ójala esté alopécico
Ayer hablé con el innombrable S. Con la excusa de un futurible viaje a Bilbao a ver el Guggenhein que estamos planeando Eneko, Juan y yo, me salió la vena psicopatológica y le hice la llamadita de rigor para pedir su asesoramiento sobre albergues/bares/carreteras de buen bilbaino.
Sé que es patético por mi parte, que no estaba solo, que estaría su novia rondando por ahí, pero qué voy a hacer si la voz ultragrave de este tío me sigue conmoviendo al cabo del tiempo.
Hace tres años que no lo veo, seguramente esté con la alopecia avanzada, sin oficio ni beneficio (esto no es conjetura, lo dijo él en su último mail), empeñado en componer esa mierda de música “liberada de las reglas de la armonía, con esquemas de composición matemáticos” para la que alguna vez llegó el muy vil a pedirme mi asesoramiento de buena chica científica. Seguirá delgadísimo y desgarbado, puro hueso y ángulos y desnudará a otra sobre su colcha de Epi y Blas.
Pero no elegimos de quién nos colgamos.
Cada vez me acuerdo menos de él, ya nunca lloro con ciertas canciones, ni me parece ver su cazadora gris por la calle. Incluso me parece algo ñoña la música que solíamos escuchar.
Pero una vez al mes, como si fuera una especie de menstruación psicológica maligna, me suelo acordar de él.
Ay, intensamente.
Sé que es patético por mi parte, que no estaba solo, que estaría su novia rondando por ahí, pero qué voy a hacer si la voz ultragrave de este tío me sigue conmoviendo al cabo del tiempo.
Hace tres años que no lo veo, seguramente esté con la alopecia avanzada, sin oficio ni beneficio (esto no es conjetura, lo dijo él en su último mail), empeñado en componer esa mierda de música “liberada de las reglas de la armonía, con esquemas de composición matemáticos” para la que alguna vez llegó el muy vil a pedirme mi asesoramiento de buena chica científica. Seguirá delgadísimo y desgarbado, puro hueso y ángulos y desnudará a otra sobre su colcha de Epi y Blas.
Pero no elegimos de quién nos colgamos.
Cada vez me acuerdo menos de él, ya nunca lloro con ciertas canciones, ni me parece ver su cazadora gris por la calle. Incluso me parece algo ñoña la música que solíamos escuchar.
Pero una vez al mes, como si fuera una especie de menstruación psicológica maligna, me suelo acordar de él.
Ay, intensamente.
Comentario:
La nostalgia con los ex-novios nunca es buena... (mira quien fue a hablar)
Comentario:
No pretendo ser agorero, pero hay alopécicos que ganan perdiendo pelo...





