Alientos
El hoy de aquel día se dibuja más azul con el tacto de la ropa contra el suelo. Sobran comas, muebles, mapas. Me susurras en voz baja tres horizontal y yo cuento las letras pero me faltan las palabras. No puedo más que hablarte desde el ángulo convexo de tu boca, perderme detrás, entre los dientes. Ternura, arte y sexo. Y nunca saber dónde nada, y sin embargo todo. Una va y se levanta, y viene, y se vuelve a marchar, y aprieta, muerde, suelta, lame, retuerce, enmudece, sin saber cuándo es lo uno o lo otro. Escucha el eco prolongado, la vida, la fatiga, desviste la mente y abriga los huecos con rebaños ajenos y asfixias de miedos. Respiras y te dejas llevar. O te dejas respirar y llevas y traes contigo un aire que ni te pertenece, pero que te permite seguir oxigenando. Música. Para que no articulen las palabras entre tu cintura y la mía. Beberme tu carne y que te comas mi llanto. Enseñarte (con mis manos) dónde quiero guardar tu tacto (cálido).
Sí, lo sigo necesitando.
Nunca supe decir basta
no creí que hiciera falta.
Necesito un poco más…

Sí, lo sigo necesitando.
Nunca supe decir basta
no creí que hiciera falta.
Necesito un poco más…

f u e r t e
Asteroides
Quizás mañana...

sin embargo, la sonrisa macabra sigue en mi estela de dudas. Olor a lengua y serpentinas pisoteadas. Jarros de sangre y relojes de rutina. Otras voces, rudas, suaves, sensuales, impersonales me recuerdan que sigo frente a la doble actitud y me estruendo como mil canicas rodando por el parqué. Siempre es lo mismo: grillos, testarudas puertas cerradas, sueños a la mitad. Curvas en un camino de meteoritos y estacionamientos depresivos. Un poco cansada de mí conmigo misma, arrugo la camisa sudada en el fondo del bolso, entre bosquejos de jarrones rotos, flores secas y absurdas preocupaciones, dispuesta a mirar al sol a los ojos y quemar mis retinas. A mí espalda, y siempre a unos metros, se teje esa palmaria belleza de los acertijos, su enigma y los trucos para resolver gemidos durante un orgasmo. Hoy, yo y siempre seguiré subrayando al pie de la letra la modorra de los domingos por la tarde, fantoche y sin humor. Quizás me esté deshumanizando. Quizás haya perdido dinero, ganas o empatía. No hablo de números ni compasiones, hablo de un habitáculo entre los ojos donde todo mi cuerpo me llena la boca, mi voz y mi noche me llenan la boca, mis pies y mis pliegues están en mi boca. Toda yo. Lo más incorrecto, vulgar y obsceno. Sonrisa torcida, esencia, ausencia y melancolía. Viejos trastes atrapan las moscas que vacilan a las bombillas, mientras me enfrento a buscar el porqué de los sinsentidos. Sucios. Tanto como el realismo de la mugre en las rodillas, la puta culpa de perro. Todo empieza a perder su primer sentido y tanta belleza empieza a saberme a cianuro con azúcar. No todas las conchas de mar sirven de cenicero. Y no, nunca supe cómo tratarme.
.

y
y al
y al final
y al final de
y al final de la
y al final de la noche
y al final de la noche te
y al final de la noche te estarás
y al final de la noche te estarás sofocando
y al final de la noche te estarás sofocando...





