La verdad sobre el Pianista Mudo
Hace unos meses salió en todos los periódicos la noticia de que un hombre había sido encontrado en una playa inglesa, vestido de chaqueta y totalmente empapado. Al parecer era mudo y amnésico pero tocaba el piano con gran virtuosismo. La prensa lo bautizó como “El pianista mudo”.
La noticia causó gran interés, sobre todo por el hecho de que un hombre no recuerde nada excepto cómo tocar el piano y que no pueda comunicarse si no es a través de ese instrumento. La noticia estaba cargada de misterio y de romanticismo. Algo sólo propio de las novelas o las películas.
A estas alturas ya se sabe la verdad de lo que pasó. El joven tenía problemas psicológicos. Resulta que podía hablar, no tocaba el piano y era de Bavaria (Alemania). Lo de su virtuosismo era, al parecer, un rumor que empezó en la clínica donde estaba internado. Un día empezó a hablar, no era mudo, ni tampoco amnésico. Les dijo que su familia vivía en una granja de Bavaria, y que cuando lo encontraron en la playa había intentado suicidarse.
Es triste, pero esta última versión resulta más fácil de creer, aunque también es más deprimente. A todo el mundo le gustaba la primera, sobre todo por lo que he dicho antes, por el hecho de que parecía algo sacado de una película. La noticia era esperanzadora, indicaba que ciertas cosas no sólo ocurren en la ficción, y eso es algo que a todo el mundo le gusta oír. A todo el mundo le gusta pensar que es posible, que en el mundo puede haber historias así, con final feliz para los buenos y un justo castigo para los malos.
¿Cuánto tiene que cambiar el mundo para que una historia como la del pianista mudo pueda ser verídica?
La noticia causó gran interés, sobre todo por el hecho de que un hombre no recuerde nada excepto cómo tocar el piano y que no pueda comunicarse si no es a través de ese instrumento. La noticia estaba cargada de misterio y de romanticismo. Algo sólo propio de las novelas o las películas.
A estas alturas ya se sabe la verdad de lo que pasó. El joven tenía problemas psicológicos. Resulta que podía hablar, no tocaba el piano y era de Bavaria (Alemania). Lo de su virtuosismo era, al parecer, un rumor que empezó en la clínica donde estaba internado. Un día empezó a hablar, no era mudo, ni tampoco amnésico. Les dijo que su familia vivía en una granja de Bavaria, y que cuando lo encontraron en la playa había intentado suicidarse.
Es triste, pero esta última versión resulta más fácil de creer, aunque también es más deprimente. A todo el mundo le gustaba la primera, sobre todo por lo que he dicho antes, por el hecho de que parecía algo sacado de una película. La noticia era esperanzadora, indicaba que ciertas cosas no sólo ocurren en la ficción, y eso es algo que a todo el mundo le gusta oír. A todo el mundo le gusta pensar que es posible, que en el mundo puede haber historias así, con final feliz para los buenos y un justo castigo para los malos.
¿Cuánto tiene que cambiar el mundo para que una historia como la del pianista mudo pueda ser verídica?
Próximo estreno: El hombre del tiempo

David Spritz (Nicolas Cage) es el hombre del tiempo de un canal local de Chicago que, a través de la pantalla, parece tener éxito y control sobre las cosas que le rodean. Pero lo cierto es que su vida personal deja mucho que desear.
A David le gustaría que su padre (Michael Caine) le respetara, que su ex mujer (Hope Davis) volviera con él, que su hija fuera feliz y que su hijo no se metiera en líos. Y su éxito profesional no parece solucionar estos problemas.
Gore Verbinski (La maldición de la Perla Negra) dirige esta película cargada de giros inesperados. Cuando la haya visto os diré más.
Frank Abagnale, historia de un ladrón
Generalmente las películas basadas en hechos reales cambian un poco la realidad para hacer hincapié en un aspecto del hecho, pero eso es algo que no pasa con la película de Steven Spielberg Atrápame si puedes. La historia de su protagonista, Frank Abagnale es fascinante tanto dentro como fuera de la pantalla. Quien vea la película pensará que es surrealista que un chico de diecisiete años pueda hacerse pasar por piloto, médico, abogado y profesor de universidad a lo largo de cinco años, pero fue un hecho muy real.
Frank nació a finales de los años cuarenta. Se crió en Nueva York. Cuando tenía dieciséis años sus padres se divorciaron. En la sala del tribunal, el juez le dijo a Frank que tenía que elegir entre vivir con su padre o con su madre. Aquello trastornó tanto a Frank que salió corriendo de la sala y huyó. A su madre no la volvió a ver hasta siete años después. A su padre no lo vio nunca más.
Cuando huyó, Frank modificó su carnet, de forma que pareciera que había nacido en 1938 en vez de en 1948, y como era alto y aparentaba más edad, no tuvo problema en fingir tener diez años más. Tenía un talonario de cheques que pronto empezó a estar sin fondos, por lo que tuvo que huir. Un día, al ver a unos pilotos de avión, se decidió por ese camino. Llamó a la compañía Pan Am y, haciéndose pasar por un piloto, preguntó adónde tenía que ir para adquirir otro uniforme. Le dieron la dirección de un almacén y allí adquirió uno. Cuando preguntó al del almacén cuánto tenía que pagar, el hombre le dijo que sólo tenía que dar su número de ficha, que ya se lo descontarían. Frank dio un número falso y se fue con el uniforme.
Estuvo volando gratis y cobrando cheques de la Pan Am durante dos años, hasta que dejó de hacerlo al cumplir los dieciocho, pues el FBI ya había emitido una orden de búsqueda. Decidió irse a Atlanta.
Quiso trasladarse a un apartamento de lujo, para lo cual le pedían que rellenara un impreso con la profesión, empresa, etc. Para no dar datos que pudieran comprobar, Frank puso que era médico. Buscó trabajo en un hospital en el que le dieron un puesto de sustituto, aunque en dicho puesto no tenía que diagnosticar ni recetar medicamentos a los pacientes, sólo tenía que supervisar los turnos. Estuvo allí un año.
Después se fue a Louisiana, donde no se exige la carrera de derecho para ejercer la abogacía, sólo hace falta estudiarse el código y pasar un examen. Frank hizo ese examen y lo aprobó, pasándose el año siguiente trabajando para el fiscal general. Después empezó a dar clases en una universidad como profesor de sociología. Su truco, ir una lección por delante de los alumnos. Mientras tanto seguía extendiendo cheques falsos. A lo largo de los años había perfeccionado sus técnicas, aunque al principio falsificaba los cheques con un método de “copiar y pegar”, ahora usaba métodos mucho más avanzados.
Finalmente la Interpol lo detiene en Francia. Fue juzgado y condenado un tiempo allí por falsificación, y cuando cumplió la condena fue extraditado a Suecia, donde también fue juzgado y condenado. Después lo juzgaron en Estados Unidos, donde lo condenaron a doce años.
En total había extendido cheques falsos por valor de 2,5 millones de dólares en veintiséis países y en los cincuenta estados de E.E.U.U. Y todo eso antes de cumplir los veintiún años.
Aunque la condena fue de doce años, sólo cumplió cuatro. Le dieron la condicional con la condición de que residiera en Houston (Texas) y de que trabajara para el gobierno. Desde entonces imparte cursos, seminarios y da clases en la academia del FBI sobre falsificación y dinero falso. Lleva más de veinticinco años haciéndolo, y posee una empresa de consultoría que desarrolla tecnología que se usa actualmente en carnets de conducir, pasaportes, billetes y otros documentos. Está considerado uno de los mayores expertos en falsificación del mundo, y es millonario. Tiene mujer y tres hijos.
La mayoría de la gente, cuando conoce la historia de Frank Abagnale, siente una sincera simpatía hacia él. ¿Por qué, si es un criminal? En mi opinión es porque no es un “criminal malo”. No es un asesino, ni un violador, es un ladrón. Y no es un ladrón de los que roba el dinero a una jubilada o a una familia pobre. Robaba a empresas multimillonarias, y lo hacía de una forma astuta e ingeniosa.
En cierto modo inspira simpatía porque en el fondo a todos nos gustaría hacer algo parecido. Quiero decir que nos gustaría ser tan audaces y vivir de una forma tan intensa, con lujos y persecuciones, dedicarnos a tantas profesiones, viajar de un lado a otro… y al final acabar ganando millones dentro de la ley y ser considerado un gran profesional. Steven Spielberg lo conoció personalmente para rodar la película, y después afirmó “Es capaz de venderte arena en el desierto”.
Algunos afirman que si pudo falsificar durante cinco años fue porque en los sesenta los sistemas de seguridad bancarios no eran tan avanzados como ahora, pero hay expertos en el tema que no niegan la posibilidad de que pueda haber más Franks Abagnale en el futuro. ¿Quién será el próximo? Y, lo más importante, ¿cómo lo hará?
Frank nació a finales de los años cuarenta. Se crió en Nueva York. Cuando tenía dieciséis años sus padres se divorciaron. En la sala del tribunal, el juez le dijo a Frank que tenía que elegir entre vivir con su padre o con su madre. Aquello trastornó tanto a Frank que salió corriendo de la sala y huyó. A su madre no la volvió a ver hasta siete años después. A su padre no lo vio nunca más.
Cuando huyó, Frank modificó su carnet, de forma que pareciera que había nacido en 1938 en vez de en 1948, y como era alto y aparentaba más edad, no tuvo problema en fingir tener diez años más. Tenía un talonario de cheques que pronto empezó a estar sin fondos, por lo que tuvo que huir. Un día, al ver a unos pilotos de avión, se decidió por ese camino. Llamó a la compañía Pan Am y, haciéndose pasar por un piloto, preguntó adónde tenía que ir para adquirir otro uniforme. Le dieron la dirección de un almacén y allí adquirió uno. Cuando preguntó al del almacén cuánto tenía que pagar, el hombre le dijo que sólo tenía que dar su número de ficha, que ya se lo descontarían. Frank dio un número falso y se fue con el uniforme.
Estuvo volando gratis y cobrando cheques de la Pan Am durante dos años, hasta que dejó de hacerlo al cumplir los dieciocho, pues el FBI ya había emitido una orden de búsqueda. Decidió irse a Atlanta.
Quiso trasladarse a un apartamento de lujo, para lo cual le pedían que rellenara un impreso con la profesión, empresa, etc. Para no dar datos que pudieran comprobar, Frank puso que era médico. Buscó trabajo en un hospital en el que le dieron un puesto de sustituto, aunque en dicho puesto no tenía que diagnosticar ni recetar medicamentos a los pacientes, sólo tenía que supervisar los turnos. Estuvo allí un año.
Después se fue a Louisiana, donde no se exige la carrera de derecho para ejercer la abogacía, sólo hace falta estudiarse el código y pasar un examen. Frank hizo ese examen y lo aprobó, pasándose el año siguiente trabajando para el fiscal general. Después empezó a dar clases en una universidad como profesor de sociología. Su truco, ir una lección por delante de los alumnos. Mientras tanto seguía extendiendo cheques falsos. A lo largo de los años había perfeccionado sus técnicas, aunque al principio falsificaba los cheques con un método de “copiar y pegar”, ahora usaba métodos mucho más avanzados.
Finalmente la Interpol lo detiene en Francia. Fue juzgado y condenado un tiempo allí por falsificación, y cuando cumplió la condena fue extraditado a Suecia, donde también fue juzgado y condenado. Después lo juzgaron en Estados Unidos, donde lo condenaron a doce años.
En total había extendido cheques falsos por valor de 2,5 millones de dólares en veintiséis países y en los cincuenta estados de E.E.U.U. Y todo eso antes de cumplir los veintiún años.
Aunque la condena fue de doce años, sólo cumplió cuatro. Le dieron la condicional con la condición de que residiera en Houston (Texas) y de que trabajara para el gobierno. Desde entonces imparte cursos, seminarios y da clases en la academia del FBI sobre falsificación y dinero falso. Lleva más de veinticinco años haciéndolo, y posee una empresa de consultoría que desarrolla tecnología que se usa actualmente en carnets de conducir, pasaportes, billetes y otros documentos. Está considerado uno de los mayores expertos en falsificación del mundo, y es millonario. Tiene mujer y tres hijos.
La mayoría de la gente, cuando conoce la historia de Frank Abagnale, siente una sincera simpatía hacia él. ¿Por qué, si es un criminal? En mi opinión es porque no es un “criminal malo”. No es un asesino, ni un violador, es un ladrón. Y no es un ladrón de los que roba el dinero a una jubilada o a una familia pobre. Robaba a empresas multimillonarias, y lo hacía de una forma astuta e ingeniosa.
En cierto modo inspira simpatía porque en el fondo a todos nos gustaría hacer algo parecido. Quiero decir que nos gustaría ser tan audaces y vivir de una forma tan intensa, con lujos y persecuciones, dedicarnos a tantas profesiones, viajar de un lado a otro… y al final acabar ganando millones dentro de la ley y ser considerado un gran profesional. Steven Spielberg lo conoció personalmente para rodar la película, y después afirmó “Es capaz de venderte arena en el desierto”.
Algunos afirman que si pudo falsificar durante cinco años fue porque en los sesenta los sistemas de seguridad bancarios no eran tan avanzados como ahora, pero hay expertos en el tema que no niegan la posibilidad de que pueda haber más Franks Abagnale en el futuro. ¿Quién será el próximo? Y, lo más importante, ¿cómo lo hará?