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Diario de la ciudad visible
Simpáticas andanzas en los ventitantos
Acerca de
E: Yo. Venticinco, viviendo en una ciudad más pequena de lo que me gustaría. AAA: La empresa-secta de mis desamores. S: El gran amor de hace unos años que sigue sin quitárseme de la cabeza. Hugo: Mejor amiguito. Pablo: Pseudonovio de Hugo. X: Lo más promíscuo de Valladolid. Guapo guapísimo. Cirilo: Ex – novio de la uni. Actualmente es ginécologo. Juan: Sereno y sabio. También muy guapo. En el instituto andaba enamorada perdidamente de él. Y como marco incomparable, la ciudad de Cloe (una concesión a las ciudades invisibles de Italo Calvino) en sustitución del nombre compuesto de mi pequeñita ciudad visible.
Sindicación
 
del lado oscuro y otras cosas negras
Domingo domingoso.
Juan se ha vuelto a Madrid a hacer sus exámenes tras una sonada discusión, la última vez que quedamos, acerca de la dichosa manifestación reaccionario-católica de ayer. Como dije, el tipo este es bastante religioso. En principio, no tengo nada que objetar. Pero cuando la religiosidad implica que incluso alguien muy inteligente cierre la mente y acepte lo inaceptable...malo, malo.
Así que la tradicional cita del parque (esta vez al lado del río, que encima me han amanecido los brazos comidos por los mosquitos y el culo de los vaqueros manchado de verdín) estuvo avinagrada.
Y lo que es más triste, he descubierto en el Juan un lado que creía que con los años y las experiencias ya había quedado más que superado.

Como última puntilla al temita manifestación, he visto esta perla de foto. Si la cara es el espejo del alma, estos cuervos tienen el alma más negra que la sotana. Me queda de consuelo pensar el calor que han tenido que pasar con las sotanillas. Será por el regusto morboso que da el mortificarse, que a falta de látigos y bragas de latex, buena es la lana negra a 40 grados.
No