Desarraigos
Callar sin gritar.
Escapar sin mirar.
Fingir que hasta tú me das igual.
Los pies en la orilla, más allá del último desierto, y aún te sigues creyendo incapaz de haber vuelto. Te escurres, te lames, te fuerzas, te violas, te dueles, te jodes, te das, te agotas. Echaba de menos ésto.
El pánico al sangrar, el cierre de la noche y del último bar. Bajó el telón y tú ya no estabas aquí para escucharlo. Ya me lo advertí, me moriría de ansiedad. Tuve miedo, y pensé que el equilibrio nunca está en el centro, porque la conexión entre dos cuerpos nunca se materializa, porque nunca quiso ser presa (tan) fácil, ejemplo o acertijo. Camino a casa llueve, pero caminas despacio y respiras hondo mientras tarareas You made me forget my dreams, que cae como una piedra liviana, y recuerdas que un segundo es el tiempo exacto para hacer un movimiento que pueda originar el derrumbe. Agonizo tras tres escalones del portal. Encuentro manchas en el suelo que no recordaba haber visto antes. El sofá está muerto, y el teléfono suena; pocas veces lo cojo, y menos en medio del deterioro de todas mis instituciones. Tomo zumo de naranja directamente del cartón y como queso con la nevera abierta. Mi corazón rebosa sangre y mierda, por lo que es imposible comunicarme conmigo misma. Me baño y me veo la cicatriz. Lloro, aunque no me duele nada. El alma, el corazón...nada. Me duermo y/o me desmayo después de bañarme. Huelo a agua. Deseo que alguien me seque el pelo y se haga un bollito a mi lado. Recuerdo que estoy inconsciente antes de empezar a imaginármelo, y todo lo que ahora me sacude con escalofríos, se convierte más tarde en el final.
Callar sin gritar. Escapar sin mirar. Fingir que hasta tú me das igual.
No preguntes nada más.
Escapar sin mirar.
Fingir que hasta tú me das igual.
Los pies en la orilla, más allá del último desierto, y aún te sigues creyendo incapaz de haber vuelto. Te escurres, te lames, te fuerzas, te violas, te dueles, te jodes, te das, te agotas. Echaba de menos ésto.
El pánico al sangrar, el cierre de la noche y del último bar. Bajó el telón y tú ya no estabas aquí para escucharlo. Ya me lo advertí, me moriría de ansiedad. Tuve miedo, y pensé que el equilibrio nunca está en el centro, porque la conexión entre dos cuerpos nunca se materializa, porque nunca quiso ser presa (tan) fácil, ejemplo o acertijo. Camino a casa llueve, pero caminas despacio y respiras hondo mientras tarareas You made me forget my dreams, que cae como una piedra liviana, y recuerdas que un segundo es el tiempo exacto para hacer un movimiento que pueda originar el derrumbe. Agonizo tras tres escalones del portal. Encuentro manchas en el suelo que no recordaba haber visto antes. El sofá está muerto, y el teléfono suena; pocas veces lo cojo, y menos en medio del deterioro de todas mis instituciones. Tomo zumo de naranja directamente del cartón y como queso con la nevera abierta. Mi corazón rebosa sangre y mierda, por lo que es imposible comunicarme conmigo misma. Me baño y me veo la cicatriz. Lloro, aunque no me duele nada. El alma, el corazón...nada. Me duermo y/o me desmayo después de bañarme. Huelo a agua. Deseo que alguien me seque el pelo y se haga un bollito a mi lado. Recuerdo que estoy inconsciente antes de empezar a imaginármelo, y todo lo que ahora me sacude con escalofríos, se convierte más tarde en el final.
Callar sin gritar. Escapar sin mirar. Fingir que hasta tú me das igual.
No preguntes nada más.
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el eco prolongado
sigue en los espejos
cóncavos
con besos
Grito
No pudo esperar al día siguiente, y esa misma noche gritó. El grito retumbó en los muros de roca de la cueva. Un alarido. Una queja. Por su boca abierta escaparon de golpe todas sus renuncias.
Ella sentía en los labios el roce del aullido al salir.
Él la escuchaba sin alarmarse.
Buscó sus manos y encontró sus puños cerrados.
Buscó sus ojos y encontró las cuencas vacías, los labios secos y el tacto áspero.
Ella abrió los dedos y los entrelazó con los de él, apretaron los dos y él comenzó también a gritar. Sus bocas se acercaron para unirse en el grito, para compartirlo de cerca.
'
'
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'
El grito les llevó al silencio
y los labios
Ella sentía en los labios el roce del aullido al salir.
Él la escuchaba sin alarmarse.
Buscó sus manos y encontró sus puños cerrados.
Buscó sus ojos y encontró las cuencas vacías, los labios secos y el tacto áspero.
Ella abrió los dedos y los entrelazó con los de él, apretaron los dos y él comenzó también a gritar. Sus bocas se acercaron para unirse en el grito, para compartirlo de cerca.
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El grito les llevó al silencio
y los labios