La verdad no sospechada
A veces un olor raro, como a esparto mojado.
Un gusto amargo, una sombra entre la gente que baja deprisa por la escalera. La ves pero te haces la despistada, porque crees que nadie más puede hacerlo. Que está en tu cabeza, en tu vida, en los ojos de todo gato callejero con aspiraciones de perro faldero. Sucia y altanera. Mirándote con desprecio en cada esquina, entre los árboles, en mil y un edificios grises con traje. Es un contacto que desgana, como realidades fijas que caminan entre las paredes de un club de mala muerte, enganchándose en las luces de tonos desacordes, pegajosas, con la mirada teñida por la pereza de aquel que camina pero no va a ninguna parte.
Y no me digas que no. Sé que tú también la sientes rondándonos entre las piernas, que la has notado esquivándote en el pasillo para ser más rápida que tú. Que sabes a ciencia cierta que es ella quien ensucia las juntas de las baldosas. Esa sombra. La luz no proyectada. El eclipse de un cuerpo con el sol. La silueta podrida de algún personaje perdido entre las páginas de una novela inacabada. Iconografía de la muerte. O de la vida. O quizás de la nada. Sí, la nada; eso es lo que da más miedo… la Nada.
Comentario:
Grandioso
Comentario:
Mmmmm... me gusta mucho este post, me da que pensar.
Comentario:
y es cuando yo llego y, si vale de algo, voy y te digo lo mucho que lo hago y lo mucho que me gusta hacerlo.
y, de paso, intento batir el record mundial de besos y abrazos que se le pueden dar a una granjeÑa.
:)





