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Diario de la ciudad visible
Simpáticas andanzas en los ventitantos
Acerca de
E: Yo. Venticinco, viviendo en una ciudad más pequena de lo que me gustaría. AAA: La empresa-secta de mis desamores. S: El gran amor de hace unos años que sigue sin quitárseme de la cabeza. Hugo: Mejor amiguito. Pablo: Pseudonovio de Hugo. X: Lo más promíscuo de Valladolid. Guapo guapísimo. Cirilo: Ex – novio de la uni. Actualmente es ginécologo. Juan: Sereno y sabio. También muy guapo. En el instituto andaba enamorada perdidamente de él. Y como marco incomparable, la ciudad de Cloe (una concesión a las ciudades invisibles de Italo Calvino) en sustitución del nombre compuesto de mi pequeñita ciudad visible.
Sindicación
 
Los años también pasan por las Boas Constrictor.
Acabo de leer el comentario de Silvio. Cierto, últimamente me voy enredando en una maraña de rolletes, amigos, novios multiorientación sexual y exnovios del pasado un tanto liosa.

Y desde la vida real, esta marabunta acaba también irrumpiendo en el blog sin demasiada educación...
Cada uno o cada una tiene su historia. Hoy desgrano la primera.

S: El más importante y el que será siempre. Lo vi con mis 16 años y sus 20, tocando la guitarra en una chopera del pueblo minúsculo de Castilla donde pasaba los veranos larguísimos antes de que la uni y luego el trabajo lo complicaran todo.
En una sóla tarde, en la que me senté a su lado sin preguntar demasiado, escuché mi primera canción de Silvio, repasé el Principito, me enteré de la vida y milagros del Barón Rampante y me llevé a casa una boa constrictor hecha (mal hecha) de juncos. Aunque tardó todo un año en dejarse ver de nuevo entre los chopos, me colgué del tipo este del que ni siquiera sabía el nombre.
Al año siguiente, otra vez en los chopos, le pedí su dirección y comencé a escribirle las cartas más curradas que he mandado en mi vida.
El también comenzó a contestar unas cartas siempre tristes, siempre en Times New Roman 10 puntos, siempre bellísimas. Leíamos los mismos libros cada uno en su ciudad, escuchábamos las mismas músicas...aprendí mucho.
Con 18 años al cabo de dos veranos nos dimos un beso nervioso detrás de la iglesia. Y pasó el tiempo y llegó el invento del correo electrónico y comenzamos a cambiar mails más a menudo y a pensar en encontrarnos algo más de los dos días en los que nos veíamos de año en año.

Tuvimos un finde juntos que fue el más luminoso de mi vida. Había un póster de Kandinsky en una habitación vacía y siniestra de la pensión más barata de Madrid. Nosotros estuvimos todo el finde dentro del póster.

Nos distanciamos por una chorrada, me fui a Bruselas, volví, tuve otros rollos, trabajé mucho y como ni por esas dejaba de recordarlo, no pude hacer otra cosa que escribirle.

A él iba dirigido el mail que sale en el primer post.
Contestó hace nada y pensé que me iba a morir de pena: “Yo sigo con mis estudios de composición en X y pensando en si marcharme a Francia o no. Hago algunos cursos durante el año o en verano y eso es todo. Para el próximo año haré las oposiciones para el cuerpo de maestros y así utilizaré un titulo que tenia muerto de risa y que me permitirá tener dinero para costearme estos años de composición… los ahorros se acaban y la “caridad” familiar ya le pesa a uno demasiado. Si algún día llego a hacer algo "socialmente importante" te lo haré saber.
Respecto al otro "50%", como te habrás imaginado, es mi novia A. Vivimos juntos y nos va genial (o mejor). Tengo suerte. La verdad es que me siento un hombre muy afortunado”


Mientras escribo escucho un disco de Silvio. Como no podía ser de otra forma, llevo media hora pulsando repetitivamente la Pista 4.
Como no podía ser de otra forma, la Pista 4 es Ojalá.

Encima de la mesa hay un extraño objeto parecido a un sombrero que hubiera sido golpeado y sumergido en HCl. Los años también pasan por las Boas Constrictor.


No