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CATALEJO LACADO
Acerca de
-"Tienes la cabeza en la luna" -"¡Qué va! La luna está dentro de mi cabeza"
Sindicación
 
Incubadora

5 grados bajo cero en la experiencia de envolver frases con la nariz escarchada. Es fácil hacer que deje un último polvo pendiente o dejarme pendiente del último un polvo; o al menos eso pensaba yo… pero probablemente estaba equivocada. También lo estaba al creerme heroína de un circo (¿?), al tragar espinas de pezsuave como remedio contra la faringitis. Ni niña guapa ni chica mala. No me cuentes tus logros. Si me sigo a mi misma por la calle es porque soy mi peor enemiga y estoy buscando un momento de debilidad. Nunca me confundo con otra persona. Ni me camuflo detrás de los periódicos. Ni tengo un perro con los ojos llorosos. Aunque siempre quise tenerlo…y que le doliera mucho mucho todo y se hiciese un revoltijo de huesos. A veces me apetecería. Pero hay un problema: soy dos capas de pintura sobre un lienzo, y a veces el tacto se vuelve demasiado insensible, y me mezo para dormirme en circunstancias que no comprendo. Con Bukowski sobre el pecho. Qué cosas. Si a mí siempre me gusta estar encima. Tom Waits. Todos en algún momento firmamos nuestra renuncia. Aunque sea por cinco minutos, hasta que el jarrón se rompa en silencio y deje de verme girando en la gramola.


En el fondo sólo es fríomiedo.


Es absurdo.


 
Mussels's power

Si hemos de cambiar...








s e r á p a r a m a l









(se os quiere
aunque mi lenguadetrapo os lo diga poco y mal...


porque yo de mayor
quiero ser como vosotras)




 
"




Al chicopistacho
por su año de menos...
(aunque le duela :P)
porque me deje descontarle muchos más
en su fase ancianil
aquí o allí
y como excusa enorme para poner la fotazo
de sus años mozos :D---


Chin-chin.
y tarta con velas cortada al estilo segoviano...


tú ya me entiendes ;)


 
Hueco (y III)


"Somos lo que soñamos ser y ese sueño no es tanto una meta como una energía. Cada día es una crisálida, cada día alumbra una metamorfosis. Caemos, nos levantamos. Cada día la vida empieza de nuevo.
La vida es un acto de resistencia y de re existencia; vivimos, revivimos. Pero todo se sostiene en la memoria. Somos lo que recordamos, la memoria es nuestro hogar nómada.
Como las plantas o las aves emigrantes, los recuerdos tienen la estrategia de la luz. Van hacia adelante, a la manera del remero que se desplaza de espaldas para ver mejor.
Hay un dolor parecido al dolor de muelas, a la pérdida física, y es perder algún recuerdo que queremos. Esas fotos imprescindibles en el álbum de la vida.
Por eso, hay una clase de melancolía que no atrapa, sino que nutre la libertad. En esa melancolía como espuma en las olas, se alzan los sueños.”



Manuel Rivas.




 
Ese gran desconocido...
N o s g a s t a m o s e n d r o g a s
l a a r e n a d e l o s s u e ñ o s
y l a p a s t a d e l a r e v o l u c i ó n...








 
03:16 AM


Puedo encontrar mi lugar en el mundo así, con mi nariz tiritando en todos tus puntos cardinales como un traqueteo de vías por la espalda. Un funicular de tu mirada a la mía que se desliza por hilos de bombilla. Un paso más arriba de tus rodillas. Mojarnos pensando en globos de agua. Disolvernos en los paisajes y redirigir las flechas de las señales como el que inventa el camino hacia ninguna parte. Desdoblar las esquinas para no perdernos y cosernos estrellas en los bolsillos para enviarlas por correo y sin sello. Besarte como método para apagar todas las luces y ser capaz de improvisarte versos en las camisas y en los sombreros. Remolinos en el pelo cuando duermo. Acurrucarnos como dos perros sin portal y que no haga falta nada más para estirar los vectores de cada curva y que se nos escape, a carcajadas, una sonrisa que nos haga movernos tangentes, muy despacito. Hasta alcanzar la antiestética más pura. Hasta que las pieles se mezclen como las acuarelas en un vaso creando colores nuevos mientras nos dibujamos triángulos en la espalda sin saber que nos estamos regalando el esquema de un ala. Respirar tierra mojada. Desgastar nuestros dedos siguiendo las vetas descendentes. Compartir nuestras migas. Mordernos sin vacunas ni venenos. Dolernos como verdades en todo el cuerpo. Observar el espacio que hay entre mis dedos y empezar a recordar cada momento. Ojos encharcados. Largarme y escapar por miedo a todos los que aplauden en un Réquiem. Al frío. A que mi lámpara de noche se haya acostumbrado a leerte y ya no pueda apagarse con nada más. A no encontrar postales suficientes con las que construir un puente hasta tus adoquines. A que te hayas ido demasiado lejos y no podamos preguntarnos el subjuntivo en el pasillo. A no poder decirte tanto. Ni tanto ni tan poco. A nunca tener las palabras que siempre, desde siempre, te mereces.