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Diario de la ciudad visible
Simpáticas andanzas en los ventitantos
Acerca de
E: Yo. Venticinco, viviendo en una ciudad más pequena de lo que me gustaría. AAA: La empresa-secta de mis desamores. S: El gran amor de hace unos años que sigue sin quitárseme de la cabeza. Hugo: Mejor amiguito. Pablo: Pseudonovio de Hugo. X: Lo más promíscuo de Valladolid. Guapo guapísimo. Cirilo: Ex – novio de la uni. Actualmente es ginécologo. Juan: Sereno y sabio. También muy guapo. En el instituto andaba enamorada perdidamente de él. Y como marco incomparable, la ciudad de Cloe (una concesión a las ciudades invisibles de Italo Calvino) en sustitución del nombre compuesto de mi pequeñita ciudad visible.
Sindicación
 
simpático pero neutro
A las buenas chicas con melenitas lisas y maquillaje en tonos tierra del departamento de personal de la AAA, les entusiasma mandarte hacer un huevo de cosas previas a la firma del contrato.

Da igual que hayas estado un año de becario con ellos, que te hayan visto hablar en inglés con todos los suppliers, que les hayas solucionado papeletas y que hayas demostrado que no eres psicópata, ni borderline, ni vaga, ni borracha. Del TOIEC, el test psicotécnico, la entrevista con personal y la entrevista en inglés, no se libra nadie. Así que para no romper la armonía de estos días, ayer tuve que levantarme de buena mañana para el reconocimiento médico.

La AAA, tiene pretensiones de empresa puntera y glamourosa, pero está en un polígono industrial apartado de la mano de dios, entre naves avícolas o de cochinos y bares de carretera , que pilla a 45 minutos andando de mi casa. Y como todavía los del concesionario no me han dado mi coche nuevo me tocó dar el paseo matutino hasta la fábrica, con mi bolsa con el botecito de orina en una mano y los originales del título, DNI y fotos recientes en la otra.
Aunque la mañana era preciosa y se olía la primavera, yo iba super estresada, porque tenía que llegar rápido pero me daba palo empezar a sudar si echaba una carrerilla. Esto daba lugar a que anduviera con un paso super raro, como de marchador olímpico con tacones, intentando alcanzar mi velocidad máxima sin llegar a correr.
Que no es plan de ir sudada al médico.
Llegué sofocada a la garita. Dos besos al de seguridad que es muy majo, conversación de cortesía y....de repente una silueta alta y trajeada se apea de un coche...

(la miopía da suspense a mi vida)

Era Ander, el becario pijo y guapo, que también se reincorpora a la AAA el 1 de Julio y que me llevé a mi cuarto en el tercer post.
Y que no llamó.
El angelito iba también con su bote de orina en la mano.
Tras mi primera impresión (que fue-ay, que amarilla es la orina de este tío-) vino una segunda impresión acerca de lo guapo que estaba, tan moreno, tan trajeado. La conversación en la salita de espera fue simpática, pero neutra.
Ahora que lo pienso, el polvo que tuvimos fue también simpático, pero neutro.
Durante el reconocimiento, cuando me examinaban los dientes, la vista, el oído, las articulaciones, el electrocardiograma...me daba por pensar que seguro que todos los parámetros vitales del Ander, estaban mejor que los míos, tan alto, robusto y pijo...

Nos vimos en la salida y hubo un amago de quedar para un café en el bar de al lado, que se truncó por la simpática aparición de mi jefe empeñado en llevarme de tour a saludar a los del departamento.
Con este chico, siempre todo es ni fú ni fá.

A ver en Julio y a ver la novia.
No