logotipo

img_google
CATALEJO LACADO
Acerca de
-"Tienes la cabeza en la luna" -"¡Qué va! La luna está dentro de mi cabeza"
Sindicación
 
Corazones de insecto

Cuando aparecías en el subsuelo de las noches heladas, dibujar tu contorno de un solo vistazo equivalía a bebernos el mundo de un trago y jugar con los ojos casi cerrados. Porque bastaba tu pupila cambiante para tornar mi mirada oscura en el lápiz moteado que siempre necesité, aquel que te escribía mensajes ocultos en el falso techo de la luna, donde sólo podrías estar tú. Y volvíamos a respirar(nos) confusos y disimulados en la penumbra indecente que delimitaba nuestros cuerpos, el lugar fronterizo y aterciopelado que olía a melón maduro y se notaba cálido en cada temblor. Nos convertíamos en mimos que velaban la noche del otro a base de ronroneos casi cardiacos, solapados bajo letras cosidas del revés que hidrataban cada poro reseco de soledad. Ahogando cada aullido a base de mordiscos, un grito que encendía las esferas de fuego de todos los rincones que evaporaban dos cuerpos llenos de lluvia. Los puños cerrados y las pieles rasgadas. El llanto a flor de piel y los besos-mariposa sellando cada pena más alta que otra. La luz que nunca dejaba de ser tenue, los abrazos que nunca fueron tan mullidos. Una madrugada más rendidos en el pecho del otro, con las pestañas entrelazadas entre los dedos y las piernas, un perfecto rompecabezas surrealista que no dejaba de encajar milimétricamente. Ojo y boca. Hueco y codo. Vértice y costado. Cóncavo y convexo. Movimientos despistados apenas observables siendo el espectador que espía desde el techo, el camino difuminado que se escapaba por la ventana, volatilizado, que escalaba por las paredes y cubría todos los rincones. Un sueño parecido al catálogo de mue(s)cas censuradas, las incisiones que aparecían por sorpresa con sólo tocarnos, aquello que siempre estaba en el aire pero que nunca nos atrevíamos a preguntar. Apenas alumbrados por el líquido brillante que rellenaba nuestros ombligos, el arrullo y la fe susurraban canciones inventadas que delataban que aquel era nuestro punto, el momento callado difícilmente arrebatable, y entonces tú sonreías adormecido y te cubría un destello violáceo que se perdía en la sombra de mi dedo sobre tus labios, mientras la complicidad húmeda que nos encerraba en la espalda del otro volvía a predecir una noche con anginas y otro amanecer helado con olor a café recién hecho. El laberinto de espejos del que nos sería difícil salir. La madeja enredada de la que ya nos sería imposible huir.






 
Comentario:
PRECIOSO...
 
Comentario:
Perfecto. Sencillamente perfecto.
 
Comentario:
Demasiado bonito.
 
Comentario:
Precioso!!!!

Hay momentos así en la vida, mágicos... que encajan a la perfección.

Un besazooo
 
Comentario:


Me encanta.

:)

Me ganas en cada palabra.

(...y en cada gesto....y en cada suspiro...y en cada abrazo...y en cada beso...y en cada segundo...)

(y sí...no me queda más para el resto.)


No