorprendente. Un romance entre el burdo ladrón y la estirada periodista es tan ilógico y verosímil como la vida misma, el desencadenamiento de los acontecimentos es llevado al extremo al provocar que la construcción de un guión pueda conllevar a un guionista al riesgo de un peligro vital.
¿El precio de la felicidad? ¿La lucha por la inspiración? ¿El riesgo de la verdad? Esta película sugiere muchos dilemas, las respuestas se dan de una manera divertida y desconcertante. Lo bueno es darse cuenta de que éstas no son tan complicadas.

¿Alguna vez habéis descubierto la pasión que despiertan las flores?
Como dice Kuaffman, lo que busca en su adaptación es "una historia de flores", no asesinatos, ni persecuciones, ni otro tipo de tramas. Efectivamente, la pasión por las flores también mueve corazones.
¿Acaso no nos hemos visto bloqueados alguna vez a la hora de enfrentarnos a un proyecto intimidante? En estas épocas veraniegas, el nihilismo puede centrífugarnos por la más mínima causa. El peor enemigo eres tú mismo. Un amigo mío ha perdido las ilusiones, y esta película me recuerda a esa sensación. La falta de pasión que siente el guionista protagonista, bordada con la magnífica actuación de Nicolas Cage, se asemeja al vacío de la vida de Susan Orlean, la periodista y autora del libro El ladrón de orquídeas basado en las epopeyas de John Laroche por apoderarse de las estrambóticas flores del título.
La dualidad de la personalidad también es personificada por el hermano gemelo de Charlie Kaufman, interpretado por el propio Cage. Como si fuera blanco y negro, la noche y el día, la inseguridad y la autoestima, el positivismo y el pesimismo, se juega con la presencia de esa doble baza que permanece en nuestras mentes a la hora de tomar decisiones.
Las complicadas y concienzudas tramas de esta película convergen de manera consecuente en un desenlace sorprendente. Un romance entre el burdo ladrón y la estirada periodista es tan ilógico y verosímil como la vida misma, el desencadenamiento de los acontecimentos es llevado al extremo al provocar que la construcción de un guión pueda conllevar a un guionista al riesgo de un peligro vital.
¿El precio de la felicidad? ¿La lucha por la inspiración? ¿El riesgo de la verdad? Esta película sugiere muchos dilemas, las respuestas se dan de una manera divertida y desconcertante. Lo bueno es darse cuenta de que éstas no son tan complicadas.

¿Alguna vez habéis descubierto la pasión que despiertan las flores?
Como dice Kuaffman, lo que busca en su adaptación es "una historia de flores", no asesinatos, ni persecuciones, ni otro tipo de tramas. Efectivamente, la pasión por las flores también mueve corazones.
Domino
Indomable y desenfrenada es nuestra película de Tony Scott., al igual que el espíritu sediento de autenticidad y adrenalina que tiene nuestra Domino Harvey.
Emocionado por el empacho de juegos pos-productivos en la narración de los acontecimientos, este falso biopic de la modelo inglesa, reconvertida en una cazarrecompensas, es una arriesgada apuesta inconformista y reivindicativa de un estilo propio.
Con ello, el otro hermano menos conocido de los Scotts quiere legitimar un montaje nacido de la publicidad y el videoclip, que ataca a nuestros cinco sentidos de forma eficaz y apremiante, a la vez que cuenta con una sustancial historia, en la que encajan sorpresivamente todas las piezas.
Este déficit por exceso de malabarismos visuales, tampoco agrada a todo el mundo. He de reconocer que a las 11 y media de la noche, con la cabeza algo abortagada, a una servidora le costó seguir el ritmo cardíaco al que Tony Scott somete a su propia creación.
Esta predilección por los excesos no solo se refleja en la inyección forzada y aceleramiento del número de imágenes por minuto, sino también en los propios derroteros de la historia, que se burla de su propia seriedad y consigue escapar de lo previsible.
Surrealista, caótica, trepidante, en ocasiones frívola... Esta película alcanza una visión profundamente subjetiva, donde la sordidez se combina con un espíritu idealista redentor.
Aquellos que se decidan por esta atrayente producción, que no esperen 'una de acción' o un thriller a antigua usanza. Cuando menos te lo esperas, Scott inyecta un chute de mezcalina...

Los morritos de Knightley, caracterizan a Domino jejeje
Emocionado por el empacho de juegos pos-productivos en la narración de los acontecimientos, este falso biopic de la modelo inglesa, reconvertida en una cazarrecompensas, es una arriesgada apuesta inconformista y reivindicativa de un estilo propio.
Con ello, el otro hermano menos conocido de los Scotts quiere legitimar un montaje nacido de la publicidad y el videoclip, que ataca a nuestros cinco sentidos de forma eficaz y apremiante, a la vez que cuenta con una sustancial historia, en la que encajan sorpresivamente todas las piezas.
Este déficit por exceso de malabarismos visuales, tampoco agrada a todo el mundo. He de reconocer que a las 11 y media de la noche, con la cabeza algo abortagada, a una servidora le costó seguir el ritmo cardíaco al que Tony Scott somete a su propia creación.
Esta predilección por los excesos no solo se refleja en la inyección forzada y aceleramiento del número de imágenes por minuto, sino también en los propios derroteros de la historia, que se burla de su propia seriedad y consigue escapar de lo previsible.
Surrealista, caótica, trepidante, en ocasiones frívola... Esta película alcanza una visión profundamente subjetiva, donde la sordidez se combina con un espíritu idealista redentor.
Aquellos que se decidan por esta atrayente producción, que no esperen 'una de acción' o un thriller a antigua usanza. Cuando menos te lo esperas, Scott inyecta un chute de mezcalina...

Los morritos de Knightley, caracterizan a Domino jejeje





