charme mesetario
Tras semanas de indirectas telefónicas de mi querida madre acerca de mi escaso apego por;
a) mi familia indirecta (tíos, primos y vecinas del pueblo de toda la vida, de las que vienen de visita en zapatillas y bata de boatinée)
b)por el pueblo del que es originaria mi familia y toda la corte de los parientes anteriormente citados
He decidido que este fin de semana toca pasarlo en el pueblo.
El pueblo está a 20 Km y llevo meses sin ir. Tiene una chopera, una escuela y dos bares con botellines a 80 cents. y chatos de vino a 50. Antes me encantaba.
Al principio de los tiempos, de mis tiempos, era el lugar de los veranos de sol aplastante, coche fantástico en la tele y tardes haciendo casetas con los “chicos del pueblo”, agresivos y roñosos, que a los de fuera nos inspiraban miedo y admiración.
Luego vino la formación de pandillitas. Yo iba con unas chicas de Madrid, más pijas, más monas y más mayores. Nos la pasábamos entregadas a fumar Chester detrás de la iglesia y a espiar y a hacer comentarios obscenos acerca de los tíos de bilbao del grupito punki/borroka del pueblo. Las tías del grupito punki/borroka, nos odiaban porque nos liábamos con sus hombres fetiche, a saber, el Rulos, Julián tres piernas (por qué se llamaba así..?) y el punki Drubén (ese mote sí recuerdo que venía de la unión de drogas+Rubén). Jugábamos al juego de la verdad tardes enteras, sonsacando a la Bego los detalles de su rollo con el Rulos y alucinando en technicolor cuando la Elenota nos contó que había tocado la polla a uno. Veranos.
Más mayor conocí allí al innombrable S, que llegó, me enamoró y se fue sin volver a aparecer hasta años más tarde. Comencé a ir cada vez menos, algún fin de semana aislado a hacer fiestas caseras con amigos de Valladolid.
Ahora voy una o dos veces al año, a sorprenderme de lo yenis que se han vuelto las del clan borroka y a ver al Rulos convertido en diseñador pijo. Del grupito púber, todas están ya hechas unas marus con niños, menos la bella K, cuya amistad sigo cultivando. A veces, en el finde de fiestas (que es este) viene el innombrable S, me entra la nostalgia y me hago la encontradiza frente a su casa. Este año, si viene, lo hará con la novia. La bella K. y yo, criticaremos y lanzaremos premoniciones maléficas a la feliz pareja desde la esquina del bar de los chatos a 50.
Nadie puede negar que el pueblo tiene su encanto. Le charme.
a) mi familia indirecta (tíos, primos y vecinas del pueblo de toda la vida, de las que vienen de visita en zapatillas y bata de boatinée)
b)por el pueblo del que es originaria mi familia y toda la corte de los parientes anteriormente citados
He decidido que este fin de semana toca pasarlo en el pueblo.
El pueblo está a 20 Km y llevo meses sin ir. Tiene una chopera, una escuela y dos bares con botellines a 80 cents. y chatos de vino a 50. Antes me encantaba.
Al principio de los tiempos, de mis tiempos, era el lugar de los veranos de sol aplastante, coche fantástico en la tele y tardes haciendo casetas con los “chicos del pueblo”, agresivos y roñosos, que a los de fuera nos inspiraban miedo y admiración.
Luego vino la formación de pandillitas. Yo iba con unas chicas de Madrid, más pijas, más monas y más mayores. Nos la pasábamos entregadas a fumar Chester detrás de la iglesia y a espiar y a hacer comentarios obscenos acerca de los tíos de bilbao del grupito punki/borroka del pueblo. Las tías del grupito punki/borroka, nos odiaban porque nos liábamos con sus hombres fetiche, a saber, el Rulos, Julián tres piernas (por qué se llamaba así..?) y el punki Drubén (ese mote sí recuerdo que venía de la unión de drogas+Rubén). Jugábamos al juego de la verdad tardes enteras, sonsacando a la Bego los detalles de su rollo con el Rulos y alucinando en technicolor cuando la Elenota nos contó que había tocado la polla a uno. Veranos.
Más mayor conocí allí al innombrable S, que llegó, me enamoró y se fue sin volver a aparecer hasta años más tarde. Comencé a ir cada vez menos, algún fin de semana aislado a hacer fiestas caseras con amigos de Valladolid.
Ahora voy una o dos veces al año, a sorprenderme de lo yenis que se han vuelto las del clan borroka y a ver al Rulos convertido en diseñador pijo. Del grupito púber, todas están ya hechas unas marus con niños, menos la bella K, cuya amistad sigo cultivando. A veces, en el finde de fiestas (que es este) viene el innombrable S, me entra la nostalgia y me hago la encontradiza frente a su casa. Este año, si viene, lo hará con la novia. La bella K. y yo, criticaremos y lanzaremos premoniciones maléficas a la feliz pareja desde la esquina del bar de los chatos a 50.
Nadie puede negar que el pueblo tiene su encanto. Le charme.
Comentario:
Cuentanos más detalles de Julian 3 piernas, anda!!
Comentario:
La España profunda...so charm. :-p