Blogs.ya.com Quitar publicidad
CATALEJO LACADO
Acerca de
-"Tienes la cabeza en la luna" -"¡Qué va! La luna está dentro de mi cabeza"
Sindicación
 
SOS

Anoche fue otra noche, fue un otra vez, y yo tan cansada de farándulas y pañuelos para los mocos, de leche con nata y esa cara tipo retrato de Dorian Gray. Me acosté con sabor a café mañanero recién hecho, a Barrio Rojo, a boca bostezada y cara de pescado enormísimo. Ni tan ella ni tan bella. Me dice que dormirá con luz, y lo pienso a medio desvestir aunque ella crea que ya está en pijama y deshaciendo la cama. Yo apago las luces y las manos, me desnudo a gritos lo diurno y lo imposible, lo moviente y lo latiente, y quiero dormir, deseo dormir, pero soy una horrible campana resonando, un ajetreo de tren, la cadena del galgo arrastrando toda la noche de un lado para otro. Busco palabras con a mientras escucho música tristísima. Altanero. Arrumaco. Después con a y e. Con las cinco vocales. Con cuatro. Juego a las palabras encadenadas sola. Tomate. Tertulia. Liado. Dominar. Narcótico. Releo versos que no entiendo, que me hablan de la fortuna y no sé cuántas cosas más. Así paso un par de horas. Subo el volumen y desgasto November (maravillosa). Ella duerme como una chica de polígono. A veces sé que tiene frío, que sufre, que le pegan. Que odia la noche y que no sabe hacer anagramas. Que desea ser cualquier cosa un poco lejos de aquí. Mendiga en Budapest, intuyo. Cualquier cosa. Cualquier lado. Lejos y no reina. Y la odio un poco por ser tan suya, y aborrezco las manos que le tiran al suelo, que le pegan... porque soy yo y le pegan. Porque me hace desvelarme pero si la veo dormir a pierna suelta me importa menos... es un poco cosa personal, yo conmigo. Y así, tranquila, la siento más guapa y dueña de su infortunio. Sola pero dueña. Y yo le aguanto en un costado y creo que así la ayudo un poco, que se le olvida todo aquello del agua en los zapatos y los mareos. A veces es ternura, un arrebato de ternura hacia la que no es reina y anda por ahí, a esa que en el fondo no conozco por más que mando telegramas preguntando si tiene hijos o no. Si necesita comprensión, lástima o caramelos. Cierro un ojo y se me entrecruzan mensajes que no entiendo. Y me asusto. Y me incorporo y casi aúllo. Casi corro a morderla para despertarla y pedirla explicaciones. Nada más que por pensar. Budapest. Escapar hacia allí, pero... ¿y si estoy?. Me dolió el cierre de la pregunta. Me levante de puntillas a abrazarla en silencio. Sólo sabía que existía en ese hueco porque notaba sus huesos clavarse entre mis senos, ella entera y absoluta dentro de un abrazo. Me pareció que dulcemente una de las dos lloraba aunque no tuviese mojadas las mejillas, pero me dolía un pómulo como si me hubieran pegado una patada, como si allí se situase el centro del dolor. La angustia en el pecho a ritmo de soul. Tiritando por fatigas incontables en una noche ácuea, verdosa, una de esas noches que sólo existen si se las ayuda pensándolas. Y noté el frío del agua que volvía a calarle los zapatos, y entonces fue cuando grité porque ella se alejaba, tan bonita y tan idiota, dejando caer el tiempo parejo, sola y sin querer saber de nadie. Como si no la importase el ultraje. Como si en el fondo no fuésemos una.








 
Huesos inocentes
Me asalta la duda. Todavía no sé por qué estas cosas (me) pasan sólo de noche. 28 letras flotando sobre el colchón. No se tocan. Creo que no se quieren; eso, o tienen problemas de fonética; como todos. Se adelantan en su vuelo circular, vago, y se olfatean unas a otras con lástima. Como una carrera de galgos con perros que no lo son, a cámara lenta. Nadie gana. Ninguna. Es un círculo sin meta definida. Avanzan lentas pero sé que para ellas supone un sobreesfuerzo. Normalmente nunca se mueven. Normalmente van de la mano. La autonomía asusta. Lo sé. No entiendo qué pretenden. Se cansan y se las va desgastando la negrita hasta que caen a golpe seco y sordo sobre la cama. Ya entiendo qué pretenden. Las miro con pena y pienso cosas terribles. Terribilísimas. Creo que ellas también me miran a mí pero nadie pregunta nada. Si les riego el corazón, y los hombros…quizás… El mundo da vueltas demasiado rápido, como un erizo imaginario. Pero nadie dice la verdad, porque es tan de noche y hace frío. Les arropo despacito y les pongo Iron & Wine para que duerman bien. Mañana será otro día. Mañana, quizás, se las habrá llevado el viento.