Un, dos... vuela
Después de aquella noche de luciérnagas consiguió que me sintiera la mujer débil más fuerte del mundo, y me encantó. Ese es el problema de estas cosas, que acaban por encantarte. Compartía su luz con mi desaprensiva manía de desgastar mecheros encendiendo velas e inciensos con olor a marihuana. Me hablaba sobre la felicidad y de vez en cuando organizábamos algún suicidio juntos. Suicidio edulcorado. Por la noche, ya muertos, no conseguíamos conciliar el sueño debido al frío, y comenzábamos a tragar cerillas encendidas que nos ardían en la boca y se convertían en pequeñas hogueras estomacales. Nos construíamos cuentos de papel, cajitas de zapatos de príncipes y princesas, alfombras voladoras al son de tambores roncos. Juntos olíamos a canela, a solo de guitarra, y a cien cosas más que me recuerdan a su pelo enredándose en mis dedos. Nudos infinitos tras los que esconderse cuando los árboles estaban mojados. Y es que, mentalmente, estábamos sentados el uno encima del otro. Dos melenas rotas, cuatro ojos de muñeco de feria.
Llegó el día en el que caminamos lento y decidido hacia el fin del mundo, queriéndolo tocar sin hacer ruido, despacito, para no asustar a nadie. Él me contaba como, una vez llegados al horizonte, levantaríamos la línea que une el mar con el cielo, y nos colaríamos al otro lado sin que nadie nos viera, a hurtadillas, como cuando estábamos locos y filtrábamos nuestras pieles bajo las lonas de los circos sin que nos pillara el revisor de turno. Y es que juntos éramos poesía, pero este no era nuestro globo.
Llegó el día en el que caminamos lento y decidido hacia el fin del mundo, queriéndolo tocar sin hacer ruido, despacito, para no asustar a nadie. Él me contaba como, una vez llegados al horizonte, levantaríamos la línea que une el mar con el cielo, y nos colaríamos al otro lado sin que nadie nos viera, a hurtadillas, como cuando estábamos locos y filtrábamos nuestras pieles bajo las lonas de los circos sin que nos pillara el revisor de turno. Y es que juntos éramos poesía, pero este no era nuestro globo.
Comentario:
¿Y eso existe de verdad?
Cada vez lo dudo más.
Incluso dudo ya si Amelie existe y pinta flechas.
Comentario:
Si este no era vuestro globo habría que levantar el horizonte en busca de otro no?
Quizás el siguiente a la derecha,o puede que el de la izquierda.
Quizás el siguiente a la derecha,o puede que el de la izquierda.
Comentario:
consiguió que me sintiera la mujer débil más fuerte del mundo, y me encantó.
Que gran sentimiento...
Que gran sentimiento...