Expediente 0137

Me lo regaló hace tiempo, cuando aún creía que yo tenía que haberme escapado de algún cuento. Un trono de princesa de golosina en tintes rosa chicle, desde el que creía que podía convertir el verano en invierno para así poder seguir hibernando bajo nuestras pieles. Y a mí me divertía, sentarme altanera y comer piruletas que me coloreasen los labios de un rojo intenso para que así nadie se fijase en mis ojos. Recitar poemas inventados, antología sobre la vida y obra de un puercoespín. Silbar dulce como una caja de música. Peinarme de blanco y de tinto, rizarme, alisarme, atarme, engancharme, hacerme y deshacerme. Tener la certeza de que mientras estuviese allí sentada, no existirían las tardes cuentaatrás, ni los ojos-persiana que siempre se cerraban sin querer. Un mundo a parte que giraba con la lentitud con la que latían nuestras manos, donde la música se acoplaba al ambiente ciruela que envolvía nuestros cuerpos. La certeza estúpida de tener siempre la llave en el bolsillo. La ilusión ingenua de creer que los males eran poéticos desde que estaba allí arriba.
Hoy permanece arrinconado en una sala aneja (y añeja) a la del recuerdo encrespado, donde se amontonan pelusas y gusanos. Allí donde se esconde la realidad metódica y de manual que a veces me da miedo escuchar. Sombras que dibujan siluetas y perfiles grotescos en torno a un fuego quemagrasas. Y ahora me pregunto qué hacer con él. Echarlo a arder de forma cortante o desgastarlo a base de pasar la mano por su contorno poco pulido, hasta convertirlo en un trono diminuto, como de gnomo. Beberme su color de fresa o absorber su olor a mandarina y a hierba fresca. Besarlo hasta deshacerlo o hacerle dos coletas. Por el momento le he hecho una foto, por si se me olvida lo que pudo haber sido. Más tarde lo archivaré en el cajón de sucesos sin resolver, donde todo se pudre a base de polillas y polvo granulado. Donde malviven las historias sin final y los movimientos diacrónicos. Donde muere la dialéctica por falta de uso y abuso. Allí, donde permanecen tantas otras cosas...
Comentario:
Guárdala, pero no guardes los viejos sueños con ella.
Comentario:
Un día alguien te regalará una sonrisa que valdrá más que siete tronos. Es un placer leerte, siempre. Un beso.
Comentario:
¿Y si la pintas? Bueno, si no, la llevas a alguna hoguera de San Juan, o lo mismo hasta la puedes vender en el "ebay"...jaja¡
Besos, talentosa¡
Besos, talentosa¡
Comentario:
¿Sabes? el trabajo de princesa debe ser tremendamente arduo, que agota, que aburre y que no ves mundo ¿quien quiere ser princesa pudiendo ser otra cosa? Preguntale a la luna, que pudiendo ser princesa (o reina), prefiere salir cada noche a jugar con las estrellas... no quiere quedarse en un trono.
Un abrazote
Un abrazote
Comentario:
Para mi solo tienes dos opciones favorables:
La primera es que ahora que se acerca San Juan, hagas una hoguera o aproveches una ajena para que el trono se convierta en ceñizas que el viento se lleve.
La segunda que la pintes de otro color que la tapices con lamé dorado que el color de la sabiduría y que tomes asiento para seguir siendo reina y/o princesa cuando te apetezca.
Saludos
La primera es que ahora que se acerca San Juan, hagas una hoguera o aproveches una ajena para que el trono se convierta en ceñizas que el viento se lleve.
La segunda que la pintes de otro color que la tapices con lamé dorado que el color de la sabiduría y que tomes asiento para seguir siendo reina y/o princesa cuando te apetezca.
Saludos
Comentario:
me gusta ver q cada vez estoy más convencido de que el tio alberto y la rana cleptómana hicieron bien su trabajo.
(he hablado con el jardinero y me dice q a ver cuándo le das los guantes negros...que los necesita...)
(...............)





